Camila es una chica que no cree en la existencia del amor en la actualidad. Ni en los matches cósmicos, ni muchos menos en los crushes digitales. Tampoco en hombres que dicen ser "diferentes" y te mandan un emoji de aguacate cuando chateas con ellos.
Pero todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, cuando su mejor amiga sube un video de ella donde despotrica contra las apps de citas.
El internet la corona como la anti-romantica del año. Likes, memes, entrevistas... Y una cita que puede cambiarlo más.
Ahora ella tiene 2 problemas.
1: es famosa por odiar el romance.
2: se empieza a enamorar.
¿Podrá sobrevivir al algoritmo del amor sin perder la cabeza ni el wi-fi?
Una historia que tratará ofrecer risas sobre lo viral, lo emocional y lo que pasa cuando el amor no pide permiso y hace click.
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Algoritmo.
Camila se estiró como un gato luego de una larga siesta, el sol apenas se colaba por la cortina, pero ya su mente hacia inventario de lo que le tocaba ese día. Tres logos por entregar, una corrección de paleta de colores y lidiar con un cliente que creía que "diseñar" era algo que se "hace mágicamente en cinco minutos"
—¿Por que me tocan clientes así Dios? —murmuró adormilada.
No podía quejarse después de todo, su trabajo le daba buen ingreso de dinero y eso de alguna manera, alguna libertad tenía.
Se arrastró hacia la cocina, llevando aún su pijama de piolín y pantuflas de conejo. Se sirvió el café con leche, y se preparó unos panes sobados con queso y jamón. Cuando terminó, fue a su estudio, encendió la computadora, se tiró en la silla, así mismo sin cambiarse la ropa.
Reviso el correo, con la esperanza de que el universo le hubiera mandado más solicitudes de trabajo o... al menos una señal.
Pero no había tantos, pero algo llamo su atención, cuando su celular agarro la señal del wifi, notificación tras notificación.
—Pero que miércoles le pasa a este perol —exclamó ante el sonido incesante del móvil, estiro su mano con cierta flojera.
Abrió los ojos como platos al ver que tenía ciento veintitrés notificaciones del Instagram. Muchas menciones, el DM estaba full, solicitudes de seguimientos, y su cara en un meme nacional.
"La anti-romantica"
—¡Santo Jesucristo! ¡Que demonios es esto! ¿me ha llovido trabajo o fue que me han hackearon la cuenta?
Empezó a revisar cada detalle de la cuenta, Camila se quedó paralizada frente a la pantalla, cuando se dio cuenta de que todo eso era en su cuenta personal, aquella que usaba cada 29 de febrero, donde subía uno que otro garabatos de piolín, y peor aún, estaban todas esas fotos borrosas de las empanadas que llevaba en cada fracaso, incluida la de ayer. Y lo que mas la sorprendió fue los 12 mil seguidores, cuando el día anterior no pasaba de 10.
—¿Qué vaina es esto? Esto no es posible ¡Me hackearon mi cuenta! si tiene que ser eso —exclamó con su voz temblorosa, sin poder creer lo que veía, su expresión era la de alguien que acababa de ver al novio con otra persona.
Por lo que actualizo la página.
14.205 seguidores.
—¡Pero qué idiotez he hecho? ¿Estoy en un reality sin saberlo? Claro, no hay otra explicación, me han grabado dormida.
Camila se levanto de golpe, sus pantuflas de conejo salieron volando por la habitación. Caminó en círculos, con el celular en la mano y el café quedó olvidado en la mesa. Luego miro cada rincón de la habitación, buscando alguna cámara escondida.
Luego su vista estaba fija en la pantalla mirando los reels, memes, hasta frases que ya tenían posteado de ella.
—¿Soy influencer? —se preguntó.
—Miércoles.
Camila se quedó en silencio, mientras miraba a una de sus pantuflas de conejo.
—Esto tiene que ser un sueño, no puedo estar más salada que el mar Negro, yo no puedo serlo, o sea, soy una simple diseñadora, que vive con estrés, debiendo hasta el delivery, con traumas románticos por tipos que dicen ser diferentes —Camila hablaba sin parar.
En ese momento Sofía entró, con una expresión que decía "te tengo chisme amichis"
—¡Tú! —Camila la señalo.
—Chama venía a contarte, pero creo que ya has visto lo que pasó. ¡Estas viral en todas las redes! —dijo Sofía evitando la mirada asesina de su amiga.
—Eres la culpable —acusó Camila cuando el recuerdo la invadió—. Odio eso y ahora soy lo que odio.
—Deja de quejarte mija, tu video está en tik tok, en Instagram, hasta en un grupo de WhatsApp de mi tía, hay memes de ti. La gente te ama. ¡Hay que emocionante!
