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TODOS LLORARON EN MI FUNERAL… EXCEPTO ÉL

TODOS LLORARON EN MI FUNERAL… EXCEPTO ÉL

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Jonathanf

Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.

NovelToon tiene autorización de Jonathanf para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mujer de la fotografía

Gabriel Morel no reaccionó inmediatamente.

Se quedó inmóvil bajo la lluvia mientras el vehículo negro desaparecía lentamente entre los árboles del cementerio.

El corazón le golpeaba tan fuerte contra el pecho que por un momento creyó que iba a vomitar.

No.

No podía ser Isabella.

Su hermana estaba muerta.

Él mismo había firmado los documentos.

Él mismo había reconocido sus pertenencias después del accidente.

Entonces… ¿qué demonios acababa de ver?

—¿Gabriel?

La voz de Emma Sinclair lo sacó abruptamente de sus pensamientos.

Gabriel levantó la mirada.

Emma seguía allí, sosteniendo un paraguas negro mientras el viento movía ligeramente su cabello húmedo. Sus ojos claros parecían nerviosos.

Demasiado nerviosos.

—¿Estás bien? —preguntó ella.

Gabriel la observó durante varios segundos antes de responder.

Siempre había confiado en Emma.

Durante años la consideró prácticamente parte de la familia.

Pero últimamente algo se sentía distinto.

Extraño.

Y ahora, después de ver aquella fotografía… comenzó a preguntarse cuántas cosas realmente desconocía.

—¿Qué hacías tan cerca de Alexander? —preguntó Gabriel finalmente.

Emma frunció ligeramente el ceño.

—¿Perdón?

—Lo escuchaste.

Ella desvió la mirada apenas un instante.

Ese pequeño movimiento fue suficiente para incomodarlo más.

—Trabajo para Vega Group, Gabriel. Es normal que hablara conmigo.

—Mi hermana murió hace tres días.

Emma guardó silencio.

—Y tú pareces más preocupada por las acciones de la empresa que por ella.

El comentario la golpeó más fuerte de lo esperado.

Gabriel pudo verlo en su expresión.

Emma bajó lentamente el paraguas.

—No tienes idea de lo difícil que ha sido esto para todos.

—¿Para todos? —Gabriel soltó una risa amarga—. Qué interesante forma de decirlo.

Emma apretó los labios.

Por primera vez desde el funeral, parecía realmente incómoda.

—No quiero discutir contigo ahora.

—Entonces dime la verdad.

—¿Qué verdad?

Gabriel dio un paso hacia ella.

—¿Qué está ocultando Alexander?

Emma abrió ligeramente los ojos.

Y eso fue suficiente.

Ella sabía algo.

Gabriel lo sintió inmediatamente.

—No sé de qué hablas.

—Mientes muy mal.

—Gabriel…

—¿Mi hermana realmente murió en un accidente?

Emma dejó de respirar por un segundo.

Literalmente.

Y aquel pequeño instante de silencio hizo que el cuerpo completo de Gabriel se tensara.

Porque acababa de confirmarlo.

Ella sabía algo.

Algo enorme.

Emma retrocedió lentamente.

—Estás alterado. No deberíamos hablar ahora.

—Respóndeme.

—No puedo.

La respuesta salió demasiado rápido.

Demasiado honesta.

Gabriel sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿No puedes… o no quieres?

Emma tragó saliva.

Y por primera vez desde que la conocía… parecía asustada.

Pero no de él.

De otra cosa.

De alguien.

—Hay cosas que es mejor no remover.

Gabriel sintió la rabia subirle al pecho inmediatamente.

—Mi hermana está enterrada ahí —señaló la tumba—. Así que no me hables de cosas que no debo remover.

Emma lo miró directamente.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Si realmente amas a Isabella… deja esto así.

Aquella frase lo congeló.

Porque no sonó como una advertencia.

Sonó como miedo real.

Antes de que Gabriel pudiera responder, Emma comenzó a caminar rápidamente hacia la salida del cementerio.

—¡Emma!

Ella no se detuvo.

Ni siquiera volteó.

Y eso empeoró todo.

Gabriel pasó ambas manos por su rostro mojado mientras intentaba ordenar sus pensamientos.

Nada tenía sentido.

Nada.

Primero la llamada de Isabella.

Después el comportamiento extraño de Alexander.

Ahora Emma actuando como si ocultara un cadáver.

Y luego…

La fotografía.

Gabriel cerró los ojos con fuerza.

Sabía perfectamente lo que había visto.

Era Isabella.

No había posibilidad de equivocarse.

El problema era otro.

Si Isabella seguía viva…

¿quién estaba enterrado debajo de aquella tierra?

A varios kilómetros del cementerio, el vehículo negro avanzaba silenciosamente por una carretera vacía.

Dentro del automóvil, Alexander Vega observaba la lluvia deslizarse lentamente por la ventana.

Su expresión seguía siendo imposible de leer.

Fría.

Controlada.

Pero sus manos estaban tensas.

Y eso era extraño incluso para él.

El conductor miró discretamente por el espejo retrovisor.

