Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 2: El día en que la realidad cambió de nombre
La mañana llegó sin prisas.
El sol entraba por la ventana de Emilia con una suavidad casi delicada, como si el mundo hubiera decidido regalarle un último día de calma antes de cualquier tormenta invisible.
Ella despertó con el libro aún abierto sobre la cama.
Lo cerró despacio, como si no quisiera romper el silencio de la historia.
Por unos segundos se quedó mirando el techo.
Todo era normal.
Demasiado normal.
Y aun así… sentía algo extraño en el pecho.
Emilia
Me levanté despacio.
El piso estaba frío bajo mis pies descalzos.
—Qué sueño tan raro…
susurré para mí misma.
Fui al espejo.
Mi reflejo seguía siendo el mismo de siempre: cabello castaño, ojos verdes, rostro tranquilo.
Pero mis ojos… estaban cansados.
No por falta de sueño.
Sino por algo que no sabía nombrar.
—Hoy es el día…
me recordé.
Graduación.
Mi familia estaba emocionada desde hacía semanas.
Y yo también debería estarlo.
Pero había una pequeña inquietud dentro de mí.
Como si algo importante estuviera a punto de cambiar sin pedirme permiso.
En la casa Velázquez
La cocina estaba llena de vida.
Adriana preparaba el desayuno con su energía habitual, moviéndose de un lado a otro con precisión.
David leía el periódico mientras tomaba café.
Vivian, como siempre, hablaba demasiado temprano.
—¡Hoy es el gran día de la genio de la familia!
Emilia rodó los ojos mientras se sentaba.
—No exageres.
—Sí exagero.
Pero es mi derecho como hermana orgullosa.
Todos rieron.
El ambiente era cálido.
Familiar.
Seguro.
Emilia
Mientras comía, observé a mi familia.
Algo dentro de mí se apretó sin razón.
—¿Todo bien?
preguntó mi madre.
—Sí…
respondí rápido.
Pero no estaba del todo segura.
David me sonrió desde el otro lado de la mesa.
—Hoy es tu día, Emilia.
Disfrútalo.
Asentí.
Pero mi mirada volvió, sin querer, al libro que estaba sobre la mesa.
Como si me llamara.
Universidad – horas después
El lugar estaba lleno de vida.
Globos.
Fotografías.
Gente emocionada.
El sonido de los aplausos se mezclaba con risas y conversaciones.
Emilia caminaba entre la multitud con su toga negra.
Pero su mente no estaba completamente allí.
Había algo distraído en su forma de mirar el mundo.
Como si lo observara desde un poco más lejos de lo normal.
Emilia
Cuando subí al escenario…
sentí algo raro.
No miedo.
No nervios.
Sino una sensación de familiaridad extraña.
Como si ya hubiera vivido ese momento.
Pero no podía ser.
Recibí mi diploma.
Aplausos.
Sonrisas.
Cámaras.
Mi familia en primera fila.
Todo perfecto.
Y sin embargo…
una pequeña punzada atravesó mi mente.
Después de la ceremonia
Regresamos a casa al atardecer.
La celebración fue sencilla.
Comida.
Risas.
Fotos.
Mi hermana no dejaba de bromear.
—Ahora eres oficialmente una adulta aburrida.
—Gracias por el cumplido.
respondí.
Pero no estaba realmente participando en las risas.
Algo en mí estaba… distante.
Como si una parte de mi mente estuviera escuchando otra historia al mismo tiempo.
El regalo
Cuando el ambiente se calmó, mi padre desapareció unos minutos.
Volvió con una caja envuelta cuidadosamente.
—Esto es para ti.
dijo.
Lo tomé con sorpresa.
—¿Qué es?
—Ábrelo.
Lo hice lentamente.
Y al ver el contenido, mi respiración se detuvo un instante.
Debajo de tu sombra.
Una edición especial.
Más hermosa que cualquier versión que hubiera visto.
—Papá…
susurré.
—¿Por qué?
Él sonrió.
—Porque sé lo importante que es para ti.
Sentí un nudo en la garganta.
—Es perfecto.
Emilia
Esa noche no pude dormir temprano.
El libro estaba conmigo otra vez.
Pero ahora lo veía diferente.
No como una historia.
Sino como algo más cercano.
Más… extraño.
Me senté en la cama y lo abrí.
Las primeras líneas seguían siendo las mismas:
Sofía.
Eduardo.
Ester.
El general Rodrigo.
El hechicero Fray.
Y el reino de Edredón.
Pero esta vez…
sentí algo raro al leer el nombre de Ester.
Un pequeño dolor en el pecho.
Como si ese personaje…
me resultara demasiado real.
—Siempre te defendí…
susurré.
—Ojalá tu historia hubiera sido distinta.
Emilia
El viento entró por la ventana.
Y por un segundo…
juraría que las páginas del libro se movieron solas.
No como papel.
Sino como si respiraran.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué…?
El libro brilló levemente bajo la luz de la luna.
Y entonces lo sentí.
Una presión en la cabeza.
Un sonido distante.
Como una voz que no venía de fuera…
sino de dentro.
La voz
“Variable compatible detectada…”
Parpadeé.
El libro cayó suavemente sobre la cama.
—¿Quién está ahí?
Silencio.
La luz de la habitación parpadeó.
Y el mundo…
se detuvo un instante.
Emilia
Me llevé la mano a la cabeza.
El dolor fue repentino.
Intenso.
Como si algo dentro de mí intentara abrir una puerta.
—No… no entiendo…
La habitación comenzó a girar.
Las paredes se desdibujaron.
La voz volvió.
“Preparando transferencia…”
Mis ojos se abrieron de golpe.
—¿Transferencia…?
Y entonces…
todo se apagó.
Oscuridad
No había cama.
No había casa.
No había familia.
Solo vacío.
Y una sensación de caída interminable.