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El Sacrificio De Angrod Caranthir

El Sacrificio De Angrod Caranthir

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Matrimonio entre clanes / Batalla por el trono / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

La tarea del príncipe elfo es sencilla; debe preparar una humana para sellar el pacto entre el mundo de ella y el de él. La conoce desde niña, y cuando descubre que el ritual es un sacrificio y lo empiezan a presionar para que la entregue, hará lo que sea necesario para salvarla.

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5 La lengua de los secretos

Elara llegó al amanecer, como siempre.

Leila ya no intentaba protestar cuando la elfa entraba con sus mudas de seda y sus peines de plata. Había aprendido que algunas batallas no merecían la pena. Y además, Elara tenía algo que las otras criadas no tenían: silencio cómplice.

—Hoy no quiero seda —dijo Leila, mientras la elfa desenredaba su cabello con movimientos lentos y precisos—. Quiero ropa normal. Pantalones. Algo que pueda manchar.

—¿Va a entrenar otra vez, mi señora?

—No soy tu señora. Y sí.

Elara no respondió. Pero cuando fue a buscar el atuendo, eligió una túnica oscura de corte sencillo y unos pantalones de lino grueso. Ropa de sirviente, no de princesa.

—Gracias —dijo Leila.

La elfa inclinó la cabeza. Y entonces, en voz tan baja que apenas fue un susurro:

—Tenga cuidado, mi señora. El príncipe Angrod es... complicado.

Leila se volvió para mirarla.

—¿Complicado en qué sentido?

Elara dudó. Sus dedos se entrelazaron sobre el delantal, un gesto nervioso que Leila comenzaba a reconocer.

—Llevo veinte años sirviendo en el palacio —dijo—. He visto al rey condenar a hombres a muerte sin pestañear. He visto a la reina consumirse de tristeza hasta desaparecer. He visto muchas cosas. Pero nunca había visto al príncipe Angrod mirar a nadie como la mira a usted.

El corazón de Leila dio un vuelco.

—¿Cómo me mira?

—Como si usted fuera la única luz en un mundo que lleva siglos a oscuras.

El silencio se instaló entre ambas, denso y vibrante.

—Eso no es complicado —dijo Leila al fin, con voz extrañamente tranquila—. Eso es simple.

—Nada es simple cuando se es hijo del rey y se lleva una maldición en la sangre —respondió Elara.

Y antes de que Leila pudiera preguntar qué significaba eso, la elfa hizo una reverencia y se escabulló por la puerta.

 

Maldición.

La palabra se clavó en la mente de Leila como una espina.

Había notado algo raro en Angrod desde el principio. Esas pausas repentinas, ese modo de apartar la mirada cuando creía que nadie lo veía, la forma en que sus manos a veces temblaban sin motivo aparente.

No es miedo, pensó. Es dolor.

Pero no tuvo tiempo de indagar más.

La puerta se abrió y él apareció, como si sus pensamientos lo hubieran convocado.

—Hoy no hay entrenamiento —dijo—. Su padre...

Se interrumpió. Había visto su ropa. La túnica oscura, los pantalones de sirviente. Su ceño se frunció.

—¿Quién le dio esto?

—Yo se lo pedí a Elara.

—No puede vestirse así. No es apropiado para...

—¿Para qué? —lo interrumpió Leila, poniéndose de pie—. ¿Para ser su prisionera? ¿Para esperar dócilmente a que decidan mi destino?

Él apretó la mandíbula.

—Es por su seguridad.

—Mi seguridad no depende de la ropa que lleve puesta. Depende de que alguien me explique qué está pasando. Y nadie quiere hacerlo.

Silencio.

—Usted sí lo sabe —dijo Leila, dando un paso hacia él—. Usted sabe por qué estoy aquí. Sabe quién me trajo. Sabe qué es esa "maldición" de la que todos hablan en voz baja. Y sigue sin decirme nada.

Él no negó nada.

—Dígame una cosa —susurró ella—. Solo una. ¿Por qué me eligieron a mí?

Angrod la miró. Sus ojos azules parecían vidrio a punto de romperse.

—No fue una elección —respondió—. Fue un destino.

Y antes de que ella pudiera replicar, dio media vuelta y salió.

 

Leila pasó el resto de la mañana en la biblioteca.

