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SUGAR MOMMY

SUGAR MOMMY

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA RESPUESTA QUÉ NUNCA CAMVIARIA

La mañana comenzó como cualquier otra en la empresa.

Los empleados caminaban de un lado a otro preparando reuniones, organizando documentos y atendiendo llamadas.

En el último piso del edificio, Andrea revisaba el informe financiero del mes mientras Alejandro ordenaba varias carpetas sobre una mesa.

—Alejandro.

—¿Sí, señora Andrea?

—La reunión con los inversionistas será dentro de una hora.

—Todo está listo. Los informes ya fueron enviados y la sala está preparada.

Andrea sonrió satisfecha.

—Excelente trabajo.

En ese momento, la secretaria llamó por el intercomunicador.

—Señora Andrea, el gerente Mauricio desea hablar con usted.

Andrea suspiró discretamente.

—Dígale que pase.

Alejandro tomó la indirecta.

—Si me permite, iré a organizar los documentos del archivo.

—Gracias, Alejandro.

Él salió del despacho justo cuando Mauricio entraba.

Al cerrar la puerta, Mauricio respiró profundamente.

—Buenos días, Andrea.

—Buenos días, Mauricio. ¿Qué asunto es tan importante?

El hombre llevaba un elegante ramo de rosas blancas entre las manos.

Andrea lo observó y, por un instante, ya supo lo que estaba por ocurrir.

"Otra vez...", pensó.

Mauricio colocó el ramo sobre el escritorio.

—Son para ti.

Andrea permaneció seria.

—Gracias... pero no era necesario.

—Para mí sí lo era.

Hubo un breve silencio.

Entonces Mauricio habló con decisión.

—Andrea... llevo muchos años trabajando contigo.

La he visto construir esta empresa desde casi el principio.

He admirado tu inteligencia, tu fortaleza y la manera en que siempre sales adelante.

Andrea escuchaba con respeto, aunque ya conocía aquellas palabras.

No era la primera vez.

Ni la segunda.

Ni siquiera la décima.

Mauricio dio un paso al frente.

—Sé que me rechazaste muchas veces...

Pero no puedo seguir guardándome esto.

Quiero que me des una oportunidad.

Quiero salir contigo.

Andrea cerró lentamente la carpeta que estaba revisando.

Lo miró con serenidad.

—Mauricio...

Él sonrió con esperanza.

—Esta vez podría ser diferente.

Andrea negó suavemente con la cabeza.

—Mi respuesta sigue siendo la misma.

La sonrisa del hombre desapareció.

—¿Otra vez...?

—Sí.

Lo siento.

No estoy interesada en comenzar una relación contigo.

Mauricio apretó ligeramente los labios.

—¿Qué me falta?

Andrea frunció un poco el ceño.

—No se trata de que te falte algo.

Simplemente... no siento lo mismo.

Él bajó la mirada durante unos segundos.

—¿Hay alguien más?

Andrea permaneció en silencio.

No quería mentir.

Pero tampoco estaba preparada para hablar de sus propios sentimientos, especialmente porque ni siquiera existía una relación.

Finalmente respondió.

—Eso pertenece a mi vida personal.

Mauricio interpretó aquel silencio de otra manera.

—Entonces sí hay alguien.

Andrea respiró hondo.

—Mauricio.

Aunque no lo hubiera, mi respuesta seguiría siendo la misma.

No quiero darte falsas esperanzas.

Te respeto como compañero de trabajo, pero nada más.

El gerente sintió un profundo golpe al orgullo.

Durante años había insistido.

Siempre creyó que algún día ella cambiaría de opinión.

Pero jamás ocurrió.

—¿Es por Alejandro?

Andrea levantó la vista con sorpresa.

—¿Qué?

—Toda la empresa habla de ustedes.

Dicen que lo becaste.

Que lo contrataste.

Que le regalaste una motocicleta.

Y ahora hasta lleva regalos para ti.

Andrea mantuvo la calma.

—Los rumores de la empresa no son un asunto del que deba hablar contigo.

—Solo respóndeme.

¿Es él?

Andrea se puso de pie.

Su voz continuó siendo tranquila, pero firme.

—Mi vida personal no es tema de conversación durante el horario laboral.

Y tampoco permitiré que se juzgue a un empleado únicamente por rumores.

Mauricio guardó silencio.

Andrea continuó.

—Alejandro obtuvo la beca porque la merecía.

Trabaja conmigo porque demostró ser capaz.

Y todo lo que ha conseguido ha sido gracias a su esfuerzo.

Nada más.

El hombre bajó la cabeza.

Sabía que discutir sería inútil.

Andrea tomó el ramo de flores y se lo devolvió.

—No puedo aceptar esto.

Mauricio lo recibió lentamente.

—¿Ni siquiera como un detalle?

Ella negó con una pequeña sonrisa respetuosa.

—Aceptar un regalo podría darte una esperanza que no puedo corresponder.

Y eso no sería justo para ti.

Hubo un largo silencio.

Finalmente, Mauricio suspiró.

—Entiendo...

Aunque me duela.

Andrea asintió.

—Espero que podamos seguir teniendo una relación profesional y de respeto.

Él hizo un pequeño gesto con la cabeza.

—Lo intentaré.

Sin añadir una palabra más, salió del despacho.

Al cerrar la puerta, varios empleados levantaron discretamente la vista.

Habían visto entrar a Mauricio con un enorme ramo de flores.

Ahora salía con el mismo ramo... y con una evidente expresión de decepción.

Uno de los trabajadores murmuró:

—Otra vez lo rechazó.

Otro negó con la cabeza.

—Ya perdí la cuenta de cuántas veces van.

—Dicen que ya son muchísimas.

Mauricio pasó junto a ellos sin decir nada.

Dentro del despacho, Andrea dejó escapar un largo suspiro.

No disfrutaba rechazar a nadie.

Pero tampoco quería alimentar ilusiones que nunca podría corresponder.

En ese momento llamaron suavemente a la puerta.

—¿Puedo pasar?

Era Alejandro.

Andrea levantó la vista y recuperó su habitual sonrisa.

—Claro.

Alejandro entró con una carpeta.

—Los documentos para la reunión ya están listos.

Andrea sonrió con sinceridad.

—Gracias, Alejandro.

Como siempre... llegaste justo a tiempo.

Él respondió con una sonrisa cálida, sin tener idea de la conversación que acababa de ocurrir unos minutos antes.

Mientras Andrea lo observaba organizar los documentos con la dedicación de siempre, comprendió algo que ya no podía seguir negando.

Su corazón comenzaba a mirar hacia una dirección completamente distinta.

Y esa dirección tenía el nombre de Alejandro.

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