Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22 — Voy a estudiar
Yo estaba en la cocina con mi suegra, María Elena. Desde que había llegado a la finca me había tratado muy bien. No llevaba mucho tiempo allí, pero ella había sido muy amable conmigo y estaba tratando de enseñarme las cosas que se hacían en la casa.
Ese día estaba enseñándome cómo pelar una gallina.
—Venga, mija, yo le voy enseñando despacito —me dijo María Elena.
Yo me acerqué con un poquito de miedo.
—Ay, María Elena, yo nunca he hecho esto.
—Pues para eso estoy yo acá, mija. Uno aprende.
—Es que en Medellín nunca me tocó hacer algo así.
Mi suegra soltó una risita.
—Pues ahora está viviendo en una finca, mija. Acá hay que aprender de todo un poquito.
—Bueno, pues, voy a intentar.
Ella comenzó a explicarme cómo hacerlo y yo trataba de seguir sus indicaciones.
—¿Así?
—Sí, así mismo.
—¿Seguro?
—Sí, mija. No se preocupe tanto.
—Es que me da cosita.
—Ay, mija, usted se va a acostumbrar.
Me reí.
—No sé yo.
—Ya verá que sí.
Continuamos un rato mientras María Elena me explicaba otras cosas de la cocina y de la finca.
Yo todavía estaba pensando en todo lo que había pasado desde que salí de Medellín. Había dejado mi casa, a mis papás y mi vida de siempre para comenzar una nueva etapa en Manizales junto a Elkin.
Entonces recordé algo importante.
—María Elena...
—¿Sí, mija?
—Mañana me van a inscribir al colegio.
Ella levantó la mirada y sonrió.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Y Elkin le dio permiso, mija?
—Sí. Él habló con mis papás de eso antes de que yo viniera.
María Elena asintió.
—Ah, bueno. Eso me parece muy bien.
—A mí también.
—Su papá seguramente quería estar seguro de que usted iba a continuar estudiando.
—Sí. Él me dijo que si yo no estudiaba, me tenía que devolver.
María Elena se rio suavemente.
—Pues su papá está haciendo bien, mija. Usted tiene que terminar sus estudios.
—Yo quiero terminar el colegio.
—¿Y qué quiere estudiar después?
Me quedé pensando.
—Todavía no sé exactamente. Tengo algunas ideas, pero primero quiero graduarme.
—Eso está bien. No tiene que decidir todo de una vez.
—Sí.
Seguimos con la tarea.
—María Elena, ¿usted cree que me voy a acostumbrar a vivir acá?
Ella me miró con cariño.
—Claro que sí, mija. Al principio todo le va a parecer extraño. Usted viene de Medellín y estaba acostumbrada a otra vida. Pero poco a poco va aprendiendo.
—Es que todo es diferente.
—Sí, mija. Pero no está sola. Tiene a Elkin, a nosotros y también puede llamarle a sus papás cuando quiera.
—Gracias.
—Y si necesita algo, me dice.
—Usted ha sido muy querida conmigo.
—Porque usted también es importante para mi hijo.
Sonreí.
—Yo quiero mucho a Elkin.
—Eso ya lo sé.
Las dos nos reímos.
De repente escuchamos el sonido de la moto a lo lejos, pero todavía no sabíamos si era Elkin.
María Elena miró hacia la ventana.
—Creo que ya viene alguien.
Yo también miré.
—¿Será Elkin?
—Puede ser.
Esperamos unos segundos, pero el sonido se alejó nuevamente.
—No era —dije.
—Todavía debe estar ayudando a su papá.
—Sí.
Me senté un momento y suspiré.
—Mañana estoy nerviosa.
—¿Por el colegio?
—Sí. Voy a conocer gente nueva y todo va a ser diferente.
—No se preocupe, mija. Usted es una muchacha muy querida. Ya verá que se va a adaptar.
—Eso espero.
María Elena me sonrió.
—Y además, acuérdese de algo: usted vino acá con permiso de sus papás para estar con Elkin, pero también con la responsabilidad de estudiar.
—Sí. Yo no voy a dejar el colegio.
—Eso quería escuchar.
Volví a sonreír.
—Mañana voy a empezar una nueva etapa.
—Así es, mija.
Miré hacia la ventana una vez más, esperando ver llegar a Elkin.
Todavía no aparecía.
Mientras tanto, seguí ayudando a María Elena en la cocina, pensando en cómo sería mi primer día en aquel nuevo colegio y en todo lo que estaba por comenzar para mí en Manizales.