La vida de Elena terminó de forma repentina y prematura mientras leía su novela favorita, una historia llena de pasión, intrigas y paisajes exóticos ambientada en el reino desértico de Al-Jazair. Pero la muerte no fue el final: al despertar, descubre con horror e incredulidad que ha renacido dentro de esa misma historia… encarnando al personaje más desafortunado y condenado de todos: la esposa política del temido príncipe Zayn Al-Khalid.
Conocido en todo el mundo como "El Villano del Desierto", Zayn es un hombre de belleza imponente y naturaleza despiadada. Rico, poderoso y peligroso, gobierna con mano de hierro y vive marcado por la oscuridad y la soledad. En la trama original, la esposa que Elena ahora habita fue una mujer arrogante, orgullosa y llena de rencor, que despreció a su esposo y a sus costumbres, y que cometió el error fatal de interponerse en el camino de la verdadera protagonista: la mujer destinada a llegar al palacio para cambiar el corazón del villano.
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Capitulo 2: El villano de la historia.
Al mencionar su nombre, vi cómo la mano de Layla temblaba levemente mientras servía el agua en una copa de plata. Sus ojos se desviaron hacia la puerta, como si temiera ser escuchada, y luego volvió a mirarme con expresión cautelosa.
—Señora… —empezó en voz baja—. Sabéis que en todo el reino, y más allá de sus fronteras, su nombre inspira respeto… y también miedo. Se dice que es un hombre sin corazón, que no conoce la piedad y que gobierna con mano de hierro. Dicen que posee riquezas inimaginables, pero también que tiene enemigos por todas partes. Lo llaman el Villano del Desierto… pero son solo rumores, ¿verdad? —añadió rápidamente, tratando de sonar esperanzadora—. Quizás es diferente en persona.
Yo sabía que los rumores no eran exagerados. Zayn Al-Khalid era, efectivamente, el villano de la historia. En el libro, se le describía como un hombre alto, imponente, de cabello negro azabache y ojos del color del ámbar o del fuego, una mirada que podía hacer temblar hasta al guerrero más valiente. Era inteligente, astuto, calculador y extremadamente vengativo con quienes le traicionaban. Había construido su poder a base de fuerza y estrategia, controlando las rutas comerciales y siendo el hombre más influyente de la región. Y aunque amaba profundamente a la protagonista, su forma de ser era posesiva, oscura y peligrosa, lo que le valía el título de villano.
Y yo, la esposa política, era para él poco más que un objeto, una pieza en el tablero de ajedrez de las alianzas reales. No me amaba, ni yo le amaba a él en la historia original. El conflicto entre nosotros estaba servido desde el principio.
—¿Ha preguntado por mí? —pregunté, tomando la copa que ella me ofrecía y bebiendo un poco del agua fresca, que tenía un sabor ligeramente dulce y perfumado.
Layla bajó la mirada, y su silencio fue una respuesta en sí misma.
—Su alteza está muy ocupado con los asuntos del reino, señora. Desde que llegasteis, no ha venido a veros. Ha enviado mensajes preguntando por vuestra salud, y ha ordenado que se os dé todo lo que deseéis, pero… no ha puesto un pie en estas habitaciones.
En la trama original, Elena se sentía profundamente ofendida por este desprecio. Ella, una dama de la nobleza, hermosa y educada, considerada una de las joyas de su reino, había sido entregada en matrimonio y ni siquiera era digna de la presencia de su esposo. Ese orgullo herido fue lo que la llevó a empezar a actuar de manera hostil, tratando de imponerse, de exigir derechos que no tenía, y ganándose el desprecio total de Zayn, que detestaba la arrogancia sin sentido.
Yo no cometería ese error. Si él no venía, era mejor para mí. Tenía tiempo para entender mi entorno, para aprender las reglas de este nuevo mundo y, sobre todo, para no convertirme en un obstáculo para su felicidad o para sus planes. Mientras yo no estorbara, mientras fuera una esposa obediente, discreta y que no causara problemas, quizás mi destino no tuviera que ser tan trágico.
—Entiendo —dije con calma, y vi la sorpresa reflejada en el rostro de Layla, que debía esperar una rabieta o palabras de ira, tal como hacía la Elena original—. No importa. Su alteza tiene responsabilidades importantes. Yo apenas estoy llegando, y todavía me siento débil. Lo que necesito ahora es descansar y conocer mejor este lugar.
—¿Señora? ¿No estáis enfadada? —preguntó ella, incrédula.
Sonreí levemente, una sonrisa que intenté que pareciera tranquila y resignada.
—¿De qué serviría estarlo, Layla? Las cosas son como son. Y ahora, esta es mi vida. Por favor, ayúdame a arreglarme. Quiero levantarme y ver los jardines. Dicen que son maravillosos. Necesito tomar aire.
