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Su única debilidad

Su única debilidad

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Mujer poderosa / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:24.4k
Nilai: 5
nombre de autor: NocheCeniza

Valentina Serrano tiene veintitrés años, una marca de vestidos de novia que apenas sobrevive y un problema: acaba de confundir al hombre más poderoso de Ciudad de México con su primo.
Adrián Castellán no perdona. No sonríe. No explica. Pero cuando esa chica le muerde el cuello y sale corriendo, él se queda con su pasador de plata —y con algo más que no sabe nombrar.
Lo que empieza como una deuda se convierte en un contrato. Lo que empieza como un contrato se convierte en fuego.
Él le da todo: telas de Oaxaca, un imperio, la luna si la pide. Ella le da lo único que nadie más pudo darle: una Navidad.
Pero Adrián Castellán carga cicatrices que no se ven —un balazo cerca del corazón, un padre que lo destruyó, una infancia que le robaron— y su forma de amar se parece demasiado a una jaula.
Valentina tendrá que decidir: ¿puede amar a un hombre que quiere protegerla del mundo entero, incluso de sí mismo?
Él es la pesadilla de todos, pero eligió ser el Papá Noel de una sola persona.

NovelToon tiene autorización de NocheCeniza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10: Como la luna y las estrellas

—Ah —dijo, y por primera vez en su vida pareció no encontrar un chiste a tiempo.

Valentina empujó a Adrián con las dos manos.

No lo movió ni medio centímetro.

—Suéltame —susurró, roja hasta las orejas.

Adrián la soltó, pero solo después de asegurarse de que podía sostenerse. Ese detalle, pequeño y brutalmente amable, empeoró todo.

Máximo seguía en la puerta con la copa en alto.

—Yo... vine a preguntar si querían mezcal.

Tomás, desde el pasillo, abrió los ojos.

—¿Eso era lo urgente?

—Improvisé, Tomás.

Santiago apareció detrás de ambos, miró la escena una sola vez y decidió que su instinto de supervivencia valía más que la curiosidad.

—Nos vamos.

—No, espera —dijo Máximo, recuperando por fin el alma—. Necesito confirmar si acabo de ver a Adrián Castellán besando a una mujer en una sala de El Palacio o si el mezcal de la casa fue adulterado.

Valentina quiso que el piso la tragara con todo y tacones.

—No vio nada.

Máximo la señaló con la copa.

—Señorita Serrano, con todo respeto, vi suficiente para escribir una novela, vender los derechos y retirarme joven.

Adrián ni siquiera lo miró.

—Máximo.

Una palabra.

Máximo cerró la boca.

Tomás susurró:

—Eso sí da miedo.

Santiago tomó a Máximo del hombro y lo sacó del marco de la puerta.

—Buenas noches, Valentina.

La cortesía de Santiago fue tan perfecta que la humillación se sintió peor.

Cuando la puerta volvió a cerrarse, Valentina recogió su bolso del sillón.

—Me voy.

—Joaquín te llevará.

—Puedo pedir un Uber.

—No.

—¿Esa es su palabra favorita?

—Contigo, empieza a ser necesaria.

Valentina lo fulminó con la mirada.

—No me haga quedar como si yo hubiera provocado esto.

Adrián observó el cuello alto desacomodado, el rubor en las mejillas, la pierna que todavía no apoyaba del todo bien.

—Lo provocamos los dos.

La frase la dejó sin defensa.

Él abrió la puerta y llamó a Joaquín con un gesto. Valentina salió antes de que Adrián pudiera tocarle la espalda para guiarla. En el pasillo, Máximo fingió mirar un cuadro con una concentración absurda.

—Bonita pintura —dijo.

—Es un espejo —respondió Tomás.

Valentina pasó junto a ellos sin mirar.

—Buenas noches.

—Buenas noches, futura razón de mi muerte —murmuró Máximo.

Adrián se detuvo.

Máximo levantó las manos.

—Broma. Mala. Retirada.

Cuando Valentina y Joaquín se adelantaron, Tomás se acercó a Máximo con los ojos encendidos de curiosidad.

—Entonces sí está pasando.

—No sé qué está pasando —dijo Máximo—. Ese es el problema. Adrián no mira así ni a sus propios estados financieros.

