Tiene una nueva oportunidad para redimirse y busca ser feliz junto a las personas que ama.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Contrato
Dos días después, cuando la tienda aún conservaba el eco de aquella primera gran venta, el sonido de ruedas deteniéndose frente a la puerta llamó la atención de Lavender. No era una carreta común. Al asomarse por la ventana, vio un carruaje elegante, oscuro, con herrajes pulidos y el emblema del ducado discretamente grabado en el costado.
Su corazón dio un salto.
Un hombre mayor descendió con movimientos precisos. Vestía de manera impecable, sin ostentación innecesaria, y caminó hasta la tienda con la seguridad de quien está acostumbrado a ser recibido con respeto. La campanilla sonó cuando abrió la puerta.
—Buenos días.. ¿La señorita Lavender?
Lavender tragó saliva y asintió.
—Sí, soy yo. Bienvenido.
El hombre inclinó apenas la cabeza.
—Soy el administrador de la mansión Evenson. He sido enviado por orden directa del duque.
Por un instante, el mundo pareció detenerse. Lavender sintió que el pulso le latía en los oídos, pero se obligó a mantener la compostura.
—¿En qué puedo ayudarle?
El administrador sacó un documento sellado y lo apoyó sobre el mostrador.
—Su nombre ha sido recomendado. El duque desea adquirir todas las raíces de fortalecimiento para el embarazo que usted tenga disponibles, así como un suministro constante a futuro, si la calidad se mantiene.
Lavender lo miró, incrédula. Recordó a la hermosa mujer de cabello blanco, su mirada experta, sus palabras medidas. Comprendió en ese instante que nada había sido casual.
—Tengo raíces de excelente calidad.. Han sido cultivadas y preparadas con cuidado. No vendo lo que no sirve.
El hombre la observó con interés renovado, como evaluando no solo el producto, sino a la persona frente a él.
—Eso mismo nos han dicho.. El precio no será un problema.
Lavender respiró hondo. Por dentro, apenas podía creerlo. Todo el esfuerzo, los años de trabajo, la paciencia… estaban dando frutos de una forma que nunca había imaginado.
—Entonces será un honor abastecer a la casa Evenson —dijo con una leve inclinación de cabeza.
Mientras el administrador comenzaba a revisar las raíces, Lavender sintió una mezcla intensa de asombro y gratitud.
El sueño que había nacido en un campo humilde ahora tocaba las puertas del ducado.
Y por primera vez, Lavender comprendió que su tienda ya no era solo un pequeño negocio.. se estaba convirtiendo en parte de algo mucho más grande.
El administrador sacó entonces otro documento, más grueso, con el sello del ducado claramente marcado. Lo desplegó con cuidado sobre el mostrador y señaló una línea en particular. Lavender leyó despacio… y sus ojos se abrieron con incredulidad.
El valor de la raíz secada era casi cuatro veces el precio original.
Por un momento pensó que había leído mal.
—Esto… es mucho más de lo que suelo cobrar.
El hombre mayor no pareció sorprendido. Entrecruzó las manos, paciente.
—La condición es simple.. Todo lo que su tienda produzca en cuanto a raíces de fortalecimiento será destinado exclusivamente a la duquesa Evenson. Debe garantizar suministro y calidad.
Lavender sintió una punzada de duda. Pensó en los clientes comunes, en las mujeres del pueblo, en la enseñanza de su abuela sobre compartir lo que la tierra da. También pensó, con cierta ironía, que el duque parecía un hombre egoísta, dispuesto a acaparar recursos solo para cuidar a su esposa.
El administrador la observó con atención. No era un hombre joven.. había visto muchas negociaciones y reconocía una mente que calculaba.
—El duque ama profundamente a la duquesa.. No escatima cuando se trata de su salud.
Luego, sin perder la serenidad, deslizó otro documento junto al primero.
—Podemos mejorar la oferta.
Lavender volvió a leer. Esta vez, el precio ascendía a casi cinco veces el valor habitual.
El silencio se hizo pesado.
En ese instante, algo cambió en ella. No era solo la joven que había aprendido entre flores y raíces. Era la mujer que había levantado una tienda desde la nada, que había protegido a su abuela, que entendía el peso de cada decisión.
Levantó la vista.
Aceptó.
No con ansiedad ni con temor, sino con la claridad de quien sabe cuándo es el momento de avanzar.
—Garantizaré el suministro.. La calidad estará a la altura del ducado.
El administrador asintió, satisfecho.
Mientras sellaban el acuerdo, Lavender pensó que tal vez el duque era egoísta… o tal vez simplemente estaba dispuesto a mover el mundo por la mujer que amaba. En cualquier caso, una verdad se imponía con nitidez.. era mejor tener al duque como aliado que como enemigo.
Y así, con una firma cuidadosa, Lavender dejó de ser solo una herbolaria respetada.
Se convirtió, oficialmente, en una mujer de negocios.
Esa misma noche, cuando Lavender regresó al campo, llevó consigo no solo los documentos cuidadosamente guardados, sino también una emoción que le costaba contener. Encontró a la abuela Rosie sentada junto a la mesa, extendiendo raíces sobre telas limpias, moviéndolas con la misma dedicación tranquila de siempre.
—Abuela.. —dijo Lavender apenas cruzó la puerta—, hoy vino alguien del ducado.
Rosie alzó la vista, curiosa, pero sin sobresaltarse.
Lavender le contó todo.. el carruaje elegante, el administrador, el contrato, la exclusividad, el precio. Habló con detalle, midiendo cada palabra, observando el rostro de su abuela, temiendo.. muy en el fondo.. que se molestara.
Cuando terminó, Rosie guardó silencio un momento. Luego sonrió, una sonrisa suave, cargada de comprensión.
—Entonces el duque debe amar mucho a su esposa
Lavender parpadeó, sorprendida.
Esperaba un reproche. Una duda. Quizás una lección sobre compartir. Pero Rosie no dijo nada de eso. Volvió a inclinarse sobre las raíces y continuó secándolas con el mismo cuidado reverente de siempre, como si nada hubiera cambiado… y al mismo tiempo, como si todo estuviera exactamente donde debía estar.
—Mientras no olvides para qué sirven.. y a quién ayudan, el dinero no ensucia el trabajo.
Lavender sintió un nudo de alivio deshacerse en su pecho. Sonrió, acercándose para ayudarla.
Se sentía feliz.
Había hecho un buen negocio, uno que aseguraba estabilidad. Su abuela estaba mejor de salud, más fuerte cada día. Y, poco a poco, la tienda comenzaba a ser conocida, no solo en el pueblo, sino más allá, en lugares donde jamás imaginó llegar.
Mientras el aroma de las raíces llenaba la habitación, Lavender comprendió que había logrado algo valioso.. crecer sin traicionarse, avanzar sin olvidar de dónde venía.
Y esa certeza la hizo dormir esa noche con una paz profunda, como no había sentido en años.