Lía Aristizábal, una fotógrafa colombiana que llegó a España con el sueño de construir una nueva vida, decide convertirse en madre soltera mediante inseminación artificial después de alcanzar la estabilidad que tanto buscó. Sin embargo, todo cambia cuando descubre que los bebés que espera pertenecen al hombre más egocéntrico e insoportable que ha conocido.
Harold Veneti, dueño del imperio constructor más grande del mundo, siempre soñó con ser padre, pero jamás encontró a la mujer indicada. Lo que nunca imaginó fue que, por un error de la clínica de fertilidad, su esperma terminaría siendo utilizado para inseminar a una latina decidida a criar sola a sus hijos.
Obligados por el destino a compartir mucho más que unos bebés, Lía y Harold deberán aprender a convivir entre discusiones, diferencias y una atracción imposible de ignorar.
¿Podrá el amor surgir entre dos personas tan distintas… o sus personalidades chocarán demasiado como para estar juntos?
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Parte 2
Harold
El gran perfecto, el gran Veneti, el que ha puesto todo en su lugar, el nieto ideal, el hijo perfecto, el hermano ejemplar. Sin embargo, había una parte de mí que se sentía incompleta, algo que a pesar de mi edad y mi éxito no podía ser: un padre. Las mujeres habían sido una mala pasada en mi vida, experiencias que no deseaba repetir. Por eso, había tomado la drástica decisión de buscar una madre subyugada, una mujer a quien pudiera pagarle para que tuviera a mi hijo, alguien que cumpliría con el propósito sin complicaciones emocionales.
Pasaron los meses, y a pesar de mi plan, no había logrado encontrar a la mujer perfecta que me diera un hijo. Con el tiempo, me olvidé de llamar a la clínica, pensando que podía dejarlo todo en manos del destino. Hasta que un día, sonó el teléfono y mi mundo se derrumbó.
—Señor Veneti, tenemos un problema —comenzó la llamada, un saludo que inicialmente consideré formal, pero que pronto se convirtió en un desastre absoluto. Cuando me explicaron que habían puesto mi esperma en una mujer que había decidido tener un embarazo por inseminación, mi mente se paralizó. La idea de ser un padre presente era muy diferente a tener niños regañados por todas partes. La incertidumbre de que en algún momento el niño pudiera enterarse de quién era yo, y que intentara reclamar lo que yo había construido, era demasiado. No podía dejar cabos sueltos.
—Espero que se atengan a las consecuencias —respondí con frialdad, colgando el teléfono. Luego, marqué el número que me habían dado, pero al hacerlo, me di cuenta de que no existía. ¿Mi bebé lo tendría una mujer descuidada? Esto no podía estar sucediendo. Estaba tratando de aceptar que no tendría que involucrarme en la vida de un hijo, y que haría firmar un documento para que nunca supiera quién era su padre. Pero no podía permitir que una mujer como ella lo criara correctamente.
En mi mente, la confusión y el pánico comenzaron a tomar forma. Me pasaron toda la información sobre ella: una colombiana de 23 años, fotógrafa aclamada en su país. A los casi 21, decidió dejarlo todo y venir a España para construir una nueva vida. Con los meses, había creado su propia agencia de fotografía, y varias marcas la contrataban, lo que había resultado en más premios para ella. No eran sólo los premios; era su pasión y dedicación lo que la hacían destacar. Todo esto se había convertido en una bomba de tiempo, y yo estaba atrapado en medio de ella.
Era una mujer extraordinariamente exitosa, a pesar de su juventud. Una parte de mí se preguntaba si tal vez, si las circunstancias hubieran sido diferentes, yo la habría elegido como la madre de mi hijo. Pero ella quería ser madre a su manera, y eso significaba que no estaba en mi control. Para conseguir la entrevista que le habían hecho, tuve que recurrir a algunos favores, y eso me había dado acceso a información valiosa sobre su vida. Había conseguido averiguar dónde vivía, incluso había mandado a alguien a seguirla para tener una idea de su rutina, por si había algo raro que pudiera preocuparme.
