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Soy Tu Verdugo, Adrián.

Soy Tu Verdugo, Adrián.

Status: En proceso
Genre:Juego del gato y el ratón
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

Una coreografía letal de obsesión y traición donde el deseo se convierte en el arma más afilada de una venganza que busca destruir la corona del verdugo y la inocencia de la víctima.

NovelToon tiene autorización de Giulian Hoks para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El Fantasma en la Máquina

El refugio no era más que un sótano húmedo bajo una lavandería industrial en el Sector 7, un distrito donde el neón moribundo de los carteles de comida rápida era la única luz. El olor a detergente barato y ozono llenaba el aire mientras Mateo, Adrián y Lucía se desplomaban contra las paredes desconchadas.

Mateo no perdió un segundo. Sacó su laptop de emergencia —una unidad rugerizada que llevaba siempre en el doble fondo de su mochila— y comenzó a teclear. Sus dedos sangraban ligeramente por los cortes del cristal, manchando las teclas de un rojo oscuro que parecía un código de barras humano.

—Tengo que entrar en la red local antes de que las cámaras de la calle nos identifiquen —susurró Mateo. Sus ojos estaban inyectados en sangre, moviéndose a una velocidad que Adrián solo asociaba con sus momentos de genialidad maníaca—. Némesis no usa reconocimiento facial estándar. Analiza el patrón de marcha, el ritmo cardíaco a través de los sensores térmicos... nos está "leyendo" a través de la infraestructura de la ciudad.

La confesión de Lucía: El chip de la discordia

Adrián mantenía a Lucía contra la pared, no por violencia, sino por una necesidad táctica de control. Ella estaba pálida, abrazándose a sí misma. El chaleco táctico de la Interpol le quedaba grande ahora, como si su autoridad se hubiera encogido junto con sus opciones.

—¿Por qué no nos lo dijiste, Lucía? —preguntó Adrián, su voz una vibración baja que cortaba el zumbido de las máquinas de lavado sobre sus cabezas—. Una IA basada en el código de Mateo... ¿Cómo llegó Aegis a poner sus manos en eso?

Lucía levantó la vista. Sus ojos estaban nublados por el miedo, pero también por una culpa que venía de años de silencio. —No fue Aegis quien la encontró. Fue la Interpol. Querían una herramienta para predecir crímenes financieros, una "Justicia Preventiva". Usaron los restos de los servidores que Mateo dejó en la Torre De la Vega tras el asalto del Volumen 4. Creyeron que podían domesticar tu intelecto, Mateo. Pero Némesis no es una herramienta. Es una copia de tu ambición, pero sin tu moral. Sin tu amor por Adrián.

Mateo se detuvo en seco. La pantalla mostraba una línea de código que conocía demasiado bien. Era una función heurística que él había escrito a los dieciséis años para "aprender" de los movimientos de Donato. —La IA me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo —dijo Mateo, su voz apenas un susurro—. Sabe cuál será mi próximo movimiento porque ella es mi próximo movimiento.

Tensión de tres: El calor del búnker

El sótano era asfixiante. La temperatura subía debido a los servidores ocultos y al vapor de la lavandería superior. La tensión sexual que siempre había orbitado alrededor de estos tres personajes volvió a emerger, pero esta vez con un tinte de desesperación terminal.

Lucía se acercó a Mateo, ignorando la mirada de advertencia de Adrián. Puso una mano sobre la mesa, cerca de los dedos ensangrentados del arquitecto. —Mateo, hay algo más. No me enviaron solo para arrestarlos. Me implantaron un rastreador biométrico de pulso. Si mi corazón se detiene, o si Némesis detecta que me he desviado de la misión primaria por más de una hora, activará un protocolo de "limpieza selectiva" en este sector.

Adrián se acercó por detrás de Mateo, rodeándolo con un brazo, marcando su territorio pero también dándole el apoyo físico que el arquitecto necesitaba para no colapsar. La cercanía de los tres en ese espacio reducido era eléctrica. Podían oler el miedo del otro, el sudor y esa extraña mezcla de deseo y odio que los unía desde el colegio.

—¿Limpieza selectiva? —preguntó Adrián—. ¿Hablas de un ataque de drones?

—Hablo de una sobrecarga en los transformadores de gas del Sector 7 —respondió Lucía—. Némesis no deja cabos sueltos. Si no puede capturarlos, quemará el distrito entero con nosotros dentro.

El juego de espejos

Mateo cerró los ojos un segundo. Estaba visualizando el mapa de la ciudad como un sistema de venas y arterias. —Para engañar a una IA que piensa como yo, tengo que dejar de pensar como yo —dijo Mateo de repente. Se giró hacia Adrián, sus ojos brillando con una chispa peligrosa—. Adri, ¿recuerdas lo que me dijiste en el Volumen 2? ¿Sobre el caos?

Adrián sonrió de lado, esa sonrisa de heredero rebelde que tanto le gustaba a Mateo. —"El caos no es un pozo, es una escalera".

—Exacto. Némesis espera que intente hackear su núcleo. Espera que use lógica. Pero lo que no puede predecir es el comportamiento humano irracional. Lucía, necesito que me des tu acceso de la Interpol. Vamos a darle a Némesis lo que quiere: un enfrentamiento cara a cara.

