NovelToon NovelToon
Las Veredas Del Alma

Las Veredas Del Alma

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance / Amor eterno
Popularitas:166
Nilai: 5
nombre de autor: marig

Tres amigos de la infancia. Un amor en secreto que finalmente se anima a nacer. Y un resentimiento silencioso dispuesto a destruirlo todo. Camila brilla con luz propia, Bruno es el chico de pocas palabras que daría la vida por ella, y Milena es la sombra que espera el momento exacto para actuar. Lo que empieza como un romance de escuela secundaria terminará atrapado en una red de manipulación, celos y una trampa mortal en lo profundo. Descubrí hasta dónde se puede llegar cuando la envidia se disfraza de amistad.

NovelToon tiene autorización de marig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Piezas en el tablero

Milena cerró la puerta de su habitación con un clic suave, casi imperceptible, pero que para ella resonó en las paredes con la contundencia de una victoria absoluta. Se apoyó de espaldas contra la madera pintada, exhaló el aire que contenía y dejó caer la bolsa plástica del almacén directamente al piso, sin importarle el ruido de los paquetes. Por fin, a solas en su territorio, se sacó la agobiante máscara que llevaba puesta todo el día. La expresión de falsa lástima, compasión impostada y preocupación sincera que había sostenido minuciosamente frente a Camila se derrumbó por completo en un segundo, dándole paso a su verdadero rostro: una sonrisa fría, afilada, carente de cualquier rastro de empatía y profundamente llena de un placer perverso.

Caminó lentamente hacia su escritorio de estudio, disfrutando del silencio de la casa. Sobre la madera, perfectamente ubicado, se encontraba un portarretratos viejo de madera gastada con una fotografía de los tres juntos en la plaza del barrio, de cuando tenían apenas diez años y el mundo parecía un lugar simple. Milena se detuvo a mirarla, levantó la mano y pasó la yema del dedo índice por el rostro de Bruno con una ternura obsesiva, desmedida, que rozaba peligrosamente los límites de la locura. De inmediato, como si un resorte interno se activara, su mirada se desvió hacia la figura sonriente de Camila en la misma foto. Su rostro se transformó instantáneamente en una mueca de asco puro, de un desprecio tan arraigado que le tensó los músculos de la cara.

—Disfrutá al máximo tu última noche de llanto, Camila —susurró Milena para la habitación vacía, saboreando cada sílaba en la oscuridad y sintiendo un cosquilleo de poder real e intoxicante recorrerle las venas—. Te costó muy poco pisar el palito, estúpida. Sos tan terriblemente predecible...

Se sentó en el centro de su cama, cruzando las piernas con parsimonia, y empezó a trazar las líneas definitivas de su estrategia en la cabeza. Sabía a la perfección que Camila, con el orgullo herido de muerte y la cabeza llena de las dudas que ella misma le había sembrado, no iba a buscar a Bruno bajo ningún punto de vista. Al contrario, la psicología de Camila la obligaría a atrincherarse en su propio dolor, llorando a puertas cerradas. El terreno, por ende, estaba completamente limpio de interferencias. Ahora le tocaba el turno a él. Tenía que agarrar a Bruno en el momento exacto en que la frustración, el enojo y la confusión absoluta lo tuvieran lo suficientemente débil y vulnerable para terminar de empujarlo al abismo que le había cavado.

«Tengo que ser el agua en su desierto», pensó con una frialdad matemática. Sabía que no podía ser evidente; no podía tirársele encima ni demostrar sus verdaderas intenciones afectivas todavía. Tenía que seguir jugando el rol de la amiga incondicional de la infancia, el único refugio seguro, tibio y comprensivo en medio de la tormenta perfecta que ella misma había provocado desde las sombras.

Mientras tanto, a unas pocas cuadras de distancia de ahí, la realidad era radicalmente distinta. Bruno caminaba de un lado a otro en la estrechez de su pieza, sintiendo que las paredes empapeladas se le caían encima como bloques de cemento. El frío de la noche de Neuquén golpeaba los vidrios, pero él sentía los brazos calientes por la ansiedad. Tenía el celular firmemente apretado en la mano derecha, con la pantalla iluminada reflejando el chat abierto de Camila, inmóvil.

