¿Puede un algoritmo salvarte la vida o terminar de destruirla?
Cansado de estar solo, el protagonista decide bajar una app de citas para encontrar el amor. Lo que empieza con un par de citas raras y anécdotas para la risa, termina con él creando su propia App. Pero cuando finalmente aparece ese match ideal, descubre que la vida real no se puede programar y que el amor duele mucho más de lo que recordaba.
Esta es la historia de una caída: desde las risas de la primera cita y las 15 rupturas en dos meses, hasta la traición y el duro camino de un hombre que tuvo que perderlo todo —incluida su propia identidad— para entender qué significa realmente amar.
Pero esta no es solo la historia de cómo se destruye. Es también cómo se levanta. Cómo aprende a ser padre, cómo vuelve a intentarlo, cómo encuentra segundas y terceras oportunidades cuando ya no creía que quedaran.
Una tragicomedia sobre amor, pérdida, y lo difícil que es reconstruirse cuando pensabas que ya no había vuelta atrás.
NovelToon tiene autorización de Claudio Briones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Misión fallida
—¿Sabes que a los que están muy borrachos no les funciona su aparato?
Esas palabras resonaron en mi cabeza como un eco lejano.
Pero yo, valiente guerrero del amor (y del alcohol), respondí con la confianza de un gladiador entrando a la arena:
—No, nunca me ha pasado.
Spoiler alert: Estaba a punto de convertirme en mentiroso (otra vez).
Spoiler alert #2: Iba a ser la noche más humillante de mi existencia.
Spoiler alert #3: Mi "pequeño soldado" iba a desertar en medio de la batalla más importante de mi vida.
CONTEXTO:
Después del desastre con Jazmín (la "psicóloga tímida" que resultó ser todo menos tímida), había decidido ser más cuidadoso con las apps de citas.
Más selectivo.
Más inteligente.
Menos desesperado.
(Mentira. Seguía siendo igual de desesperado, solo que ahora con mi perfil verificado)
Y entonces apareció FERNANDA.
Su perfil era simple pero efectivo:
Foto: Fernanda tenía esa vibra de 'chica buena' que te hace querer ser una mejor persona, o al menos alguien que se baña seguido. Cabello negro, ojos expresivos y una sonrisa que gritaba: 'Soy una persona que vale la pena'.
Descripción: "Me gusta la buena conversación y salir a tomar algo"
Distancia: 3 km
Nada de "busco algo serio". Nada de "soy tímida". Nada de señales de alarma.
Solo una chica normal que quería pasar un buen rato.
PERFECTO.
Hicimos match.
Y no fue como con Jazmín donde ella respondió inmediatamente y se invitó sola a mi casa.
Con Fernanda fue... diferente.
Conversamos durante DÍAS.
No horas. DÍAS.
Y no era conversación superficial de "hola qué tal".
Era conversación REAL. De esas que te hacen olvidar que estás hablando con una extraña de internet.
Me contaba sobre su trabajo en marketing. Yo le contaba sobre mi... "emprendimiento en desarrollo" (seguía desempleado, pero ahora con mejor vocabulario).
Hablábamos de música, de series, de cosas random que nos hacían reír.
Y aquí fue donde cometí mi primer ERROR FATAL:
Me empezó a gustar.
No era solo atracción física. Era GUSTARME gustarme.
Como cuando empiezas a esperar sus mensajes. Como cuando te emociona ver su nombre en las notificaciones. Como cuando te imaginas escenarios futuros que probablemente nunca van a pasar.
TERRITORIO PELIGROSO.
Porque en las apps de citas, desarrollar sentimientos antes de conocer a alguien es la receta perfecta para el horror.
Pero yo, iluso, ignoré todas las señales de advertencia.
EL SÁBADO QUE LO CAMBIÓ TODO
Era un sábado normal.
Había salido con un amigo a "tomar algo".
¿Cómo "algo" se convirtió en "TODO EL ALCOHOL DISPONIBLE EN EL BAR"?
Misterio sin resolver.
El punto es que después de varios tragos (ok, MUCHOS tragos), decidí hacer lo que toda persona intoxicada hace:
Enviarle mensaje a la persona que me gusta.
"Oye, ¿qué haces?"
Su respuesta llegó casi inmediatamente:
"Nada, estoy en el centro con unas amigas 😊"
EL CENTRO.
YO ESTABA EN EL CENTRO.
ELLA ESTABA EN EL CENTRO.