—El hermano la vio.

Alexander cerró los ojos durante un instante.

—Lo sé.

—¿Quiere que nos encarguemos de él?

Alexander abrió los ojos inmediatamente.

La mirada que lanzó hacia adelante fue suficiente para congelar el ambiente dentro del vehículo.

—No vuelvas a decir algo así.

El conductor tragó saliva.

—Lo siento, señor Vega.

Silencio.

El auto continuó avanzando bajo la lluvia.

Alexander pasó lentamente una mano por su mandíbula mientras intentaba controlar los pensamientos que comenzaban a acumularse en su cabeza.

Todo estaba saliéndose de control.

Y eso jamás ocurría.

Él había construido un imperio precisamente porque siempre iba diez pasos delante de todos.

Siempre.

Pero Isabella…

Isabella era el único error que jamás logró controlar.

Su teléfono vibró repentinamente.

Alexander observó la pantalla.

Número privado.

Contestó sin decir una sola palabra.

La voz masculina del otro lado sonó distorsionada.

—Tu cuñado vio la fotografía.

—Ya lo sé.

—Entonces también sabes que el tiempo se acabó.

Alexander permaneció en silencio.

—Debiste dejarla morir aquella noche —continuó la voz—. Ahora todo será más difícil.

La mandíbula de Alexander se tensó violentamente.

—Cállate.

El hombre soltó una pequeña risa.

—Mírate… el gran Alexander Vega perdiendo el control por una mujer.

—No sabes nada sobre ella.

—Sé lo suficiente. Sé que todavía no eres capaz de matarla.

Los ojos de Alexander se oscurecieron inmediatamente.

—Vuelve a mencionarla y te encontraré antes de que termine la semana.

La voz volvió a reír.

Pero esta vez había tensión detrás de la risa.

—El problema ya no soy yo, Alexander.

Silencio.

—El verdadero problema… es que Isabella comenzó a recordar.

La llamada se cortó.

Alexander permaneció inmóvil varios segundos mientras sentía cómo algo frío se instalaba lentamente en su pecho.

Recordar.

No.

Eso no podía pasar.

No todavía.

El conductor volvió a mirar discretamente por el retrovisor.

Y por primera vez en años… vio algo completamente extraño en Alexander Vega.

Miedo.

En otro lugar de la ciudad, una mujer observaba la tormenta desde la ventana de una habitación oscura.

El sonido de la lluvia golpeaba suavemente el cristal.

Ella sostenía una taza de café entre las manos temblorosas mientras intentaba respirar con normalidad.

Pero era imposible.

Porque cada vez que cerraba los ojos…

veía sangre.

Muchísima sangre.

El chirrido de unas llantas.

Un golpe brutal.

Y luego oscuridad.

La puerta de la habitación se abrió lentamente.

Dante Russo entró sin hacer ruido.

Alto. Elegante. Peligrosamente tranquilo.

La observó durante varios segundos antes de hablar.

—No deberías levantarte todavía.

La mujer no respondió.

Sus ojos seguían perdidos en la lluvia.

Dante avanzó lentamente hacia ella.

—Los medicamentos perderán efecto si sigues forzando tu memoria.

Finalmente, ella habló.

Su voz salió apenas como un susurro.

—Hoy era mi funeral.

Dante guardó silencio.

La mujer cerró lentamente los ojos.

Y entonces las lágrimas comenzaron a caer.

—Escuché todo… —murmuró—. Las personas… la lluvia… el sacerdote…

Dante la observó cuidadosamente.

—No debiste escuchar la transmisión.

—Necesitaba saber si él estaba ahí.

Silencio.

La respiración de la mujer comenzó a quebrarse.

—¿Alexander lloró?

Dante no respondió inmediatamente.

Y eso fue suficiente.

Porque ella entendió la respuesta.

Las lágrimas comenzaron a caer más rápido.

—Ni siquiera lloró…

Dante desvió la mirada hacia la ventana.

—Alexander Vega no es un hombre fácil de entender.

La mujer soltó una pequeña risa rota.

Dolorosa.

—Yo creía conocerlo.

Dante caminó lentamente hacia la mesa y apagó el teléfono que seguía reproduciendo imágenes del funeral.

Entonces la miró directamente.

—Si quieres sobrevivir… necesitas dejar de pensar como Isabella Morel.

La mujer levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez, sus ojos mostraron algo más que dolor.

Confusión.

Miedo.

Y una pregunta que comenzaba a destruirla por dentro.

Porque mientras observaba su propio reflejo en la ventana…

empezaba a comprender algo aterrador.

No podía recordar completamente qué ocurrió la noche del accidente.

Y lo peor de todo…

era que una parte de ella comenzaba a sospechar que Alexander quizá no era el único enemigo que tenía.

1
Eliana Galann
muy buena! al final nadie murio de verdad? solo fingieron sus muertes? mas capitulos por favor
Eliana Galann
Que suspenso! lo leido hasta el momento esta muy bueno, felicitaciones
Georgetth Rosemary
maaasssssd
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