Santiago observó la puerta del elevador cerrarse.

—No lo conviertas en chisme.

Máximo soltó una risa baja.

—Hermano, esto ya nació chisme. Yo solo soy el padrino.

—Eres el riesgo legal —corrigió Santiago.

Tomás levantó un dedo.

—¿Alguien va a explicarme si debemos felicitarlo o rezar por ella?

Máximo miró hacia el pasillo por donde Adrián acababa de desaparecer.

—Las dos cosas, probablemente.

Joaquín ya esperaba junto al elevador privado. No comentó la marca en el cuello de Valentina, ni el cabello un poco desordenado, ni la forma en que Adrián caminaba medio paso detrás de ella como si cualquier mirada ajena fuera una falta personal.

El trayecto hasta la entrada fue silencioso.

Valentina subió al auto sin despedirse.

Solo cuando la puerta se cerró, Joaquín miró a su jefe.

—¿A La Hacienda, señor?

—No. La llevo yo.

Valentina giró la cabeza.

—¿Perdón?

Adrián ya estaba entrando por el otro lado.

—No te estoy pidiendo permiso.

—Eso lo noté.

El auto arrancó.

Durante los primeros minutos, CDMX pasó por la ventana en líneas de luz: restaurantes llenos, tráfico sobre Reforma, parejas caminando bajo árboles oscuros. Valentina se obligó a mirar afuera para no mirar el perfil de Adrián.

Él no dijo nada hasta que el coche tomó Periférico.

—Joaquín.

—Señor —respondió el asistente desde el asiento delantero.

—Quiero todas las cartas.

Valentina se enderezó.

—¿Qué cartas?

—Las tuyas.

—Solo mandé una.

Joaquín, prudente, no intervino.

Adrián la miró de lado.

—Paloma preparó más de una versión.

Valentina abrió la boca.

—¿También investiga papelería?

—Investigo todo lo que entra a mi casa.

—Eso es enfermizo.

—Eso es seguridad.

—Eso es exactamente lo que diría alguien enfermizo.

Adrián extendió la mano hacia Joaquín. El asistente sacó de una carpeta varios papeles doblados, versiones descartadas que alguien de mensajería había recogido junto al paquete por error o por exceso de eficiencia. Valentina reconoció su letra y sintió que el alma se le salía del cuerpo.

—No lea eso.

Adrián tomó la primera hoja.

—Ya dijiste que querías disculparte.

—No esas disculpas.

—Ahora me interesa.

Valentina intentó quitársela. Adrián alzó el brazo. La escena habría parecido infantil si no estuvieran en un auto oscuro, demasiado cerca, con Joaquín fingiendo ser parte del tablero.

Adrián leyó en silencio.

La primera versión era rígida. La segunda, demasiado dulce. La tercera tenía una línea que Valentina había tachado tres veces:

"No sé cómo pedir perdón a un hombre que parece noche cerrada, pero aun así guarda luz como la luna entre nubes."

Adrián se detuvo ahí.

Valentina se cubrió la cara.

—Era un borrador.

Él siguió leyendo.

"Si usted es la noche, yo no pretendo ser sol. Me basta con aprender a no tropezar cada vez que sus sombras se acercan. La luna no compite con las estrellas; solo les presta un lugar para brillar."

El silencio del auto cambió.

Joaquín miraba al frente con una disciplina heroica.

Valentina quería abrir la puerta y lanzarse al tráfico.

—Escribo mejor cuando estoy humillada —dijo, sin destaparse la cara.

—No suena humillada.

—¿Entonces cómo suena?

Adrián miró la hoja. La luz de los postes pasó sobre el papel y le iluminó los dedos.

—Como alguien que intenta disculparse sin rendirse.

Valentina bajó apenas las manos.

—¿Eso es malo?

—No.

—Entonces devuélvame la carta.

—Tampoco.

—Tiene un problema serio con la propiedad ajena.

—Solo con la tuya.

La frase quedó en el auto, pesada y demasiado íntima para decirla frente a Joaquín. El asistente siguió mirando al frente, pero Valentina vio que apretaba el borde de la carpeta.

—Eso no mejora nada —murmuró ella.

—No intentaba mejorarlo.

Adrián dobló la hoja con cuidado.

—Sí.

