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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:127.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 — La hija de Lady Valmont

En mi casa nunca se levantaba la voz para herir, no hacía falta; bastaba el silencio de mi madre para hacerme sentir pequeña.

Crecí aprendiendo eso.

Cómo sentarme recta, cómo bajar la mirada en el momento correcto, cómo responder sin parecer insolente, cómo sonreír sin mostrar demasiado de mí. Lady Valmont no crió una hija para consentirla, crió una dama para exhibirla ante el mundo y yo, durante años, creí que si lograba ser lo bastante correcta algún día recibiría de ella algo parecido al cariño.

Nunca ocurrió.

Aquella mañana estaba bordando junto a la ventana cuando escuché su voz.

—Rosaline.

No fue un llamado, fue una orden.

Dejé la aguja y me puse de pie enseguida.

—Sí, madre.

Ella sostenía unos papeles y apenas me miró.

—Acércate.

Obedecí.

Siempre obedecía. Mis manos estaban frías y no sabía por qué.

—Mañana vendrá el modista.

Parpadeé.

—¿Para qué?

—Para tu vestido de boda.

Sentí que me quedaba inmóvil. Pensé que había escuchado mal.

—¿Mi… boda?

Levantó los ojos, grises y duros como siempre.

—Te casarás con el duque Erick de Ravenshire.

No hubo preparación. No hubo explicación amable. Solo esas palabras dichas como si me informara del cambio de estación.

No supe qué responder.

—Yo no sabía nada.

—Ahora lo sabes.

—Madre…

La miré intentando entender si aquello podía discutirse.

No podía. Lo vi en su rostro.

—Es una alianza necesaria. El ducado necesita ayuda financiera, nosotros necesitamos el acuerdo. Está decidido.

Mis labios se movieron antes de pensar.

—¿Y mi opinión?

Ella dejó los papeles sobre la mesa.

—No te confundas, Rosaline. No se te está pidiendo elegir.

Sentí vergüenza por haber preguntado. Ridículo, ¿verdad?bHasta en ese momento me hizo sentir culpable.

—¿Conoce al duque?

—Sí.

—¿Es un buen hombre?

Mi madre me observó como si yo siguiera teniendo diez años.

—Es un duque.

—Eso no responde.

Su mirada se endureció.

—Responde más de lo que deberías saber.

Guardé silencio. Pero dentro de mí había algo apretándose.

—Puedes retirarte.

Eso fue todo. La noticia que cambiaría mi vida cabía en unas pocas frases.

Salí del salón intentando caminar con dignidad y apenas llegué al corredor tuve que apoyarme en la pared.

Casarme. Con un desconocido. Porque mi familia lo había decidido.

Porque yo era parte de un acuerdo.

No lloré. No por fortaleza, creo que estaba demasiado confundida.

Fui al invernadero.

Siempre iba allí cuando necesitaba pensar. Las rosas estaban abiertas por la luz de la mañana y me quedé mirándolas sin verlas.

De niña pregunté una vez si podía casarme por amor.

Mi madre respondió:

“El amor es un lujo inútil.”

Yo tenía doce años. Todavía lo recordaba.

—Mi lady.

Era Edith. Mi única compañía verdadera. Se acercó con esa dulzura que siempre tenía conmigo.

—¿Sucede algo?

La miré.

—Voy a casarme.

Abrió los ojos.

—¿Qué?

—Con el duque de Ravenshire.

Se llevó una mano al pecho.

—No me diga que acaba de enterarse.

Sonreí apenas.

—Acabas de describirlo perfectamente.

Edith frunció el ceño.

—¿Y está bien?

Pensé responder que sí. Era lo que siempre decía. Pero me salió la verdad.

—No lo sé.

Ella bajó la voz.

—Dicen que el duque es un hombre difícil.

—Ni siquiera sé cómo luce.

—También dicen que es muy apuesto.

La miré.

—Edith, eso no mejora nada.

Ella soltó una pequeña risa.

—No, supongo que no.

Yo también sonreí, apenas. Era extraño cómo solo con ella podía sentirme menos sola.

Aquella noche cené frente a mi madre en un silencio insoportable hasta que reuní valor.

—¿Por qué él aceptó casarse conmigo?

Ni siquiera dejó el cubierto.

—Porque necesita mi dinero.

La respuesta me atravesó. Sin adornos. Sin compasión.

—Entonces me compra.

—Te casas.

La miré.

—No siento diferencia.

Sus ojos subieron hasta los míos.

—Tendrás que madurar.

Sentí enojo, uno pequeño, torpe. Raro en mí.

—¿Le importa si soy feliz?

Silencio.

Luego dijo:

—Las mujeres nobles no viven para perseguir felicidad.

No respondí. Porque si hablaba quizá iba a romperme.

Esa noche no pude dormir. Imaginé al hombre que me esperaba.

Frío. Orgulloso. Indiferente. Tal vez cruel.

Pensé algo que me avergonzó:

¿Qué pasaría si me mira con la misma distancia con que me mira mi madre?

Los días siguientes fueron una locura de costureras, joyas, visitas, listas.

