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Mi esposo, el Dr. Hielo

Mi esposo, el Dr. Hielo

Status: Terminada
Genre:Doctor / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: elaretaa

Kayla apenas tiene veintitrés años cuando su padre le arregla un matrimonio con un desconocido: Arturo, un neurocirujano brillante al que todo el hospital conoce como el "Dr. Hielo" por su temperamento implacable. En cuestión de semanas pasa de ser una estudiante de medicina libre a convertirse en la esposa secreta del hombre más temido del quirófano.

Las reglas son claras: en el hospital, él es su superior y ella una simple interna. Nadie puede saber que están casados. De día, Arturo la interroga sin piedad frente a sus compañeros y le exige perfección con una frialdad que congela. De noche, es el mismo hombre quien le deja notas manuscritas, le besa la frente mientras duerme y la abraza hasta que el miedo desaparece.

Pero mantener una doble vida tiene un precio. Entre rivales que acechan, secretos que amenazan con salir a la luz y una separación que pondrá a prueba todo lo que sienten, Kayla descubrirá que detrás del hielo arde algo mucho más intenso de lo que jamás imaginó.

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Episodio 2

—No te preocupes, Emma. Podemos pedir algo de tomar mientras tanto —dijo Ana.

Empezaron a conversar de manera relajada, desde negocios hasta planes de vacaciones. Kayla escuchaba con atención, interviniendo de vez en cuando si le preguntaban algo. Justo cuando el mesero llegó con las bebidas, la puerta del salón se abrió y entró un hombre alto, de porte imponente.

Kayla giró la cabeza instintivamente hacia la puerta. El hombre tenía un rostro de rasgos firmes, mandíbula marcada y una mirada penetrante. Llevaba una camisa azul marino con las mangas enrolladas hasta los codos, dejando ver unos antebrazos robustos.

—Disculpen, papá, mamá. Llegué tarde —dijo el hombre con una voz grave y profunda.

—No te preocupes, Arturo. Ven, te presento —le indicó Sebastián señalando hacia la mesa.

El hombre se acercó. Sus ojos se cruzaron por un instante con los de Kayla, y ella sintió de golpe una oleada de nervios y temor al verlo.

—Les presento a Arturo. Y Arturo, él es el tío Demián, ella es la tía Ana, y ella es Kayla —dijo Sebastián.

Arturo saludó a Demián y a Ana con respeto, y luego se dirigió a Kayla. El saludo fue breve, pero bastó para que Kayla se quedara paralizada de miedo.

Disfrutaron de la cena que les sirvieron en el restaurante, y luego siguieron conversando hasta que la voz de Sebastián interrumpió la charla.

—Entonces, ¿qué hay de la boda de Kayla y Arturo? —preguntó Sebastián.

—Hagámosla lo antes posible. Ya se conocieron y todo —respondió Demián.

Kayla se quedó helada al escuchar aquello, porque lo que ella entendía era que esa reunión solo era para presentarse, no para hablar de una boda.

—Esperen, ¿a qué se refiere, tío? —preguntó Kayla.

—¿Tu papá no te dijo que esta reunión era para arreglar tu matrimonio con Arturo y que se van a casar pronto? —preguntó Sebastián.

—Sí, yo ya le dije a Kayla. Pero parece que se le olvidó —respondió Demián.

Kayla, desconcertada, miró a su padre. Demián le devolvió la mirada con un asentimiento y una sonrisa.

—Entonces, ¿qué dices? No sabes las ganas que tengo de tener una nuera tan linda como Kayla —dijo Emma.

—¿Tú qué opinas, Arturo? —preguntó Sebastián.

—Yo estoy de acuerdo con este matrimonio. Así que, papá, solo falta preguntarle a Kayla si acepta o no —respondió Arturo con expresión inalterable.

—¿Qué dices, Kayla? —preguntó Sebastián.

Kayla no supo qué responder. No estaba lista para casarse; aún tenía un futuro profesional por delante.

Al notar la vacilación de Kayla, Sebastián sonrió con comprensión.

—Sé que debes estar confundida porque todavía tienes que terminar tu formación. Pero no te preocupes, Arturo te va a apoyar. Puedes seguir persiguiendo tu sueño aunque estés casada. ¿Verdad, Arturo?

—Sí —respondió Arturo.

