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Entre Heridas Y Esperanzas

Entre Heridas Y Esperanzas

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Enfermizo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: viviana ramoa

A ella una tragedia que la obligó a huir.
Al el una silla de ruedas lo condeno al olvido y al dolor para siempre.
cuando sus vidas se encuentren, cada herida amenaza con romperlos, pero será la esperanza quien siempre insistirá en salvarlos.

NovelToon tiene autorización de viviana ramoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La dura realidad

Marta la miró con seriedad.

—Te noto rara. No es solo cara de cansancio. Es… otra cosa.

Adela bajó la mirada y apretó la taza entre las manos, como si el calor pudiera ordenar sus pensamientos.

—No sé… —dijo—. Es que… todo sigue igual.

—Nada “sigue igual” cuando en tu casa te están rompiendo por dentro —respondió Marta, sin rodeos—. ¿A ti te sirve seguir así?

Adela soltó una risa breve, sin humor.

—¿Servirme? Marta… yo trabajo, yo cumplo, yo llevo al nene a la escuela. ¿Qué más tendría que hacer?

Marta dejó el mate sobre la mesa con cuidado, como si el ruido pudiera empeorar las cosas.

—Adela, escuchame bien: tu estás sosteniendo todo. Y él… no está sosteniendo nada.

Adela tragó saliva. Le molestaba que lo dijeran tan claro. Porque cuando era claro, dolía más.

—A veces vuelve —murmuró—. A veces promete. Dice que va a cambiar.

—Las promesas son baratas cuando no vienen con hechos —Marta se inclinó un poco hacia ella—. Y yo te veo. Te veo cuando vienes con ojeras, cuando te tiembla la voz al hablar de tu marido… aunque después sonreís para que nadie te pregunte más.

Adela apretó los labios.

—No quiero que nadie me tenga lástima.

—No es lástima. Es realidad —dijo Marta—. Y la realidad es que tu matrimonio ya no te cuida. Te está gastando.

Adela miró el pasillo por la ventana de la sala de descanso. Afuera, pasaban camillas, enfermeros, gente con prisa. Todo parecía seguir, aunque a ella le costara respirar.

—No es tan fácil —dijo al fin—. ¿Con qué cara le digo a Jorgue que su papá… ya no está?

Marta no se ablandó. Pero su voz bajó.

—Tu hijo ya está viviendo esa separación aunque todavía no le pongas nombre. Él pregunta “¿y papá?” todos los días. ¿lo recuerdas no?

Adela se quedó quieta.

—No lo digo yo… lo dice él.

—Exacto —Marta señaló con la mano, como si marcara un punto en el aire—. Separarte no es “abandonar”. Separarte es dejar de normalizar el daño.

Adela sintió un nudo en la garganta. Quiso discutir, pero no encontraba palabras que no sonaran a excusa.

—Yo lo quiero —confesó, casi en un susurro—. No como antes… pero lo quiero. Y me duele pensar que todo esto fue… por nada.

Marta la observó un segundo, y luego dijo algo inesperado, más suave:

—A veces amar no alcanza. A veces el amor es solo el recuerdo de lo que pudo ser.

Adela apretó la taza hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—¿Y si yo me equivoco? ¿Y si él cambia cuando ya sea tarde?

—Entonces cambiá tu también —respondió Marta—. Porque si sigues esperando “cuando cambie”, te vas a gastar entera. Y tu no ere un lugar de espera.

Adela se quedó sin respuesta.

En ese momento, sonó el timbre interno del hospital. Una alarma corta, del sistema de turnos. Marta se levantó y miró la hora.

—Tienés que volver a tu sala —dijo—. Pero no te vayas a trabajar con la misma idea en la cabeza de siempre.

Adela se levantó también, lenta.

—¿Y cuál idea?

Marta la miró directo, como quien no deja escapar.

—Que “aguantar” es lo mismo que “vivir”.

Adela tragó saliva otra vez.

—Yo… no sé si puedo.

Marta le acomodó el delantal con una mano firme, casi maternal.

—Puedes. No sola, pero puedes. Y si no quierés separarte todavía, al menos empiezá por algo: empiezá a planear. Reune papeles, piensá en dónde vas a estar, hablá con alguien que te apoye. Porque tu vida no puede depender de si Aldo vuelve o no vuelve.

Adela abrió la boca para decir “no puedo”, pero se le quebró la voz.

—Aldo… —repitió—. Es que él… a veces es bueno.