Mientras la doncella se apresuraba a traer vestidos nuevos, peines y aceites para el cabello, yo me quedé mirando hacia la ventana, hacia esa luz dorada que entraba y que debía provenir del sol abrasador del desierto. Mi mente trabajaba a toda velocidad, repasando cada detalle que recordaba de la novela.
Sabía que en unas semanas llegaría la verdadera protagonista, Ayla. Una joven huérfana, dulce, valiente y de una belleza sencilla pero deslumbrante, que llegaría al palacio por casualidad, buscando trabajo o refugio, y que llamaría la atención del príncipe desde el primer momento. A partir de su llegada, todo cambiaría. Zayn dejaría de ser un hombre solitario y oscuro; empezaría a sentir cosas que nunca había sentido, a abrir su corazón, y al mismo tiempo, los conflictos políticos se agudizarían, aparecerían enemigos ocultos, conspiraciones y peligros que pondrían en riesgo la vida de todos.
En medio de todo eso, yo debía sobrevivir. La Elena original intentó apartar a Ayla, la trató con crueldad, intentó difamarla o hacerle daño, pensando que así recuperaría la atención de su esposo o su posición. Ese fue su error fatal. Al intentar dañar a la mujer que Zayn amaba más que a nada en el mundo, firmó su sentencia de muerte. Zayn no perdonaba la traición ni las malas acciones, especialmente contra quien él protegía.
Yo haría todo lo contrario. No me acercaría demasiado, pero tampoco me alejaría al punto de ser una desconocida. Sería amable con Ayla. Sería una esposa que cumple con su deber, que se mantiene al margen de los asuntos peligrosos y que, en lugar de ser una espina clavada en el costado del villano, sería alguien con quien él pudiera contar o, al menos, alguien a quien no valiera la pena eliminar.
Si el destino quería que yo fuera la esposa del villano, entonces así sería. Pero no sería la esposa odiada, la villana secundaria que muere al principio de la historia. Sería una mujer inteligente, que usaría su posición y su conocimiento para navegar por estas arenas movedizas.
—Señora, mirad qué hermoso queda este vestido en vos —la voz de Layla me sacó de mis pensamientos.
Me ayudó a levantarme y me guio hasta un gran espejo de marco dorado que reposaba contra una pared. Al mirarme, contuve el aliento. El reflejo que me devolvía el cristal era el de una mujer realmente hermosa. El cabello era de un castaño claro, casi dorado bajo la luz, largo y sedoso, recogido parcialmente con peinetas de nácar. Los ojos eran grandes, de un color verde azulado intenso, rasgados y expresivos, con pestañas largas y oscuras. La piel era blanca como la leche, los rasgos finos y delicados, propios de una noble criada en la comodidad y el lujo.
Era la belleza perfecta, la que en las historias suele ser inalcanzable y fría. Pero ahora, detrás de esos ojos hermosos, había una mujer que sabía lo que se avecinaba.
—Eres muy hermosa, señora —murmuró Layla con admiración, ajustando los pliegues del vestido color verde esmeralda que ahora llevaba puesto, con mangas amplias y bordados dorados que combinaban con la decoración de la habitación.
—Gracias, Layla —respondí, tocando suavemente la tela—. Pero recuerda: la belleza se desvanece. Lo que importa es saber cómo usarla.
Caminé hacia la puerta que daba al pasillo exterior, donde el aire fresco y perfumado me llamaba. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarme a él. Al hombre que era conocido como el demonio de las arenas, al villano de la historia, a mi esposo. El momento en que nuestros caminos se cruzaran de verdad sería decisivo.
Respiré hondo, enderecé mi espalda con elegancia y abrí las puertas de par en par. Ante mí se extendían los pasillos infinitos del palacio de Al-Jazair, llenos de luz, de colores, de secretos y de peligros. Mi renacer no había sido en un mundo fácil, ni en una vida sencilla. Pero estaba decidida a escribir mi propio final.
Mientras caminaba despacio, escuchando el eco de mis pasos sobre las alfombras, pensé en las palabras que había leído tantas veces en la introducción del libro: En las tierras del sol y el desierto, el destino se teje con hilos de oro y sangre, y solo los fuertes pueden elegir su propio camino.
Yo estaba aquí. Era la esposa del villano. Y esta era mi historia.
m8jiiita bien decía mi abuela "Piensa mal y acertarás "
no sé aquí yo imaginando cosas🤔🫣😬
-la chica que REENCARNÓ se llama ELENA
y reencarna en el cuerpo de la esposa política del príncipe que se llama igual... "LADY ELENA"🤔🤔🙄
como así? AUTORA le nombraste igual para que no nos volvamos un masaclote?
o cómo fué la cosa ??