—¿Entonces qué dices, cariño? —preguntó Emma.

¿Qué hago? ¿Acepto o rechazo? Pero no estoy lista para casarme, pensó Kayla.

Tomó un respiro profundo y observó por un momento a Sebastián y a Emma, que la miraban llenos de expectativa.

—¿Kayla? —la llamó Ana con suavidad, como dándole su apoyo sin presionarla.

Kayla sabía que rechazar un matrimonio arreglado frente a dos familias que se veían tan entusiasmadas y que ya habían llegado a un acuerdo sería muy incómodo, especialmente para Demián, que le había mentido. Luego vio la sonrisa de su padre, tan llena de confianza y esperanza. Kayla suspiró con resignación y se obligó a sonreír.

—Está bien, tío, tía. Acepto —respondió Kayla con una voz casi inaudible, pero que resonó con claridad en el silencio del salón.

Las sonrisas se extendieron de inmediato en los rostros de Ana, Sebastián y Emma. La tensión se disipó y el ambiente se volvió cálido y festivo.

Emma se levantó de su silla, se acercó a Kayla y la abrazó con fuerza.

—Bienvenida a nuestra familia, cariño. Ya te considero como una hija —le susurró con sinceridad.

Arturo, que había permanecido en silencio todo el tiempo, se limitó a un asentimiento casi imperceptible hacia su padre. Una reacción mínima, pero que para Sebastián fue suficiente.

—Muy bien, ya que todos estamos de acuerdo, ¿qué les parece si hablamos de la fecha y los preparativos? —propuso Demián, visiblemente aliviado y feliz.

La conversación continuó en torno a los planes de la boda. Decidieron celebrarla en un mes, con el argumento de que cuando Kayla empezara su internado en el país de origen, tendría a alguien que la cuidara. Kayla se limitó a escuchar, y ahí se enteró de que Arturo era doctor en uno de los hospitales de allá. Pero no preguntó más porque todavía le tenía miedo.

Justo antes de que terminara la reunión, mientras todos recogían sus cosas, Ana tomó a Kayla del brazo y la apartó un poco.

—Kayla, cariño. ¿Por qué te veías tan asustada cuando viste a Arturo? —preguntó Ana con preocupación.

Kayla se quedó callada. No sabía cómo explicar ese miedo que le llegó de golpe, como si hubiera percibido un aura peligrosa en Arturo.

—No… no fue nada, mamá. Supongo que estaba nerviosa porque era la primera vez que lo veía —mintió Kayla, forzando una sonrisa.

Ana le acarició la mejilla con ternura.

—Espero que no me estés ocultando nada. Arturo se ve serio y firme, pero es un buen muchacho. No le tengas miedo, ¿sí? —dijo Ana, y Kayla asintió.

Después de despedirse y dar las gracias, Kayla y sus padres salieron del restaurante. En el auto, Ana y Demián se veían radiantes de felicidad.

—Gracias, Kayla, por aceptar este matrimonio —dijo Demián.

—¿Por qué no me dijiste desde el principio que era un matrimonio arreglado y no solo una presentación? —preguntó Kayla sin poder ocultar la decepción en su voz.

Demián suspiró.

—Perdóname, cariño. Sabía que ibas a rechazarlo si te decía que era un arreglo, así que no me quedó más remedio que mentirte.

—Pero ¿por qué tanta prisa? ¿No podía esperar a que me recibiera de doctora? —preguntó Kayla.

—Tu mamá y yo no podemos seguir cuidándote siempre, y la mejor manera era casarte con un hombre que, estoy seguro, es el mejor para ti. Ese hombre es Arturo. Además, él vive allá, así que cuando hagas tu internado, tendrás a alguien que te cuide y yo me voy a quedar tranquilo —explicó Demián.

Kayla guardó silencio.

—¿A dónde te vas, papá? ¿Por qué ya no podrías cuidarme?

—Kayla, ya te había dicho que tu mamá y yo queremos mudarnos al campo y disfrutar nuestra jubilación allá. Quiero cumplir ese sueño que tenemos los dos. Tú y Adrián ya tienen su vida hecha, y ahora nos toca a tu mamá y a mí estar juntos —dijo Demián.

Al escuchar las razones de su padre, Kayla comprendió y aceptó de corazón aquel matrimonio arreglado.

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Continuará…

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