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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:209
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: La reina del asfalto

El humo se veía desde varios kilómetros de distancia antes de que llegaran al lugar — no el humo de un incendio descontrolado, sino algo más calculado: los restos de un taller mecánico ardiendo bajo la supervisión metódica de la guardia real, mientras decenas de motociclistas eran obligados a arrodillarse en fila frente a lo que quedaba de su propio territorio.

—Llegamos justo a tiempo para lo mismo de siempre —murmuró Larss, observando la escena desde la distancia con el mismo cansancio resignado de quien ya ha visto esta injusticia repetirse demasiadas veces.

En el centro de la fila, una mujer rubia de mirada dura se mantenía de pie, negándose a arrodillarse a pesar de que dos guardias la sujetaban por los brazos con una fuerza excesiva.

—Lucila Becker —anunció el capitán al mando, la voz cargada de un desprecio oficial ya familiar—. Por delitos de robo, extorsión, secuestro y trata de personas, quedas sentenciada a muerte, junto con todo tu club.

—¿Y los sobornos que le pagué a tu propio superior el mes pasado ya no cuentan para nada? —respondió ella, sin ningún rastro de miedo en la voz, solo un desafío casi burlón—. Qué corta memoria tienen en este gobierno.

—Silencio.

—Hazme callar tú mismo, si tienes lo necesario.

El capitán levantó la espada, listo para dar la orden final, cuando Blanck ya avanzaba entre las líneas de soldados, el fuego apenas contenido bajo su piel.

—Esto empieza a sentirse repetitivo —dijo, sin ninguna necesidad de levantar la voz para que todos lo escucharan.

El capitán se giró, la misma sorpresa de siempre cruzando su rostro al reconocer la presencia inconfundible de un dragón celestial.

—Esto no le incumbe a la corona celestial.

—Me incumbe cuando cuarenta hombres armados se preparan para ejecutar a una mujer que ni siquiera opuso resistencia real. —Blanck se detuvo frente a Lucila, evaluándola con la misma curiosidad con la que había evaluado a Larss semanas atrás—. Propongo un trato. Un duelo. Si ella gana, se retiran todos los cargos. Si gano yo, se une a nosotros.

Lucila lo miró, la desconfianza mezclándose con algo parecido a la diversión genuina.

—¿Y quién rayos eres tú para hacer tratos con mi vida?

—Alguien que puede ofrecerte algo mejor que una ejecución.

—Suena a que ya decidiste el resultado antes de empezar.

—Solo si subestimas de verdad lo que tienes para ofrecer. —Blanck dio un paso atrás, dejándole espacio—. ¿Aceptas, o prefieres el filo de su espada?

Lucila se soltó de los guardias con un movimiento brusco, una sonrisa arrogante ya formándose en su rostro.

—Vas a arrepentirte de haber hecho esta oferta, dragón.

El capitán, sin muchas opciones frente a un dragón celestial dispuesto a intervenir, ordenó a sus hombres retroceder, formando un perímetro amplio alrededor del improvisado campo de duelo. Kate observaba todo desde un costado, junto a Isolde y Larss, la tensión evidente en su postura.

—¿Confías en que sabe lo que hace? —preguntó Isolde, en voz baja.

—Confío en que ya lo ha hecho antes con Larss. —Kate no apartó la vista de Lucila, estudiándola con la misma cautela con la que evaluaba a cualquier posible amenaza—. Lo que no me convence es ella.

—¿Por qué?

—Porque pelea por dinero, no por nadie más que ella misma. —La voz de Kate se endureció apenas—. No es lo mismo que Larss.

Larss, que había escuchado el intercambio, se limitó a un gesto neutro, sin tomar partido todavía.

Lucila desenvainó una espada corta y activó su anomalía sin más preámbulo — un resplandor que envolvió cada objeto a su alrededor, capaz de fragmentar cualquier cosa que tuviera masa y volumen en cubos cósmicos precisos.

—Life My All —anunció, casi con orgullo—. La anomalía más poderosa que existe hasta el día de hoy. ¿Sabes lo que le hace a alguien que confía demasiado en su propio poder, dragón?

—Estoy ansioso por descubrirlo.

Se lanzó primero, fragmentando el suelo bajo los pies de Blanck en un intento de desestabilizarlo antes de que pudiera reaccionar. Blanck saltó, el fuego bajo su piel respondiendo al peligro creciente — sus ojos empezaron a teñirse de un rojo profundo, un aura del mismo color envolviéndolo por completo.

—Interesante —dijo Lucila, sin dejar de atacar—. ¿Tu poder también responde al miedo?

—No al miedo. Al peligro. —Blanck bloqueó su siguiente golpe con el antebrazo, el fuego endureciéndose lo suficiente para resistir el filo de la espada—. Y entre más peligrosa seas, más fuerte me vuelvo yo.

Lucila fragmentó una roca cercana, lanzando los cubos resultantes como proyectiles — Blanck los quemó en el aire antes de que llegaran, cada uno reduciéndose a ceniza con la misma facilidad con la que había interceptado las flechas semanas atrás.

—Vamos, dragón. Muéstrame algo real.

