VOLVER A AMAR - TEMPORADA II
Ella creció creyendo que el amor era resistencia, ceder un poco más, esperar que las cosas mejoren. Durante años sostuvo una relación que hacia afuera parecía perfecta, pero puertas adentro la hacía dudar de sí misma. Él era encantador con el mundo y tormentoso en privado. Y ella, paciente, probablemente demasiado paciente.
Hasta que una noche, en medio de una cena donde entendió que nadie iba a defenderla, ni siquiera ella misma, respiró hondo y tomó la decisión más difícil y necesaria de su vida: irse.
Se fue con una maleta, con miedo, con incertidumbre, pero también con una extraña sensación de alivio.
Lo que no sabía era que marcharse no era el final, sino el comienzo. Que después de una relación que la apagó, podía existir un amor distinto, uno más sano, más ligero, uno donde no tuviera que disminuirse para quedarse.
Porque a veces perder una historia es la única manera de encontrarse con la que realmente está destinada a vivirse.
NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 12
Al día siguiente, Leonardo sacó su laptop y empezó a mostrarme detalles prácticos de la mudanza. Cada apartamento tenía su propio plan de seguridad como cámaras, guardias, accesos restringidos, sistemas de alarma integrados. Todo estaba pensado para que ni Octavio ni nadie pudiera aparecer sin ser detectado.
—Podemos coordinar el traslado esta semana— dijo Leonardo, con voz firme pero tranquila. —Tú eliges el departamento, yo me encargo de la seguridad y de que tus cosas lleguen sin problemas— expresó Leonardo, con aquella mirada que me de paz, estaba atento a cada detalle, sus sentimientos para mí, cada día fueron más claros.
Debo admitir que cuando todo eso ocurrió sentí una mezcla de alivio y nervios. Mudarse era un paso grande, pero tenerlo cerca hacía que todo se sintiera menos abrumador.
—Y mis libros, mis plantas— murmuré, jugueteando con mi lapicero. —No quiero que nada se pierda.
Él sonrió, esa sonrisa que siempre me hacía sentir que podía confiar plenamente.
—Nada se perderá. Lo empaquetaremos todo con cuidado, y yo mismo revisaré que cada cosa llegue intacta— aseveró Leonardo con confianza.
Mientras repasábamos planos y listas de cosas por empacar, no pude evitar rozar su brazo accidentalmente. Leonardo me devolvió el gesto con una mirada cálida, y por un instante la tensión de Octavio desapareció, reemplazada por la certeza de que no estaba sola.
—Creo que podríamos empezar mañana con lo más pesado— propuse, intentando sonar práctica y segura. —No quiero que esto se extienda demasiado".
—Perfecto— asintió Leonardo. —Y mientras tanto, si quieres pasar la noche en mi piso de vez en cuando, solo dime. Así no habrá sobres inesperados ni visitas que te asusten.
Me quedé en silencio un momento, pensando en la cercanía que eso significaba. No era invasión, era protección.
—Está bien— susurré, apoyando mi mano sobre la suya. —Me gustaría eso.
Leonardo entrelazó sus dedos con los míos, y el contacto me dio una tranquilidad que hacía tiempo no sentía. No era un beso apasionado, sino una promesa silenciosa, estaba ahí para mí, y lo estaría para Emiliano también, si alguien intentaba jugar con él.
Los minutos pasaron entre detalles prácticos y pequeñas confidencias. Organizamos listas, horarios y prioridades, y cada decisión parecía reforzar nuestra complicidad. Debo admitir que sentí que teníamos un plan sólido, que Octavio no podría tocarme ni tocar a Emiliano sin que lo supiéramos.
Y mientras revisaba un plano más, no pude evitar sonreír. La mudanza no era solo un cambio de dirección, era un paso hacia la seguridad, hacia un futuro donde él y yo podíamos estar cerca, sin que las amenazas nos controlaran, y donde la tensión y el romanticismo crecían juntos, de manera silenciosa, poderosa y segura.
Esa tarde, Jessica llegó al departamento con un par de cajas y su habitual sonrisa curiosa. La abracé con fuerza, sintiendo que su presencia siempre me ayudaba a poner los pies en la tierra.
—¿Y cómo te sientes?— preguntó Jessica, mientras dejaba las cajas sobre la mesa de la sala. —Mudanza, seguridad, Leonardo, todo junto.
Suspiré, dejando que mis hombros cayeran un poco.
—Siento que es lo correcto, pero también me asusta todo esto, lo de Octavio, Emiliano, y con Leonardo tan cerca— le dije.