Ella bajó las manos.

—¿Sí qué?

—Sí escribes mejor.

No sonó burlón.

Eso fue lo peor.

Adrián guardó las cartas en el bolsillo interior de su saco, el mismo lugar donde una vez había guardado su peineta.

—No puede quedarse con todo lo mío —dijo Valentina.

—No me tientes.

Los papeles quedaron planos contra su pecho, protegidos con el mismo cuidado irritante con que había guardado la antigua filigrana de plata de su abuela.

El auto se detuvo frente a la casa Serrano.

Valentina abrió la puerta antes de que él pudiera hacerlo.

—Buenas noches, Señor Castellán.

—Adrián.

Ella bajó del coche, cerró la puerta y se inclinó apenas hacia la ventana.

—Buenas noches, Adrián.

Por primera vez, lo dijo sin pánico.

Adrián la vio entrar a su casa.

Cuando la puerta se cerró, sacó la carta otra vez.

Leyó la línea de la luna y las estrellas una segunda vez.

La comisura de su boca se movió.

—Esta niña sí sabe cómo engatusar.

1
Cliente anónimo
lenguaje diferente. pero impresionante.
excelente
Mar Sol
Muy bonita novela.
Gracias.
Mar Sol
Bonita novela, con un desarrollo diferente, reflexiva, con una buena redacción, con el cuidado de la ortografía, una historia que se recomienda leer.
Mar Sol
No se lo pusieron facil a Adrián, esa pedida de mano la va a recordar siempre como un triunfo.
Mar Sol
Al final Marcos resultó ser poco eficiente, no está preparado para esa misión, por la cuál se le contrató.
Mar Sol
Un gran equipo, liderado por Valentina, conformado por Lorenzo, Paloma, don Aurelio y reforzado con algunas opiniones de Adrián.
Mar Sol
Lorenzo vale oro, es un tiburón legal con colmillo.
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! cuando Valentina decida reconocer que ama a Adrián, que él no tenga pretextos para hacerse del rogar.
Mar Sol
Quizas hay razón de la familia Serrano, en cuidar de Valentina, de sobra, ella a demostrado que sabe tratar a un hombre como Adrián o a él círculo de amistades que lo rodean, la verdad están siendo exageradamente sobreprotectores.
Mar Sol
Muy rispida la conversación entre Valentina y Adrián, pero se tenía que llevar a cabo.
Mar Sol
La señora Elena, da enseñanzas de vida, protege a Adrián con un gran cariño y sabe que Valentina es la indicada para él.
Mar Sol
Esa "competencia" entre Valentina y Daniela fue interesante, se definieron diferentes situaciones en las que quedó claro por que Valentina sobresale no sólo en lo laboral, si no en lo personal.
Mar Sol
Isabel y Valentina ya se conocían, me parece que cuando estuvieron en Valle de Bravo.
Mar Sol
Es lamentable que Daniela se haya hecho ilusiones con Adrián, ya son ocho años ¿todavía no se puede resignar? él no le ha dado muestra de querer algo con ella, así que no tiene por que tomar a mal que Valentina sea informada de por que se entrevista con Adrián.
Mar Sol
Que bueno que ya quedaron las cosas claras, Adrian lleva las de perder, por que Valentina no dió su brazo a torcer tan fácilmente.
Mar Sol
Muy acertado el comentario, que hace de Adrián, " La mano, que también aprieta."
Mar Sol
Es desastrosa esa relación entre Valentina y Adrián, por que, cuándo se enojan, sucede que todo se viene abajo para Juramento por que Capital Solaris, retiró apoyo, ¿no por eso hay un contrato? que falta de criterio el de Adrián, por que todos se enteran.
Mar Sol
Ahí va otra vez Adrian a actuar, como un niño berrinchudo por que no cedieron a sus peticiones.
Mar Sol
A Adrián se le olvida quien estuvo con él en cuanto necesitaba un abrazo, sin embargo, no olvida lo que hizo Valentina con el vídeo y con su teléfono y aún así quiere decirle a ella a quien ver o llamar.
Mar Sol
Me parecen exagerados don Roberto y Sebastian, por que con todo y que sean una familia unida, al final Valentina, sabe lo que hace, no es una niña, es joven, si, a demostrado ser un tiburón.
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