—Y a veces es una tormenta —Marta corrigió—. Nadie merece vivir contando los días en que la tormenta se calma.

Adela bajó la mirada. Le temblaban un poco las manos.

—Marta… yo tengo miedo de que Jorgue me odie.

—Tu hijo no te va a odiar por poner límites —dijo Marta—. Te va a entender cuando sea más grande. Y si no lo entiende hoy… tu igual vas a enseñarle que el amor no es sufrimiento.

Adela respiró hondo. Se notaba que quería llorar, pero se tragó las lágrimas como se tragan las cosas que no tienen tiempo de salir.

—Voy a trabajar —dijo—. Pero… gracias.

Marta asintió.

—No me des las gracias todavía. Después vas a necesitar valor.

Adela volvió a su sala. Se colocó guantes, acomodó material, revisó historias clínicas. Hizo todo con precisión… la misma precisión con la que antes ordenaba su casa.

Pero cada tanto, el sonido de una puerta, el paso de alguien, la risa de un paciente, le traían una imagen: Jorgue preguntando “¿y papá?” con la inocencia que duele.

En el pasillo, una compañera más joven la saludó.

—Adela, ¿todo bien?

Adela sonrió.

—Sí… todo bien.

Pero por dentro, no.

### La llamada que cae como piedra

A media mañana, cuando estaba revisando un suero, su celular vibró.

Adela miró la pantalla: un número que no era fijo, uno que aparecía cuando Aldo quería “hablar” o “arreglar”.

Contestó.

—¿Alo?

Del otro lado se escuchó la voz de Aldo, arrastrada, apurada.

—Adela… escuchá. Necesito que me ayudes.

Adela cerró los ojos un segundo.

—¿Con qué?

—Es que… perdí. Pero esta vez… esta vez iba a salir bien. Necesito… necesito que me prestes.

Adela se quedó inmóvil. El aire se volvió pesado.

—Aldo… —dijo con calma forzada—. tu ya me pediste antes.

—Pero ahora no es lo mismo. Ahora tengo una oportunidad. Si me ayudás, después te devuelvo.

Adela apretó el celular con fuerza.

—¿Y el nene? ¿Y el hospital? ¿Y la escuela?

Aldo se rió, una risa nerviosa.

—No te hagás la fuerte. tu siempre terminás arreglando todo.

Adela sintió que la frase le atravesaba el pecho.

—No. Yo no “arreglo”. Yo sobrevivo.

Hubo un silencio del otro lado. Luego Aldo cambió el tono, más suave, como si quisiera recuperar terreno.

—No seas así… yo te amo, ¿sabés? Solo estoy pasando por un mal momento.

Adela tragó saliva.

—Tu mal momento me está rompiendo a mí.

—Entonces… ayudame —insistió Aldo—. Te juro que es la última.

Adela miró alrededor. Había gente trabajando. Nadie sabía. Nadie debía saber.

—Aldo… no.

—¿Cómo que no? —la voz se endureció—. tu no podés decirme que no. Yo soy tu marido.

Adela respiró hondo, y su voz salió más firme de lo que esperaba:

—Eres el padre de Jorgue. Pero no eres el hombre que me está cuidando. Y yo no voy a seguir salvándote de tus apuestas.

Aldo soltó un resoplido.

—Eres una ingrata.

Adela no respondió. Solo se quedó escuchando el ruido de fondo de la línea, como si el mundo de Aldo fuera un lugar donde todo se repite.

—Dime dónde estás —pidió Aldo, ya más controlado—. Voy a ir.

Adela se enderezó.

—No. No vas a venir aquí.

—¿Y por qué no?

—Porque me vas a arruinar el día y no pienso permitirlo.

Aldo se quedó callado.

Adela aprovechó el silencio para soltar la frase que le quemaba por dentro:

—Si querés cambiar… empiezá por dejar de apostar. No por pedirme plata.

—Tu no entendés nada —dijo Aldo, casi en un murmullo.

—Sí entiendo —respondió Adela—. Entiendo que yo ya entendí demasiado.

Cortó la llamada.

