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No Me Iba a Morir por Ti

No Me Iba a Morir por Ti

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Enfermizo
Popularitas:34.2k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Ximena Reyes creyó que su matrimonio con Víctor Rivas era lo único que le quedaba después del accidente que la dejó en cama. Pero la verdad era mucho más cruel: su esposo no solo tenía una amante, también había escondido un hijo con ella, había tomado control de su empresa y estaba esperando el momento perfecto para deshacerse de Ximena sin dejar pruebas.

Encerrada en su propia casa, vigilada, debilitada y sin poder mover las piernas, Ximena parecía no tener salida.

Hasta que entendió algo.

Víctor podía quitarle el teléfono, sus documentos, su dinero y hasta su cuerpo.

Pero no podía quitarle la cabeza.

Con ayuda de su mejor amiga Nadia, un médico frío que parece saber más de lo que dice y las grietas que empiezan a abrirse entre sus enemigos, Ximena decide dejar de suplicar.

Si su esposo quería verla muerta, primero tendría que verla levantarse.

Y esta vez, cada mentira, cada golpe y cada traición iba a cobrarse con intereses.

NovelToon tiene autorización de VivianMansano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10

Esa noche dormí mejor de lo que esperaba.

No porque estuviera tranquila.

Porque mi cuerpo ya no tenía fuerza para sostener más miedo.

A medianoche desperté con la boca seca y la lengua ardiendo. Quise pedir agua, pero antes de hacerlo escuché voces en el cuarto de al lado.

Hablaban bajo.

Creían que no los oía.

—Víctor, ¿por qué aceptaste cambiarle el nombre? —se quejó Yareli—. Toño se oye horrible. Cuando crezca se van a burlar de nuestro hijo.

Nuestro hijo.

En mi casa.

En la habitación contigua a la mía.

Sonreí en la oscuridad.

¿Horrible?

Y eso que no le puse un nombre peor.

—Es un nombre —respondió Víctor, fastidiado—. Primero hay que registrarlo. Cuando ella muera, se lo cambiamos.

Cuando ella muera.

Las palabras me atravesaron.

No “si”.

Cuando.

Víctor lo dijo con una naturalidad que me hizo clavarme las uñas en la palma. En menos de dos segundos la rabia me abrió la piel.

Ese hombre había dormido conmigo.

Me había abrazado.

Me había dicho que me amaba.

¿Cuándo se convirtió en alguien capaz de esperar mi muerte como si esperara que llegara un paquete?

¿O nunca me amó?

¿Todo había sido una inversión?

Mi familia.

Mi dinero.

Mis contactos.

Mi cuerpo.

Me mordí el labio para no llorar.

—Está bien —cedió Yareli al fin—. Después lo cambiamos.

Hubo un roce de tela.

Una respiración.

—No —susurró ella—. Está al lado.

El movimiento se detuvo.

Yo cerré los ojos, tragándome el asco.

—¿Y el testamento? —preguntó Yareli después—. ¿Se lo pediste? Hay que recuperarlo pronto. Si se muere y eso existe, aunque el niño esté aquí, no vamos a poder tocar su parte.

Qué hambre tenía.

No de amor.

De dinero.

—Lo pregunté —dijo Víctor—. Pero con lo del registro se me pasó. Mañana, cuando vayas por la carta poder, se lo pides.

—Yo no puedo sacárselo. Hoy me salió con que no cumplimos lo del hospital.

—Maldita vieja.

—No te enojes. Busca cualquier doctor, llévalo a la casa y cuando ella te dé el papel ya ves qué haces.

Me quedé mirando la oscuridad.

Lo sabía.

El doctor era la siguiente trampa.

Si no encontraba una salida antes de que llegara otro “especialista”, tal vez esa vez sí no despertaría.

Pensé en Nadia.

Pensé en Santiago.

El hombre que casi me asfixió en una gasolinera y aun así, de alguna forma, se había convertido en una posibilidad dentro de mi cabeza.

Me dormí tarde, con esa imagen fría clavada en la mente.

Al amanecer, alguien tocó mi puerta.

—Xime, ¿despertaste? Vengo por la carta poder.

Yareli.

Qué prisa.

Abrí los ojos. La cabeza me dolía por no haber dormido.

—Pasa.

Entró con un vestido blanco de lunares, el cuello largo brillando bajo una cadena de diamantes.

El perfume me golpeó antes que su voz.

Dior.

El mismo frasco que yo había comprado y casi no usaba porque Víctor decía que era demasiado fuerte.

También el vestido era mío.

Lo reconocí en cuanto se acercó.

Lo compré antes del accidente. Nunca alcancé a estrenarlo.

La cadena también salió de mi joyero.

Yareli se paró junto a mi cama cubierta con mis cosas, oliendo a mi perfume, lista para usar mi firma y meter a su hijo en mi casa.