¡ESTÁBAMOS EN EL MISMO CENTRO!
Mi cerebro ebrio hizo cálculos más rápido que cuando estaba sobrio:
Oportunidad + Alcohol + Chica que me gusta = ¡IR AHORA MISMO!
—Hermano, me tengo que ir —le dije a mi amigo con urgencia.
—¿QUÉ? ¿Por qué? ¡Apenas llevamos...!
—HAY UNA CHICA. ESTÁ CERCA. TENGO QUE IR.
Mi amigo me miró con esa expresión de "esto va a terminar mal pero te apoyo":
—Ánda, campeón. Suerte.
Me levanté del asiento con la determinación de un caballero medieval yendo a rescatar a su dama.
"Estoy cerca, ¿dónde estás exactamente?"
Ella me mandó la ubicación.
Caminé (más bien me tambaleé estratégicamente) esos 10 minutos.
El alcohol me había dado superpoderes de confianza.
También me había quitado la capacidad de caminar en línea recta, pero eso era un detalle menor.
Detalles menores.
La vi desde lejos.
Y HERMANO.
Era HERMOSA.
Era mucho más hermosa que en sus fotos. Tenía esa belleza natural de la chica que se ve bien hasta subiendo un cerro con cualquiera polera .
Pero lo que realmente me dejó sin palabras fue su figura. Fernanda tenía un cuerpo atlético, y unos pechos espectaculares que hacían que mis ojos quisieran salirse de mi cara.
Estaba con dos amigas, pero yo solo tenía ojos para ella.
Me acerqué con la confianza artificial que solo el alcohol puede proporcionar:
—¡Hola Fernanda!
—¡Hola! —me dijo con esa sonrisa que hizo que mi corazón acelerado por el alcohol acelerara AÚN MÁS.
Sus amigas nos miraron con esa expresión de "así que este es el tipo de internet".
Fernanda me presentó. Yo dije algo que probablemente sonó inteligente en mi cabeza ebria pero que en realidad fue:
—Mucho gusto, eh, sí, hola, qué tal.
Elocuencia nivel: Shakesperiano borracho
Nos quedamos conversando. Bueno, YO hablaba. Mucho. Demasiado.
El alcohol me había convertido en una máquina de conversación sin filtro.
Y entonces, mi cerebro decidió soltar LA FRASE más estúpida de la noche:
—Sabes... te pareces a mi ex.
SILENCIO ABSOLUTO.
Fernanda parpadeó varias veces, procesando si realmente había escuchado lo que acababa de escuchar.
El viento sopló llevándose mi dignidad.
Los grillos cantaron una canción fúnebre a mi orgullo.
STOP.
DEJA DE HABLAR.
CADA PALABRA EMPEORA TODO.
Pero Fernanda, se rió.
—Está bien, lo tomaré como un cumplido.
¿CÓMO?
¿NO HUYÓ DESPAVORIDA?
¿NO LLAMÓ A SEGURIDAD?
¿NO ME BLOQUEÓ EN EL ACTO?
Esta mujer era la indicada. O estaba igual de borracha. Probablemente ambas.
Conversamos un rato más. Yo seguía tomando (porque claramente no había aprendido nada de mis errores previos).
Sus amigas se fueron eventualmente, lanzándole miradas de "cuídate" y "este tipo parece medio loco pero es tu decisión".
Nos quedamos solos.
La ciudad nocturna a nuestro alrededor. Las luces. El ruido. El ambiente perfecto.
Y entonces ella dijo las palabras que cambiarían mi noche:
—Tengo un departamento cerca. ¿Quieres ir?
Mi cerebro ebrio procesó esta información en cámara lenta:
Ella... invitándome... a su departamento... ELLA... invitándome... A SU DEPARTAMENTO...
—¿S-sí? —respondí con la sutileza de alguien que acaba de ganar la lotería.
—Sí. Podemos seguir conversando allá. Es más tranquilo.
¿SI QUERÍA IR?
¿Si un niño quiere dulces?
¿Si un gato quiere atún?
¿Si yo quiero dejar de ser un desempleado viviendo con mi abuela?
¡OBVIO QUE QUERÍA IR!
—Claro, vamos —dije intentando sonar casual, fingiendo que era el tipo de hombre al que invitan a departamentos de chicas hermosas todos los días..
