NovelToon NovelToon
Obsesionada Con El Profesor

Obsesionada Con El Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Grandes Curvas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Nunca planeé enamorarme de mi profesor.

Simplemente ocurrió.

Una clase fue suficiente para que dejara de verlo como un hombre cualquiera y empezara a convertirlo en el centro de todos mis pensamientos.

Desde entonces, cada excusa era perfecta para estar cerca de él.

Cada mirada alimentaba mi esperanza. Cada rechazo solo aumentaba mis ganas de conquistarlo.

Dicen que hay amores imposibles.

Yo no creo en lo imposible y si el destino insiste en poner reglas entre nosotros...

Me encargaré de romperlas una por una.

Porque él todavía no lo sabe... Pero algún día será solo MIO.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mis reglas

Desperté lentamente.

Lo primero que sentí fue el olor. Café recién hecho. Madera húmeda. Y ese perfume... el mismo que llevaba semanas persiguiendo por los pasillos de la universidad.

Abrí los ojos despacio. El techo de la habitación apareció borroso sobre mi cabeza. Parpadeé varias veces hasta que mi vista comenzó a aclararse.

Entonces sentí el ardor en las muñecas.

Bajé la mirada.

Las cuerdas.

Sonreí.

Una sonrisa pequeña.

Casi imperceptible.

Así que...

Había despertado.

Moví apenas las manos para comprobar la tensión de los nudos.

Firmes.

Bien hechos.

Levanté ligeramente una ceja.

—Nada mal... —murmuré para mí mismo con una mezcla de sorpresa y admiración.

No intenté soltarme.

No grité.

No tenía sentido.

Si había conseguido inmovilizarme de esa manera era porque llevaba tiempo pensando cómo hacerlo.

Y, por alguna razón...

Eso me gustó más de lo que debería.

Giré lentamente la cabeza. La habitación seguía siendo la misma. La cama. La ventana. Los libros que ella había colocado sobre la mesa. Las cortinas moviéndose con el viento. Todo permanecía exactamente igual.

Lo único que había cambiado...

Era quién estaba atado.

Escuché unos pasos acercándose por el pasillo.

Lentos.

Sin ninguna prisa.

La puerta se abrió.

Gael entró sosteniendo una bandeja entre las manos. Sobre ella descansaban dos tazas de café y las mismas galletas que Julieta había acomodado antes de subir a verlo. Cuando sus miradas se encontraron, ninguno dijo una sola palabra.

Él dejó la bandeja sobre la mesa de noche. Después acercó una silla hasta quedar frente a la cama, se sentó, cruzó una pierna sobre la otra y esperó.

Como si quisiera descubrir quién rompería primero el silencio.

Julieta lo observó durante unos segundos.

Después sonrió.

—Tengo que admitirlo... —dijo con una calma inesperada.

Una de las cejas de Gael se arqueó ligeramente.

—Me sorprendiste.

Una sonrisa lenta apareció en los labios de Gael.

—¿Eso significa que ya no estás enfadada? —preguntó con genuina curiosidad.

Julieta soltó una risa baja.

Sincera.

—¿Enfadada? —Negó despacio con la cabeza antes de responder—. No. Estoy intrigada.

Volvieron a quedarse mirándose.

Había algo extrañamente cómodo en aquel silencio.

Como si ambos estuvieran analizando al otro.

Midiendo cada respiración.

Cada gesto.

Cada parpadeo.

Finalmente, Julieta volvió a hablar.

—Fingiste todo el tiempo.

No era una pregunta.

Era una afirmación.

Gael apoyó tranquilamente las manos sobre sus piernas.

—¿Qué te hizo llegar a esa conclusión? —preguntó sin perder la serenidad.

Julieta inclinó apenas la cabeza.

—No eres el tipo de hombre que acepta una botella de agua de cualquiera. Mucho menos de una estudiante que lleva meses siguiéndolo.

Una sombra de diversión cruzó por los ojos de Gael.

—Eso es un cumplido.

Julieta sonrió apenas.

—No. Es ego. Esperaba más de ti.

La sonrisa de Gael se hizo un poco más amplia.

—Y, aun así, me subiste a tu coche.

—Porque creí que había ganado.

—Exactamente.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Julieta respiró hondo sin apartar la mirada.

—¿Cuándo te diste cuenta?

Gael sostuvo sus ojos.

—¿De qué?

—De que iba a hacerlo.

Él tardó unos segundos en responder.

Como si disfrutara haciéndola esperar.

—Mucho antes de que tú tomaras la decisión.

Julieta frunció ligeramente el ceño.

—Eso no responde mi pregunta.

—Lo sé.

Ella sonrió.

—Sigues siendo desesperantemente arrogante.

Gael respondió sin perder la calma.

—Y tú sigues siendo incapaz de aceptar una derrota.

Julieta sintió un pequeño cosquilleo en el pecho.

No era rabia.

Era emoción.

Porque, por primera vez desde que lo conocía...

No estaba hablando con el profesor Ferrer.

Estaba hablando con el hombre que siempre se había escondido detrás de él.

—Entonces dime algo.

La expresión de Gael permaneció inmutable.

—¿Por qué no me denunciaste?

Él permaneció en silencio.

No porque no tuviera una respuesta.

Porque estaba decidiendo cuánto quería contarle.

Finalmente se levantó, caminó lentamente hasta la ventana y observó el bosque durante unos segundos antes de hablar, todavía de espaldas.

—Porque quería saber hasta dónde eras capaz de llegar.

