El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad
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Capítulo 09
La Sombra que Crece
A la mañana siguiente, el ejército de Alessia se había duplicado. A los Sombríos se les unieron los Jinetes del Lobo Negro, guerreros montados en caballos resistentes que conocían cada centímetro de los Picos de Hierro.
Silas observaba a Valerius con una desconfianza renovada, notando la nueva forma en que el Lobo miraba a su Reina.
—¿Es sabio esto, mi señora? —preguntó Silas mientras se preparaban para marchar hacia el sur, hacia las tierras fértiles de Vyrwel—. Valerius es un hombre que solo obedece a sus propios instintos.
—He domado las sombras de mi interior, Silas —respondió Alessia, montando su caballo negro—. Puedo manejar a un lobo. Además, él no es solo un aliado. Es la pieza que Caleb nunca vio venir.
Mientras la columna de soldados descendía de las montañas, Alessia miró hacia atrás por un segundo. Vio a Valerius cabalgando a su lado, su mirada ámbar siempre vigilante. Sintió el tirón del pacto en su sangre, una conexión que la hacía más fuerte pero que también la asustaba.
Por primera vez, Alessia empezó a entender que su venganza no sería un acto solitario. Estaba creando algo nuevo, una amalgama de dolor y poder que el reino nunca había presenciado.
—Próxima parada: Las tierras bajas —dijo ella, y por primera vez, una pequeña sonrisa de anticipación cruzó su rostro—. Es hora de que Caleb sepa que su "prometida" ha vuelto a casa.
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El Eco de la Traición
Mientras tanto, a cientos de leguas de allí, en el reluciente Palacio de Vyrwel, el Príncipe Caleb estaba sentado frente a un espejo de plata. Su rostro, aunque todavía hermoso, mostraba signos de tensión.
—¿Alguna noticia de la frontera? —preguntó a un mensajero que temblaba en la puerta.
—Señor... los informes dicen que el Abismo se está moviendo. Los puestos de avanzada del norte han dejado de responder. Dicen que... dicen que la niebla gris está subiendo por las montañas.
Caleb apretó los puños. En su mente, vio la imagen de Alessia cayendo al barro.
—Ella debería estar muerta —susurró para sí mismo—. Nadie sobrevive al Abismo.
—Hay algo más, Alteza —dijo el mensajero, bajando la voz—. Los viajeros hablan de una mujer que cabalga con el Lobo Negro. Dicen que sus ojos brillan con la luz de las estrellas muertas y que las sombras la obedecen como si fueran sus hijos.
Caleb rompió el espejo de un puñetazo. La sangre goteó de sus nudillos, pero él no pareció sentirlo.
—Alessia... —siseó—. Si no moriste como una víctima, morirás como una mártir. Pero esta vez, me aseguraré de que no quede ni un hueso para que la tierra lo reclame.
El tablero estaba listo. Las piezas se movían. Pero Caleb no sabía que Alessia ya no estaba jugando bajo sus reglas. Ella había encontrado a su lobo, había despertado a su sombra y estaba a punto de convertir su cuento de hadas en una epopeya de sangre.
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La Reflexión de la Oscuridad
Esa tarde, mientras el ejército acampaba en un valle protegido, Alessia se sentó a solas con su magia. Creó una pequeña esfera de oscuridad que flotaba entre sus manos. Dentro de ella, podía ver fragmentos del futuro: fuego, gritos, y el trono de obsidiana esperándola.
Sintió una presencia detrás de ella. No tuvo que girarse para saber quién era.
—El pacto es fuerte —dijo Valerius, sentándose a su lado—. Puedo sentir tu rabia desde aquí. Es deliciosa.
—No es rabia, Valerius. Es propósito —corrigió ella.
—Llámalo como quieras. Pero ten cuidado, Alessia. La oscuridad que usas no es una herramienta; es un ser vivo. Se alimenta de lo que más valoras. ¿Qué te queda por dar cuando la venganza esté completa?
Alessia miró la esfera de sombras.
—Me queda el futuro que yo misma escriba. No el de una profecía, ni el de un padre, ni el de un amante traidor. El mío.
Valerius sonrió y, por primera vez, no hubo sarcasmo en su rostro. Solo una admiración sincera y peligrosa.
—Entonces, hagamos que ese futuro sea tan grande que el pasado parezca un mal sueño.
Se quedaron allí, en el silencio de la noche, dos monstruos creados por un reino que no supo amarlos, preparándose para reclamar lo que el destino les había negado. El Pacto del Lobo Negro estaba sellado, y con él, el destino de Vyrwel quedaba escrito en sangre y sombras.