(Spoiler: No me invitaban nunca. Y antes de que digan nada, lo de Jazmín no cuenta porque ella se invitó sola a mi casa. Así que, técnicamente, esta era mi primera invitación oficial. Un hito histórico).
Su departamento era acogedor.
Pequeño pero bien decorado. Tenía ese toque femenino que hace que todo se vea mejor de lo que realmente es.
—Ponte cómodo —me dijo, yendo a la cocina—. ¿Quieres tomar algo?
¿TOMAR MÁS?
¿DESPUÉS DE TODO LO QUE HABÍA TOMADO?
¿DESPUÉS DE HABER COMPARADO A ESTA MUJER CON MI EX Y SOBREVIVIR MILAGROSAMENTE?
—Sí, claro —respondí.
Porque soy un genio de las malas decisiones.
Nos sentamos en su sofá. Ella puso música. Seguimos conversando.
Pero ahora había algo diferente en el aire.
Tensión.
Expectativa.
La posibilidad de que algo más podría pasar.
Entre conversación, risas, y más tragos (PORQUE NUNCA APRENDO), el espacio entre nosotros se fue reduciendo.
Ella se acercó más.
Yo me acerqué más.
Y entonces...
Nos besamos.
Y no fue un beso simple. Fue un beso de esos que te hacen olvidar tu nombre.
Mi cerebro gritaba: "¡ESTÁ PASANDO! ¡REALMENTE ESTÁ PASANDO!"
Después de un rato, ella se separó, me miró con esos ojos que decían mil cosas, y susurró:
—¿Quieres ir a mi habitación?
🎵 MÚSICA DRAMÁTICA 🎵
Caminamos hacia su habitación.
Yo flotaba. O eso sentía. Probablemente era el alcohol.
Entramos.
Ella cerró la puerta.
Se dio vuelta.
Y empezó a desvestirse.
FRENTE A MÍ.
LENTAMENTE.
COMO EN ESAS ESCENAS DE PELÍCULA QUE UNO NUNCA CREE QUE LE VAN A PASAR.
Era hermosa.
Y sus pechos... hermano, eran espectaculares. Naturales, perfectos.
Era perfecta.
Era TODO lo que había soñado desde que empezamos a hablar días atrás.
Mi mente gritaba: ¡ESTA VEZ NADA PUEDE SALIR MAL! ¡NO LA CAGUES!
Pero mi cuerpo ya estaba planeando la traición
Voz del narrador cinematográfico: "Todo estaba a punto de salir mal"
Nos besamos otra vez. Más intenso. Más urgente.
Caímos en la cama.
Dos cuerpos. La tensión en el aire. Las expectativas por las nubes.
Yo sintiéndome como un guerrero a punto de conquistar territorios desconocidos.
Y entonces...
LA TRAICIÓN DEL SIGLO
Empecé a notar algo.
Algo TERRIBLE.
Algo IMPENSABLE.
Mi "pequeño soldado" no estaba respondiendo al llamado del deber.
NO.
NO NO NO NO NO.
NO NO NO NO NO NO NO NO.
ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO.
¡AHORA NO!
¡ELLA ESTÁ AHÍ!
¡HERMOSA!
¡DESNUDA!
¡PERFECTA!
¿Y TÚ DECIDES TOMARTE VACACIONES?
Intenté todo.
Pensamientos motivacionales: "Vamos, amigo, tú puedes. Piensa en todas las veces que has estado ahí para mí."
No funcionó.
Intenté concentrarme en lo hermosa que era Fernanda: "Mírala. MÍRALA ¡MIRA ESAS TETAS! ¿Cómo puedes no reaccionar?"
Nada.
Mi "anaconda" había decidido convertirse en lombriz.
En el momento más crucial de mi vida adulta.
¿CÓMO ERA POSIBLE? ¿Cómo era posible con semejantes tetas ahí? Eran perfectas, enormes, hermosas...
Ahí estaba Fernanda, literalmente un sueño hecho realidad, y mi cuerpo decidió hacer HUELGA.
Pasaron minutos que se sintieron como horas.
Intentos desesperados que solo aumentaban mi pánico.
Le hablé. Juro que le hablé en susurros mientras ella cerraba los ojos.
—Por favor, amiguito, no me hagas esto. Te prometo que mañana comemos sano. Te prometo que dejo de ver porno un mes. ¡MIRA LO QUE TIENES ENFRENTE! ¡SON TETAS REALES, NO PÍXELES! ¡REACCIONA!
Pero mi cuerpo estaba en modo "avión".
