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UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Padre soltero / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:476.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Meraki...06

Leonardo Fontana, es un joven de 22 años, italiano, heredero de una importante casa de moda. Acostumbrado a una vida de excesos, se ve forzado a madurar de la noche a la mañana, y reacomodar su vida a los nuevos desafíos que le trae.

NovelToon tiene autorización de Meraki...06 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 7

Leonardo

Marco se fue a las tres de la tarde, prometiendo volver al día siguiente con la información del laboratorio para las pruebas de ADN.

Cuando cerró la puerta detrás de el, el penthouse quedó en silencio.

Un silencio que me pesó más que cualquier ruido.

Tomas y Lucía dormían en la canasta de mimbre la única cuna que tenían, envueltos en las mantas que Vale había encontrado en el fondo. Estaban juntos, tan pegados que parecían uno solo, con sus cabezas casi tocándose y sus manitos extendidas como si buscaran algo que yo no podía ver.

Me quedé mirándolos desde el sofá, sin atreverme a moverme. Cada vez que respiraban, yo contenía el aliento. Cada vez que uno de ellos hacía un pequeño ruido, mi corazón se paralizaba.

Seis meses, pensé. Seis meses de vida y yo no sabía nada. Seis meses en algún lugar con una mujer cuyo nombre no recuerdo.

La culpa tenía un sabor. Lo descubrí esa tarde, mientras el sol se filtraba por los ventanales y yo no podía apartar los ojos de dos criaturas que dependían de mí para todo. La culpa sabía a leche de fórmula agria, a pañales sucios, a la certeza de que había fallado antes de empezar.

El teléfono vibró en mi bolsillo. Mi madre.

Contesté con la voz que pude reunir.

—¿Mama?

—Leonardo, querido, ¿cómo amaneciste? Tu padre y yo queríamos llevarte a comer para celebrar. El restaurante que tanto te gusta, el de la terraza...

—Mama, no puedo.

Silencio. Luego, esa voz que conocía tan bien, la voz de Isabella Fontana cuando algo no salía como ella esperaba.

—¿Por qué no? te graduaste. Deberíamos celebrar en familia.

—Porque...

miré la canasta. Lucía había movido un brazo y ahora lo tenía extendido sobre su hermano, como si lo protegiera incluso durmiendo.

—Porque tengo algo que hacer.

—¿Algo más importante que tu familia?

Sí, pensé. Dos cosas. Dos personas diminutas que no sabía cómo nombrar.

—Mama, ¿tú sabes cómo se cuida a un bebé?

El silencio al otro lado de la línea fue más largo. Cuando mi madre volvió a hablar, su voz había cambiado.

—¿Leonardo, Qué está pasando?

—Nada. Es solo... una pregunta.

—No haces ese tipo de preguntas sin motivo. Dime qué ocurre.

Cerré los ojos. Podía imaginarla en su cocina de la casa familiar en Parioli, con su delantal de lino y sus manos siempre ocupadas en algo. Podía imaginarla preocupada, como lo había estado cada vez que yo llegaba tarde a casa en los últimos tres años.

—Mama, ahora no puedo explicarte. Pero necesito que confíes en mí.

—Leonardo...

—Por favor. Te lo contaré todo. Pero no hoy.

Hubo un suspiro. El suspiro de una mujer que ha aprendido a esperar a su hijo porque no le ha quedado otra opción.

—Está bien, amor. Pero quiero verte pronto. Y quiero que me digas qué está pasando.

—Pronto, mama. Lo prometo.

Colgué antes de que pudiera hacerme más preguntas. Y me quedé allí, con el teléfono en la mano, sintiendo el peso de otra promesa que no sabía si podría cumplir.

 Las seis de la tarde fue el primer momento de pánico real.

Tomas despertó llorando. Luego Lucía. Luego los dos a la vez, con esa sincronía que solo los gemelos parecen tener, como si hubieran acordado en secreto que el mejor momento para atacar era cuando yo acababa de cerrar los ojos.

—Está bien

dije, levantándome del sofá con las piernas dormidas.

—está bien. Voy a...

¿Qué iba a hacer, Cómo se calmaba a dos bebés llorando al mismo tiempo?

Vale me había enseñado algo antes de irse. Primero, revisa el pañal. Segundo, el hambre. Tercero, el sueño. Cuarto, el frío o calor. En ese orden.

Pañales. Revisé a Tomas. Seco. Lucía también. Bien.

Hambre. Eran casi las seis. El último biberón había sido a las tres. Vale había dicho que los bebés de seis meses comían cada tres o cuatro horas.

—Tienen hambre

dije en voz alta, como si verbalizarlo me ayudara a no olvidarlo.

Preparar biberones. Había visto a Vale y Marco hacerlo ese día. Agua hervida en la tetera. Esperar a que enfriara un poco. Probar en la muñeca como hizo Vale o con el termómetrocomo Marco. Cuatro cucharadas rasas de fórmula por cada biberón. Cerrar bien. Agitar.

Mis manos temblaban mientras medía la fórmula. La lata parecía un jeroglífico. 120 ml de agua. 4 cucharadas. Lo repetí como un mantra mientras los mellizos lloraban a mis espaldas, en la canasta que había dejado en el suelo de la cocina para tenerlos cerca.

