Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 17
Fernando, que había estado prestando atención a toda la conversación, por su teléfono interrumpió con preocupación: ¡Pero Selena, ¿qué estás haciendo?! No puedes aceptar bebidas de extraños, por más que sea solo un simple anillo. Eres demasiado confiada, Halo Halo.
Selena, sin hacer caso a su advertencia, pues no estaba pendiente del móvil, tomó el trago y lo probó. Con una expresión de sorpresa, exclamó: ¡Uy, este trago tiene un sabor diferente!.
César, rápido para darle su apoyo, comentó: Claro, porque es un buen trago.
Sin embargo, Fernando comenzó a sentir una creciente desconfianza hacia la situación. Pensando en Selena, se dijo a sí mismo que debía actuar rápidamente: Tengo que llegar a donde está ella. No puede pasarle nada; mis padres nunca me lo perdonarían.
Mirando a su alrededor, vio un bar al frente y corrió hacia él con la intención de llegar más rápido y asegurarse de que todo estuviera bien. Al entrar, su mirada se movía inquieta de un lado a otro, tratando de localizar a Selena entre la multitud.
Finalmente, pudo ver a Selena sentada en la barra, acompañada por un hombre moreno. Observó cómo ella reía y se divertía con ese desconocido, y no pudo evitar sentir un susurro de celos. Se acercó, llamando su atención: ¡Selena!.
César, que estaba a su lado, lo miró con rabia y le preguntó con desdén: ¿Y tú quién eres? Ella está conmigo. Selena lo miró sorprendida y se levantó de su asiento, pero en el instante siguiente quedó totalmente paralizada y sin palabras. Fernando, al notar la tensa situación, dirigió una mirada hostil hacia el hombre y afirmó: Ella se irá conmigo.
César, decidido, respondió: Ni lo sueñes. Ella está conmigo, nos iremos juntos. En medio de la creciente tensión, Selena, sintiéndose incómoda y abrumada, exclamó: Me siento muy extraña. Ante eso, César, sin dudarlo, insistió: Creo que es mejor que nos vayamos.
Fernando se interpuso de manera decidida frente a Selena y proclamó con firmeza: Ella no irá contigo a ningún lado. Soy su esposo y en este momento me la llevaré de aquí.
César lo miró fijamente, un tanto confundido, y pensó para sí mismo que, en efecto, era su esposo. Sin embargo, luego recordó las palabras de Selena, quien había mencionado que no tenía un verdadero vínculo matrimonial, ya que el anillo que llevaba puesto no significaba nada. Consciente de esto, César se atrevió a decir: Ella me dijo que no tenía esposo, solo un anillo, así que necesito que me des permiso.
Sin esperar respuesta, Fernando lo empujó con fuerza y replicó: Ella estará conmigo, soy su esposo, y ahora mismo me la llevaré. César, viendo a Fernando cargar a Selena, murmuró entre dientes: ¡Maldición!.
Fernando, decidido, sacó a Selena del lugar y, una vez afuera, la colocó en el suelo. Sin embargo, Selena comenzó a sentir un malestar, como si el calor la abrumara.
Fernando, con una expresión de incredulidad, exclamó: ¿Acaso estás loca?. Selena, sumida en un estado de ebriedad y afectada por las drogas, simplemente lo miró y, con una sonrisa desinhibida, respondió: Amor, qué rico te ves. Luego, sin pensarlo dos veces, lo besó con una pasión desbordante. Fernando, completamente sorprendido por la intensidad del beso, se dio cuenta de que alguien había drogado a Selena, lo que lo llenó de preocupación.
Rápidamente, la separó un poco de sí mismo y le dijo con calma: Selena, tranquilízate. Vamos a la cabaña, necesitas agua fría para despejarte. Mientras caminaban, él la sujetaba con firmeza, pero ella, todavía en su estado alterado, lo tocaba y volvía a besarlo, sin mostrar señales de querer detenerse.
Fernando, preocupado por su bienestar, decidió cargarla en sus brazos y apurar el paso hasta llegar a la cabaña. Al llegar, la llevó directamente al baño, ya que no quería involucrarse con ella en ese estado, especialmente porque su relación siempre había estado fundamentada en el respeto, y un contrato entre ellos dos por sus padres.
Selena, en la bañera, rompió el silencio con una súplica: Amor, ven aquí, hagamos el amor como antes. Fernando, sintiéndose incómodo y sorprendido por sus palabras, se quedó pensando en lo que significaba como antes. Una inquietante duda cruzó su mente: ¿Acaso te estás acordando de alguien más?
Selena, percibiendo su tensión, se acercó a él y lo atrajo hacia sí, haciendo que Fernando se sumergiera en el agua, incapaz de decidir qué hacer. En ese momento, Selena lo besó con una intensidad arrolladora, mientras repetía: Ayúdame.
Fernando la observó, absorbiendo su belleza; Selena era realmente deslumbrante y su cuerpo resultaba espectacular a la vista. Sin embargo, en su interior, una voz le recordaba que no la amaba en la forma en que deseaba amar. Su corazón seguía perteneciendo a Yuly. Aun así, la energía y la pasión que emanaban de Selena eran tan intensas que no pudo resistirse más. Los dos se entregaron a una conexión carnal que nunca había experimentado con nadie más. Fue un encuentro profundo y lleno de desbordante intimidad, donde las barreras se desvanecieron y dejaron atrás toda inhibición, y terminaron en la cama dormidos abrazados.
Por la mañana, Fernando fue el primero en despertarse. Al abrir los ojos, se encontró con la imagen de Selena durmiendo plácidamente a su lado. En ese instante, un pensamiento lo asaltó: ¿Cómo no pude contenerme? Recordaba la intensa y desbordante pasión que Selena emanaba, lo que había avivado aún más sus propios deseos.
Decidido a despejar su mente, se levantó de la cama y se dirigió al baño. El agua de la ducha caía sobre él, intentando lavar también la confusión que sentía por lo ocurrido la noche anterior. Tras una rápida ducha, salió y se encaminó a la cocina para preparar un café, sumido en sus reflexiones sobre lo que había sucedido entre ellos.
Por su parte, Selena se despertó aproximadamente una hora más tarde. Al abrir los ojos, fue inmediatamente golpeada por un fuerte dolor de cabeza que pulsaba con intensidad. Al darse cuenta de que se encontraba desnuda, sintió una oleada de vergüenza y rápidamente se cubrió con las sábanas. Su mente intentaba hacer un esfuerzo por recordar las circunstancias de la noche anterior: ¿Qué sucedió anoche? ¿Qué hice?, se cuestionaba, buscando desesperadamente algunos fragmentos de memoria que le ayudaran a entender la situación. Miró a su alrededor en busca de Fernando, pero no lo vio y, en un intento por hacer que los recuerdos volvieran, cerró los ojos y se repitió a sí misma: ¿Qué hiciste, Selena?