Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 1: La boda equivocada
Renata no estaba feliz.
Pero tampoco podía darse el lujo de estarlo.
El vestido blanco pesaba más de lo que debía. No por la tela, sino por lo que significaba. Cada paso que daba hacia el altar era una decisión que ya no podía deshacer.
No había marcha atrás.
No después de firmar.
No después de aceptar el trato.
—Respira —susurró su amiga a su lado.
Renata lo hizo.
Pero no ayudó.
Porque el problema no era el nerviosismo.
Era la duda.
Todo había pasado demasiado rápido.
Una propuesta inesperada.
Una cantidad de dinero imposible de rechazar.
Una solución para todos sus problemas.
Y una única condición:
Casarse.
Sin preguntas.
Sin conocer demasiado.
Sin complicaciones.
Renata aceptó.
Por su familia.
Por las deudas.
Por la desesperación.
Pero ahora, de pie frente al altar… algo no se sentía bien.
El salón era enorme, lleno de gente importante que ni siquiera conocía. Luces elegantes, música suave, sonrisas falsas.
Todo perfecto.
Demasiado perfecto.
Levantó la mirada hacia el hombre que la esperaba al final.
Traje oscuro. Postura firme. Mirada seria.
No sonreía.
Y eso… no estaba en el acuerdo.
Renata frunció levemente el ceño.
Algo estaba mal.
Muy mal.
Siguió caminando, ignorando el nudo en el estómago.
Un paso más.
Otro.
Y entonces lo vio claro.
Ese no era el hombre de las fotos.
Su corazón dio un golpe seco.
Se detuvo.
—Sigue —susurró alguien detrás.
Pero Renata ya no escuchaba.
Porque ahora lo entendía.
No era un error pequeño.
Era un error enorme.
El hombre frente a ella la observaba sin intención de corregir nada.
Como si todo estuviera exactamente como debía.
Como si él… supiera.
Renata llegó hasta el altar.
Su mente iba demasiado rápido.
Esto no era lo que acordó.
No era con él.
Pero todos estaban mirando.
Y la ceremonia… continuó.
—¿Aceptas a este hombre como tu esposo?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Renata tragó saliva.
Podía detenerlo.
Podía decir que no.
Podía irse.
Pero entonces pensó en su madre.
En las cuentas.
En todo lo que estaba en juego.
Cerró los ojos un instante.
Y decidió.
—Sí.
La voz le salió más firme de lo que se sentía.
—¿Y usted?
El hombre ni dudó.
—Sí.
Frío. Seguro. Sin emoción.
Como si no le importara en absoluto.
El beso fue breve.
Formal.
Vacío.
Y en ese instante, Renata lo supo:
Acababa de cometer el mayor error de su vida.
Horas después…
El silencio del auto era incómodo.
Renata miraba por la ventana, intentando ordenar lo que acababa de pasar.
No pudo más.
—Esto no era lo acordado.
Su voz rompió el silencio.
El hombre a su lado no respondió de inmediato.
Seguía mirando al frente.
Tranquilo.
Como si nada fuera urgente.
—Lo sé —dijo finalmente.
Renata giró hacia él, sorprendida.
—¿Lo sabes?
—Claro.
—Entonces… ¿por qué estás aquí?
Ahora sí la miró.
Directo.
Sin suavizar nada.
—Porque el matrimonio sigue siendo válido.
Renata sintió una mezcla de enojo y confusión.
—Yo no acepté casarme contigo.
—Pero firmaste.
—Eso no significa que…
—Significa exactamente eso.
La interrumpió sin elevar la voz.
Y eso la molestó más.
—Esto es un engaño.
—No —respondió él con calma—. Es una oportunidad.
Renata soltó una risa sin humor.
—¿Para quién?
—Para ambos.
Ella negó.
—No sabes nada de mí.
—Lo suficiente.
Eso la hizo fruncir el ceño.
—¿Y tú? ¿Quién eres realmente?
Hubo un breve silencio.
Como si decidiera cuánto decir.
—Gael Montenegro.
El nombre le sonó.
Y no de buena manera.
Renata se tensó.
—¿Tú eres…?
—Sí.
El silencio volvió.
Pero esta vez… más pesado.
Porque ahora entendía algo más.
No solo se había casado con el hombre equivocado.
👉 Se había casado con alguien peligroso.
El auto se detuvo frente a una casa enorme.
Demasiado grande para sentirse como hogar.
Gael bajó primero.
Luego abrió su puerta.
—Bienvenida.
Renata lo miró sin moverse.
—Esto no va a funcionar.
Él no se molestó.
Ni discutió.
Ni se defendió.
Solo dijo:
—No tiene que funcionar.
Pausa.
Y entonces añadió, mirándola fijo:
—Solo tienes que quedarte.
Renata sintió un escalofrío.
Porque por primera vez desde la boda…
entendió algo aún peor.
👉 Esto no había sido un error.
👉 Había sido planeado.
Y ella estaba dentro.
Sin saber cómo salir.