esta historia trata sobre dos estudiantes de universidad totalmente diferentes ya que uno es el popular y el otro el nerd de la clase con las mejores calificaciones que durante las vacaciones por cosa del destino se cruzan y así hablan un poco hasta que empiezan a ser más cercanos y empiezan una relación pero Adrián Walker es un estupido que solo vio a Liam como un pasatiempo durante las vacaciones
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el chico que me sonreia
El invierno había cubierto la ciudad con un frío suave y constante. Las luces navideñas seguían colgadas en algunas casas, iluminando las calles mientras pequeñas nubes de vapor salían de la boca de la gente al respirar.
Adrián Walker ajustó su bufanda mientras caminaba por la acera sosteniendo las correas de sus dos perros. Uno era enorme y torpe, llamado Max, y el otro más pequeño y energético, Toby. Ambos tiraban de él de vez en cuando, emocionados por cada olor nuevo.
Adrián era el típico chico callado del instituto. Siempre llevaba libros bajo el brazo, usaba lentes redondos y prefería pasar los descansos estudiando antes que hablando con nadie. No era precisamente invisible… pero tampoco alguien popular.
—Toby, no jales tanto… —murmuró riéndose un poco.
Y entonces pasó.
Toby soltó un ladrido emocionado y salió corriendo.
—¡¿Qué?! ¡Toby, vuelve!
Adrián casi resbaló en la nieve mientras corría detrás del perro. Pero antes de alcanzarlo, Toby saltó directo sobre alguien.
Un chico alto, de cabello oscuro despeinado y una sonrisa bonita.
El chico soltó una carcajada mientras Toby intentaba llenarle la cara de lamidas.
—Creo que le agrado —dijo divertido.
Adrián finalmente llegó, completamente avergonzado.
—¡Lo siento muchísimo! ¡Toby nunca hace esto!
Cuando levantó bien la mirada… se congeló.
Liam Carter.
El chico más popular del instituto.
Capitán del equipo de básquetbol. El chico que todos conocían. El que siempre estaba rodeado de amigos.
Y el mismo que ahora estaba acariciando a Toby como si nada.
—Tranquilo, nerd —rió Liam—. Tu perro tiene buen gusto.
Adrián sintió que la cara le ardía.
—N-no me digas nerd…
—Entonces dime tu nombre.
—Adrián…
—Liam.
Como si Adrián no supiera perfectamente quién era.
Max también se acercó moviendo la cola y Liam terminó acariciando a los dos perros mientras hablaba con Adrián como si fueran amigos de toda la vida.
Y eso fue raro.
Porque nadie hablaba así con Adrián.
Mucho menos Liam Carter.
Antes de irse, Liam sonrió ligeramente.
—Oye… ¿te gustaría salir conmigo algún día?
Adrián abrió los ojos.
—¿Eh?
—A tomar chocolate caliente o algo así. Tus perros pueden venir si quieres.
El corazón de Adrián empezó a latir tan rápido que pensó que iba a desmayarse.
—S-sí…
Liam sonrió todavía más.
—Perfecto.
Los días siguientes se sintieron como un sueño.
Liam empezó a buscarlo todos los días. Lo invitaba a cafeterías, caminaban por parques cubiertos de nieve y hasta terminaban jugando con los perros mientras se reían.
Liam era extrañamente cariñoso cuando estaban solos.
Le acomodaba la bufanda.
Le tomaba la mano.
Le decía cosas dulces al oído.
Y Adrián… simplemente cayó por completo.
Incluso su mamá adoraba a Liam.
—Ese chico es muy educado —decía sonriendo mientras servía chocolate caliente—. Además, Max y Toby lo aman.
Y era verdad.
Sus perros literalmente corrían hacia Liam cada vez que lo veían.
Una noche, mientras caminaban bajo las luces del centro, Liam tomó suavemente la mano de Adrián.
—Me gustas mucho, Adrián.
Adrián sintió que el corazón le explotaba.
—Tú también me gustas…
Liam se inclinó un poco y apoyó su frente contra la suya.
—Entonces deberías ser mío.
Y Adrián creyó que era el chico más feliz del mundo.
Pero las vacaciones terminaron.
El primer día de clases, Adrián estaba emocionado desde que despertó. Incluso tardó más arreglándose el cabello porque quería verse bien para Liam.
Cuando llegó al instituto, vio a Liam al final del pasillo rodeado de sus amigos populares.
Y sonrió automáticamente.
Sin pensarlo demasiado, corrió hacia él.
—¡Liam!
Lo abrazó por detrás.
—Buenos días, amor—
Pero en cuanto dijo eso…
Todo cambió.
Liam se apartó bruscamente como si Adrián le hubiera dado asco.
El pasillo quedó en silencio.
Adrián parpadeó confundido.
—¿L-Liam…?
El rostro de Liam cambió completamente.
Frío.
Duro.
Cruel.
—¿Qué demonios haces tocándome?
Adrián sintió un nudo en el pecho.
—Yo… yo solo…
Los amigos de Liam empezaron a reírse.
Uno sacó el teléfono.
Otro susurró: “Qué patético”.
Y entonces Liam habló más fuerte.
—¿De verdad pensaste que saldría contigo? —rió con desprecio—. Eres un raro, Walker.
El rostro de Adrián perdió completamente el color.
—Pero… tú dijiste que…
—¿Que me gustabas? —Liam soltó una carcajada—. Era una broma.
Más risas.
Cada una se sintió como un golpe.
—No me toques otra vez, estúpido nerd.
Adrián sintió los ojos arderle.
El pasillo daba vueltas.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Entendió cómo se sentía que alguien rompiera algo dentro de ti solo para divertirse.