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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Final

Un año después, la brisa de la primavera acariciaba los amplios jardines de la mansión Jeon. El césped, que alguna vez lució impasible y solitario, estaba transformado en un auténtico escenario de ensueño: arcos de flores blancas, hileras de sillas vestidas de lino e hilos de luces doradas que esperaban la caída del atardecer para brillar.

En la gran cocina de la mansión, el movimiento era frenético pero alegre.

Suki, luciendo un delantal rosa sobre su ropa informal antes de vestirse para la ocasión, revisaba con entusiasmo los platillos del buffet. En los últimos meses, con el apoyo incondicional de Jungkook y su propia determinación indomable, había fundado *“La Buena Suerte”*, su propio negocio de catering especializado en eventos infantiles y banquetes creativos. La empresa era un éxito rotundo en la ciudad, famosa no solo por la deliciosa comida, sino por los divertidos y originales diseños de sus platillos.

—¡Bomi! ¡Asegúrate de que los sándwiches con cara de oso estén bien alineados! —instruía Suki, revisando las charolas con precisión—. ¡Y por lo que más quieras, mantén cualquier frasco de mermelada lejos de mis manos hasta que termine la ceremonia! ¡Hoy no podemos permitirnos catástrofes!

—¡Entendido, mi capitana! —respondió Bomi riendo, mientras colocaba los últimos retoques a las mesas de postres.

En ese momento, la puerta de la cocina se abrió y el secretario Park Ho-jin asomó la cabeza. Lucía un esmoquin impecable pero llevaba las gafas ligeramente torcidas y la cara sudorosa.

—Señorita Suki... perdón, futura señora Jeon —dijo Ho-jin secándose la frente—. El pequeño amo Byul está listo, pero el director Jeon lleva veinte minutos en su vestidor intentando ajustarse el moño de la corbata. Dice que si el ángulo del nudo no es de noventa grados exactos, arruinará la armonía visual de las fotos de la boda.

Suki soltó una carcajada limpia y sonora.

—Iré a rescatar a nuestro arquitecto.

En la suite principal, Jeon Jungkook caminaba de un lado a otro frente al espejo de cuerpo entero. Vestía un esmoquin a medida de color negro que lo hacía lucir devastadoramente atractivo, pero su rostro reflejaba un nerviosismo impropio de un hombre que solía cerrar tratos de millones de dólares sin pestañear.

—Jungkook-ah —llamó Suki suavemente, entrando a la habitación.

Al verla, Jungkook se detuvo de golpe. Se giró hacia ella con los ojos iluminados de una ternura infinita.

—Suki... no deberías estar aquí, se supone que es de mala suerte que nos veamos antes de la ceremonia —dijo él, aunque sus pasos lo llevaron instintivamente hacia ella para tomarle las manos.

—Por favor, arquitecto, ¿desde cuándo a nosotros nos asusta la mala suerte? —bromeó Suki, acercándose para acomodarle la pajarita con dedos hábiles y delicados—. Además, estabas a punto de colapsar por un nudo de corbata.

Jungkook la miró a los ojos, sintiendo que el latido acelerado de su corazón finalmente encontraba su ritmo perfecto. Le tomó el rostro con ambas manos y le plantó un beso tierno y rápido en los labios.

—Estaba nervioso porque finalmente voy a casarme con la mujer de mi vida —confesó Jungkook en un susurro bajo y ronco—. Pasé años pensando que estaba destinado a vivir en una casa fría, enfocado solo en el trabajo. Pero tú me diste un hogar, Suki. Me diste una familia de verdad.

Suki sintió que los ojos se le humedecían de pura emoción. Le acarició la mejilla con el pulgar.

—Y tú me enseñaste que la vida no es una racha de accidentes, sino una colección de momentos hermosos si los compartes con la persona correcta. Ahora, ve al jardín antes de que la abuela piense que te arrepentiste y me convierta en su blanco favorito de nuevo.

A las cinco de la tarde, con el sol comenzando a teñir el cielo de Seúl de tonos dorados, violetas y anaranjados, comenzó la ceremonia.

La orquesta filarmónica interpretaba una suave melodía mientras los invitados ocupaban sus lugares. En la primera fila, luciendo un elegante *hanbok* bordado, la Sra. Noh sonreía con complacencia mientras conversaba amablemente con Bomi y otros amigos de Suki. A su lado, el secretario Ho-jin no dejaba de limpiarse las lágrimas con un pañuelo de seda, profundamente conmovido.

Jungkook esperaba al final del pasillo de flores blancas, erguido, noble y radiante.

De pronto, la música cambió a un tono más alegre y festivo.

En la cabecera del pasillo apareció Jeon Byul. El pequeño, vestía un mini esmoquin idéntico al de su tío y caminaba con paso firme y una sonrisa de orgullo que le abarcaba todo el rostro. En sus manitas sostenía un cojín de terciopelo azul marino donde descansaban las dos alianzas de matrimonio.

