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Propuesta Matrimonial Con El Villano

Propuesta Matrimonial Con El Villano

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:638.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.

Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7: Es absurdo.

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El sótano quedó en silencio después de que Nathaniel le arrebató el cuaderno de las manos. No lo abrió otra vez, lo sostuvo cerrado contra el pecho como si fuera un documento oficial que nadie debía tocar. Charlotte no retrocedió. El polvo del lugar le picaba la garganta, pero no apartó la mirada. Él tampoco lo hizo. Durante varios segundos solo se escuchó el leve crujido de la madera bajo sus botas y la respiración contenida de ambos, como si cualquiera de los dos estuviera esperando que el otro hablara.

Nathaniel lo hizo primero.

—Suba.

Charlotte asintió. Subieron las escaleras uno detrás del otro. Él cerró la puerta con llave y guardó la llave en el bolsillo del chaleco. El gesto fue rápido, pero ella lo notó. Él fue quien dejó la trampa.

Caminaron por el pasillo lateral hasta llegar a una sala pequeña, más privada que el resto de la casa. No era un salón de recepción ni un comedor. Tenía un sofá sencillo, dos sillones y una mesa baja con papeles ordenados.

Nathaniel se quitó los guantes con lentitud.

—Siéntese.

Charlotte obedeció y se acomodó en el sofá, manteniendo la espalda recta. Él tomó el sillón frente a ella.

—Ahora hable —dijo—. Y le sugiero que no omita nada. Esa fue su promesa.

Ella respiró hondo. Sabía que lo que iba a decir sonaría absurdo.

—Le advertí anoche que no mentiría. Y que soltaría la verdad.

—Eso espero.

Charlotte entrelazó las manos.

—Lo que voy a contarle no es algo que suela decir en voz alta. Ni siquiera sé si debería.

—Decídase.

—Bien.

Lo miró de frente.

—Yo no soy exactamente Charlotte Elara. No del todo.

Nathaniel no parpadeó.

—Ya lo sé. Vaya directo.

—Tengo recuerdos que no pertenecen a esta vida. O mi alma no es la que pertenece aquí.

Él apoyó el codo en el brazo del sillón.

—¿Está diciendo que perdió la razón?

—No. Estoy diciendo que morí.

El silencio volvió a extenderse.

—Morí de una forma estúpida —continuó ella con voz firme—. Un accidente todo bobo. No hice nada importante antes de morir. Solo… terminé ahí. Y luego desperté en este cuerpo, siendo Charlotte.

Nathaniel no se rió para nada. Su humor prácticamente estaba muerto. Ni siquiera la interrumpió.

Charlotte siguió hablando, más rápido ahora, como si necesitara sacarlo todo de golpe.

—Al principio pensé que era un sueño largo. Después entendí que no. Sabía cosas que nadie más sabía de este mundo. Cómo mi destino si no me casaba con usted.

Nathaniel frunció apenas el ceño.

—Continúe.

—Tengo una especie de maldición. Mi cuerpo se debilita de repente. Fiebre, mareos, falta de aire. Los médicos dicen que estoy sana, pero los síntomas aparecen igual. A veces duran horas. A veces días.

—¿Desde cuándo?

—Desde que la estúpida de mi hermana me maldijo.

—¿Y nadie sospechó nada extraño?

—Creyeron que era frágil. La única cura, aunque suene tonto, es enamorar al hombre más malvado. Y ese es usted.

—Ya veo. Solo le haré otra pregunta. ¿Creé que lo hubiera logrado?

—¿De enamorarlo?. Quizás. Solo debía darle más comida.

—Ni que la comida me diera felicidad.

—Pero se comió todas las arepitas que le hice.

Nathaniel no comentó nada y se levantó. No parecía sorprendido. Eso inquietó a Charlotte más que cualquier burla.

—¿Va a decir algo? —preguntó ella.

—Estoy pensando.

— ¿Cree que miento?

— No.

La respuesta fue inmediata y Charlotte parpadeó.

— ¿No?

— Si estuviera inventando, lo haría mejor. Su historia es demasiado torpe para ser una mentira buena.

Ella casi sonrió.

— Gracias… creo.

Nathaniel se detuvo frente a la ventana.

— ¿Cómo murió exactamente?

— Tomándome una pastilla sin agua. Fue ridículo. Me dio rabia hasta después de morir.

Nathaniel soltó una breve exhalación que casi parecía risa.

— Eso suena más honesto que cualquier discurso dramático.

Charlotte lo observó con atención.

— Ahora yo quiero preguntar algo.

— Pregunte.

— ¿Por qué está aquí? Esta mañana lo vi marcharse en su carruaje. Pensé que no regresaría hasta la noche.

Él se giró. Y con la misma sequedad habló.

— Olvidé unos documentos.

— ¿Solo eso?

— Sí.

Pero ella notó que evitó mirarla un segundo.

Antes de que pudiera insistir, una punzada le atravesó el pecho. El aire se le atascó en la garganta. Parpadeó, confundida.

— Espera…

Nathaniel se tensó.

— ¿Qué ocurre?

Charlotte se llevó la mano al cuello.

— Es… uno de esos síntomas.

El mareo llegó rápido. La habitación perdió nitidez. Intentó ponerse de pie, pero las piernas no le respondieron.

Nathaniel la sostuvo antes de que cayera.

— Siéntese. Ahora.

