Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
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Capítulo 14 - Un almuerzo diferente
Cristóbal llevaba diez minutos sentado en una mesa junto al ventanal de uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad.
Miró su reloj por tercera vez.
Miranda aún no llegaba.
Por un instante pensó que había cambiado de opinión.
Justo cuando iba a tomar el teléfono para escribirle, un taxi se detuvo frente al restaurante.
Del vehículo descendió Miranda.
Al levantar la vista, se quedó completamente inmóvil.
La fachada, las enormes puertas de cristal, los arreglos florales y el ir y venir de automóviles de lujo confirmaban lo que imaginaba.
"Debe costar una fortuna comer aquí..."
Era la primera vez que entraba a un lugar así.
Respiró hondo, acomodó discretamente su ropa y cruzó la entrada intentando aparentar naturalidad.
Un empleado la condujo hasta la mesa.
Cristóbal se puso de pie apenas la vio acercarse.
—Siento el retraso... —dijo Miranda con una sonrisa amable.
—No te preocupes. Acabo de llegar.
Como todo un caballero, Cristóbal retiró la silla para que pudiera sentarse.
Mientras ella acomodaba el bolso, sus manos se rozaron accidentalmente.
Los dos levantaron la mirada al mismo tiempo.
Aquella extraña electricidad volvió a recorrerlos.
Cristóbal tomó la carta y se la ofreció.
—Pide lo que quieras.
Miranda la abrió con curiosidad.
Sus ojos recorrieron los precios y procuró que su expresión no cambiara.
Por dentro estaba completamente sorprendida.
"¿Un plato cuesta lo mismo que el alquiler de tres meses de mi pequeño departamento?"
Cerró lentamente el menú.
—No creo que pueda...
Cristóbal arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Se nota que este lugar es bastante caro.
Él sonrió con tranquilidad.
—Yo te estoy invitando, Miranda.
Hizo una breve pausa.
—¿Puedo llamarte así?
Ella sostuvo su mirada.
—Como prefiera, señor Bravo de Saravia.
Él negó con una leve sonrisa.
—Puedes tutearme.
Miranda bajó la vista unos segundos antes de responder.
—Prefiero que no.
Cristóbal respetó su decisión.
—Como quieras.
Ella volvió a abrir la carta solo para cerrarla otra vez.
—Entonces... solo tomaré un café.
Cristóbal la observó unos instantes.
Sabía que aquella respuesta no tenía nada que ver con el café.
Era orgullo.
O quizá timidez.
En ese momento, el mesero llegó hasta la mesa.
—Buenas tardes. ¿Ya están listos para ordenar?
Cristóbal asintió.
Antes de hablar, miró a Miranda.
—Solo una pregunta.
Ella levantó la vista.
—¿Eres alérgica a algún alimento?
—No.
Él sonrió.
—Perfecto.
Cerró la carta y se la entregó al mesero.
——Para comenzar, tráiganos una entrada de burrata fresca con tomates confitados y pan artesanal. Como plato principal, dos medallones de lomo de res con salsa de vino tinto, acompañados de puré de papas trufado y espárragos a la parrilla. Para beber, una botella de agua mineral sin gas.
Hizo una breve pausa antes de agregar:
—Y para terminar, dos cafés y el postre especial del chef.
—Con mucho gusto, señor Bravo de Saravia —respondió el mesero, haciendo una ligera inclinación antes de retirarse.
Miranda abrió ligeramente los ojos.
Él ni siquiera le había preguntado qué deseaba comer.
Cristóbal notó su expresión.
—Confía en mí, te gustará.
Ella sonrió con discreción.
—Eso haré.
......................
Después del almuerzo...
Cristóbal confirmó que Miranda era una mujer inteligente, preparada y con un sentido del humor discreto. Ella, por su parte, confirmó que el hombre sentado frente a ella era muy distinto a la imagen fría e inaccesible que proyectaban los medios.
Al salir del restaurante, el sol del mediodía iluminaba la avenida.
Caminaron uno al lado del otro en dirección a la acera, mientras el personal del restaurante les abría la puerta.
Miranda guardaba silencio.
Su mente trabajaba con rapidez.
"Necesito que este encuentro avance un paso más..."
Cuando estaban a pocos metros de la calle, disminuyó el paso.
—Ay... —murmuró, llevándose una mano al tobillo.
Cristóbal giró de inmediato.
—¿Qué ocurre?
—Creo que... todavía me molesta un poco.
Intentó dar otro paso, pero perdió el equilibrio.
Antes de que pudiera caer, Cristóbal la sujetó con firmeza por la cintura.
—Con cuidado...
Miranda levantó lentamente la cabeza.
Sus rostros quedaron a escasos centímetros.
Podían sentir la respiración del otro.
El bullicio de la ciudad desapareció por un instante.
Solo existían ellos dos.
Cristóbal quedó atrapado en aquellos ojos que no dejaban de mirarlo.
Sintió cómo el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
Miranda observó sus labios.
Sin pensarlo más, levantó lentamente las manos y las deslizó por su rostro.
Cristóbal no retrocedió.
Tampoco habló.
Solo la contempló, incapaz de apartarse.
Fue ella quien acortó la última distancia.
Sus labios se encontraron en un beso suave, que duró apenas un instante antes de volverse más profundo.
Cristóbal respondió casi por instinto.
La abrazó con delicadeza, acercándola un poco más, mientras el mundo parecía detenerse a su alrededor.
Por un momento, Miranda olvidó que todo aquello había comenzado como parte de un plan.
Y Cristóbal olvidó que apenas conocía a aquella mujer.
Solo existía la intensidad de aquel beso inesperado.
Cuando finalmente se separaron, ambos permanecieron en silencio, todavía muy cerca.
Ambos respiraba con dificultad.
Bajó la mirada, fingiendo desconcierto.
—Yo... yo lo siento...
Retrocedió un paso.
—No debí hacer eso.
Le dedicó una mirada llena de aparente arrepentimiento.
—Perdóneme, señor Bravo de Saravia.
En ese momento, el taxi se detuvo frente a la acera.
Miranda abrió la puerta con rapidez.
—Hasta luego.
Subió al vehículo antes de que Cristóbal pudiera reaccionar.
El taxi se alejó entre el tráfico.
Solo entonces, ya oculta tras la ventanilla, una pequeña sonrisa de satisfacción apareció en sus labios.
"Ya te tengo...", pensó.
"Ahora eres mío."
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto, Cristóbal permanecía inmóvil con la mirada fija en el taxi que se alejaba entre el tráfico de la ciudad.
No reaccionó de inmediato.
Era como si el tiempo se hubiera detenido desde el instante en que los labios de Miranda tocaron los suyos.
Había imaginado cómo sería besarla. Cada vez que recordaba su sonrisa o la cercanía de sus rostros, la idea cruzaba fugazmente por su mente. Sin embargo, la realidad había superado cualquier expectativa.
Había sentido una conexión difícil de explicar, una necesidad de volver a tenerla cerca, de mirarla a los ojos y descubrir si aquella intensidad también había significado algo para ella.
Resopló con una mezcla de sorpresa y resignación.
—¿Qué me estás haciendo, Miranda...? —murmuró para sí.
Él, que siempre había sido dueño de sus emociones, se descubría ahora incapaz de apartarla de sus pensamientos.
Ahora solo podía pensar en una cosa.
Volver a verla... y, si ella se lo permitía, volver a besarla.
Que pasará el día que se descubra que no fue casualidad ese accidente y todo lo que planeó que dirá y hará Cristóbal 🤔🤔🤔❓❓❓❓