Zoe Aldana despierta en el cuerpo de la chica más odiada de una novela: una joven de familia adinerada a la que todos desprecian. Según la historia original, su destino es servir de villana y terminar destruida. Pero Zoe no piensa seguir el guion.
Armada con una lengua afilada, una puntería letal y cero tolerancia hacia la hipocresía, Zoe empieza a desmontar las mentiras que la rodean. Lo que nadie esperaba es que detrás de la "princesa falsa" se escondiera una mujer capaz de poner de rodillas a las familias más poderosas de la ciudad.
Y luego está Iker Navarro: su prometido por arreglo, frío como el hielo, temido por todos… y peligrosamente empeñado en protegerla. Lo que empieza como un matrimonio forzado se convierte en algo que ninguno de los dos puede controlar.
Pero cuanto más secretos desentierra Zoe, más enemigos se gana. Traiciones familiares, conspiraciones mafiosas y un pasado oscuro que conecta a las dos familias más poderosas amenazan con destruir todo lo que ha construido.
En este mundo, la sangre no garantiza lealtad, el amor es el arma más peligrosa, y la única regla es sobrevivir.
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La antagonista
El rugido de la moto se detuvo de forma dramática frente a la explanada del Colegio Internacional St. Clairmont. Una estela fina de humo se elevó del escape, dejando un sonido que atrajo todas las miradas.
Todos los ojos se posaron en las dos personas que bajaron de la moto.
Zoe Aldana, con paso firme y su característica frialdad, se quitó el casco y se echó el cabello negro azabache hacia atrás. Detrás de ella, un joven alto y atractivo seguía sentado, rígido, en la moto. Sus manos aún rodeaban la cintura de Zoe sin darse cuenta.
—¿Hasta cuándo piensas abrazarme así? —La voz de Zoe sonó plana, pero lo bastante afilada para devolver a Iker a la realidad. El chico abrió los ojos de golpe.
—¡Ah! —Iker soltó el abrazo de inmediato, se frotó la nuca y se rio con torpeza.
—O sea que no nos morimos al final.
Zoe resopló.
—Seguimos vivos. Baja.
Iker saltó del asiento, todavía con una mezcla de vergüenza y estupor. Se acomodó la mochila conteniendo la risa por su propio ridículo, pero enseguida su expresión volvió a enfriarse.
Alrededor, sin embargo, nada estaba en calma. Todos los alumnos del patio los observaban incrédulos.
Los murmullos brotaron entre los estudiantes.
—Ese… ¿es Iker?
—Zoe siempre llegaba con los gemelos Diego y Damián.
—¿Cómo es que viene con Zoe, la reina de los problemas? La antagonista de nuestro colegio.
—¿No es él su prometido? Pero si Zoe anda detrás de Mateo…
—Seguro es otro drama nuevo.
En el balcón del segundo piso del edificio principal, el Círculo de Élite observaba todo desde arriba. Eran el grupo de estudiantes más influyentes del colegio.
Mateo Paredes, presidente del consejo estudiantil, de presencia serena y mirada penetrante, permanecía erguido con el saco del uniforme impecable. Observaba hacia abajo sin expresión. A su lado estaba Alicia, con su cara dulce y su aire ingenuo, rodeada de admiradores.
Diego y Damián, los gemelos ácidos, se recargaban relajados en la baranda del balcón. Andrés Castellanos, de rostro impasible y lentes redondos, alzó ligeramente una ceja. Y Santiago, el chico rebelde y extravagante, soltó una sonrisa ancha.
—No estoy viendo mal, ¿verdad? —murmuró Santiago—. Iker, el tipo más frío que ha rechazado a todas las chicas de este colegio, ¿venía abrazado a Zoe Aldana?
Diego chasqueó la lengua.
—Y Zoe… ¿no andaba persiguiendo a Mateo?
Alicia bajó un poco la cabeza, su voz suave se dejó oír:
—Son prometidos, ¿ya se les olvidó? —dijo con gesto inocente.
Mateo no habló. Su mirada estaba fija en una sola dirección: Zoe. No dijo nada, pero su expresión cambió un matiz. No era sorpresa, era extrañeza. Zoe llevaba meses persiguiéndolo descaradamente. Pero hoy, ella ni siquiera volteó a mirarlo.
Zoe guardó el casco en el compartimento de la moto y se dio la vuelta.
—Vamos. ¿Puedes caminar todavía?
Iker asintió.
—Sí. Pero ¿podemos ir despacio? Mi cerebro todavía no sincroniza con la realidad.
Zoe no contestó. Caminó con tranquilidad hacia el edificio principal. Iker iba a su lado, agachando la vista de vez en cuando por las miradas que los seguían a lo largo del camino de entrada.
—¿Cómo es que un tipo así de perfecto es el prometido de Zoe?
—¿E Iker ni siquiera rechazó el compromiso?
