Ella renace en un nuevo mundo. Decidida a cambiar su destino y a cumplir sus sueños.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Dempster 2
La puerta permaneció abierta unos segundos.
El silencio reinaba en el pequeño salón.
Selene seguía completamente concentrada en sus dibujos.
—Mmm, mmm, mmm...
Comenzó a tararear una melodía bajita mientras hacía un nuevo boceto.
Cloys levantó lentamente la vista.
[Oh, no...]
Conocía demasiado bien esa señal.
Primero...
La señorita comenzaba a tararear.
Después...
Movía un pie.
Luego los hombros.
Y finalmente aparecía alguno de aquellos extraños bailes que, según Selene, eran "perfectamente normales".
[No podemos hacer eso delante del primer cliente hombre.]
Con una sonrisa educada, dio un pequeño paso hacia ella.
—Señorita.
—¿Mmm?
Selene seguía dibujando.
—El conde ya está aquí.
Y, antes de que pudiera reaccionar, Cloys añadió con toda naturalidad..
—Los dejaré conversar. Lo esperaré afuera.
Hizo una elegante reverencia al conde y salió del salón.
La puerta se cerró.
Selene levantó lentamente la cabeza.
[…¿Qué?]
Miró la puerta.
Luego el lugar donde hacía un instante estaba Cloys.
[¿No?]
[¿Me abandonaste?]
[¡Traidora!]
[¡No huyas!]
[¡No me dejes sola!]
Respiró hondo.
Muy despacio.
Y finalmente volvió la vista hacia el hombre que permanecía frente a ella.
Entonces...
Lo observó con atención.
Era alto.
Bastante más de lo que había imaginado.
Su cabello oscuro mostraba apenas unas ligeras hebras plateadas en las sienes que, lejos de hacerlo parecer mayor, le daban un aire aún más distinguido.
Vestía con extrema sencillez para alguien con semejante fortuna.
Nada llamativo.
Nada ostentoso.
Su postura era impecable.
Y su expresión...
Seria.
Muy seria.
Como si sonreír fuera una actividad que requiriera autorización oficial.
Selene calculó rápidamente.
[Por la apariencia...]
[Debe rondar los cuarenta años.]
El conde Oliver Dempster también la observaba.
Esperaba encontrar a una joven noble tímida.
Pero la señorita Drack parecía tener demasiadas expresiones por minuto.
Primero parecía asustada.
Después indignada.
Luego curiosa.
Y ahora...
Sonreía sola.
Porque, sin poder evitarlo, un recuerdo de su primera vida apareció en su cabeza.
Aquella pegajosa canción que tantas veces había escuchado.
Y cuya parte más famosa hablaba, precisamente, de que a alguien le gustaban los hombres mayores.
[ ♪♫ A mí me gustan mayores ♪♫]
[ ♪♫ De esos que llaman señores ♪♫]
[ ♪♫ De los que te abren la puerta ♪♫]
[ ♪♫ Y te mandan flores ♪♫]
Selene sintió que la melodía intentaba salir sola.
[¡No!]
[¡Cállate, cerebro!]
[ ♪♫ A mí me gustan mayores ♪♫]
[¡No es el momento!]
La canción siguió sonando únicamente en su cabeza.
Y cuanto más intentaba dejar de pensar en ella...
Más fuerte parecía escucharse.
[¡No la cantes!]
[¡No la tararees!]
[¡Compórtate!]
[ ♪♫ A mí me gustan mayores ♪♫]
Por fuera mantuvo una sonrisa elegante.
Por dentro...
[Qué vergüenza.]
[ ♪♫ A mí me gustan más grandes ♪♫]
[¿Por qué justo ahora?]
[¡Concéntrate en vender un traje!]
El conde inclinó apenas la cabeza a modo de saludo.
—Señorita Drack.
Selene reaccionó de inmediato.
Se puso de pie con una impecable reverencia.
—Conde Dempster. Es un placer conocerlo.
Su voz sonó perfectamente educada.
Mientras tanto, en su cabeza...
[ ♪♫ A mí me gustan mayores ♪♫]
[Concéntrate.]
[Traje.]
[Negocio.]
[No canciones.]
[ ♪♫ De esos que llaman señores ♪♫]
[No canciones.]
[No...]
La melodía insistía.
Ella sonrió con más fuerza.
[¡Si sobrevivo a esta reunión sin ponerme a tararear, consideraré que he madurado como persona!]
El conde la observó unos segundos más.
Había algo curioso en aquella joven.
Su sonrisa era amable.
Su comportamiento, correcto.
Pero daba la extraña impresión de que estaba librando una intensa batalla... contra sus propios pensamientos.
Y, sin saber por qué, aquello le resultó inesperadamente interesante.
El conde tomó asiento frente a ella sin perder tiempo en formalidades.
Su expresión seguía siendo tan seria como cuando había entrado.
—No dispongo de mucho tiempo, señorita Drack.
