Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 1
El sol se había ocultado hacía unas horas, y la luz de las farolas apenas iluminaba el sendero del parque donde cuatro meses antes, bajo los colores dorados y anaranjados del atardecer, Miriam y Adam se habían jurado pertenecerse el uno al otro para siempre. El aire estaba frío, pero lo que realmente helaba la sangre era la tensión que flotaba entre ellos, cargada de palabras dichas a medias, de mensajes malinterpretados y de una prueba falsa que alguien había dejado caer en manos de Miriam con la intención de destruir todo lo que habían construido. Ella sostenía entre sus dedos un papel doblado, una nota escrita con letra imitada, unas frases que parecían salidas directamente del corazón del hombre que amaba, aunque en realidad eran el primer eslabón del plan cruel de Elisa Moretti.
—¿Es verdad lo que dice aquí? —preguntó Miriam, con la voz temblorosa y los ojos llenos de lágrimas que luchaba por contener. Su mano temblaba al extenderle la hoja, como si aquel objeto le quemara la piel—. Dices… dices que nunca me quisiste, que solo estuviste conmigo por interés, que ella siempre fue la única en tu vida.
Adam frunció el ceño, confundido y herido, y tomó el papel con precaución. Lo leyó dos veces, tres veces, y cada línea le parecía más ajena, más imposible de haber sido escrita por él. Levantó la mirada hacia ella, buscando en sus ojos la confianza que siempre había existido, pero solo encontró dolor y rechazo.
—Miriam, por favor… esto no lo escribí yo. Jamás he dicho ni pensado nada parecido. No entiendo de dónde salió esto, ni quién se atrevió a inventar algo tan horrible —respondió él, acercándose con paso lento y extendiendo la mano para tocarla, pero ella dio un paso hacia atrás, alejándose de su contacto como si fuera algo venenoso. Ese gesto le clavó una herida profunda en el pecho.
—¿Que no lo escribiste? ¡Conozco tu forma de escribir, conozco tus palabras! —exclamó ella, y esta vez las lágrimas cayeron libremente por sus mejillas—. ¿Cómo te atreves a negarlo cuando yo misma recibí esto, cuando también me contaron todo lo que pasaba a mis espaldas? Me dijeron que te veías con ella, que salían juntos, que hacías planes que nunca incluías a mí… y ahora tengo la prueba escrita. ¿Quieres que crea que todo es mentira? ¿Que llevo meses equivocada y tú eres la víctima?
Adam sintió desesperación apoderarse de él. No sabía de qué hablaba ella, no tenía idea de a quién se refería con aquella “ella”, ni entendía cómo cosas que nunca habían ocurrido se habían convertido en certezas para la mujer de su vida.
—¡No sé de quién me hablas! —gritó sin querer, pero su tono no era de ira, sino de angustia—. No hay nadie más, nunca hubo nadie más. Desde el día que te vi, solo existes tú. Te juré amor eterno, ¿recuerdas? Bajo el sol que se iba a esconder, te dije que nada ni nadie nos separaría. ¿Cómo puedes creer que rompería esa promesa así, sin motivo, sin explicación?
Miriam negó con la cabeza, y en su mirada ya no quedaba rastro de la ternura de antes. La duda, sembrada y alimentada poco a poco por las palabras manipuladas de Elisa, ya había echado raíces profundas.
—Tú dices que no hay nadie, pero las cosas no coinciden, Adam. Las veces que no estabas, las llamadas que no contestabas, las excusas que me dabas… todo encaja ahora. Me han abierto los ojos, aunque me duela en el alma reconocerlo. Fui una ingenua al pensar que lo nuestro era diferente, que era lo bastante fuerte para no caer en lo que le pasa a todos.
—¡Es que lo es! —insistió él, acercándose otra vez y tomándola de los hombros con suavidad, aunque ella intentó soltarse—. Lo nuestro es real, es verdadero. Alguien está metiéndose entre nosotros, alguien quiere hacernos daño, y lo está consiguiendo porque tú no me das la oportunidad de defenderme. ¿Por qué no me preguntaste antes? ¿Por qué esperaste hasta ahora, hasta tener esto en tus manos, para hablarme como si fuera tu enemigo?
—Porque tenía miedo —susurró ella, con voz rota—. Tenía miedo de escuchar la verdad, miedo de que lo que sospechaba fuera cierto. Pero ya no puedo seguir aquí, no puedo seguir junto a alguien en quien ya no logro confiar. Si fuiste capaz de ocultarme todo esto, si fuiste capaz de mentirme durante tanto tiempo, entonces nunca conocí al verdadero Adam.
Esas palabras fueron como un golpe directo al corazón. Adam sintió que se le partía el mundo en pedazos. Soltó sus hombros y bajó las manos, vencido y confundido, sin entender cómo habían llegado hasta ese punto, ni quién movía los hilos desde las sombras.
—¿Entonces… esto es todo? ¿Vas a irte sin escuchar mi versión, sin intentar averiguar qué está pasando realmente? —su voz se había apagado, convertida en un hilo de sonido cargado de tristeza—. ¿Cuatro años de amor, de momentos, de sueños compartidos… se terminan por una nota y por historias que alguien te contó?
Miriam se secó las lágrimas con la manga de su abrigo, levantó la cabeza con la firmeza que le quedaba, aunque por dentro todo se le desmoronaba.
—Para mí, ya se terminó hace tiempo… solo que yo no quería verlo. Adiós, Adam. Que te vaya bien con ella, y que nunca tengas que sentir el dolor que me has causado hoy.
Se dio la vuelta y empezó a caminar alejándose, sin mirar atrás, porque sabía que si lo hacía, se derrumbaría y le pediría perdón, le pediría que le dijera que todo era una pesadilla. Él se quedó parado en medio del camino, bajo la luz escasa, viendo cómo la persona que era su vida se alejaba poco a poco, sin saber que detrás de aquella traición inventada, detrás de aquella confusión que los separaba, existía un nombre que pronto volvería a salir a la luz: Elisa Moretti. Y mientras él se quedaba allí tratando de entender qué había pasado realmente, ella, desde una esquina oculta entre los árboles, sonreía satisfecha, sabiendo que su plan había funcionado a la perfección.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.