—Zoe es pura búsqueda de atención, pero esto ya se pasa.
Zoe sabía que hablaban de ella. Pero le daba igual. Cabeza en alto, ojos al frente. Paso firme.
El pasillo del colegio a esa hora de la mañana aún no estaba lleno del todo. Algunos alumnos caminaban apresurados hacia sus salones, pero otros seguían echando miradas disimuladas a las dos figuras que acababan de llegar.
Zoe Aldana e Iker.
Caminando uno al lado del otro, parecían una escena extraña para cualquiera que conociera su reputación. Zoe con su aura de antagonista, famosa como "la princesa falsa llena de drama." Iker, el alumno nuevo popular, misterioso y de pocas palabras. Pero brillante, ganador frecuente de competencias internacionales.
En medio de sus pasos tranquilos, una conversación surgió.
—Raro —dijo Iker de pronto, la mirada al frente—. No vienes con los gemelos hoy.
Zoe se detuvo.
Iker también se paró, volteando al notar que ella ya no avanzaba. La chica lo miró con ojos neutros pero cortantes.
—Ya no los necesito.
El tono de Zoe fue pesado, rotundo. Sin emoción, solo una decisión.
Iker alzó las cejas, algo sorprendido, pero no indagó más.
Zoe ladeó la cabeza.
—Por cierto, ¿cómo te llamas?
Iker abrió los ojos grandes, el ceño fruncido.
—¿Eh?
—¿Mi nombre? —se aseguró Iker.
—Sí. Tu nombre. —Zoe cruzó los brazos, la expresión intacta.
Iker parpadeó varias veces, confundido.
—Tú… eres Zoe, ¿no?
—Sí. Pero tengo amnesia. —Zoe respondió rápido, a la fuerza. No podía explicar la verdad: que no era la Zoe real y solo estaba atrapada dentro de una novela de ficción.
Iker entrecerró los ojos.
—¿Amnesia?
Luego los entornó con sospecha.
—¿Estás montando otro drama?
Zoe alzó una ceja.
—¿Parezco alguien que disfruta el drama?
Iker asintió lento, dubitativo.
—Sí. Tú eres todo drama. Pero… no sé por qué, ahora se te ve distinta.
Zoe suspiró.
—No recuerdo muchas cosas. Así que, mínimo, dime tu nombre.
Iker se rindió.
—Iker.
La sangre de Zoe pareció dejar de circular. Los ojos se le abrieron. Su cara gélida se congeló.
—Repítelo —dijo, con la voz tensa.
—Iker —repitió el joven, confundido—. Me llamo Iker Navarro.
En ese instante, un rayo le sacudió la memoria.
El rostro de Vale cruzó nítido por su mente.
La risa inconfundible de su amiga. Y luego esa voz que ella ignoró mientras se concentraba en la competencia.
"¡Zoe! Tienes que leer esta novela. La antagonista se llama Zoe Aldana. Es malísima, egoísta, le arruina la vida a todos. Y muere de forma trágica."
"La mata… su propio prometido."
"Se llama… Iker Navarro."
El cuerpo de Zoe tembló levemente. Pero de inmediato cuadró los hombros, ocultando la conmoción tras su máscara inexpresiva.
—Okey —dijo, seca.
Iker ladeó la cabeza.
—¿Estás bien?
—Sí.
Pero por dentro, Zoe estaba en pánico. Mierda… ¿Este Iker es ESE Iker? ¿El antagonista psicópata? ¿El prometido de Zoe que termina matándola por Alicia?
Zoe apretó la mandíbula.
Ahora entendía un poco. Y también comprendía por qué Iker terminó odiando a Zoe hasta el punto de aniquilarla.
Zoe lo miró fijamente.
Rostro impasible. Pero el corazón desbocado. Se mordió el labio con suavidad.
Volvió en sí cuando Iker frunció el ceño y dijo:
—¿Qué te pasa?
Su voz seguía siendo fría, pero había un matiz de preocupación escondido debajo.
Zoe dio un respingo leve, como si regresara de un torbellino de pensamientos. Lo miró, y luego preguntó muy despacio:
—Nosotros… ¿somos prometidos?
Iker se quedó en silencio un momento. La observó con una expresión difícil de descifrar. El rostro tan frío como siempre, como si nada lo afectara.
Pero finalmente, asintió.
—Sí —respondió escueto.
Zoe parpadeó, tragó saliva.
—¿Desde cuándo?
—Desde niños. Tu familia y la mía tienen negocios juntos, y el compromiso es parte de eso.
Iker lo dijo sin emoción alguna. Como si explicara un contrato comercial, no un estado civil.
—¿Y nosotros… no somos cercanos? —preguntó Zoe, intentando confirmar lo que recordaba de Vale.
—Tú estabas más ocupada persiguiendo a otro —contestó Iker sin titubear.