Pólux es un dios inmortal del Olimpo. Cástor, su hermano gemelo, es mortal y vive entre humanos. Desde que fueron separados, solo tienen un pacto: una vez al mes deben encontrarse bajo el árbol que ambos consideran sagrado.
Pero un día, Cástor no aparece.
Pólux siente que el vínculo que los une está herido y desciende a la Tierra. Lo encuentra inconsciente en un hospital, víctima de años de humillaciones, abusos y una conspiración que casi le cuesta la vida.
Entonces toma su lugar en la academia humana.
Nadie sospecha que el estudiante que regresó no es Cástor.
Es Pólux.
Y mientras descubre quién destruyó a su hermano, los culpables aprenderán demasiado tarde que meterse con un mortal es una cosa…
metérsete con el hermano de un dios es otra.
Porque Cástor podía perdonarlos.
Pólux no.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL HERMANO QUE NUNCA FUE
Seguí caminando junto a Marcela por el pasillo de la academia. Las miradas me seguían por todas partes. Susurros. Señales. Nadie entendía cómo estaba ahí, entero, sin un rasguño, cuando todos sabían lo que había pasado. Pero yo no les prestaba atención. Estaba esperando a alguien. Y sabía que no tardaría en aparecer.
Entonces, lo vi.
Damián venía caminando por el otro extremo del pasillo, con esa arrogancia que lo caracterizaba, empujando a cualquiera que se le cruzara, como si todo el mundo estuviera ahí para apartarse a su paso. Al verme, se detuvo en seco. Frunció el ceño, como si no pudiera creer lo que tenía delante. Su hermano menor, el chico que él mismo había empujado, el que había dejado atrás para que muriera… estaba ahí. De pie. Mirándolo. Y lo peor de todo: no bajó la mirada.
—¿Tú? —escupió la palabra, acercándose con paso rápido y agresivo—. ¿Qué haces aquí? Se supone que deberías estar muerto. O en el mejor de los casos, en coma. ¿Cómo te atreves a aparecer así, como si nada hubiera pasado?
Se detuvo a un paso de mí, cerrándome el paso, con el puño cerrado y la cara contraída por el desprecio que había sentido toda su vida.
—Te lo dije mil veces, Cástor —siseó, bajando la voz para que solo yo lo oyera—. No eres nada. No vales nada. Esta escuela, esta ciudad… todo es mío. Y tú eres solo una sombra que sobra. Si crees que porque estás de pie ya eres mi igual… estás muy equivocado.
Esperaba que bajara la cabeza. Que se encogiera. Que murmurara una disculpa y se apartara, como siempre había hecho. Pero yo no era Cástor. Y esta vez, no aparté la mirada. No me encogí. No mostré miedo.
Lo miré a los ojos, fijamente, con una calma que lo desconcertó aún más. Y entonces, hablé con voz baja, lo suficientemente grave para que él sintiera el peso de cada palabra:
—Yo no soy tu sombra, Damián. Nunca lo fui. Y desde hoy… tú eres el que sobra.
Se quedó helado. Parpadeó, confundido, porque esa voz no era la de su hermano. Esa seguridad no era suya.
—¿Qué dijiste? —preguntó, dando un paso hacia mí, amenazante—. Repite eso si tienes valor.
—Que ya no te tengo miedo —dije, sin apartar la mirada—. Y deberías tenerlo tú. Mucho.
Algo brilló en mis ojos por un instante, apenas un destello dorado que él creyó imaginar, pero que le heló la sangre de todos modos. Dio un paso atrás, sin saber por qué, sintiendo de golpe que la situación se había invertido. Que la presa… se había convertido en el depredador.
—Estás loco —murmuró, intentando recuperar su arrogancia—. Ya verás. Mis padres te van a buscar. Y cuando vayan por ti… no te van a recibir con los brazos abiertos. Sabes lo que hacen con los que se rebelan.
—Que vengan —respondí con una sonrisa fría y tranquila—. Los espero. A todos. Y diles una cosa de mi parte: que se preparen. Porque lo que empezaron… yo lo voy a terminar. Y no les va a gustar cómo.
Me aparté de él, sin prisa, sin miedo, y seguí caminando junto a Marcela, que había estado observando todo en silencio. Damián se quedó ahí, inmóvil, con el puño cerrado y el corazón acelerado, sin entender qué había cambiado… pero sabiendo, en lo más profundo de su ser, que algo terrible había despertado en su hermano. Y que ya no había vuelta atrás.