Todos decidían sobre mi vida como si yo fuera una figura colocada en un salón.

Yo asentía. Sonreía. Cumplía. Como siempre.

Pero algo dentro de mí ya no estaba tan quieto. Días después mi madre me llamó a su despacho.

Entré.

Sostenía un pequeño retrato. Me lo tendió.

—Tu prometido.

Lo tomé. Y me quedé mirando.

Cabello rubio recogido en una cola. Rostro masculino. Facciones duras. Ojos grises.

Muy hermosos.

Demasiado serios. Parecía un hombre imposible de desafiar.

No sé cuánto lo miré. Mi madre habló.

—No te hagas ideas de que te va a amar como en los cuentos de hadas.

—No estoy haciéndolo.

—Bien.

Pero antes de irme dije algo que llevaba años guardando.

—Madre.

—¿Qué?

Mi voz salió más baja.

—¿Usted alguna vez me quiso?

Nunca había preguntado eso. Nunca me atreví. Ella quedó inmóvil.

Yo también. Pensé que me reprendería. Pero respondió:

—Te crié para sobrevivir.

Mi pecho dolió.

—No pregunté eso.

Su mirada se apartó.

—Vete a descansar.

Me quedé quieta unos segundos. Entendí que era todo lo que recibiría. Y dolió más de lo que quiero admitir.

Esa noche Edith me cepillaba el cabello.

—Está pensando demasiado.

—Voy a casarme con un hombre que no conozco.

—Eso bastaría para que cualquiera piense demasiado.

Me hizo sonreír. Luego dije:

—¿Crees que mi madre me quiere?

Edith se detuvo.

—Sí.

No sonó convencida.

—No me mientas.

Suspiró.

—Creo que su manera de querer es muy dura.

Miré mi reflejo.

—A veces pienso que jamás me vio como hija.

Edith apoyó las manos en mis hombros.

—Yo sí la he visto.

La miré.

—¿Cómo?

Sonrió.

—Como alguien demasiado buena para esta gente.

Reí por lo bajo.

—No sobrevivo en este mundo siendo buena.

Ella se inclinó.

—Tal vez sobreviva siendo más fuerte de lo que cree.

Sus palabras se me quedaron. Más tarde, sola frente al espejo, pensé en ellas.

Siempre había obedecido.

Siempre cedido.

Siempre intentado agradar.

¿Y para qué?

Iba a ser enviada a una casa extraña, con un marido desconocido, sin una sola garantía de afecto.

Y aun así…

No quería llegar a ese matrimonio siendo una sombra.

No sabía todavía en qué me convertiría.

Seguía siendo la muchacha dócil que bajaba la cabeza.

Seguía siendo la hija de Lady Valmont. Pero mientras apagaban las luces de la mansión tuve una certeza silenciosa.

No quería pasar toda mi vida siendo gobernada por la voluntad de otros.

Tal vez aún no sabía defenderme.

Tal vez aún tenía miedo.

Pero algo dentro de mí comenzaba a despertar.

Y aunque nadie podía verlo todavía, incluso yo apenas lo entendía, la mujer que un día sería llamada la duquesa había comenzado a nacer.

1
Patricia Spaltro
así es
Aracelis León García
hermosa esta historia rápida y presisa
Aracelis León García
me encantan estas protagonistas aguerridas einteligentes
Aracelis León García
me fascinan las novelas cortas son interesantes desde que empiezan hasta que terminan no son fastidiosas
Aracelis León García
esa putinski esta enamorada del pendejo ese que se hace el idiota
Yenifer Luna
ya era hora
Bëttÿ Törrës
✨📖 Felicitaciones por esta maravillosa obra. A lo largo de cada capítulo nos hicieron reír, emocionarnos, sufrir y enamorarnos de la historia de la Duquesa Larga. Gracias por compartir tanto talento, creatividad y dedicación en cada detalle. Ha sido un viaje inolvidable junto a estos personajes tan especiales. Les deseo mucho éxito y que esta historia siga conquistando corazones. 💖🌹
Yasna Ramirez
me hubiera gustado saber que pasó con la mama de Rosaline
Aide Falconi Gutierrez
bonita historia. pero quede con dudas. que pasó con Gabriela, con la madre de la protagonista?
America Lopez
excelente lectura, muy bien redactada, hecha para llevar a la imaginación
America Lopez
que intercambio tan intenso
Helizahira Cohen
Me gusta mucho, buena redacción y una trama bonita y apasionante
RAV
❤️
Martha Patricia Henry Anaya
eran amantes por eso no le decía nada ,al final pobre mujer
Martha Patricia Henry Anaya
es un conchuda que quiere que ella solucione su desorden
Martha Patricia Henry Anaya
si pero el debe darle el lugar en esa época cuando el esposo no se los daba el personal no respetaba , triste pero cierto
Nena
Simplemente hermosa🥰🥰🥰 cada uno encontró su lugar
Nena
Simplemente hermosa🥰🥰🥰 cada uno encontró su lugar
Valeria Ruiz
Esoooo 👏
Valeria Ruiz
Sabias palabras ❤️
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