—Ya va, ya va

decía, mientras agitaba el primer biberón con más fuerza de la necesaria.

—Un segundo más. Solo un segundo.

Cuando finalmente tuve los dos biberones listos, me senté en el suelo de la cocina el mármol estaba frío, pero no me importó y tomé a Tomas en un brazo, a Lucía en el otro. No podía alimentarlos a los dos a la vez. No podía sostener dos biberones con dos manos ocupadas con dos bebés.

—Mierda

susurré.

Lucía lloraba con más fuerza, su carita enrojecida, sus puños apretados. Tomas hacía ese sonido desgarrador que había empezado a reconocer como el preludio de un berrinche mayor.

Hice lo único que se me ocurrió apoyé a Tomas contra mi pecho, con su cabeza en mi hombro, y con la mano izquierda sostuve el biberón de Lucía. Ella lo tomó con la urgencia de quien ha estado esperando demasiado.

—Ahora tú

dije a Tomas, cuando Lucía había calmado su llanto y mamaba con avidez.

Cambié de posición. Tomas contra mi pecho, su biberón en la mano izquierda. Lucía en mi regazo, sostenida por mi brazo derecho mientras terminaba de comer.

No era elegante. No era cómodo. Pero funcionaba.

Por algún milagro, los dos terminaron sus biberones casi al mismo tiempo. Los apoyé contra mi pecho, uno en cada hombro, y les di palmaditas en la espalda como había visto hacer a Vale con mis manos sobre ellos cruzadas.

Lucía eructó primero, con un sonido pequeño y satisfecho. Tomas la siguió un minuto después, y luego se quedó dormido contra mi cuello, con su respiración cálida y su pequeño peso haciéndome sentir algo que no sabía cómo nombrar.

Los dejé allí, acurrucados contra mí, mientras el sol de Roma se ponía detrás de los ventanales y el penthouse se llenaba de sombras.

Era casi de noche cuando me di cuenta de que no había comido nada de lo que pedí, ni agua, No había hecho nada que no fuera sostener a dos bebés que no sabía que existían hace doce horas.

Pero cuando miré a Tomas y Lucía, dormidos en mis brazos como si yo fuera el lugar más seguro del mundo, supe que había hecho una cosa bien.

Solo una. Pero era un comienzo.

1
Gladys Dona
Hermosa novela Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Muy linda novela tienes mucho talento para redactar lo único que me hubiese gustado que pusieras rostro a tus personajes Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Como me gustaría que todos los jueces vieran la otra cara de la moneda acá Argentina cuantos casos que tenían la tenencia la madre si se les puede llamar madre y los terminaron matando a golpes una era lesbiana y junto a la pareja le pegaban otra se junto con un drogadicto para que no molestara le daban droga en el biberón por eso acá el juez hizo justicia
Gladys Dona
Es una sinvergüenza ella quiere a Leo su poder dinero realmente lo que menos les interesa son los niños
Gladys Dona
Después de abandonarlo viene que quiere verlos prefirió su carrera en ves de criar a sus hijos porque no hablo con Leonardo y después que tome una decisión la hizo más fácil dejarlos en una canasta no tienes derecho perdiste todo cuando los abandonaste solo te intereso tú carrera ahora deja de hacerte la víctima sos una zorra
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Creo que la madre de los niños es Valeria
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ese tiene el cerebro plano no se da cuenta..o no quiere darse cuenta que ella no tiene dinero bastante
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Madre mía no se cómo no embarazó a más mujeres
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Eso le pasó por imbécil.mujeriego jajajaja ándale como suelen. los mexicanos
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Es un inmaduro y un imbécil está completito 😂😂😂que asco solo piensa con la cabeza de abajo
Gladys Dona
Ser pobre no es deshonra tú te esfuerza para salir adelante para el día de mañana ser alguien y no seguir trabajando de empleada que también es un trabajo digno pero al ser tan joven quieres progresar eso esta buenísimo
Gladys Dona
Leonardo tendrías que ofrecerle trabajo vos para cuidar los bb y ella ganaría buen sueldo para sus estudios
Gladys Dona
Y algún día a lo mejor aparezca porque quiere verlos o porque los extraña no creo que le sea tan fácil llevarlos 9 meses después dejárselo al padre ni una hiena abandona sus hijos
Gladys Dona
Realmente lo que menos piensa es acentar cabeza solo joda mujeres total el dinero no le hace falta lo único que queda que el padre le bloque tarjetas le saque el auto y así pueda ser que se ponga las pilas
Dignorah Vadell
Bella historia, felicitaciones y que tenga exito en las que escriba, que nos sigan entreteniendo
Purificacion Perez del Cerro
fotos de los personajes
Isabel Santibañez
me gusta
Isabel Santibañez
buen comienzo.
Gabriela Arron
maldita zorra,lo único que quería es la plata!! miserable 😠😠
Gabriela Arron
pero que asco de mujer, patética y zorra y mala madre, porque no le importan los hijos,solo quiere a Leo😠😠
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