Blanck avanzó, el aura roja intensificándose con cada movimiento de ella, y por primera vez en el combate, Lucila sintió algo parecido a la duda cruzar su confianza. Cada ataque que lanzaba, por más poderoso que fuera, solo parecía alimentar la fuerza de su oponente en vez de debilitarlo.

—Tu habilidad es impresionante —dijo Blanck, cerrando la distancia entre ambos—. Pero mi Breakout no tiene techo propio. Solo toma el tuyo.

El golpe final la tomó por completo desprevenida — no por fuerza bruta desmedida, sino por precisión calculada, un impacto directo al plexo que la dejó sin aire, cayendo de rodillas sobre el suelo fragmentado que ella misma había creado.

Lucila se levantó, tambaleante, la sangre escurriendo de un corte en la ceja, y por primera vez desde que había activado Life My All, algo parecido al respeto genuino cruzó su expresión, aunque su orgullo se negara a mostrarlo del todo.

—Otra vez.

—No.

—¡Dije otra vez!

—Y yo dije que no. —Blanck la miró sin ninguna crueldad, solo la firmeza de quien ya conoce el resultado—. Perdiste. Con honor, pero perdiste.

Lucila apretó los puños, la humillación pública pesándole más que cualquier herida física.

—Entonces mátame de una vez. Prefiero morir peleando a arrastrarme detrás de un dragón que decidió jugar a ser héroe.

—No voy a matarte. Te ofrecí un trato, y pienso cumplirlo. —Blanck se acercó, extendiendo la mano—. Te unes a nosotros. No como prisionera. Como aliada.

—¿Aliada de qué exactamente? Ni siquiera sé qué quieres de mí.

—Necesito gente capaz de enfrentar algo que ningún ejército normal podría vencer. Y tú, con esa anomalía, eres exactamente el tipo de poder que necesito de mi lado.

Lucila lo estudió un largo momento, calculando, como siempre, qué ganaba ella con cualquier decisión que tomara.

—¿Y si me niego?

—Entonces la guardia real sigue teniendo permiso para completar la ejecución que interrumpí. —Blanck no lo dijo como amenaza, solo como hecho—. Prefiero que elijas venir por voluntad propia. Pero la alternativa sigue ahí, si la prefieres.

Ella soltó una risa seca, sin ninguna alegría real en el sonido.

—Vaya forma de ofrecer una alianza. "Únete o muere."

—No es tan distinto de cómo has estado viviendo hasta ahora.

Eso la hizo detenerse. Miró hacia donde quedaba su club, el taller en ruinas, los pocos motociclistas que habían sobrevivido observando la escena con una mezcla de miedo y esperanza incierta.

—Si acepto, ¿qué pasa con ellos?

—Depende de lo que hagan con la segunda oportunidad que les estoy ofreciendo. —Blanck la miró directamente—. Si vas a robarle a alguien de ahora en adelante, que sea a los peces gordos. No a quien trabaja duro para ganarse lo poco que tiene.

Lucila se quedó en silencio un largo momento, el peso de la propuesta asentándose despacio.

—Está bien. —Tomó su mano, finalmente, el acuerdo sellado con la misma frialdad práctica con la que sellaba cualquier otro trato en su vida—. Pero no esperes que me convierta en una santurrona de la noche a la mañana.

—No lo espero.

Kate se acercó una vez terminado el intercambio, la desconfianza todavía marcada en cada línea de su postura.

—Así que ahora somos aliadas.

—Eso parece. —Lucila la miró de arriba abajo, sin ningún disimulo—. Tú debes ser la del pueblito de gente pobre y noble. Puedo olerlo desde aquí.

—¿Perdón?

—El tipo de persona que cree que la bondad es suficiente para sobrevivir en este mundo. —Lucila se limpió la sangre de la ceja con el dorso de la mano—. Es adorable. Ingenuo, pero adorable.

—Prefiero ser ingenua a robarle a la gente que ya no tiene nada.

—Y yo prefiero sobrevivir a morir con las manos limpias y el estómago vacío. —Lucila sonrió, sin ninguna calidez en el gesto—. Cada quien con sus prioridades, supongo.

Isolde, observando el intercambio desde un costado, intercambió una mirada preocupada con Larss.

—Esto va a ser complicado.

—Muy complicado —confirmó Larss, sin ninguna sorpresa en la voz—. Pero necesario, si vamos a tener suficiente poder para lo que se viene.

Blanck, observando la tensión entre las dos mujeres que acababan de convertirse, a la fuerza, en parte del mismo bando, no pudo evitar preguntarse si aquella fricción terminaría por unirlos más de lo que cualquier acuerdo pacífico podría hacerlo — o si terminaría siendo la grieta que los partiera justo cuando más necesitaban estar unidos.

No tenía forma de saber, todavía, que aquella misma tensión —el choque constante entre la pragmática que sobrevivía a cualquier costo y la idealista que se negaba a ceder ni un centímetro de su moral— sobreviviría, casi intacta, durante siglos, hasta convertirse en la dinámica que definiría a dos de los Five Forgers por el resto de su existencia.

Continuará...

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