Kyra nació para ser despreciada.
Hija del alfa de la Manada Lunar, creció a la sombra de una madrastra cruel y de una hermanastra que le robó el cariño de su padre, el respeto de la manada… y, la noche de su transformación, también a su compañero predestinado. Lo que nadie sabe es que Kyra esconde un secreto capaz de cambiarlo todo: no es solo una loba. En sus venas corre la magia de las hadas, un don ancestral que su propia familia aprende a exprimir sin piedad.
Durante cuatro años la usan como una fuente de poder que fingen amar. Hasta que Kyra descubre la verdad detrás de cada sonrisa falsa y decide desaparecer sin dejar rastro.
Su huida la lleva a Ravenna, una aldea perdida entre montañas y niebla donde nada es lo que parece, y donde un hombre de ojos azules y presencia imposible de ignorar lleva demasiado tiempo observándola desde las sombras. Marcos guarda sus propios secretos: es el último lobo de un pueblo que no debería existir… y la Luna acaba de darle a Kyra una segunda oportunidad que él no piensa desperdiciar.
Pero el pasado de Kyra no la deja marchar tan fácil. Cazadores que exterminan criaturas como ella siguen su rastro, viejas traiciones vuelven a llamar a su puerta y un linaje real que creía perdido está a punto de reclamar lo que siempre fue suyo.
Rechazada por quienes debían amarla. Deseada por quien juró protegerla.
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Capítulo 4
—¡Papá!
Llamo a mi padre por medio de nuestra telepatía, pero no hay respuesta.
Cuando llego a donde están todos reunidos, me sorprende lo que escucho.
—Sabía que tu transformación traería bendiciones para nuestra manada, querida.
Katia le habla a su hija.
—Pero, mamá…
Camila intenta decir algo.
—Sé que no te presté más atención, pero, querida, estás bendecida y nos bendijiste a nosotros también.
Y todos los que estaban ahí creían que Camila era realmente la responsable de tanta abundancia.
—Papá…
Lo llamo, atrayendo la atención de todos hacia mí.
—Ahora no, Kyra, estamos ocupados…
—Pero, papá, es justo sobre eso. Fui yo, yo soy la responsable de todo esto.
Lo intento de nuevo y, para mi mayor decepción, todos se ríen.
—Kyra, ¡qué graciosa eres! ¿De verdad crees que puedes lograr semejante cosa?
Katia se burla de mí, y respondo mirando a los ojos de mi alfa, mi padre.
—Puedo hacerlo, soy la responsable de esto.
Comienza el murmullo, y más risas. No me creen. Y la decepción es ver que mi padre no cree nada de lo que digo.
—¿Por qué no nos lo muestras, entonces?
Katia quiere ver el espectáculo, así que se lo daré.
Luna me llama y me aconseja.
—No tienes que probarle nada a nadie, Kyra. Ellos no merecen tus dones.
—Pero puedo demostrarles que soy buena, tendré de nuevo el respeto de la manada y de nuestro compañero.
Digo esto porque veo a Felipe acercarse.
—Está bien, aunque no esté de acuerdo, respeto tu decisión.
Hago lo que Luna me enseñó la noche anterior.
Pongo las manos sobre la tierra y todo empieza a brotar otra vez; las verduras que ya habían sido cosechadas estaban en cajas, y ahora hay el doble por cosechar una vez más.
Escucho sonidos de sorpresa. Estoy feliz; es imposible no dejar que aparezca una sonrisa de lado.
Satisfacción, esa es la palabra.
Sin embargo, duró muy poco.
—¡Brujería! ¿Tenemos una mestiza entre nosotros?
Escucho decir a alguien.
—¡No, no es brujería!
Intento defenderme y explicar lo que realmente soy.
—Ayer, después de transformarme, mi loba me dijo que soy una híbrida, hada y loba. Herencia de mi madre.
Papá me mira, una mirada difícil de descifrar.
Entonces les pide a todos que salgan, hasta despacha a Katia y a Camila.
Ahora, a solas, habla.
—Eso no es posible, tu madre nunca fue un hada.
—Sabemos qué pasó para que no te dijera la verdad.
Baja la cabeza, quizá avergonzado de sus actitudes en el pasado.
—Una pena que haya sido tan mezquina; podríamos haber sido la manada más próspera de todo el territorio lupino.
—Papá, mamá no merece esas palabras. Si lo calló, es porque tuvo sus motivos.
—Sí… sí… Pero lo más importante ahora es que te tenemos a ti, querida.
Papá me abraza, pero no sé si ese cariño era realmente sincero.
—¿No quieres ver mi forma lobuna?
Lo digo mientras todavía lo abrazo, porque si él no necesitaba ese afecto, yo lo necesitaba, y mucho.
—Esa no es importante, debe de ser una omega pequeña. Prefiero tu versión de hada. Con ella sí conseguiré lo que deseo.
Entusiasmado, pregunta qué más puedo hacer. Le explico todo lo que Luna me contó, aunque le digo que todavía no sé dominarlo todo.
—A partir de ahora, entrenarás sin descanso hasta dominar todo tu don. Serás mi as bajo la manga.