Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.
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Solo tú y yo
Vittoria recibió el mensaje poco después de las siete de la noche. “Esta noche no hagas planes.”
Frunció el ceño y respondió inmediatamente.
Mensaje de texto…
Vittoria: “¿Eso es una invitación o una orden?”
Alexandre: “Depende de lo que decidas hacer con ella.”
Vittoria: “¿Y qué se supone que debo llevar?”
Alexandre: “Nada que te recuerde al trabajo.”
Aquello consiguió que sonriera… A las ocho, un automóvil la esperaba frente al hotel. Sin instrucciones, ni una dirección. Solo un conductor que, después de abrirle la puerta, dijo:
Chófer: Señorita Rossi, El señor Viale la espera.
El automóvil abandonó las calles iluminadas de Monte Carlo y comenzó a ascender por una carretera que bordeaba la costa. Cuando finalmente se detuvieron, Vittoria bajó y se quedó sin palabras. Frente a ella había una villa privada situada sobre uno de los puntos más elevados de la costa. No habían invitados, fotógrafos, ni música proveniente de ninguna fiesta. Solo el sonido de los árboles debajo de los acantilados y una hilera de pequeñas luces que marcaban el camino hasta la terraza... Alexandre estaba allí, sin traje, sin corbata. Tenía una camisa blanca, pantalón oscuro y mangas ligeramente remangadas. Apenas entró Vittoria lo miró sorprendida.
Vittoria: ¿Qué es todo esto?
Alexandre: Es solo una noche.
Vittoria: Eso ya lo veo. ¿Algo especial?
Alexandre: Si, es una noche en la que no tienes que preocuparte por nada.
Vittoria: ¿Y tú?
Alexandre: Yo tampoco.
Alexandre le ofreció la mano, ella la tomó. La terraza había sido preparada exclusivamente para ellos. En el espacio había: Una mesa pequeña, perfectamente puesta, estaba situada frente al mar, flores blancas, velas protegidas por pequeños recipientes de cristal y una iluminación tenue que hacía que todo pareciera suspendido entre el cielo y el agua. Pero lo verdaderamente impresionante estaba más allá... Alexandre, había preparado un menú privado inspirado en los lugares que Vittoria había mencionado alguna vez durante sus conversaciones. Él había recordado incluso cosas que ella misma había olvidado haberle contado.
Vittoria: Alexandre, ¿Cómo hiciste esto?
Alexandre: ¿Qué cosa?
Vittoria: Cocinar y recordar todo lo que me gusta.
Alexandre tomó una copa y se la ofreció. Sin dejar de mirarla fijamente.
Alexandre: Solo he cocinado para dos mujeres en mi vida y respeto a los platillos, eso es porque te escucho cuando hablas.
Vittoria: ¿Dos mujeres?
Alexandre: Así es, mi hermana pequeña y tú.
Aquella respuesta la dejó en silencio. La cena transcurrió lentamente, sin teléfonos, asistentes o llamadas. Cada vez que alguno de ellos intentaba mencionar negocios, Alexandre desviaba la conversación.
Después de cenar, Alexandre la llevó hasta el extremo de la terraza. A lo lejos, las luces de Mónaco parecían estrellas sobre la tierra.
Sobre ellos no había edificios altos ni luces que arruinaran el cielo. Solo estrellas, muchas.
Vittoria: Que hermoso. No sabía que desde aquí se veía así.
Alexandre: Por eso elegí este lugar.
Vittoria: ¿Elegiste para mí?
Alexandre sostuvo su mirada. La música comenzó suavemente desde algún lugar oculto de la terraza. Alexandre le extendió una mano.
Alexandre: Para nosotros ¿Bailas?
Vittoria: ¡Oh señor Viale! No sabía que bailabas.
Alexandre: Querida Vittoria. Hay muchas cosas que todavía no sabes de mí.
Ella colocó su mano sobre la suya.
Vittoria: Eso suena peligroso.
Alexandre: Probablemente lo sea.
