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TODO POR TI

TODO POR TI

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:447
Nilai: 5
nombre de autor: evely azul

Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir

NovelToon tiene autorización de evely azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

2 Una división de intenciones

Sasha, con el corazón acelerado, llegó al lugar donde su madre había sido hospitalizada tras sufrir un mareo en una joyería.

Al llegar a la entrada donde se encontraba, se detuvo un momento para recuperar el aliento, reuniendo fuerzas para parecer completamente tranquila frente a su madre, quien no la víera tan nerviosa.

Doña Nelida, recostada en silencio mirando por la ventana, tose.

—Estás aquí, me dijeron, mamá —dijo Sasha, cruzándose de brazos.

Su madre sonrió al oír su voz y se da vuelta.

Sasha, viniste.

Cariño, me siento un poco incómoda contigo aquí. Sabes que tu madre no quiere que la veas así —dijo Nelida, bajando la mirada—.

Mamá, eres tan importante para mí. De todas formas te habría buscado —respondió Sasha, extendiendo la mano para tocarla y besar su frente.

Su madre es franca y crítica: «Ya no soy tan joven, me canso con mucha facilidad. Ojalá tuviera un poco de tu vitalidad».

Sasha sonríe ante esto: «Bueno, no podemos negar que ya no eres una jovencita, pero sabes, eso no significa que no debamos buscar maneras de ayudarte a mejorar, de darte más energía como yo».

«Haremos ejercicio, comeremos sano».

Mientras dice esto, aparece un médico y abre la puerta rápidamente.

«Veo que ha llegado un familiar. Quisiera hablar con usted un momento», dijo el médico, poniéndose de pie y mirándola.

Sasha miró a su madre.

—Enseguida vuelvo, mamá. No te preocupes, te lo cuento todo —dijo, saliendo de la habitación.

—¿Qué le pasa a mi madre? Está tan pálida… se le nota una tristeza inmensa en la mirada —dijo Sasha, clavando sus ojos en el médico, con el rostro descompuesto al ver lo distinta y frágil que se veía su madre en la cama de la habitación.

El doctor tomó aire, buscando las palabras exactas: quería ser claro, pero también justo y honesto con lo que estaban viendo.

—Lo que le ocurre a su madre es que su sistema inmunológico está atravesando un desequilibrio muy importante.

Tras los análisis de sangre que le hicimos, los resultados no son nada buenos; de hecho, son bastante críticos.

—Tenemos fuertes sospechas de que podría tratarse de leucemia. Por ahora, todo indica que no está en una etapa muy avanzada, pero no podemos confirmarlo al cien por ciento todavía. En unos días, cuando tengamos los resultados completos de las pruebas y las muestras que tomamos, sabremos con exactitud qué estamos enfrentando y cómo actuar.

Esas palabras cayeron sobre Sasha como un golpe seco, como si le hubieran abierto una herida profunda en el pecho. Sintió que el suelo se movía bajo sus pies: la idea de perder a su madre, su pilar, el centro de su vida, le quitaba todo el equilibrio.

—¿Mi madre está enferma de verdad? —susurró, con la voz quebrada—. ¡Si ella siempre fue la persona más sana del mundo! ¿Cómo puede pasar esto?

Negó con la cabeza, aferrándose a cualquier esperanza que la alejara de esa realidad.

—Seguro… seguro hubo un error en los análisis. Quizás los resultados se alteraron por algo, ¿no? Mi madre está bien, estoy segura. Solo es una gripe fuerte, nada más. En unos días se recupera.

De pronto, el miedo se transformó en una necesidad desesperada de huir de esa sala, de esas máquinas, de esas palabras que le hacían daño. Se puso de pie de golpe, decidida, aunque con las manos temblando.

—Sabe qué… mejor me la llevo de aquí. En casa estará mucho mejor, ahí se recuperará de verdad —dijo Sasha, intentando convencerse a sí misma tanto como al médico, buscando escapar de todo lo que ese lugar significaba.

—Si tu madre no recibe atención médica constante, su estado puede agravarse muy rápido. No creo que quieras cargar con esa responsabilidad. Si de verdad la quieres y te importa, déjala aquí, deja que la atendamos como se debe —dijo el médico con voz seria, antes de dar un paso para retirarse.

Sasha, que le daba la espalda, se detuvo en seco al escucharle. Sentía un nudo en la garganta y se negaba con toda su alma a aceptar la realidad: que su madre, lo más importante que tenía en el mundo, estaba enferma y vulnerable.

«Ella es fuerte, siempre lo ha sido… no voy a dejarla aquí», pensó, aferrándose a esa idea como si fuera su única salvación.

—Precisamente porque la quiero es que hago esto. Se viene a casa conmigo, allí estará mejor —dijo con una expresión desgarradora, los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas que amenazaban con caer, respirando con dificultad por la angustia que la ahogaba.

El médico no se rindió. Se apresuró a alcanzarla y se interpuso en su camino antes de que pudiera avanzar más.

—Para llevársela, necesita el alta médica firmada. Y se lo digo con total claridad: yo no la voy a firmar.

Sasha se quedó inmóvil un instante, luego se giró bruscamente para mirarlo, con la mirada fija y decidida, sin razonar más allá de su miedo a perderla.

—No me voy a quedar de brazos cruzados, y nada va a hacer que cambie de opinión. Iré a donde sea necesario, buscaré quien me escuche, pero me la llevo —afirmó con voz firme, aunque se le notaba el temblor contenido.

El médico mantuvo su postura, serio e inflexible, sabiendo que su deber era proteger a la paciente.

—Su madre requiere atención médica urgente y continua. Si se niega a que reciba el tratamiento que necesita, tendrá que asumir las consecuencias legales y los cargos que eso implica. Se lo aseguro —dijo, y sin añadir una palabra más, volvió a la habitacion de la paciente para continuar con su labor.

Sasha se quedó allí de pie, sintiendo cómo la ira y la desesperación la invadían por un momento, hasta que todo se transformó en dolor. Cayó sentada en una silla cercana, y las lágrimas comenzaron a resbalar libremente por sus mejillas. Se sentía terriblemente sola, sin saber qué hacer, sin encontrar la solución que deseaba, y con el corazón roto por lo que más le dolía de todo: la posibilidad real de perderla.

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