Camila la miraba como si le acabarán de decir que habia ganado el Miss Venezuela sin ni siquiera haber participado.
—Ja, ¿amarme? La gente me odia, ya leíste como me han tildado, ¿verdad? Ahora soy la anti-romantica de Venezuela. Si eso para ti te parece genial, a mi no, esto es una catástrofe mundial para mí —Camila rodó los ojos con molestia.
Sofía trago saliva.
—Ahora dime, ¿donde subiste ese maldito video? ¿le editaste algo? Te dije que no lo hicieras.
—Solo era una broma, jamás pensé que algo así se volvería viral —Sofía trataba de hacerla calmar—. Dime algo, ¿cuantas veces hemos grabado hablando pendejadas sobre el amor? y ninguno de esos videos llegaba a tener vistas. Así que no te molestes, lo subí tal cual lo grabé ayer. Y bueno sin querer queriendo, mi amiga ahora es influencer.
Camila se desplomó en la silla, Sofía tenía razón en parte y de seguro esos videos que estaban en ceros viems ya tenían miles.
—Esto no me puede estar pasando, tiene que ser un karma de algo que he hecho, odio la viralidad, yo no quiero serlo. Ahora me gustaría tener la capa de invisibilidad de Harry Potter o ser como los sentimientos de mi ex.
Sofía soltó una carcajada.
—Bueno mami, ya es demasiado tarde, ya estás etiquetada como la Anti-romantica, pero la gente te ama, porque mira, la gente está pidiendo que abras un canal en YouTube, pero es que mira, ¡hasta sticker tienes! —dijo mostrando el grupo de WhatsApp.
Camila cerró los ojos. Eso la estaba superando.
—No, no, no, esto no me puede estar pasando. No tengo paciencia para soportar a un hombre y ahora me dices que debo responder a desconocidos que me están alabando y otros que de seguro si me odiarán, porque nada de esto es rosa, Sofía, jamás.
Camila se levantó otra vez, agarró el café y lo miro, como si esa taza fuera su única fuente de estabilidad.
—Sofia, ¿sabes que? —dijo Camila con una voz de resignación—. Debería de hacer un storytelling de como fue que me convertí en influencer por accidente por culpa de mi amiga y ahora ya no tendre mi odiosa vida privada.
Sofía solo la miro en silencio, ya que su amiga parecía como un huracán a punto de explotar, luego cuando ella dejó de hablar, levantó sus manos como si estuviera en una audiencia judicial.
—¡Objecion! no es mi culpa, yo solo subí un video, normalito, pero es culpa del algoritmo el que te puso en la palestra. el culpable es el.
Camila bufó.
—Ajá, claro, es que el video se subió solito, así como también se grabó en automático, el celular dijo, quiero grabar a Camila y wow se hizo la mafia —dijo Camila con ironía en su voz.
—Ok, ok, pero no soy adivina, ya deja de culparme —Sofía hizo ojitos.
—Ya quisiera que el algoritmo también pudiera ayudarme con todos los logos que me faltan por entregar.
Sofía soltó una carcajada, antes de salir de la casa de su amiga, ya que todavía quería seguir respirando.
Y así pasó el día, Camila haciendo de todo menos trabajar, su mente no se apartaba de todo lo que había visto. Quería responder algunos mensajes pero no sabía si eran halagos o propuestas indecentes de algunos usuarios. Hasta tenia un mensaje de una reconocida marca de café la cual le escribió lo siguiente:
"Nos encanta tu autenticidad. ¿Te gustaría ser embajadora de nuestra marca?
—¡Ja! embajadora ¿yo? ¿que se supone que deba ser? ¿la anti romántica, amante del café con leche?
Camila agitó la cabeza, y trato de enfocarse en lo más importante. Abrió illustrator, cerró illustrator.
Abrió photoshop, y lo cerró también. Luego se distrajo viendo algunos tutoriales de como ser más productiva. Después abrió su correo, lo cerro, iba a la cocina, abría la nevera y la cerraba.
Fue hasta cuando el sol ya se había ido y las pantuflas de conejo parecían como si la miraran con decepción, recordó que tenía muchas entregas pendientes. Debía cumplir con su trabajo.
Obligando su mente se sentó frente a la computadora, su cabello estaba recogido en un moño, con una pijama distinta pero de piolin en su estampado y su cara era la de alguien que ha vivido como tres vidas en un solo día.
—Bueno Camila, seas influencer o no, los clientes esperan y no perdonan un retraso, así que a trabajar porque eres linda pero no millonaria.
La noche le agarro haciendo lo que debía haber hecho temprano. Ya que a pesar de que el algoritmo la había vuelto tendencia, la vida real era otro cuento. Uno que le exigía más. Sin embargo pronto descubriría que las redes pueden ser más tóxicas que la vida misma.
acertaste