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PECADO EN EL DESIERTO ATADA AL JEQUE

PECADO EN EL DESIERTO ATADA AL JEQUE

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Matrimonio arreglado
Popularitas:40.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Azly colon

**Una noche de hotel con un extraño salvó su orgullo... hasta que descubrió que ese extraño era el hombre dueño de su vida.
Serena sabía que su libertad tenía fecha de caducidad. Para salvar el legado de su padre, debía casarse con un despiadado y poderoso Jeque al que jamás había visto. Como último acto de rebeldía, decide entregarse a una noche de pasión desenfrenada en Nueva York con un desconocido imponente y de ojos magnéticos. Una noche donde no hubo nombres, solo fuego.
Al amanecer, ella huye creyendo que el secreto quedará enterrado. Pero la pesadilla comienza horas después, en la reunión forzada para conocer a su prometido. Sentado a la cabecera de la mesa, con una sonrisa fría y calculadora, se encuentra Zayd Al-Maktoum. El Jeque no solo es su futuro esposo por contrato... es el mismo hombre con el que rompió todas las reglas la noche anterior. Zayd no tolera la insubordinación, y ahora que sabe que su prometida es la hermosa ladrona que huyó de su cama.

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capitulo 21

Me obligué a mirar más allá de mi propia frustración. El espectáculo era abrumador. Desde esa altura, el desierto no parecía un lugar muerto; parecía un ser vivo, una extensión de dunas que cambiaban del amarillo pálido al rojo encendido bajo los efectos de las nubes altas. A lo lejos, las rocas de una cordillera lejana brillaban como diamantes negros. Era hermoso, salvaje y terriblemente intimidante.

—Los extranjeros ven esto y solo piensan en petróleo, en dinero o en un vacío hostil —comenzó a decir Zayd, y su voz ya no tenía ese tono gélido e internacional de las salas de juntas de Manhattan; era una voz llena de una pasión profunda, ruda y ancestral—. Pero para mi pueblo, esto lo es todo. Aquí no hay contratos que falsificar, nena. No hay fiscales que sobornar ni bancos que puedan quebrar. El desierto te quita todo lo que es falso y te deja solo con lo que de verdad importa: tu resistencia, tu fuerza y tu verdad. Si eres débil, la arena te devora. Si eres fuerte, te conviertes en parte de ella.

Lo miré de reojo. El viento del desierto le agitaba el cabello oscuro y sus ojos ámbar brillaban con una intensidad mística mientras contemplaba la tierra de sus ancestros. En ese momento, por primera vez desde que lo conocí en aquella suite de hotel, empecé a ver al hombre detrás del monstruo calculador. No era solo un multimillonario con trajes a medida y abogados implacables; era un hijo del desierto, un hombre moldeado por un entorno que no perdonaba los errores, un líder que cargaba con el peso de una dinastía entera sobre sus hombros. La traición de Yasmin de la que me había hablado Amina cobraba una dimensión aún más trágica aquí afuera: ella no solo le había robado secretos; había profanado el único lugar donde él se sentía real.

—¿Por eso eres tan implacable, Zayd? —preguntó en voz baja, dejando que mi yegua se acercara un paso a su caballo—. ¿Porque tienes miedo de que, si dejas de controlar cada detalle, la arena te devore a ti también?

Zayd giró la cabeza lentamente hacia mí. Su mirada se clavó en mis ojos con una fijeza que me cortó la respiración.

—No tengo miedo de la arena, Serena. Tengo claro lo que soy y lo que valgo —respondió, y su barítono bajó a una octava ruda, cargada de una intención erótica que me encendió la piel—. El control no es miedo; es la única forma de asegurar que lo que es mío permanezca a mi lado. En Nueva York vi una mujer que tenía el mismo fuego que esta tierra. Una mujer que no se vendía por un par de joyas. Te quería en mi palacio no para romperte, sino porque eres la única que tiene la fuerza suficiente para soportar el peso de mi mundo sin desaparecer en la sombra.

La confesión, ruda y directa, me golpeó con la fuerza de un impacto físico. La tensión sexual que habíamos estado acumulando durante los últimos días, reprimida por su estricta autodisciplina, explotó en el aire entre los dos caballos. Mis ojos descendieron a su pecho desnudo, donde el sudor brillaba bajo el sol, y sentí un espasmo violento de deseo en mi bajo vientre. Estábamos a millas de distancia de la civilización, solos en la inmensidad del mundo, y la tentación de arrojarme de la silla para enredar mis dedos en su cabello era casi insoportable.

Zayd pareció notar la traición de mis pensamientos; sus pupilas se dilataron y extendió la mano para alcanzar la mía, pero antes de que nuestros dedos pudieran tocarse, un cambio brusco en la atmósfera nos obligó a reaccionar.