«¿Por qué carajo tiene que ser tan desconfiada y enroscada?», se preguntaba una y otra vez en un monólogo interno desesperado, masticando la bronca que le amargaba la garganta. La amaba, de eso no tenía la más mínima duda en su corazón, pero la última escena en la plaza lo había dejado completamente desconcertado, fuera de eje. No lograba entender en qué momento exacto las cosas se habían vuelto tan ridículamente difíciles e imposibles entre ellos dos. Agarró el teléfono con fuerza y, tragándose todo el orgullo tosco que tantas veces lo había sentenciado, empezó a teclear un mensaje con los dedos temblorosos:

«Cami, por favor, hablemos bien. No quiero que estemos así por una pavada...»

Sin embargo, no llegó a apretar el botón de enviar. En ese mismo instante, la pantalla del celular cambió de golpe con una vibración seca. Entró un mensaje entrante de Camila. Un balde de agua helada le corrió de punta a punta por la espalda al leer las líneas secas, cortantes y definitivas que aparecieron en la notificación, unas palabras que parecían escritas por una completa desconocida:

Camila: Pensé que lo nuestro era otra cosa, Bruno, pero veo que me equivoqué feo. Necesito tiempo y distancia. No me busques.

Bruno se quedó helado en medio de la habitación, con los ojos fijos y desorbitados clavados en la pantalla que empezaba a apagarse. La rabia inicial que le quemaba el pecho se transformó, en un segundo, en un dolor sordo, punzante y devastador que lo dejó sin aire. ¿Un tiempo? ¿Así de la nada, sin darle el beneficio de la duda? La frustración y la impotencia lo superaron por completo; tiró el celular con violencia sobre las sábanas de la cama, se sentó en el borde de madera y se tapó la cara con las manos, respirando de forma agitada, casi hiperventilando. Sentía, con una angustia desgarradora, que todo lo que habían construido desde chicos en las veredas del barrio se le estaba escapando entre los dedos sin que él entendiera siquiera la razón del desastre.

Fue en ese preciso momento de quiebre absoluto cuando escuchó el golpe suave, rítmico y medido en el vidrio de la ventana de su planta baja.

Se asomó con total desgano, arrastrando los pies y limpiándose la cara con la manga del buzo. Ahí abajo, envuelta en un saquito de lana oscuro para taparse del viento helado de la noche, estaba Milena. Tenía dos latas de cerveza cerradas en la mano y una mirada estudiada que irradiaba una calidez reconfortante, casi maternal.

—Vi luz prendida desde la esquina, supuse que estabas despierto y con la cabeza a mil revoluciones —dijo ella en cuanto Bruno abrió la puerta de entrada, hablando con una voz sumamente suave, midiendo cada tono y cada pausa para no sonar invasiva—. ¿Estás bien, Brunito? Me crucé a Cami hace un rato largo por la avenida y... tenía una cara de destrucción, Bruno. Me preocupé muchísimo por los dos, la verdad. ¿Querés que hablemos un rato y me cuentes?

Bruno la miró fijamente desde el umbral, sintiéndose completamente desprotegido, expuesto y vulnerable ante la noche. Y ahí estaba Milena, la amiga de toda la vida, la que nunca le fallaba, la que siempre permanecía en su lugar mientras el resto del mundo cambiaba, ofreciéndole un cable a tierra y un hombro donde caer cuando todo su universo se estaba prendiendo fuego.

—Pasá —alcanzó a decir Bruno después de un largo silencio, haciéndose a un lado de la puerta con la voz completamente rota por la angustia—. Pasá, por favor. Te juro que ya no entiendo nada de lo que está pasando entre nosotros.

Milena entró a la casa con paso lento, dándole una palmadita suave, afectuosa y contenedora en la espalda mientras agachaba la cabeza, simulando respeto, para ocultar el brillo de triunfo y la sonrisa fría que amenazaba con desbordar sus ojos. El plan, tal como lo había diseñado en la soledad de su escritorio, marchaba a la perfección matemática.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play