Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.
El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.
Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.
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Bienvenida a tu nueva realidad
El estado de mudez fue agonizante después de la última vocal escupida. La tensión repentina del ambiente explotó como humo en toda la habitación. Aquel insulto había salido como un rugido poderoso, desde lo más recóndito de su pecho, que dejó a los presentes atónitos, espantados por lo ocurrido.
No obstante, fue el jadeo de terror lo que cortó la presión insonora. Una de las mujeres con uniforme tenía los ojos pelones, casi como si se le fueran a salir de las cuencas; la otra, perpleja ante los hechos, sintió que la presión se le subió hasta la cabeza, cayendo sobre sus rodillas con el dolor agudo en su corazón.
¡El príncipe había insultado a su señorita!
Julie miró el espectáculo desde su sitio, desconcertada. Las mujeres que hace un momento estaban llorando por su recuperación, ahora tenían llamas en los ojos, ardientes, en una ira descomunal contra el caballero del costado. Su pecho se sintió cálido por ello, reconfortado cuando las vio como sus fieles seguidoras. Nunca había dispuesto de una amiga verdadera, así que la sonrisa se le escapó de los labios cuando notó a la pelirroja alzando sus mangas por ella.
La expectativa de una defensa física se mostró exquisita en su imaginación; pero toda esa emoción se desvaneció en cuanto las miradas cayeron sobre ella.
Julie cubrió sus labios con el dorso de su mano, fingiendo ofenderse. Dirigió luego la atención a las mujeres con su gesto lastimoso que les quebró el corazón, luciendo como un cachorro herido con sus luceros naturalmente violetas, humedecidos.
—Milady —llamó la misma pelirroja, ignorando la presencia del imponente—. ¿Necesita algo?
—Oh, yo… —pretendió secarse las mejillas—… estoy bien —sonrió—. ¿Podrían darme un momento con él?
La chica de cabellos rojos la miró desconfiada, mientras que la rubia en el suelo se levantó con tremenda rapidez para tomarle la mano.
—Lady Odette, ¿está segura? El príncipe Oriel…
—Por favor —le interrumpió la azabache, quedándose en silencio ante la intención de llamarla por un nombre que no conocía.
La pelirroja entendió y se aproximó a la otra, agarrándola del brazo con el fin de levantarla y orientarla hacia la salida. Ambos se mantuvieron en silencio, vigilando la marcha de las criadas. Julie aprovechó el momento de soledad para retomar el estudio de su rostro deforme, completamente distinto.
—¿Quién eres tú para hablarme así? Mocoso baboso —preguntó la azabache, segundos después de que la puerta se cerrara.
Julie pareció indiferente, tocándose las mejillas y observando cada costado de su rostro en el espejo, tratando de adivinar lo que estaba ocurriendo.
El hombre, completamente ofendido, giró la mirada bajo un movimiento mortal. Sus ojos ardieron en furia, y sus dedos apretaron su pantalón, ahogando la necesidad de ahorcarla ahí mismo. En su lugar, pretendió tomar aire y le lanzó su desprecio.
—Es asqueroso que tomes el cuerpo de Odette —farfulló.
La tonada fue familiar, a pesar de la voz irreconocible del otro. La mano de Julie quedó congelada en el aire y la otra soltó el espejo sobre sus piernas.
No se movió. Su atención se quedó plasmada en un punto sin sentido, mientras todos los recuerdos del pasado llegaban de golpe a su mente.
Recordó la clase de literatura, el ensayo de setenta páginas sobre una novela y el vídeo animado por IA en TikTok que resumía ese libro. Las animaciones de ese corto eran copias de las apariencias que tenían los dos presentes en la habitación. Tomó de nuevo el espejo y se dio otro vistazo, sintiendo una punzada en el cráneo cuando confirmó sus teorías al detectar ese pequeño lunar en forma de corazón en el costado de su nariz.
Ella era Odette Montgomery y ese sujeto era Oriel Langford. La pareja más asquerosamente empalagosa del reino.
—Espera… tú —murmuró con las manos en su cabeza, buscando el golpe de antes—. No, no, no, no.
Bajó de la cama sin mucha atención. Uno de sus pies aterrizó seguro, pero el otro, desgraciadamente, se quedó atrapado entre las sábanas, provocando su caída. El golpe en el suelo hizo eco y sus dedos se enterraron en el suelo con furia cuando la risa ajena entró en sus oídos.
Los taconcillos de los zapatos ajenos chocaron con el suelo, provocando una ligera vibración que se sintió como una burla. El cabello negro de la mujer fue sujetado con fuerza, casi desde la raíz, para luego alzarle el rostro.
—Das lástima —masculló el ojiverde.
Julie empujó la lengua contra su mejilla, mirándolo sin respuesta alguna. Se giró de manera precipitada y tomó el brazo que la tenía sometida para intercambiar la situación.
—Debiste morirte cuando hubo la oportunidad —musitó Julie—. Tu lugar es en el maldito infierno.
El puñetazo aterrizó en el mentón afilado del hombre, pero este no lo dejó pasar. Le sostuvo de las manos y rodaron un par de veces por el suelo, escuchándose los jadeos y los golpes silenciosos, amortiguados por las débiles paredes de la habitación. Elis se llevó un par de bofetadas más y Julie, moderadamente, se llevó consigo un par de sacudidas contra el suelo y un rodillazo en el muslo. Sus uñas delicadas relucieron con el sol; sin embargo, el nuevo golpe de Julie quedó atrapado en el aire cuando alguien llamó a la puerta.
—Lady Odette, su alteza… El desayuno va a celebrarse en unos minutos.
Las miradas de ambos se encontraron, nerviosos. Elis empujó a Julie lejos de él y se puso de pie, sacudiendo la parte superior de su uniforme.
—Estaremos ahí en un momento —informó Elis.
El mutismo externo persistió. Julie se levantó del suelo, con una postura coja por la lesión en la pierna. Se acercó con pasos desestabilizados hasta colocarse frente al sujeto de ojos esmeralda.
—Quiero que te vayas al carajo, y que no regreses —le apuntó—. Y si es necesario, yo misma te ayudaré a que no tengas modo de volver del jodido inframundo.
Elis jadeó una risa, apegándose a ella. Atrapó su índice entre su propia mano y besó la punta de este, sin borrar su expresión.
—Dado que te ves espantosamente ridícula, no pienses que te dejaré fácil andar por aquí, Odette Montgomery.
Elis escapó, evitando el golpe en la espalda. Julie se tomó el estómago y la carcajada salió de sus pulmones. Importándole poco que sus doncellas se asomaran en ese momento.
—¿¡Lady Odette!? —llamó la rubia.
—Vamos, la llevaremos a tomar un baño de rosas —indicó la pelirroja.
Julie aceptó la compañía sin mucho escándalo. Tenía que empezar a pensar en algo para salir de ese infierno lo antes posible, incluso si debía planear el asesinato de la segunda máxima cabecilla de su hogar.