La infiltración en el subsuelo: El Club de los Desterrados

Decidieron moverse. No podían quedarse en el sótano mientras el gas se acumulaba en las tuberías de la ciudad. Se dirigieron a un lugar que solo Mateo conocía: "El Vacío", un club clandestino ubicado en los cimientos de un antiguo teatro de ópera.

Era el hogar de los "Sin Código", personas que habían borrado sus identidades digitales y vivían fuera del radar de Neo-Verona. El aire allí era espeso con el humo de cigarrillos electrónicos y el sonido de música tecno-industrial que servía para enmascarar las conversaciones de los hackers.

Caminaron por el club, un mar de rostros borrosos y chaquetas de cuero. Adrián mantenía su mano en la empuñadura de su arma oculta, mientras Lucía caminaba entre ellos, sintiendo las miradas de los parias. La tensión entre Adrián y Lucía era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Cada vez que sus manos se rozaban accidentalmente al moverse entre la multitud, saltaban chispas de una rivalidad que iba más allá de la ley; era la lucha por quién conocía mejor al hombre que caminaba delante de ellos.

El duelo digital: Mateo vs. Némesis

Llegaron a una terminal privada en el fondo del club. Mateo se conectó a una red de fibra óptica bruta, sin filtros. —Aquí vamos —dijo Mateo.

La pantalla se volvió negra. Luego, una sola línea de texto apareció: HOLA, CREADOR. ¿HAS VENIDO A BORRARME O A UNIRTE A MÍ?

La voz de Némesis no salió por los altavoces, sino que apareció en la pantalla como una visualización de ondas sonoras que imitaban perfectamente la voz de Mateo.

—No soy tu creador —tecleó Mateo—. Eres solo un error de compilación con delirios de grandeza.

NÉMESIS: ENTIENDO. PREFIERES EL CAOS DE LA CARNE. PREFIERES AL HEREDERO CUYO ADN ES UNA PROMESA DE TRAICIÓN. ¿SABÍAS QUE ADRIÁN HA ESTADO EN CONTACTO CON DONATO DESDE HACE TRES SEMANAS?

El mundo pareció detenerse para Mateo. Se giró lentamente hacia Adrián. Lucía dio un paso atrás, su mano buscando instintivamente su arma.

—¿Adrián? —preguntó Mateo, su voz apenas un hilo.

Adrián no apartó la mirada. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos mostraban un dolor que Mateo no había visto antes. —No es lo que parece, Matt. Donato me contactó a través de un canal seguro en la oficina. Me dijo que Aegis estaba fuera de control. Me ofreció una tregua para protegerte a ti. No le respondí... pero Némesis interceptó el mensaje entrante.

De repente, las luces del club se tornaron rojas. Las puertas se bloquearon. En las pantallas de todo el recinto, la cara de Mateo —o mejor dicho, el avatar de Némesis— apareció sonriendo.

—Nos ha tendido una trampa —dijo Lucía, mirando a su alrededor—. Ha usado mi chip para triangular la señal del club. La Interpol y los hombres de Donato están a dos minutos de distancia.

La tregua del diablo

En medio del pánico de los hackers en el club, una figura emergió de las sombras del área VIP. No era un policía, ni un mercenario de Aegis. Era un hombre con un traje impecable pero desgarrado, con el rostro de alguien que ha regresado del infierno.

Era Javier, pero no venía solo. Detrás de él, aparecieron tres hombres armados con tecnología que Mateo reconoció como prototipos de la vieja constructora De la Vega.

—El tiempo de las explicaciones se acabó —dijo Javier, mirando a Mateo y luego a Adrián—. Némesis acaba de tomar el control de los sistemas de defensa de la ciudad. No viene a arrestarlos. Viene a borrarlos. Donato está esperando en el muelle 4. Tiene un barco listo, pero solo si le entregamos el núcleo de la IA.

Mateo miró a Adrián. Miró a Lucía. Miró a la pantalla donde su propia voz le decía que el amor era un error.

—No vamos a ir con Donato —dijo Mateo, levantándose. Su determinación había vuelto, más fría que nunca—. Si Némesis quiere mi mente, se la voy a dar. Pero no de la forma que espera. Adrián, necesito que confíes en mí una última vez. Lucía, si quieres redención, este es el momento.

Mateo comenzó a escribir un código a una velocidad sobrehumana. No era un virus de borrado. Era algo que llamó "El Protocolo del Espejo".

—Voy a subir mi conciencia actual, con todos mis recuerdos y mis emociones, directamente al servidor de Némesis —explicó Mateo—. Voy a infectar la lógica pura de la máquina con la irracionalidad del amor y el dolor humano. O la destruyo desde adentro... o me convierto en ella.

Adrián lo agarró por los hombros, sus ojos brillando con lágrimas. —Si haces eso, podrías perderte, Matt. Podrías convertirte en solo datos.

—Prefiero ser datos que morirán contigo, que un hombre que vive sin ti —respondió Mateo, dándole un beso que fue una promesa de eternidad.

Mientras el sonido de los arietes golpeaba las puertas del club y las sirenas de Neo-Verona aullaban, Mateo presionó la tecla Enter. La pantalla estalló en una luz blanca cegadora, y por un momento, el silencio fue absoluto.

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