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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Línea Roja

Capítulo 14

Isabella no durmió.

El mensaje seguía en su pantalla.

"Él no puede protegerte de todo."

Lo leyó una y otra vez.

Y aunque no quería admitirlo… tenía miedo.

Pero no era un miedo que paraliza.

Era el tipo que prepara.

A la mañana siguiente salió temprano hacia la universidad.

Miró a ambos lados antes de cruzar la calle.

Demasiado silencio.

Su teléfono vibró.

Matías.

No contestó.

Estaba molesta.

Y también quería demostrar que no necesitaba escolta.

Error.

El primer indicio fue un vehículo negro avanzando demasiado lento.

El segundo… cuando se detuvo justo frente a ella.

Las puertas se abrieron.

Dos hombres bajaron.

Rápidos.

Coordinados.

Isabella reaccionó por instinto. Intentó correr hacia la entrada del edificio, pero una mano la sujetó del brazo con brutalidad.

—¡Suéltame!

Golpeó con el codo.

Uno de ellos gruñó.

El otro intentó cubrirle la boca.

Y entonces—

Un disparo.

Seco.

Preciso.

El hombre que la sujetaba cayó al suelo.

Sangre en el pavimento.

Gritos alrededor.

Estudiantes corriendo.

Otro disparo.

El segundo hombre apenas alcanzó a girarse antes de desplomarse contra el auto.

Isabella se quedó inmóvil.

El mundo parecía moverse en cámara lenta.

Un tercer vehículo frenó con violencia frente a ella.

La puerta se abrió.

—¡Sube!

Era uno de los hombres de Matías.

Ella no discutió esta vez.

Dentro del vehículo, su respiración era errática.

—¿Cómo…?

—El jefe sabía que algo iba a pasar.

Claro que lo sabía.

Siempre lo sabía.

En otro punto de la ciudad, Matías recibió la llamada.

—Intentaron llevársela.

El silencio que siguió fue peor que un grito.

—¿Está herida?

—No. Llegamos a tiempo.

Matías cerró los ojos.

Un segundo.

Solo uno.

Cuando los abrió… ya no había rastro del hombre que dudaba.

—Cierren la ciudad.

—¿Qué?

—Nadie entra. Nadie sale. Quiero nombres. Direcciones. Familias. Todo.

Su voz era baja.

Demasiado baja.

Eso era lo peligroso.

—Matías…

—Cruzaron la línea roja.

Colgó.

Isabella entró a la clínica escoltada.

Cuando lo vio de pie, esperándola, algo dentro de ella se quebró.

—Te dije que no salieras sola —dijo él.

Pero no había reproche en su voz.

Había furia contenida.

Ella se acercó.

—Me iban a meter en ese carro.

La mandíbula de Matías se tensó.

—Lo sé.

—Los habrías matado igual, aunque yo no estuviera ahí… ¿verdad?

Él no respondió.

Porque la respuesta era sí.

Isabella dio un paso más cerca.

—Esto ya no es advertencia.

—No.

—Es guerra.

Matías sostuvo su rostro entre las manos.

—Ahora sí.

Y la besó.

No fue suave.

No fue delicado.

Fue un beso cargado de rabia, alivio y promesa.

Cuando se separaron, ella lo miró directo a los ojos.

—No me vuelvas a esconder.

—No puedo prometer eso.

—Entonces prométeme otra cosa.

Silencio.

—Si esto se vuelve demasiado oscuro… no te pierdas.

Por primera vez desde el disparo…

Matías dudó.

Porque lo que estaba a punto de hacer…

No tenía regreso.

Esa noche, tres bodegas del Cartel del Norte ardieron en llamas.

Explosiones sincronizadas.

Sin civiles.

Sin aviso.

Un mensaje claro.

Y en medio del caos, el hombre que había ordenado el secuestro recibió una fotografía.

Era su hijo saliendo del colegio.

Vivo.

Intacto.

Pero vigilado.

El mensaje debajo decía:

"Yo también puedo tocar lo que amas."

El hombre entendió.

Esto ya no era negocio.

Era personal.

En la clínica, uno de los hombres entró apresurado.

—La prensa está hablando de las explosiones.

Matías miró por la ventana.

Ciudad de México brillaba como si nada estuviera pasando.

Pero por debajo…

El suelo estaba temblando.

Isabella apareció detrás de él.

—¿Qué hiciste?

—Lo necesario.

Ella lo observó en silencio.

Y por primera vez…

Vio al verdadero heredero del imperio.

No al hombre que la invitó a cenar.

No al que casi murió.

Sino al que estaba dispuesto a incendiar la ciudad por ella.

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