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SUGAR MOMMY

SUGAR MOMMY

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA TORMENTA INESPERADA

La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad. El viento sacudía los árboles y los relámpagos iluminaban el cielo por unos segundos antes de que un fuerte trueno hiciera temblar las ventanas de las casas.

Dentro de una elegante Mansión, Andrea cerró la computadora después de terminar una larga jornada de trabajo. Como directora de una importante empresa, pasaba la mayor parte del día entre reuniones y documentos.

Suspiró con cansancio.

—Hoy no cocinaré... —murmuró para sí.

Tomó su teléfono y pidió la cena por una aplicación de entregas. Al terminar, dejó el móvil sobre la mesa y caminó hacia la sala mientras observaba la tormenta por el enorme ventanal.

—Ojalá el repartidor no tarde mucho... este clima está horrible.

---

A varios kilómetros de allí, Alejandro conducía una motocicleta con el impermeable completamente empapado.

Sus manos estaban frías, pero seguía adelante.

—Solo una entrega más... y podré volver a casa.

Pensó en su abuela y en su pequeña hermanita, que seguramente ya lo esperaban despiertas.

Desde muy joven había aprendido que nadie resolvería sus problemas por él.

Su madre había f@ll3c1dø al dar a luz a su hermanita. Pocos días después, su padre los abandonó sin mirar atrás.

Desde entonces, Alejandro había hecho todo lo posible para sacar adelante a su familia. Estudiaba cuando podía y trabajaba como repartidor hasta altas horas de la noche para que nunca faltara comida en casa.

Miró la dirección en el teléfono.

—Ya casi llego.

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Unos minutos después, la motocicleta se detuvo frente a la Mansión.

Alejandro respiró hondo, tomó la bolsa con la comida y corrió bajo la intensa lluvia hasta la puerta principal.

Tocó el timbre.

Andrea abrió la puerta y quedó sorprendida.

Frente a ella no había un hombre adulto como había imaginado, sino un joven completamente empapado. El agua escurría de su cabello y de su ropa mientras intentaba proteger la bolsa de comida.

—Buenas noches... su pedido.

Andrea recibió la bolsa, pero no apartó la mirada de él.

—¿Vienes manejando con esta tormenta?

Alejandro sonrió con amabilidad.

—Es parte del trabajo.

Un trueno estremeció el lugar.

Andrea observó el cielo.

—No puedes seguir manejando así.

—No se preocupe. Ya estoy acostumbrado.

—No. Es demasiado peligroso.

Alejandro negó con la cabeza.

—De verdad tengo que irme. Mi abuela y mi hermanita me están esperando.

Aquellas palabras hicieron que Andrea frunciera ligeramente el ceño.

—¿Tu hermanita?

Él asintió.

—Solo estamos nosotros tres.

Andrea guardó silencio unos segundos.

Había algo en los ojos de aquel muchacho.

No era tristeza.

Era cansancio.

Un cansancio que alguien tan joven no debería cargar.

—Escúchame —dijo con calma—. Quédate aquí esta noche.

Alejandro abrió mucho los ojos.

—¿Perdón?

—Tengo habitaciones de sobra. Mañana, cuando salga el sol, podrás regresar con tu familia. No quiero que te enfermes ni que tengas un accidente.

—No puedo aceptar.

—¿Por qué?

—Porque debo llegar a casa.

Andrea sonrió con tranquilidad.

—Puedes llamarles y decirles que estás bien.

Alejandro bajó la mirada.

No le gustaba causar preocupaciones.

En ese momento apareció un joven de cabello oscuro en la escalera.

—Mamá... ¿quién llegó?

Andrea levantó la vista.

—Es el repartidor.

El muchacho observó a Alejandro durante unos segundos.

—Está completamente empapado...

Andrea asintió.

—Intento convencerlo de quedarse hasta mañana.

El joven miró por la ventana. La lluvia parecía incluso más fuerte que antes.

Después volvió a mirar a Alejandro.

—Si sales ahorita, es muy probable que termines enfermo... o algo peor.

Alejandro suspiró.

No conocía a esas personas.

Sin embargo...

Por alguna extraña razón, aquella casa le transmitía una paz que hacía muchos años no sentía.

Como si, por un instante, pudiera dejar de cargar el peso del mundo sobre sus hombros.

Sacó su teléfono.

—Está bien... solo por esta noche.

Andrea sonrió con alivio.

—Buena decisión.

Mientras Alejandro llamaba a su abuela para avisarle que estaba a salvo, Adán lo observó en silencio.

No sabía por qué.

Pero tenía el presentimiento de que aquel desconocido cambiaría sus vidas para siempre.

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