Era guapa, tenía un buen cuerpo y una estatura que le daba presencia, era más alta que yo, de hecho. No poseía rasgos físicos extraordinarios, pero había algo en ella que capturaba la atención. Cuando logré encontrar sus redes sociales, como Instagram y LinkedIn, me di cuenta de que era su inteligencia lo que realmente brillaba. No era en absoluto una cabeza hueca; al contrario, su capacidad para conectar con la gente a través de su arte y su trabajo era fascinante.
Esa semana, me encontré sumido en la fascinación de su trabajo. Me detuve a explorar cada imagen que había capturado desde que comenzó a fotografiar a los 15 años hasta sus casi 23. Era un viaje visual que revelaba una creatividad vibrante y un ojo excepcional para los detalles. Los temas de sus fotografías variaban enormemente, pero era evidente que su favorita eran los paisajes. Cada foto que tomaba de la naturaleza llevaba consigo un mensaje, una historia que lograba transmitir, algo que resonaba en mí y despertaba emociones que no sabía que tenía. Era extraño, casi desconcertante, porque mi mundo estaba completamente en otro extremo; yo era un ingeniero industrial, la mejor constructora de todo Europa, mientras que ella se sumergía en la captura de la belleza del mundo a través de su lente. Dos universos totalmente opuestos.
Suspiré, dejando de lado su trabajo por un momento. Había pasado ya dos semanas desde la llamada inicial, y la incertidumbre crecía en mi interior como una tormenta que amenazaba con desatarse en cualquier momento. De repente, mi celular comenzó a sonar, sacándome de mis pensamientos.
—Jefe, la señora Aristizábal acaba de comprar tres pruebas caseras de embarazo —dijo mi asistente, su voz cargada de información que me hizo sentir un escalofrío recorrer mi espalda.
Sin dudar, busqué el perfil de ella y rápidamente encontré su número. Si había llegado a ese punto, si estaba sospechando, había algo más detrás de sus acciones.
—¿Hola? —su voz, aunque un poco ronca, tenía una calidez que me hizo sentir una extraña conexión. No podía decir que era fea; por el contrario, sonaba madura y llena de experiencia.
—SeñoritaAristizábal, soy Harold Veneti, y usted está embarazada de mi bebé —anuncié, tratando de mantener la calma en mi tono, aunque un nerviosismo interno comenzaba a apoderarse de mí.
—¿Está loco o qué? —El acento que llevaba era inconfundible, y no pude evitar sonreír ante lo tierna que sonaba.
—La clínica tuvo un accidente y le pusieron mi esperma, que estaba destinado a un embarazo subyugado —expliqué, mi voz resonando con la gravedad de la situación.
—No me interesa, eso es problema suyo. Es mi bebé y de nadie más —respondió con una firmeza que me tomó por sorpresa.
Mi corazón latía con fuerza. Sabía que esta conversación podría ir en cualquier dirección, pero no podía permitir que se desmoronara.
—Señora, hablemos. Lleguemos a un acuerdo. No me haga recurrir a mis abogados —le imploré, intentando apelar a su razón.
—Señor… no recuerdo su apellido, así que no me haga repetir. Es mi hijo. Si tiene problemas, demande a la clínica. No quiero un padre para mi bebé —la determinación en su voz era palpable, como si estuviera dispuesta a luchar hasta el final.
—Reunámonos. Mañana a las 8 de la mañana —dije, tratando de mantener un tono conciliador. Le enviaré un mensaje con la dirección de mi empresa. Usted decide si viene o no, pero si no lo hace, le llegará en unos días la demanda para mis derechos como padre —agregué, dejando claro que estaba dispuesto a ir hasta el final.
Hubo un silencio en el otro lado de la línea, y cada segundo parecía una eternidad. La tensión era casi insoportable.
Finalmente, su voz sonó de nuevo, con un tono que denotaba resignación. —Está bien, acepto.
Al colgar, sentí una mezcla de alivio y ansiedad.
Todo aclarado con la rueda de prensa Harold lo dejo bien claro es su esposa y esta esperando un hijo.
Lía y Harold tan calienturentos los dos que tal hicieron el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y a Lía le dieron como timbre de ascensor en película de terror 🤣😂🤣😂🤣😂.
Pero Harold ama demasiado a Lía y le importara un carajo lo que diga su familia.
Harold y Lía van paso a paso descubriendose con mucha confianza y sinceridad así que se construye las bases de un buen matrimonio me encanta esa complicidad.