Jessica se sentó frente a mí, cruzando las piernas como si preparara una pequeña clase magistral sobre “cómo sobrevivir al amor intenso”.
—Samantha, esto no es sobre miedo— dijo. —Es sobre confianza y límites. Puedes quererlo, sentir pasión, pero no tienes que rendirte antes de tiempo, todo ocurrirá cuando tú quieras.
—Lo sé— respondí, girando la taza de café entre mis manos. —Es solo que todo es tan intenso con él. A veces siento que quiero lanzarme, y otras, que debo contenerme.
Jessica me miró fijamente, con esa mezcla de complicidad y claridad que siempre tenía.
—¿Y qué quieres tú realmente?— preguntó Jessica. —Sin miedo, sin amenazas, sin Octavio. Solo tú y lo que sientes por Leonardo.
Pensé en cada beso que nos dábamos, en cómo nos mirábamos, en cómo me sentía segura y vulnerable al mismo tiempo.
—Quiero estar cerca de él, quiero sentirme protegida, y sí, quiero algo más, pero también quiero hacerlo bien. Sin precipitarnos, sin perdernos a nosotros mismos— confesé, casi susurrando.
Jessica sonrió, con ese brillo de aprobación en los ojos.
—Perfecto. Entonces hazlo a tu manera. Que la pasión y la intimidad lleguen cuando ambos estén listos. Y mientras tanto, disfruta de la cercanía, del cuidado, de esos gestos que dicen más que cualquier beso, y de alguna que otra travesura— dijo guiñándome con una sonrisa graciosa y acercándose para sentarse a mi costado.
Me relajé un poco, sintiendo cómo la charla de mujer a mujer me ayudaba a ordenar los pensamientos.
—Gracias, Lau— dije, apoyando la cabeza en su hombro por un segundo. —Necesitaba escucharlo de alguien que me conozca de verdad.
—Siempre— contestó. —Y recuerda, estar cerca no significa perder tu independencia. Solo significa que puedes elegir cómo vivirlo, ya sabes cómo se siente que callen tu voz, así que sé que entenderás la diferencia y estarás segura.
Ese día terminamos organizando cajas, riendo por detalles ridículos, y hablando de cómo quería decorar mi nuevo hogar. Cada cosa que colocaba en su lugar parecía marcar un pequeño territorio de tranquilidad y seguridad, un espacio donde Octavio no podría tocarme, y donde Leonardo y yo podríamos construir algo sólido, paso a paso, con la pasión y la cercanía creciendo sin prisa.
Aún recuerdo que el primer día en mi nuevo departamento fue un torbellino de emociones. Cada caja que abría, cada libro que acomodaba, me hacía sentir un poco más en casa. Saber que estaba a solo unos pisos de Leonardo me daba tranquilidad, aunque Octavio seguía siendo una amenaza latente.
Leonardo subió un momento para asegurarse de que todo estuviera correcto. Traía su ceño fruncido habitual, pero también esa cSamantha que siempre lograba tranquilizarme. Emiliano se quedó con doña Julieta, su niñera en su piso, jugando mientras nos hablábamos sobre la seguridad del edificio, los accesos restringidos y las cámaras.
—Todo está pensado para que nadie pueda aparecer sin ser detectado— dijo Leonardo, con firmeza. —Si Octavio intenta acercarse, lo sabremos al instante.
Asentí, y sentí cómo la cercanía de Leonardo me daba fuerza. No estábamos juntos todo el tiempo, pero solo saber que vivía a unos pasos de distancia ya cambiaba la sensación de vulnerabilidad que había tenido en esos días.
Pasamos un rato organizando los muebles y colocando mis cosas. Cada estante que colocaba, cada cuadro que colgaba, me hacía sentir más dueña de mi espacio. Leonardo me miraba, atento a cada gesto, y yo me sentía protegida sin sentir que perdía independencia.
—Samantha, necesitas aprender como funciona todo en este lugar, ¿quieres que revise los sistemas de alarma contigo?— preguntó, en tono práctico pero cercano.
—Sí, por favor— respondí, sonriendo con un nudo de emoción en la garganta.
Mientras ajustábamos los sensores y las cámaras, sus dedos rozaron los míos un instante. Esa chispa silenciosa me recorrió otra vez, no era solo seguridad, era la cercanía que habíamos decidido aceptar, el cuidado que nos conectaba sin invadirnos.
Al final del día, me senté en el sofá, cansada pero tranquila, saber que Leonardo estaba cerca me daba una sensación de hogar que no había sentido en mucho tiempo.