—¡Abran paso al guardián oficial de los anillos! —anunció Byul en un susurro audible que hizo sonreír a todos los presentes.

Y entonces, la música alcanzó su punto más alto.

Apareció Suki. Caminaba lentamente por el pasillo de la mano del señor que la había empleado en su primera panadería, quien la acompañaba con cariño paternal.

Suki lucía un vestido de novia de corte princesa, de encaje delicado y tirantes finos, con un velo transparente que flotaba suavemente con la brisa de la tarde. En la cabeza llevaba la misma corona de flores luminosas que Jungkook le había regalado la noche del festival de luces. Estaba sencillamente hermosa, una visión de luz y felicidad pura.

Cuando los ojos de Jungkook se cruzaron con los de ella, el imponente director ejecutivo no pudo contener las lágrimas de alegría que rodaron libremente por sus mejillas.

Al llegar al altar, Suki tomó la mano de Jungkook. Sus dedos se entrelazaron de forma natural, como si hubieran estado hechos para encajar desde el principio de los tiempos.

—Te ves hermosa —murmuró Jungkook con la voz entrecortada.

—Tú no estás nada mal, Jeon Jungkook —respondió ella con una guiño juguetón.

El oficiante comenzó la ceremonia, repasando el compromiso y la promesa de amor que estaban a punto de realizar. Cuando llegó el momento de los votos, el silencio sagrado envolvió el jardín.

Jungkook tomó el micrófono. Miró a Suki directamente a los ojos, con la voz profunda y llena de una emoción transparente:

—Kim Suki... El día que entraste a mi vida, chocaste contra mi auto bajo la lluvia, me arruinaste una camisa cara y llenaste mi casa de caos. Durante mucho tiempo, dijiste que tenías una racha de mala suerte interminable. Pero hoy, frente a todos nuestros seres queridos, quiero confesar algo: tu 'mala suerte' fue en realidad el milagro más grande de toda mi vida.

Suki sonrió entre lágrimas, apretándole la mano.

—Tú rompiste el hielo de mi corazón —continuó Jungkook—. Me enseñaste a reír de nuevo, me diste el valor para defender mi propia felicidad y trajiste la luz a esta casa para Byul y para mí. Prometo amarte en tus días de buena suerte y cuidarte aún más en tus días de tropiezos. Prometo ser tu refugio, tu compañero y el hombre que te sostenga cada vez que el mundo intente hacerte caer. Te amo, mi dulce Suki.

Suki tomó su propio micrófono, limpiándose una lágrima de la mejilla mientras sonreía con el corazón abierto de par en par:

—Jeon Jungkook... Llegué a tu vida sin nada en los bolsillos, con una maleta rota y un historial catastrófico de accidentes. Tenía miedo de no estar a tu altura y de arruinarlo todo. Pero tú no miraste mis tropiezos; miraste mi corazón. Me defendiste, me enseñaste que valía la pena y me diste el amor más puro y noble que jamás pude haber soñado. Prometo hacerte sonreír todos los días de nuestras vidas, cocinarte ramién con amor y caminar a tu lado por siempre. Eres mi lugar seguro. Eres mi mejor suerte.

El pequeño Byul se adelantó y les entregó los anillos con solemnidad exagerada:

—¡Pónganselos rápido antes de que a Suki se le caiga uno al césped! —dijo el niño, provocando una carcajada generalizada en todo el jardín.

Jungkook y Suki deslizaron las alianzas de oro en sus respectivos dedos.

—Por el poder que me concede la ley, los declaro marido y mujer —anunció el oficiante con una gran sonrisa—. Puede besar a la novia.

Jungkook no esperó un segundo más. Tomó a Suki por la cintura, la atrajo hacia su cuerpo y la inclinó suavemente hacia atrás en una postura de película clásica, uniéndose a ella en un beso apasionado, dulce y profundo.

Los invitados se pusieron de pie en una ovación atronadora. Acompañados por los aplausos de la Sra. Noh, los vítores del secretario Ho-jin, la risa de Bomi y los saltos de felicidad del pequeño Byul, miles de pétalos de rosas blancas cayeron sobre la pareja desde lo alto.

Al separarse del beso, Jungkook la sostuvo con firmeza en sus brazos mientras el atardecer perfecto de Seúl pintaba el cielo de un tono dorado majestuoso.

—¿Estás lista para nuestro "felices para siempre", Sra. Jeon? —preguntó Jungkook mirándola a los ojos con devoción absoluta.

—Con la suerte de tenerte a mi lado, estoy lista para cualquier cosa —respondió Suki, besándolo de nuevo en los labios.

Y así, bajo la cálida luz del atardecer y rodeados del amor de su familia, la historia de la niñera desafortunada y el solitario empresario llegó a su final perfecto, demostrando que en el gran guion de la vida, los accidentes más grandes son solo la forma en que el destino nos lleva hacia nuestro verdadero amor.

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