Selene dejó su cuaderno sobre la mesa.
—Lo entiendo.
—Necesito un traje nuevo.
Ella asintió.
—Muy bien.
El conde cruzó las manos sobre la mesa.
—Debe ser cómodo. Resistente. Y permitir ocultar varias armas.
El lápiz de Selene se detuvo.
[ ♪♫ A mí me gustan mayores ♪♫]
Parpadeó una vez.
Luego otra.
[¿Perdón?]
El conde la observó.
—¿Algún problema?
Ella sonrió.
—Ninguno.
[Bueno...]
[Un poquito.]
[¿Qué clase de cliente comienza diciendo "quiero esconder armas"?]
Su imaginación empezó a trabajar a toda velocidad.
[Interesante...]
[Puedo hacer bolsillos interiores.]
[Refuerzos discretos.]
[Un corte distinto...]
Y, sin darse cuenta...
[ ♪♫ A mí me gustan mayores ♪♫]
También comenzó a observar al conde con más atención.
[Qué divertido sería diseñar algo completamente diferente para él.]
Aquella idea le hizo sonreír sola.
El conde frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué?
Selene dio un pequeño respingo.
—¿Eh?
—Acaba de sonreír.
Ella carraspeó.
—Por el traje.
El conde permaneció inmóvil.
—¿Por el traje?
—Si.. Quiero decir... el traje sería interesante hacerle algo
[Uhhh le haría muchas cosas a usted]
—¿Cómo dijo?
—Al traje hacerle cosas al traje
El hombre la siguió observando unos segundos más.
Finalmente asintió.
—Mientras sea funcional.
[Qué hombre tan serio.]
[Parece que nació regañando gente.]
Y, curiosamente...
Aquello solo aumentó la diversión de Selene.
Porque cuanto más gruñón parecía...
Más ganas le daban de hacerlo sonreír, aunque fuera una sola vez.
[Es como esos villanos de las novelas...]
[Cara de "no molesten".]
[Poca paciencia.]
[Cuarenta y tantos años.]
[Serio.]
[Alto.]
Su cerebro decidió añadir información innecesaria.
[Y bastante guapo.]
Selene sintió deseos de golpearse la frente.
[¡Concéntrate!]
El conde comenzó a explicar lo que necesitaba.
—Paso gran parte del tiempo viajando.
Ella escribió. O, al menos...
[ ♪♫ loca oh, oh, oh, oh, oh, oh, loca ♪♫]
Hizo el movimiento de escribir.
—Necesito libertad para mover los brazos.
Anotó unas palabras.
O eso parecía.
Porque en realidad, debajo de aquella frase, había dibujado una línea completamente torcida.
Sin darse cuenta, volvió a levantar la vista.
[Qué ojos...]
El conde continuó hablando.
—El tejido debe soportar el uso constante.
Ella volvió a mover el lápiz.
[Qué mandíbula tan marcada.]
—Y los bolsillos interiores deben quedar ocultos.
[Qué hombros...]
El conde hizo una pausa.
Selene seguía escribiendo...
O fingiendo escribir.
En la hoja podía leerse..
"Necesita..."
Debajo.
"..."
Y, más abajo, una serie de garabatos sin sentido.
El conde inclinó ligeramente la cabeza.
—Señorita Drack.
Ella levantó la vista de inmediato.
—¿Sí?
—¿Está tomando notas?
—Por supuesto.
—¿Podría leerme la última?
Selene miró lentamente el cuaderno.
[...Qué desastre.]
Se aclaró la garganta con toda la dignidad que pudo reunir.
—Dice...
Pasó una página con total naturalidad.
—Que necesita un traje resistente, cómodo y discreto.
El conde la observó unos segundos.
Luego respondió simplemente..
—Correcto.
Ella sonrió.
[Por poco.]
[¡Gracias por no pedir ver la página anterior!]
[Y por aprender a estudiar con música, asi mi mente estudiaba, pero otra parte se concentraba en la canción]
Volvió a concentrarse.
Esta vez decidió mirar únicamente el cuaderno.
[No levantes la vista.]
[No.]
[Puedes hacerlo.]
Cinco segundos después...
La levantó.
[Es que tiene cara de protagonista secundario que aparece poco, habla menos y da miedo a todo el mundo.]
[¿Cómo no voy a mirar?]
El conde seguía explicando algunos detalles prácticos, completamente ajeno a la batalla mental que libraba la joven diseñadora para mantenerse concentrada.
Y, por primera vez en mucho tiempo, el severo conde Dempster notó algo inusual.
La señorita Drack parecía distraerse con una facilidad extraordinaria.
Pero, curiosamente, cada vez que volvía a prestar atención, comprendía exactamente lo que él necesitaba.
Era, sin duda, la persona más peculiar con la que había tratado en años.
😭😭😭😭😭 y más cuando Oliver al verla sonrío y le dijo que su esposa era la mas bella de todo el reino 🥰🥰🥰😍😍😍