Ella se dio cuenta. Obvio que se dio cuenta.
La vergüenza me consumía más rápido que el alcohol en mi sistema.
—¿Pasa algo? —me dijo ella.
Boom.
Esa pregunta es el certificado de defunción de cualquier hombre. Ella ya lo sabía, yo lo sabía, y hasta los vecinos probablemente lo sabían.
Finalmente, con la valentía de un gladiador derrotado en la arena, con la dignidad de un pingüino perdido en el desierto, solté la frase más humillante que he dicho en mi vida:
—Es que... no se me para.
🎵 MÚSICA FÚNEBRE 🎵
💀 AQUÍ YACE LA DIGNIDAD DE UN HOMBRE 💀
CAUSA DE MUERTE: ALCOHOL Y TRAICIÓN DE SU PROPIO CUERPO
El silencio que siguió fue más pesado que todas mis malas decisiones juntas.
Fernanda me miró.
No con burla. No con decepción visible.
Sino con... ¿compasión?
—Tranquilo —me dijo con la paciencia de una maestra enseñándole a un niño que 2+2 es 4—. Es por el alcohol. Pasa mucho. Mañana quizás estés mejor. Durmamos entonces.
¿DORMIR?
¿DORMIR?!
¡ERA COMO PEDIRLE A UN CONDENADO A MUERTE QUE DURMIERA LA NOCHE ANTES DE LA EJECUCIÓN!
Pero ¿qué más podía hacer?
Nos acostamos.
Ella se durmió con la tranquilidad de alguien que probablemente ya había vivido esta situación antes.
Yo me quedé ahí, despierto, mirando al techo, cuestionando todas mis decisiones de vida.
LA NOCHE MÁS LARGA DE MI EXISTENCIA
¿Alguna vez han pasado la noche más larga de su vida?
Yo sí.
Esa noche.
Allí estaba ella, hermosa, acostada a mi lado, respirando suavemente, probablemente soñando con algo mejor que un tipo que acababa de fallarle de la manera más espectacular posible.
Y yo, sintiéndome como el mayor fraude de la historia de la humanidad.
Mi cerebro no paraba:
¿Cómo pudiste fallarme, amiguito? ¿CÓMO?
Teníamos UN TRABAJO. UNO.
¿Y decides irte de vacaciones JUSTO AHORA?
¿En el momento más importante?
¿Con la chica que ME GUSTA?
¿Con las que probablemente sean las mejores tetas de tu vida?
Traidor.
Desertor.
Intenté dormir. Imposible.
Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de decepción de Fernanda (que en realidad fue compasiva pero mi cerebro la había convertido en decepción).
Veía mi futuro: Muriendo solo, rodeado de gatos, con una lápida que decía: "Aquí yace el tipo al que su pene le falló cuando más lo necesitaba".
Las horas pasaban con la velocidad de un caracol subiendo el Everest.
2 AM: Despierto. Avergonzado.
3 AM: Despierto. Humillado.
4 AM: Despierto. Planeando mi escape.
5 AM: Despierto. Listo para ejecutar la huida.
Cuando vi los primeros rayos de sol entrando por la ventana, tomé la decisión más cobarde y humana de mi vida:
HUIR.
Me levanté.
Me vestí más rápido de lo que me había desvestido la noche anterior (que había sido bastante rápido considerando mi entusiasmo inicial).
Fernanda se despertó con el ruido.
—¿Ya te vas? —preguntó con voz somnolienta.
—Sí... eh... tengo que... ir a... hacer unas cosas... —mentí con la habilidad de un político en campaña.
Ella se levantó, se puso una bata, y me acompañó hasta la puerta.
Con la elegancia de una presentadora de televisión despidiendo a un invitado, me dijo:
—Que estés bien.
Le di mi última mirada de "perdóname por este desastre monumental".
—Gracias por todo. De verdad.
—No hay problema —respondió con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Salí de ahí con la dignidad de un caracol sin concha.
Con la autoestima de alguien que acaba de reprobar el examen más importante de su vida.
Llegué a casa.
Mi abuela estaba desayunando.
—¿Cómo te fue mi chiquillo?
—No quiero hablar de eso, abuela.
—Ah... —dijo ella con esa sabiduría de abuelas que lo saben todo sin que les digas nada.
Me encerré en mi habitación.