No porque quisiera aprender más sobre el pacto o la historia de Hassan. Sino porque era el único lugar donde nadie la molestaba. Los elfos desconfiaban de los libros; preferían la tradición oral, las leyendas transmitidas de padres a hijos. La biblioteca era un cementerio de pergaminos olvidados.

Perfecto para una muerta en vida.

Caminó entre los estantes, rozando con la yema de los dedos los lomos polvorientos. Títulos en idiomas que no entendía, símbolos que parecían moverse cuando los miraba de reojo. Y entonces lo encontró.

Un libro pequeño, encuadernado en cuero desgastado, colocado en un estante tan bajo que casi pasó de largo. En el lomo, grabadas a fuego, unas letras que sí pudo leer:

LINajes de los huManos

Lo abrió con manos temblorosas.

Las páginas estaban escritas en un élfico antiguo, pero algo extraño ocurría: las palabras se movían, se reordenaban, se transformaban hasta que Leila podía entenderlas. Como si el libro mismo quisiera ser leído por ella.

"Cuando los mundos eran uno, los humanos poseían el don de la luz. No la luz del sol ni la del fuego, sino aquella que nace del corazón y se derrama por las manos. Eran los sanadores, los pacificadores, los que cosían las heridas del mundo. Los elfos los llamaban Aelindel: los que brillan.

Pero la luz atrae a la oscuridad.

Los hechiceros antiguos, cegados por la ambición, cazaron a los Aelindel para arrebatarles su poder. Los mataron. Los vaciaron. Extinguieron sus linajes uno tras otro, hasta que solo quedaron leyendas.

O quizá no solo leyendas.

Se dice que aún hoy, en algún rincón olvidado del mundo humano, late la sangre de los que brillan. Esperando despertar."

Leila cerró el libro de golpe.

Su corazón galopaba. Sus manos, apoyadas sobre la cubierta de cuero, temblaban.

Los que brillan.

Sangre de los que brillan.

¿Yo?

Oyó pasos detrás de ella.

—Ese libro debería estar prohibido —dijo una voz conocida.

Angrod estaba en el umbral, su silueta recortada contra la penumbra de la biblioteca. Había vuelto. O quizá nunca se había ido.

—¿Por qué? —preguntó Leila, sin apartar las manos del libro—. ¿Porque dice la verdad?

—Porque las verdades duelen.

—Ya estoy harta de que me protejan de las verdades.

Él no respondió. Pero dio un paso hacia ella. Luego otro.

—Si lo que dice ahí es cierto... —empezó Leila.

—No lo sabremos hasta que lo intente.

—¿Intentar qué?

Él dudó. Su mirada recorrió su rostro, buscando algo. Permiso, quizá. O miedo.

—Su magia —dijo—. La luz. Si realmente desciende de los Aelindel, debería poder sentirla. Debería poder llamarla.

—¿Y cómo se llama a algo que no sabes que existe?

—Con necesidad —respondió él—. Con deseo. Con...

Se interrumpió.

—¿Con qué? —insistió Leila.

Él la miró. Y en sus ojos de hielo, algo se derritió.

—Conmigo —dijo—. Llámela conmigo.

 

No supo quién se movió primero.

Solo que de repente estaban muy cerca. Tan cerca que podía ver las diminutas grietas en la armadura de su expresión, las sombras violetas bajo sus ojos, la forma en que su pecho subía y bajaba demasiado rápido.

—¿Qué tengo que hacer? —susurró Leila.

—Cerrar los ojos.

Los cerró.

—Pensar en algo que quiera con toda su alma.

Pensó en su madre. En su padre. En su casa, su cama, su ciudad. Todo eso quedaba muy lejos, en un mundo que quizá nunca volvería a ver.

Pero debajo de todo eso, más cerca, más urgente, pensó en él.

En sus ojos azules. En sus manos callosas. En la forma en que la miraba como si ella fuera un milagro.

Quiero que me mires así siempre, pensó. Quiero saber quién eres. Quiero que dejes de tener miedo.

Quiero.

Quiero.

Quiero.

Algo se rompió dentro de ella.

No fue dolor. Fue más bien un dique que cedía, un río contenido que por fin encontraba su cauce. Una sensación de calor que nació en su pecho y se extendió por sus brazos, sus manos, sus dedos.