— Estoy bien…

— No lo está.

Su voz había cambiado. Seguía siendo firme, pero ya no fría.

Charlotte notó el calor de su mano en el brazo. Él la ayudó a levantarse.

— Venga.

— ¿A dónde…?

— A mi habitación. Está más cerca.

Ella no discutió. Caminaron por el pasillo con rapidez. Los sirvientes se apartaron al verlos. Nathaniel abrió la puerta de su cuarto sin anunciar nada.

Era amplio, ordenado, con pocos adornos. Todo estaba en su lugar.

— Acuéstese —ordenó.

Charlotte dudó.

— Es su cama…

— No tengo tiempo para formalidades. Y usted tampoco. Acuéstese.

Obedeció. El mareo aumentaba. Le dolía la cabeza. Nathaniel abrió un armario y sacó una prenda oscura, una camisa gruesa.

Se la tendió.

— Huélala.

Ella lo miró, confundida. Muy confundida.

— ¿Perdón?

— Huélala.

— ¿Para qué?

— Hágalo.

— Esto es extraño, excelencia.

Él alzó la voz por primera vez.

— ¡Hágalo!

Charlotte se sobresaltó. Nunca lo había escuchado gritar.

Tomó la prenda y la acercó con torpeza al rostro. Olía a jabón y a algo más, un aroma seco, como madera y tela limpia y a él.

Respiró hondo.

El mareo no desapareció de inmediato, pero su respiración se estabilizó un poco.

Nathaniel bajó el tono.

— Siga respirando así.

— ¿Por qué…?

— Mi olor calma a los caballos nerviosos. Y a los perros. Pensé que podría servir.

— ¿Es una broma?

— Sí. Obvio que lo es. Lo dijo usted, debía enamorarme para romper la maldición. Mi ropa tiene mi olor. Quizás podría ayudar hasta encontrar otra manera de salvarla.

Ella soltó una risa débil.

— ¿Funciona?— preguntó él.

— Un poco.

Él asintió.

— No se mueva.

Se acercó a la puerta.

— No salga de esta habitación hasta que se sienta mejor. Es una orden.

— ¿Y usted?

— Tengo trabajo.

— ¿Me va a dejar aquí sola?

— Está más segura aquí.

Charlotte lo miró unos segundos.

— Gracias.

Nathaniel no respondió. Solo salió.

Minutos después, su carruaje avanzaba por el camino principal. Dentro, él miraba por la ventana sin ver realmente el paisaje. Sus manos estaban tensas sobre las rodillas.

Pensó en su voz al decir que había muerto. En la naturalidad con la que habló. En los dulces extraños. En la forma en que no fingía miedo.

Cerró los ojos un momento. No era una coincidencia.

Desde el primer día lo había notado. Esa sensación de estar hablando con alguien igual a él.

— Es una reencarnada.

Solo aceptó la idea con la misma frialdad con la que aceptó cuando llegó hace años aquí.

Exhaló lentamente.

— Por eso acepté casarme con ella. Porque ella no es normal aquí. Porque entiendo como es vivir en un mundo en el que todo está en tu contra.

Abrió los ojos. Declaró tan fuerte para el mismo.

— Te ayudaré a romper la maldición, pero no será enamorandote de mí.

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Muchas gracias por leer. No olvide dejar su me gusta y su comentario. ❤️

1
Aida Silva Gomez
felicidades la historia es hermosa que sigan tus éxitos 🙏
Ana Maria
frase del dia: el duque que enamoro a pedradas jajajaja
Maritza Malave
caramba ahora todos son de ella. yo le jalaria de los pelos
Romy
me encantó
Jana Cruz
más que el corazón era la envidia y creerse ser un ser superior
Jana Cruz
pues parece que el principie extranjero que acompañaba a la princesa también se dio cuenta de como es ella
Jana Cruz
cómo que tuyo? con esa actitud no vas a tener ni uno ni ninguno . eres despreciable no mereces ser princesa ni mucho menos reina , para gobernar y mal y maltratar gente mejor estarías en la celda de un calabozo
Jana Cruz
Me gustaría almenos tener uno como ellos en casa que me guise y me cuide🤭🤭🤭🤣
Solo_Ro
Jajajaj! ese detalle es muy importante 😅
Solo_Ro
Pero que envidiosa 🤨...
Solo_Ro
Pregunta ...?! y el té ☕️ feo!!!?
Solo_Ro
Nooo!!! lo puede ayudar sólo si se casa con ella!!!?
Solo_Ro
Mírala a la futura reina!!!!... nos salió maldita...
Solo_Ro
Guau!! que copado...me encantó..
Solo_Ro
Ooh!! Entonces él también lo es!?..
Solo_Ro
Oooh!!!! esa no me lo esperaba
Moyra LeFay
ya me dieron ganas de aprender a cocinar con estos chefs para que me den palasos cuando me equivoqué
RAV
❤️
Rossy 💕
pero me.parece ridiculo, ella le iva a dar algo a cambio de q se casara y ahora siempre no, no entiendo...ella no dio nada .
Luna Yamileth Rojas Hancen: increíble era justo lo que iba a decir 🤣 disque el ganaba algo y ahora se quiere divorciar porque ella ya no lo necesita
total 1 replies
Cafecito ☕
Leonardo tu sabes que hoy no se quema nada y punto y si se quema algo seré yo 👄😏
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