Y ahí, en un último intento desesperado de salvar algo—CUALQUIER COSA—de este desastre, agarré mi teléfono y le escribí:
"La pasé bien contigo... de verdad. Perdón por lo de anoche. El alcohol me jugó una mala pasada."
Esperé su respuesta con la ansiedad de alguien esperando resultados médicos.
DING.
Su mensaje llegó directo como una flecha al corazón:
"La verdad es que yo no la pasé bien. No sentí conexión. Creo que es mejor dejarlo así. Suerte."
🎮 GAME OVER 🎮
INSERT COIN TO CONTINUE
NO COINS AVAILABLE
WOULD YOU LIKE TO RAGE QUIT? Y/N
Y
Me quedé ahí, sentado en mi cama, mirando ese mensaje.
No sentí conexión.
Por supuesto que no sintió conexión.
¿Cómo iba a sentir conexión con alguien cuyo cuerpo decidió hacer huelga en el momento más importante?
Lancé el teléfono al otro lado de la cama.
Me acosté.
Miré al techo.
Y pensé en todas las decisiones que me habían llevado a este momento:
✗ Tomar demasiado
✗ Compararla con mi ex
✗ Seguir tomando en su departamento
✗ No aprender de los errores pasados
✗ Confiar en que mi cuerpo respondería cuando más lo necesitaba
LECCIÓN APRENDIDA: El alcohol y las expectativas altas son la receta perfecta para el desastre.
A veces la vida te da limones.
A veces te da la oportunidad perfecta con la mujer perfecta.
Y a veces tu anaconda decide convertirse en gusano justo en el momento más importante de tu existencia.
Fernanda desapareció de mi vida tan rápido como había aparecido.
Mi "pequeño soldado" y yo tuvimos una conversación seria esa noche:
—Mira, amigo. Sé que te fallé con el alcohol. Pero tú también me fallaste a MÍ. Éramos un equipo. Y los equipos no se rinden en medio de la batalla.
Obviamente no me respondió.
Porque es un pene.
Y los penes no hablan.
(Aunque este claramente sí toma decisiones independientes)
DEDICADO A:
Todos los "pequeños soldados" que han desertado en el momento menos oportuno: No están solos.
Fernanda: Si algún día lees esto, quiero que sepas que no fue tu culpa. Fuiste perfecta. Yo fui el idiota. Espero que hayas encontrado a alguien cuyo aparato sí funcione bajo presión.
El alcohol: Eres un amigo terrible. Me das confianza para hacer cosas y luego me quitas la capacidad de ejecutarlas. Nuestra relación es tóxica.
Mi "pequeño amigo": Traidor. Desertor. Pero supongo que te perdono. Eventualmente. Tal vez en 10 años cuando esto sea solo un recuerdo lejano y doloroso.
A mí mismo: Por pensar que tomar MÁS alcohol era la solución. Por comparar a Fernanda con mi ex. Por no aprender de Jazmín. Por ser un imbecil ambulante con patas. Pero oye, al menos ya no piensas en tu ex de 10 años. Así que... ¿progreso?
Spoiler: No aprendo. Pero me pasan cosas interesantes igual.
LECCIONES DE ESTE CAPÍTULO:
No compares a tu cita con tu ex. NUNCA. Ni en broma. Ni "en el buen sentido".
El alcohol te da confianza pero te quita funcionalidad. Es una transacción terrible.
Si una mujer hermosa te invita a su departamento, considera tomar AGUA en lugar de más alcohol.
Y un consejo de salud gratuito para los guerreros que lean esto: Tomen AGUA. Mucha AGUA. Resulta que una de las causas de la disfunción eréctil es la deshidratación. El alcohol me secó el cerebro y, aparentemente, también me secó la manguera. Ojalá lo hubiera sabido antes.
"No sentí conexión" es la manera educada de decir "tu pene no funcionó".
Escapar al amanecer no arregla nada pero hace que te sientas ligeramente menos humillado.
Hay destinos peores que ser rechazado. Uno de ellos es ser rechazado porque tu cuerpo te traicionó.
SI ESTE CAPÍTULO TE HIZO:
✓ Reír de mi desgracia: Misión cumplida
✓ Sentir lástima por mí: No la necesito, pero la acepto
✓ Recordar tu propio momento de traición corporal: Bienvenido al club
✓ Agradecer que no eres yo: De nada
¿PENSABAS QUE LO DE JAZMÍN FUE MI PEOR EXPERIENCIA?
JAJAJAJAJA.
Esto apenas comienza.