Camila nunca imaginó que el hombre que marcó su adolescencia regresaría a su vida de la forma más inesperada. Leví, ahora un hombre poderoso y rodeado de sombras, no solo reclama su atención, sino que la arrastra a un mundo donde el peligro y la pasión caminan de la mano. Entre secretos familiares y una red de poder, Camila deberá decidir si proteger su corazón o entregarse al hombre que siempre fue su destino.
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CAPÍTULO 1 – EL ASCENSOR
El edificio de la corporación era intimidante, una mole de acero que parecía desafiar la gravedad. Las inmensas ventanas de cristal reflejaban un cielo gris plomizo.
El mármol pulido bajo sus tacones parecía vibrar con cada uno de sus pasos, devolviendo un eco seco que retumbaba en el gran vestíbulo. Era un lugar tan alto y majestuoso como los sueños que Camila había decidido enterrar años atrás, bajo capas de realidad y resignación.
Las puertas de vidrio se abrieron con un susurro elegante, casi imperceptible, y una corriente de aire frío le acarició el rostro, erizándole la piel. Respiró hondo, intentando llenar sus pulmones de un valor que no sentía.
—Solo es un trabajo —se repitió en voz baja, ajustando con fuerza la tira de su bolso contra su hombro.
El frío del lugar la envolvía de una manera extraña, como si el aire helado le recordara constantemente lo distante que estaba de su antiguo yo; esa chica llena de ilusiones que una vez creyó que el mundo entero le pertenecía.
El espejo del ascensor, impecable y brillante, devolvía su silueta temblorosa mientras subía a gran velocidad. Tenía que dejar los nervios atrapados en el primer piso si quería sobrevivir a esa entrevista.
—No puedo fallar, no hoy —pensó con desesperación, observando sus propias manos y tratando de calmar el temblor involuntario que delataba su ansiedad.
Cuando las puertas finalmente se abrieron en el piso 49, el lujo se volvió opresivo. Una recepcionista impecable, con cada cabello en su sitio y una sonrisa medida bajo un estándar profesional, la saludó sin siquiera levantar la vista de su pantalla.
—El señor Leví la recibirá en unos minutos —anunció la mujer con una voz plana, carente de cualquier inflexión humana.
Camila se quedó sola en una sala de espera demasiado elegante para su gusto personal. Todo a su alrededor era moderno, perfecto… y terriblemente frío. El diseño minimalista gritaba éxito, pero carecía de alma. Como aquel ambiente. Como su propio reflejo en los cristales.
“Leví”, pensó para sus adentros. El nombre le había sonado vagamente familiar desde que vio la convocatoria, pero en su mente no quiso detenerse en ello, prefiriendo enfocarse en la necesidad económica que la había llevado hasta allí.
Cinco minutos después, el pesado silencio se rompió cuando una puerta de madera oscura se abrió. Y su mundo se detuvo de golpe.
Sintió que el aire se espesaba de repente, volviéndose denso e irrespirable. Él estaba allí, de pie en el umbral, dominando el espacio con su sola presencia. No era una foto borrosa, ni un recuerdo adolescente que el tiempo hubiera desgastado. Era él en carne y hueso.
Aquel chico flaco y callado que desapareció una tarde de lluvia sin despedirse había dejado de existir. En su lugar, ahora había un hombre imponente. Vestía un traje negro hecho a medida que gritaba poder y estatus.
Su mirada era de puro hielo y su voz, cuando habló, sonó afilada como una cuchilla. Era el único hombre que había logrado romperla en mil pedazos sin siquiera ponerle una mano encima.
—Camila Morales —dijo él, dibujando una mueca apenas perceptible, casi un gesto de triunfo amargo.
—¿Leví…? —susurró ella, incrédula, sintiendo cómo el corazón le golpeaba las costillas con una violencia que amenazaba con dejarla sin aire.
Él, sin apartar sus ojos oscuros de los de ella, respondió con una frialdad que calaba hasta los huesos:
—No pensé que volvería a verte por aquí. Pero qué curioso resulta el destino... ahora trabajas para mí.
En ese instante, el suelo firme bajo los pies de Camila dejó de serlo. Un rayo de nostalgia mezclado con pavor cruzó veloz por su pecho, trayendo imágenes fugaces de otra vida: una risa compartida en medio del pasillo del colegio, una promesa que se rompió antes de cumplirse y un adiós que nunca llegó a pronunciarse.
El pasado estaba allí, más vivo que nunca, parado frente a ella. Y ahora, por un giro cruel de la vida, tenía que obedecerlo.