Julieta sonrió.

—¿Y?

Gael giró apenas el rostro.

—Superaste todas mis expectativas.

Julieta soltó una risa que no pudo contener.

—¿Sabes qué es lo peor?

Él permaneció en silencio, esperando la respuesta.

—Que eso no me ofende. Al contrario... me halaga.

Aquellas palabras parecieron sorprenderlo por primera vez.

Muy poco.

Pero lo suficiente para que ella lo notara.

—Lo imaginaba —respondió él.

Julieta negó suavemente.

—No. No lo imaginabas. Lo esperabas.

Gael volvió a acercarse.

Esta vez quedó de pie frente a la cama.

Muy cerca.

Lo suficiente para que Julieta pudiera distinguir con claridad aquella pequeña cicatriz junto a la mandíbula.

La misma que había descubierto mientras él fingía dormir.

—Ahora entiendo por qué nunca intentaste alejarme —continuó ella con una pequeña sonrisa—. Solo estabas esperando. Esperando que dejara de observar... y empezara a actuar.

Los labios de Gael dibujaron una sonrisa casi imperceptible.

—Vas entendiendo.

Julieta negó lentamente.

—No. Ya entendí.

Lo señaló con la mirada.

—Tú también estás obsesionado conmigo.

Por primera vez...

El silencio cambió.

No era incómodo.

Era peligroso.

Porque ninguno de los dos quería ser el primero en admitirlo.

Gael sostuvo su mirada durante largos segundos.

Después tomó aire, se inclinó lentamente hasta quedar a la altura de su rostro y habló con una voz tan baja que casi parecía una caricia.

—Cuidado con las conclusiones apresuradas, Julieta.

Ella no retrocedió.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sabes quién soy.

Un escalofrío recorrió la espalda de Julieta.

No era miedo.

Era curiosidad.

Volvió a sonreír.

—Entonces cuéntamelo.

Gael se incorporó despacio, caminó hasta el armario de la habitación y abrió la puerta. Sacó una pequeña caja de madera y la dejó sobre la cama, junto a las piernas de Julieta.

—Ábrela.

Ella bajó la vista y levantó lentamente la tapa.

Su respiración se detuvo.

Dentro había una pulsera de hilo azul.

Su pulsera.

Debajo, un boleto de cine.

Un viejo separador de libros.

Un llavero con una pequeña estrella plateada y una fotografía.

Todos aquellos objetos eran suyos.

Los había perdido en distintos momentos de los últimos años.

Uno por uno.

Levantó lentamente la mirada.

—¿Qué significa esto? —preguntó con la voz apenas sostenida por la incredulidad.

Gael tomó la pulsera entre sus dedos y la observó unos segundos.

—La dejaste caer una tarde de lluvia. Nunca regresaste a buscarla.

Después dejó el boleto sobre la cama.

—Este lo olvidaste dentro de un libro.

Tomó el llavero.

—Y este... lo encontré en el estacionamiento.

Cada palabra hacía que el pecho de Julieta pesara un poco más.

—¿Desde cuándo? —preguntó en un susurro.

Gael volvió a guardar los objetos dentro de la caja. Después metió la mano en el fondo, sacó un sobre color marfil y lo dejó sobre sus piernas.

—La diferencia entre tú y yo... —dijo sin apartar la vista de ella— es que tú empezaste a guardar cosas mías hace unos meses.

Hizo una breve pausa.

—Yo empecé a guardar cosas tuyas hace mucho tiempo.

Julieta abrió lentamente el sobre.

Dentro había una fotografía.

Era ella.

Sentada en la biblioteca.

Leyendo completamente ajena a la cámara.

Le dio la vuelta.

Solo había una fecha escrita con tinta negra.

Dos años atrás.

Mucho antes de la primera vez que decidió seguirlo. Muchísimo antes de enamorarse de él.

Sintió que algo dentro de ella se rompía.

Levantó despacio la vista.

Sonrió.

No porque estuviera feliz. Porque acababa de entender algo.

—Así que... nunca fui la única cazadora.

Gael sostuvo su mirada y, por primera vez desde que lo conocía... Su sonrisa desapareció por completo.

No respondió.

Pero tampoco hacía falta.

Los dos sabían la verdad.

Solo que ninguno estaba dispuesto a pronunciarla todavía.

1
Jazmin Peña
seguro es la novia o esposa
Jazmin Peña
actualizaaaa
Alice: Tus deseos son órdenes 😉 😌 😏
total 1 replies
Anyela samira Nazareno caicedo
Autora por favor, por lo que más quieras subenos los capítulos🤩🫦
Anyela samira Nazareno caicedo
hay Días mío, no me digan que yo acabo de leer esta novela sin estar terminada. Cómo desleo está novela para no morirme de saber que es lo que pasará. Está novela está demasiado buena 🤩.
Alice: lo sientoooooo 🙈, estoy corriendo para tenerlos actualizado todos los dias ❤️
total 1 replies
Jazzy
actualizaaaaaaaa
Jazzy
excelente historia y la narrativa es buena
Jazzy
ACTUALIZAAAAAAAAA
Luana Gomez
xq se demora mucho en subir capitulo
Arelis Canales
Esta muy buena espero subas mas capitulos .
Luana Gomez
xfis 2 capitulo más xfi xfi
Luana Gomez
eya controla sus horas su recorrido sus miradas todo y el d eya nada
Luana Gomez
está muy buena Pero solo creooo q eya debería d alejarse un poquito del profesor ya que eya n mas anda x atrás d el
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play