El viento suave que nos había acompañado se transformó en un segundo en un silbido agudo, un lamento ensordecedor que recorrió las dunas. El cielo, que hasta hace un momento era de un azul limpio, se tiñó de un tono ocre, espeso y siniestro. A lo lejos, una muralla inmensa de arena y polvo, de cientos de metros de altura, avanzaba hacia nosotros a una velocidad aterradora, borrando el horizonte por completo.

Los caballos relinchaban con fuerza, moviendo las patas con pánico, intuyendo el peligro antes que nosotros.

—¡Una tormenta de arena! —gritó Zayd, y su tono recuperó la urgencia del mando militar. Tiró de las riendas de Asfal, obligando al semental a girar—. ¡Tenemos que movernos ya, Serena! Si nos quedamos en la cresta de la duna, la arena nos enterrará vivos.

—¡¿Hacia dónde?! —le grité de vuelta, intentando mantener el control de Najma, que se encabritaba por el miedo mientras el viento comenzaba a azotarnos el rostro con finos granos de polvo que quemaban como agujas.

—¡Sígueme de cerca! ¡No te separes de mí por nada del mundo! —ordenó Zayd, espoleando a Asfal hacia la base de la duna, descendiendo a una velocidad que desafiaba el peligro.

Apreté los muslos contra los costados de Najma y la obligué a seguirlo. El descenso fue un torbellino de polvo y adrenalina. La visibilidad se redujo a unos pocos metros en cuestión de minutos; la muralla de arena nos alcanzó, envolviéndonos en una oscuridad dorada y asfixiante donde el sonido del viento lo tapaba todo. Apenas podía distinguir la silueta negra de la túnica de Zayd abriendo camino entre la tormenta. El polvo se colaba por mis ojos y mi boca, dificultándome la respiración, y el pánico comenzó a cerrarse alrededor de mi garganta.

Cabalgamos a ciegas durante lo que parecieron horas, pero que seguramente fueron solo unos minutos de terror puro. El desierto se había convertido en un monstruo que intentaba devorarnos.

De repente, Zayd desvió a Asfal hacia una zona de formaciones rocosas que surgían de la arena como dientes de piedra. En medio de dos inmensas paredes de roca natural, resguardada de la furia directa del viento, se alzaba una estructura baja, hecha de pesadas lonas de pelo de camello de color oscuro, ancladas con estacas de hierro a la piedra. Una tienda beduina abandonada, un antiguo refugio de pastores nómadas que el desierto utilizaba como salvavidas para los viajeros perdidos.

Zayd desmontó antes de que Asfal se detuviera por completo, corrió hacia Najma y me tomó de la cintura con sus manos grandes, bajándome de la silla de un tirón firme. El contacto de su cuerpo caliente contra el mío en medio del caos fue un anclaje de realidad.

—¡Adentro, rápido! —me gritó al oído, empujándome hacia la abertura de la lona gruesa mientras él se encargaba de asegurar las riendas de los caballos a las argollas de hierro de la roca exterior.

Me deslicé por la abertura, cayendo al suelo de tierra y alfombras viejas de la tienda, justo cuando una ráfaga violenta de viento azotaba la lona exterior con la fuerza de un camión, sellando la entrada detrás de nosotros y sumergiéndonos en un silencio sepulcral, espeso y cargado de una electricidad peligrosa.

1
Yasmach
Eres una cajita de sorpresas Serena
Yasmach
Tu solita te metiste en ese lío por impulsiva y cabeza dura
Yasmach
Insisto que imprudente eres
Yasmach
Y por qué está descalza ?
Yasmach
La verdad que no entiendo su molestia, si desde el principio sabía que era parte de una negociación.
Yasmach
Debería vestirse antes de esperarlo para pelear
Yasmach
Esta niña si es imprudente
Yasmach
Esto es un tire y encoge
Yasmach
Me caes mal
Carolina A²V
La sacas de la cama de un monstruo para meterla en la cama de otro monstruo 🤣🤣🤣🤣🤣
Carolina A²V
🤣🤣🤣🤣🤣 que paso Serena llevas tres bolas y un strikle esperando el ponche 😁😁
Carolina A²V
y tu inmadurez y tu capricho obviamente aprovechas z sacarlos a pasear 🫤😮‍💨
Carolina A²V: demasiado cansona
total 3 replies
Carolina A²V
Zaid te vistió así que se aguante
🖤Liss🤍
pero primero lo consumaron y después lo realizan legalmente 🤪
🖤Liss🤍
esa vida en el desierto promete 🤪
Yasmach
Ay no Zaid eres pura amenazadera, ya te veré de rodillas pidiendo que te quieran
Carolina A²V
estoy en camino
Carolina A²V
esta entró como Peter por su casa quien se cree❓️🤔
Yasmach
O dudo que le expliacaras detalladamente su error 😥
Griselda Lozano
Muchas gracias, es una linda historia 🥰
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