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Papá Por Accidente

Papá Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Malentendidos / Aventura
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Migu

La vida despreocupada de fiestas y alcohol del universitario Esteban Anderson da un vuelco total cuando una mañana encuentra una bebé en su porche con una nota de despedida. Tras confirmar por ADN que es su hija y comprobar que la madre nunca volverá, Esteban deja atrás los excesos para criarla solo. Entre trabajos de madrugada, clases universitarias y un amor incondicional, bautiza a la pequeña Isabella y descubre que el propósito más grande de su vida era convertirse en su padre.

NovelToon tiene autorización de Migu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

El cartel colocado en la entrada principal de la facultad de administración era enorme y llamativo: “Jornada de Integración y Convivencia Familiar Universitaria”. Abajo, en letras más chicas, se indicaba que los estudiantes con hijos podían traerlos al campus para pasar una tarde de actividades recreativas, música y convivencia en las áreas verdes del jardín central.

Hacía año y medio que mi vida se había puesto de cabeza, y ahora, mirando el calendario en mi teléfono, me daba cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. Isabella ya tenía un año y medio. Ya no era la bebé frágil que cabía en una canasta de mimbre ni la niña torpe que daba sus primeros pasos tambaleantes. Ahora corría por toda la casa, soltaba frases cortas, me exigía la mano para cruzar el patio y se había convertido en el alma absoluta de nuestros días.

Esa tarde de viernes, el sol brillaba con una fuerza agradable sobre el césped del campus. Me había puesto una camisa limpia de botones y mis tenis más cómodos. Pero la verdadera estrella del día era Isabella. Mi mamá le había comprado un vestido ligero de mezclilla con pequeños bordados de flores rojas en el cuello y unos zapatitos blancos de charol que le brillaban con cada paso. Llevaba el cabello oscuro amarrado en dos coletas pequeñas con listones a juego que le daban un aire travieso y encantador.

Llegamos al campus caminando desde el estacionamiento. Yo llevaba la pañalera colgada al hombro y de la otra mano sostenía a Isabella, que avanzaba a saltitos, mirando con los ojos muy abiertos a los grupos de estudiantes que iban y venían cargando libros, carpetas y pancartas para los stands del evento.

Al cruzar el umbral del patio central, sentí por una fracción de segundo esa vieja punzada de nerviosismo en la boca del estómago. Era el mismo lugar donde el profesor Benítez me había prohibido la entrada un año atrás, el mismo sitio donde los murmullos y las miradas despectivas de algunos compañeros me hacían querer desaparecer.

Pero esta vez fue totalmente diferente.

No bajé la mirada ni intenté ocultarme detrás de las columnas. Enderezé la espalda, llevé la barbilla en alto y caminé con paso firme, sintiendo el orgullo más puro golpeándome el pecho. Isabella tiró suavemente de mi mano, deteniéndose frente a un puesto donde regalaban globos de colores y calcomanías.

—¡Papá, globo! —dijo la pequeña señalando con el dedo índice un inflable con forma de estrella brillante, soltando una risita ansiosa.

—Claro que sí, princesa, vamos por él —le respondí con una sonrisa amplia, cargándola en brazos para que pudiera elegirlo ella misma.

Mientras nos acercábamos al puesto central, varias personas comenzaron a voltear. Entre ellos estaba el grupo de estudiantes de la primera fila, incluidos algunos de los antiguos conocidos que solían mirarme con desdén. Pero ya no había burlas en sus rostros; había una mezcla de genuina sorpresa y respeto silencioso al ver cómo me movía con total naturalidad, cargando a mi hija sin importarme lo que dijeran los demás.

Incluso el decano de la facultad, un hombre de cabello completamente blanco y lentes redondos que solía presidir los comités académicos, se encontraba conversando con un profesor cerca de la fuente de piedra. Al vernos pasar, el decano detuvo su charla, nos miró y esbozó una cálida sonrisa, levantando la mano a modo de saludo.

—Buenas tardes, Anderson. Veo que hoy trajo a la invitada de honor a la facultad —dijo el decano con un tono amable, acercándose unos pasos para mirar a la niña.

Isabella, lejos de intimidarse por la presencia de una autoridad universitaria, se inclinó hacia adelante desde mis brazos, le regaló una sonrisa con todos sus dientecitos y agitó la mano con soltura.

—¡Hola, señor! —saludó Isabella con su vocecita aguda y clara.

El decano soltó una carcajada franca y asintió con la cabeza, visiblemente conmovido.

—Qué niña tan despierta y encantadora tienes, Esteban. Es un orgullo ver cómo has equilibrado tus estudios con tu papel de padre. Vas por excelente camino para el cierre de la carrera —nos felicitó el decano antes de despedirse con una palmada ligera en mi hombro.

Sentí que una ola de satisfacción infinita me recorría de pies a cabeza. Todo el esfuerzo de las madrugadas en vela, los libros de texto estudiados a las cuatro de la mañana, el sudor en el taller de Martín y las renuncias económicas que había tenido que hacer, como empeñar mi vieja guitarra, cobraban sentido en ese exacto segundo. No estaba ocultando mi vida ni pidiendo disculpas por ser joven y padre a la vez. Estaba presumiendo al motor de mi existencia frente a todo el mundo, con la cabeza en alto y el orgullo intacto.

Poco después, Lucas apareció corriendo entre los puestos con una bolsa de palomitas de maíz en la mano y una gorra puesta al revés.

—¡Llegó el tío favorito de la facultad! —gritó Lucas con una sonrisa de oreja a oreja, agitando la bolsa antes de agacharse para saludar a Isabella, quien corrió a abrazarlo de las piernas—. ¡Vaya, pero qué elegante viene la sobrina hoy! Prepárense, chicos, porque con ese vestido va a robarse todas las miradas del campus.

Pasamos la siguiente hora recorriendo los diferentes stands de actividades. Isabella se subió a los juegos inflables instalados para la ocasión, aplaudió con los ojos brillando de emoción mientras un grupo de teatro universitario hacía malabares con pelotas de colores, y compartió sus palomitas con Lucas mientras reíamos a carcajadas sentados sobre el césped.

Ya no quedaba rastro de aquel joven inseguro, perdido y arrastrado por la corriente de las fiestas sin fin. Sentado allí, con el sol de la tarde iluminando el jardín de la universidad y con Isabella recostada tranquilamente sobre mi hombro mientras comenzaba a quedarse dormida por el cansancio de tanta diversión, supe que habíamos ganado la batalla más importante de nuestras vidas. La facultad ya no era un lugar hostil que me cerraba las puertas; era el escenario donde mi hija y yo habíamos construido un futuro de verdad.

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Cliente anónimo
Quiero leerla , se ve interesante
bruja de la imaginación 👿😇
q manera de llorar 😭 senti como si su dolor fuera mío
bruja de la imaginación 👿😇
ay no😭😭 por favor
Jazmín Adriana Muelas Morales
me encanta 😍es hermoso como muestra todo lo que puede llegar a pasar
Jazmín Adriana Muelas Morales
me alegro 🥰 todo esfuerzo tiene recompensa 👏
bruja de la imaginación 👿😇
me encantó está historia y más está parte donde le explican a veces los adultos intentan tapar verdades o mentirle a los niños Pero verdaderamente no es necesario darles la cruda realidad Pero tampoco envolverlos en cuentos de hadas con paciencia y amor ellos pueden comprender
bruja de la imaginación 👿😇
me encantó está historia 🥰
Kookie
que chico más irresponsable algún día tendrá consecuencias
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