Aurelia era una chica común y corriente, obsesionada con las novelas. Una noche, tras llorar por el trágico destino de su personaje favorito, despierta dentro de la historia y descubre que ahora habita el cuerpo de Aurelia Cassano: la antagonista consentida, hija del jefe de la mafia más temida del país.
El problema es que conoce el final: en la novela original, Aurelia Cassano muere asesinada a los veinticuatro años. Y el causante indirecto de su muerte es nada menos que Arsa Wirayuda, el protagonista masculino: frío, despiadado, irresistible... y el hombre del que la Aurelia original estaba perdidamente enamorada.
Para sobrevivir, Aurelia traza un plan: alejarse de Arsa, evitar los conflictos con la protagonista original y reescribir su destino. Pero la vida dentro de una novela de mafia no es tan sencilla. Entre conspiraciones familiares, enemigos que la quieren muerta, pandillas rivales y secretos oscuros que ni la novela revelaba, Aurelia descubre que cambiar la trama es mucho más difícil de lo que imaginaba.
Y lo peor de todo: Arsa, el hombre al que debería evitar a toda costa, no deja de acercarse. Con sus ojos negros como la noche, su actitud posesiva y esos momentos inesperados de ternura que derrumban todas sus defensas, Aurelia se enfrenta a la pregunta más peligrosa de todas: ¿puede reescribir una historia de amor sin caer en ella?
Entre peleas callejeras, intrigas corporativas, venganzas implacables y un romance que arde lento pero con la fuerza de un incendio, Aurelia demuestra que ser la villana nunca fue su destino. Tal vez siempre fue la heroína que esta historia necesitaba.
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Capítulo 14
Capítulo 14 — La roba novios
Natalia trató de alcanzar la mano de Diego, pero él la apartó de un manotazo.
—Cariño... Por favor, volvamos. Te prometo que no vuelvo a hablar de cortar —dijo Natalia, sin asomo de vergüenza, mientras intentaba de nuevo tomarle la mano.
Diego volvió a esquivarla y negó con la cabeza.
—No, Nat.
Natalia se quedó mirando su propia mano, suspendida en el aire tras el rechazo. Después clavó una mirada furiosa en Aurelia, que llevaba un buen rato a punto de descomponerse con aquel numerito entre Diego y ella.
—Esto es por esta zorra arrastrada, ¿verdad? Seguro que andas coqueteando con mi novio. —Natalia se lanzó hacia Aurelia, pero Dante, rápido, tiró de ella hacia atrás y la puso a su espalda.
—Un paso más y vas a tener problemas conmigo —dijo Dante con frialdad.
Natalia soltó una risita.
—Qué fenómeno eres, Aure... ¿Qué les das a estos tipos, eh? No me digas que ya te acostaste con ellos. Vaya nivel el tuyo. —Natalia había perdido la cabeza; sus palabras ya no tenían freno y su voz subía y subía, tan aguda que empezó a congregar a la gente. La cancha deportiva se llenó de estudiantes que justo salían al recreo.
Dante y Diego abrieron la boca para responder a semejante barbaridad, pero los dos quedaron rezagados ante el movimiento de la mano de Aurelia.
¡Plaf!
Una bofetada aterrizó en la mejilla derecha de Natalia. Ella abrió los ojos de par en par, incrédula ante quién se había atrevido a golpearla.
—Cómo te atreves a pegarme —gritó Natalia.
—Sí, ¿y qué? —respondió Aurelia, desafiante, acercándose un paso.
—¿Crees que te tengo miedo? ¿Tú quién te crees que eres para llamarme zorra? —estalló Aurelia.
Natalia sintió un escalofrío ante aquella mirada intimidante, pero se negaba a admitirlo: le daba demasiada vergüenza quedar por debajo de Aurelia. Al fin y al cabo, ella se sentía la víctima de la escena; tenía que verse aún más lastimosa para que todos juzgaran mal a Aurelia.
—Cariño, mira... Esta arrastrada me pegó y tú no me defiendes —gimoteó Natalia, buscando la compasión de Diego.
—Y tú, Dante... ¿Qué le ves a esta roba novios? —dijo Natalia, y los curiosos rompieron a cuchichear.
—¿Qué es eso de "roba novios"? —preguntó Samuel a Iván y a Bruno, que tenía al lado.
Iván y Bruno se limitaron a encoger los hombros.
—La que le quita el novio a otra, idiota —contestó Mateo, sumándose.
Mientras tanto, las amigas de Natalia, que habían oído el cuchicheo de Samuel, se aguantaban la risa como podían.
Natalia, al oírlas, las fulminó con la mirada y las dejó calladas al instante.
—Nat, ya está... No sigas. No metas a Aurelia en lo nuestro —intervino Diego, tratando de calmarla antes de que se desbordara.
—Vete al diablo, cariño... Está claro que esta cualquiera ya te tiene comiendo de su mano —Natalia se encendía cada vez más al ver que Diego seguía defendiendo a Aurelia, cuando habían sido ellos dos los que la atacaron sin motivo.
—Eres una zorra, Aurelia —volvió a estallar Natalia, incapaz de contener la rabia.
Aquello hizo que Dante hirviera de furia al oír cómo seguían humillando a Aurelia. Iba a actuar, pero ella lo detuvo.
—Quieto... Esto no es asunto de hombres —dijo Aurelia, frenándolo.
Avanzó hacia Natalia y la agarró del pelo. Natalia, lejos de quedarse quieta, forcejeó: con la mano izquierda intentó liberarse del tirón. Pero Aurelia, veloz, le sujetó el brazo y se lo retorció a la espalda. Natalia gimió de dolor.
—Suéltame... Me duele —chilló Natalia, buscando ayuda en sus amigas con un gesto de los ojos.
Aurelia, que lo notó, las miró de frente y dijo:
—Un paso más y le quiebro el brazo.
Al oírla, las amigas de Natalia se quedaron clavadas en el sitio, acobardadas. Incluso los demás presentes sintieron un escalofrío ante esta nueva Aurelia.
Entonces ella se inclinó y le susurró a Natalia al oído:
—La verdad es que ni te conozco ni sé quién eres... Pero como fuiste tú la que vino a buscarme, contigo tampoco voy a tener piedad. —Aquellas palabras heladas bastaron para erizarle la piel a Natalia.
Aurelia la lanzó de un empujón hacia sus amigas. Antes de irse, tomó la bebida de uno de los alumnos que andaban por ahí y se la vació encima a Natalia.
—Esto por haberme llamado zorra... Para que sepas: normalmente la que grita "zorra" es la zorra. —Y se marchó, dejando atrás a todos.
Detrás salieron Dante y los suyos, junto con Diego y varios alumnos que abandonaron la cancha; aunque algunos se quedaron cuchicheando, mirando el aspecto desastroso de Natalia.
—¡Aaahhh!
Natalia soltó un grito histérico.
Me las vas a pagar, Aurelia —pensó.
Mientras tanto, entre la multitud, alguien apretó los puños, frustrado porque su plan había vuelto a fracasar.