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mariela
Por fin Lunas decidiste ir a Brasil a contarle la verdad de tu salud a tu madre veremos como reacciona al ver Adela y saber que va a tener un nieto.
mariela
Adela y Lukas ya se atrevieron a dar el paso para hacer el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y funcionó perfectamente y ahora con Luci posesionada de la cama y la casa huele a hogar por fin Adela se olvido por un momento de todo.
mariela
Ya Adela esta empezando a dejar que el dolor por la perdida de Jorge se transforme en amor que no lo olvidara nunca pero ella tiene que aprender a vivir y ser feliz con ese amor que le ofrece Lukas.
mariela
Porque le tiene tanto miedo a Aldo que venda su casa y se divorcie de esa escoria Lukas tiene dinero y puede contratar a un buen abogado que saque a ese lastre de encima.
mariela
Muy bonias palabras y consejos de Estafania a su hermana Adela se esta auto castigando porque si siente alegría, si ríe, si ama estará faltando a la memoria de su hijo Jorge y se es dolorosa la muerte de un hijo pero la vida continua y por eso no es faltarle a su memoria honralo recuerdalo con amor infinito fue tu hijo por 9 años siempre lo vas adorar.
Te mereces una oportunidad de ser feliz al lado de Lukas no lo pienses y deja te querer y quiere tu también.
mariela
Adela hablar de tu pasado y la muerte de tu hijo que es doloroso por las circunstancias en que sucedio esa tragedia te hace bien desahogar ese pesar que llevas y así Lukas sabrá de tu tristeza.
mariela
Que gustos tenía Estefi que nadie la quería y la juzgaba porque si era lesbiana porque criticar cada quien tiene sus gustos y quien la comprendió fue Hans y no la juzgo.
Lukas lo que hace el amor saliste de tu casa a respirar el mismo aire que Adela.
mariela
Ya comenzo sutilmente el cariño entre Adelante y Lukas que puede llegar al amor verdadero que tanto necesitan los dos.
mariela
Lukas llego la horma de tu zapato la que te hará fortalecer ese cuerpo y puedas volver a caminar así sea con un bastón pero de pie.
mariela
🤣😂🤣😂 Lukas te llego la generala que te pondrá firme para que respete que pensaste que Adela se iba a dejar por ti si tu pasaste muchas cosas hasta ser herido y quedar discapacitado ella también esta a dando por un dolor fuette.
mariela
Creo que Hans involucrara a Adela con su jefe como enfermera para cuidar su salud y ella para que se distraiga y salga de esa rutina pensando en el pasado sabemos que la muerte de su hijo no se olvidara nunca es una herida abierta que la acompañara toda la vida pero ella tiene que levantarse y salir adelante.
mariela
Adela es lo mejor salir de ese circulo vicioso vete con tu hermana para Alemania hasta puedes conseguir trabajo cambiar de ambiente y no ver al vicioso de Aldo.
Claudia Patricia Cruz Saa
Adela tú eres la mayor responsable de lo que le pasó a tú hijo por no haber lo protegido de ése delincuente que le diste como padre, porque aún sabiendo lo que pasaba te hacías la ciega para no proteger a tu hijo así que ahora no te quejes ni hagas culpables a otros por lo que era tú deber hacer
mariela
Que dolor tan grande para Adela la muerte de su hijo por culpa de el juego y el vicio de Aldo y el tranquilo no le dolió no vino llorando nada desgraciado menos mal saliste de ese lastre esa escoria que no sirve para nada.
mariela
Que hdp no estar en el velorio y entierro de su hijo porque según el no era el momento Adela mandalo para la 💩💩 que se vaya ese desnaturalizado y desgraciado de Aldo no merece estar a tu lado después de la muerte de Jorge.
Mary Ney
Que dolor que sinvergüenza ese Aldo no le dolió el hijo
mariela
Que fuerte lo que le esta sucediendo a Adela su hijo murió por culpa de su propio padre y ahora ese dolor no lo superara nunca.
Claudia Patricia Cruz Saa: La culpa no es sólo del padre de ella aún más.
por que tenía que haber protegido a su hijo y no lo hizo, porque cuando una persona tiene vicio no le importa la vida de otros sólo piensan en mantener su vicio
total 1 replies
mariela
Pobre Adela ver a su hijo herido por culpa de su padre por deudas de juego y la advertencia fue contra el pequeño Jorge que no tiene nada que ver con razón la hermana de Adela le dijo dejalo y ella de necia creyendo en promesas vacías lo dejo estar.
mariela
Adela ese Aldo es un hombre con demasiados vicios y problemas y siempre tu se lo solucionas suelta a esa escoria que no sirve ni para esposo menos para padre.
mariela
Ese Aldo es un vicioso ludópata que por lo visto no esta pendiente de su familia se desaparece veremos que es lo que pasa con esta pareja.
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