Comenzaron a bailar lentamente, Vittoria apoyó una mano sobre su hombro, Alexandre la sostuvo por la cintura. Por primera vez desde que se conocían, ninguno estaba compitiendo. Ninguno estaba intentando tener la última palabra. Solo dos personas bailando bajo el cielo de Mónaco... Después de un rato, Vittoria apoyó la cabeza contra su pecho.
Vittoria: Gracias.
Alexandre bajó la mirada hacia ella.
Alexandre: ¿Por qué?
Vittoria: Por esta noche.
Él acarició suavemente su cabello, Vittoria cerró los ojos.
Alexandre: La necesitabas.
Durante unos segundos Vittoria permitió que todo desapareciera: El pasado, Italia, los problemas, las responsabilidades, el futuro. Todo. En ese instante solo existía aquel momento y quizás eso era precisamente lo que Alexandre quería regalarle. Una noche en la que Vittoria pudiera olvidarse de todo lo que la perseguía. Una noche que, mucho tiempo después, cuando recordara a Alexandre Viale, no recordaría primero sus negocios, su poder ni su reputación. Recordaría aquella terraza, la música, sus brazos alrededor de ella y lo más importante. La sensación de haber sido, por unas horas, la única mujer en su mundo.
Cuando la segunda canción comenzó a sonar, Alexandre levantó el mentón de Vittoria y acercó sus labios a los de ella. Los ojos de Vittoria se cerraron y sus labios se abrieron dándole permiso a que Alexandre uniera los suyos. Cuando sus labios se unieron para ella el tiempo se detuvo, su corazón era lo único que podía sentir, latía más fuerte que lo normal y sus nervios estaban en las nubes. Tal vez ese era el beso más significativo de toda su vida... Alexandre la sostuvo por la cintura y profundizó el beso haciendo que el momento quede tatuado en sus memorias. Después de largos minutos sellando sus sentimientos se separaron para tomar aire y sus miradas se mantuvieron fijas en ellos.
Vittoria: Esto es nuevo para mí. Gracias por pensar en mi.
Alexandre: Te mereces mucho más que esto. Mi hermosa señorita.
Vittoria: jjj, es muy extraño verte de este modo. Tan romántico y relajado. Me gusta.
Alexandre: Solo para ti, no puedo ser de otra forma.
Alexandre enredó sus dedos entre el cabello de Vittoria y la acercó para que sintiera todo lo que ella provocaba en ella. Vittoria se sorprendió y no pudo ocultar su vergüenza, era algo a lo que no estaba acostumbrada.
Alexandre: No tengas miedo, yo te cuido.
Vittoria: Losé.
Alexandre la sostuvo de la mano y la guio hasta una habitación que había en la segunda planta de la villa. La iluminación era tenue, cálida, cuidadosamente distribuida para que ningún rincón quedara completamente oscuro. Decenas de pequeñas velas descansaban sobre superficies de mármol y mesas auxiliares, proyectando destellos dorados sobre las paredes. La cama, enorme, ocupaba el centro de la habitación.
Sobre las sábanas blancas, descansaban algunos pétalos de rosas en tonos marfil y rojo profundo, no había demasiados, los suficientes para darle al lugar un aire romántico sin convertirlo en algo exagerado.
A los pies de la cama había una pequeña mesa preparada para dos: Copas, una botella de vino, frutas frescas y pequeños postres.
Todo dispuesto como si aquella noche no tuviera ninguna prisa.
A través de los enormes ventanales podían verse las luces de la costa brillaban a lo lejos y, más allá, el cielo parecía extenderse. Infinitamente sobre el agua... Una música suave llenaba el ambiente, tan bajo que apenas parecía existir. El aroma de las velas se mezclaba con el perfume de las flores y con una ligera fragancia moderada que hacía que la habitación resultara cálida y acogedora.
Alexandre le dio espacio a Vittoria para que observe el espacio mientras le servía el vino. Le pasa una copa y la mira como si no existiera una mujer más hermosa que ella. Todo era perfecto hasta que la mirada de Vittoria cambió.
Vittoria: No, no me entregaré a ti está noche.