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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 El silencio que quedó

Despertaron más tarde de lo acostumbrado.

La casa se sentía extrañamente vacía, como si le faltara el aire que la hacía respirar.

Nicolás fue primero a la cocina, pensando que quizás había salido temprano por algo, pero al acercarse a la mesa vio el papel doblado justo donde solía estar mi sitio.

Lo tomó con las manos inseguras.

Leyó despacio cada línea, y al terminar se quedó mucho tiempo mirando las letras, sin comprender del todo por qué esas palabras le dolían tanto.

Pensó en su enojo de la tarde anterior, en lo duro que había sido conmigo, y sintió un nudo muy fuerte en la garganta.

Fue entonces a despertar a la niña.

La tomó suavemente en brazos, la llevó hasta la sala y se sentó con ella en el sofá.

Le acarició la carita y dijo con voz muy baja:

—Mi vida…

Tengo que decirte algo.

Valeria se ha ido.

Dejó una carta y no volverá por ahora.

Esperó que preguntara, que llorara, que pidiera que la buscara.

Pero la niña se quedó muy quieta.

Lo miró un instante y luego bajó la vista hacia sus manitas.

No dijo ni una sola palabra.

Durante el desayuno, Nicolás intentó de nuevo.

—¿No vas a decirme nada?

¿Te sientes muy triste?

Podemos hablarlo si quieres.

Ella movió la cabeza levemente, pero no abrió la boca.

No pidió por mí, no preguntó adónde había ido.

Comió muy despacio y se limpió sola, sin levantar la vista hacia él.

Pasaron las horas y el silencio seguía igual.

Cuando intentó tomarle la mano para salir al jardín, ella retiró la suya suavemente.

Cuando le contó algo de su trabajo, ella lo escuchó sin responder.

Cuando le preguntó qué quería almorzar, negó con la cabeza y se fue a su rincón.

No le dirigía la mirada, no le contestaba, actuaba como si él no estuviera allí.

Nicolás empezó a asustarse.

Nunca la había visto así.

Ni cuando cumplió un año sin mí, ni cuando se enfermó gravemente, se había cerrado de esa manera.

—Por favor, háblame —le suplicó sentándose frente a ella—.

Dime lo que sientes, grítame si quieres, pero no te quedes callada así.

Me parte el alma.

La niña alzó los ojos llenos de una tristeza muy vieja, pero no salió ninguna palabra.

Se levantó y se fue a abrazar la almohada que yo había usado en el sofá, apoyó la mejilla contra ella y se quedó así, inmóvil.

Por la tarde, la llevó hasta el rosal de rosas rosadas.

Pensó que quizás allí recordaría y se ablandaría.

Le dijo.

—Mira, siguen floreciendo.

Igual que le gustaban a mamá…

igual que a Valeria.

Ella tocó un pétalo con la punta del dedo, pero siguió sin decir nada.

Regresaron a casa y el silencio pesaba tanto que parecía llenar cada rincón.

Nicolás se dio cuenta entonces: al gritarme, al echarme, al negarme ese lugar junto a ellas, había roto también algo en el corazón de su hija.

Ella sabía, sin palabras, que quien se había ido era lo más parecido a lo que le faltaba.

Y ahora no quería saber nada de quien lo había provocado.

Llegó la noche y la niña se durmió sin haber pronunciado ni un sonido.

Nicolás se quedó junto a su cama, sintiéndose más solo que nunca.

Leyó la carta otra vez, y otra más, y por primera vez entendió que yo no había querido ocupar mi lugar para quitárselo a nadie: solo había querido darle a su hija lo que nadie más sabía darle.

Comprendió demasiado tarde que con su dureza había alejado a la única persona que lograba calmarla.

Y ahora tenía que cargar con ese silencio, frío y profundo, que le decía más que cualquier reproche.

Mientras tanto, yo esperaba en casa de mis padres, sabiendo que mi partida dejaría una herida, sin imaginar que también traería ese mutismo que le rompería el corazón a él.

Y supe que el castigo que él se daba a sí mismo, era también una pequeña prueba de lo mucho que todavía nos faltaba recorrer.

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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