Abrió los ojos.

Sus palmas brillaban.

No era un fuego, no era una llama. Era luz, pura y dorada, como el sol de los atardeceres de octubre que tanto había amado en su mundo. Bailaba sobre su piel sin quemarla, cálida y viva.

—Leila —susurró Angrod.

Y su voz contenía tal asombro, tal veneración, que ella supo que jamás olvidaría ese instante.

—¿Qué soy? —preguntó.

—Lo que siempre fue —respondió él—. Luz.

La luz se apagó lentamente, reabsorbiéndose en su piel como si nunca hubiera estado allí. Pero Leila sintió que algo había cambiado para siempre.

—¿Duele? —preguntó Angrod.

—No. Es... agradable.

Él asintió. Pero no se alejó.

Siguieron muy cerca, el aire vibrando entre ambos. Leila podía sentir el calor de su cuerpo, podía oler su piel —piedra mojada, hierba nocturna, algo profundo y oscuro que la llamaba sin palabras.

—Gracias —dijo ella.

—No tiene que agradecerme.

—Le agradezco igual.

Él bajó la mirada. Sus dedos se movieron, un gesto contenido, como si quisiera tocarla pero se obligara a no hacerlo.

—Debe irse —dijo, con voz ronca—. Su primera lección de magia ha terminado.

—¿Y la segunda?

—Mañana.

—¿Dónde?

—Aquí.

—¿A qué hora?

—Temprano.

—¿Promete que vendrá?

Él levantó la vista. Sus ojos azules encontraron los verdes de ella.

—Siempre vengo —respondió—. Siempre.

Y por primera vez, Leila supo que no mentía.

 

Esa noche, sola en sus habitaciones, Leila extendió las manos y miró sus palmas vacías.

Luz, había dicho él.

Lo que siempre fue.

Cerró los ojos. Buscó dentro de sí ese calor, ese río subterráneo, esa parte de ella que había permanecido dormida durante diecinueve años.

Y lo encontró.

No era un torrente. Apenas un hilo, un susurro, una promesa. Pero estaba allí. Esperando.

Soy Leila Prinsh, pensó. Soy humana. Soy una prisionera. Soy un sacrificio.

Y además, soy luz.

Sonrió en la oscuridad.

Que empiece la segunda lección.

 

No sabía entonces que la luz no solo alumbra.

También quema.

Y yo estaba aprendiendo a ser fuego.

1
Maria Elena Maciel Campusano
Bueno Leila dió el paso decisivo y se entregó a Agrod ahora juntos enfrentarán al Malechor de Malakor 🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Quien lo diría Leila está enamorada de Agrod y él que temía ser rechazado, pero la unión hace la fuerza y quizás unidos logren vencer al tal Malechor perdón Malakor 🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
🤔🤔🤔 Qué sacrificio tan grande hizo la mamá de Agrod por amor a su hijo, ahora él decidió sacrificar su existencia por amor a Leila 😔😮‍💨
Maria Elena Maciel Campusano
Estuvo interesante todo lo que Leila descubrió a través de leer un libro, pero lo mejor fué cuando Agrod logró hacer que ella despertara su poder🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
Realmente es una historia interesante, pero mientras no se aclare sobre el dichoso pacto entre el mundo de Leila y el mundo de Agrod, seguiremos junto con Leila intrigados sobre el porqué de su encuentro y de ese pacto🤔🤨🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Debe ser muy impactante ser arrebatada de tu vida, de tu hogar, de tus amigos, familia y actividades así nada más 🤨🤨🤨
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Lorena Itriago
Que pasó con Elara?
welimar hernandez lobo
Buen historia lo malo es que la gente no lo conoce, gracias autora por publicar esto.
Jisieli: También te recomiendo mi otra novela "El Archiduque Bestia y la Esclava"
Feliz tarde 🤗
total 2 replies
Maria Elena Maciel Campusano
Vaya manera de llevarse a Leila a su mundo, fué muy impresionante leer sobre las sensaciones que sentía y la manera en que las sombras la arrastraron hasta cruzar el umbral del espejo 😨😰😱😱
Maria Elena Maciel Campusano
Me atrapó ésta historia, empezó con acción y la manera en que conoció a su destinada☺️👍👍👍
Jisieli
Me pareció encantadora la historia 🤗
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