Me tomó más de diez segundos no lanzarme sobre ella.

—¿Tan temprano vas al registro?

—Sí. Dicen que hay que formarse. —Sonrió—. Ah, y tu boca, ¿mejor? Anoche hablé con Víctor. Hoy va a mandar otro doctor.

Doctor.

El cuerpo me reaccionó antes que la mente.

La aguja del doctor Valdés.

La columna.

El dolor.

Empecé a temblar.

—¿Xime?

Respiré.

Una vez.

Otra.

—Estoy bien. Dame la carta.

Yareli sacó el documento, feliz.

Yo lo firmé sin leer demasiado.

Ella esperó a que terminara.

—Y lo del testamento... —dijo, como quien no quiere molestar—. Xime, ahora que el niño va a quedar registrado y Víctor quiere seguir contigo, ese papel solo les hace daño. Ustedes son esposos. No deberían tener algo así entre los dos.

Qué asco.

La amante de mi esposo hablándome de cuidar mi matrimonio.

No respondí.

Le entregué la carta.

—Yareli, ayúdame a llamar a mis papás.

Su cara cambió.

—¿A tus papás?

—Hace mucho no hablo con ellos. Se van a preocupar.

—Víctor dijo que no era buena idea. Estás muy sensible. Si ellos te oyen así...

—Tú marcas. Yo hablo frente a ti. No diré nada raro.

Ella dudó.

Yo añadí:

—Después te doy el testamento.

La codicia le ganó al miedo.

—Está bien.

Sacó su celular y marcó el número de mi papá.

Mientras sonaba, sentí que la sangre me subía entera al pecho.

Perdón, mamá.

Perdón, papá.

Al final igual tenía que arrastrarlos a mi infierno.

—¿Bueno?

La voz que contestó no era la de mi papá.

Era Víctor.

—¿Víctor? —Yareli se quedó helada—. ¿Por qué contestas tú? Este es el número del papá de Xime.

—¿Para qué le llamas? —La voz de Víctor sonó dura—. Te dije que no la dejaras hablar con su familia. Si se enteran de su estado, se arma un problema.

El cuarto quedó muerto.

Yo sentí que me arrancaban el piso.

Víctor tenía el teléfono de mi papá.

¿Dónde estaban mis padres?

¿Qué les había hecho?

¿Estaban vivos?

La oscuridad me cayó encima.

Mi cuerpo se fue hacia atrás.

Escuché a Yareli gritar mi nombre, sacudirme, pellizcarme, llamarme.

No quise volver.

Si ni siquiera podía proteger a mis padres, ¿qué derecho tenía a seguir respirando?

Me hundí.

No sé cuánto tiempo pasó.

En algún punto, desde muy lejos, escuché la voz de Víctor.

—Doctor Santiago, ¿mi esposa está bien?

¿Santiago?

Quise abrir los ojos, pero los párpados pesaban demasiado.

Tenía frío.

Mucho frío.

Como si hubiera caído al fondo de un pozo.

Entonces algo afilado me pinchó el pecho.

El dolor me arrancó hacia arriba.

—¡Ah!

Abrí los ojos.

La luz me cegó.

Frente a mí había un hombre con cubrebocas azul y una aguja delgada entre los dedos.

Ojos fríos.

Santiago Alcázar.

—Xime, despertaste —lloriqueó Yareli junto a la cama—. Nos asustaste muchísimo.

Así que seguía viva.

El hombre que me miraba sin ternura acababa de sacarme de la oscuridad.

—Doctor Santiago —dijo Víctor con una gratitud falsa—, de verdad, qué suerte que regresara a casa. Si no, mi esposa...

—Escuché gritos al pasar —respondió Santiago, guardando la aguja—. Solo vine a revisar.

¿Casualidad?

¿No había venido por mí?

Mi pecho subió y bajó.

Una parte de mí quería creer que sí. Que mi amenaza en la gasolinera había funcionado. Que ese hombre había cedido.

Otra parte sabía que Santiago no parecía alguien que cediera.

Víctor sacó un sobre rojo.

—Un detalle por la molestia.

Santiago ni lo miró.

—No lo necesito.

El rostro de Víctor se endureció.

No estaba acostumbrado a que lo rechazaran.

—Su esposa despertó —continuó Santiago—, pero tiene inflamación, heridas sin atender y mala circulación por la inmovilidad. Puede volver a colapsar.

—Entiendo —dijo Víctor, con la mandíbula tensa—. Marisol, acompaña al doctor.

Santiago tomó su maletín y caminó hacia la puerta.

Yo apreté la cobija.

No podía dejarlo ir.

Mis papás estaban en manos de Víctor.

Nadia no podía entrar.

Mi cuerpo no obedecía.

Y ese hombre, aunque me odiara, acababa de entrar a mi casa y salir vivo de la mirada de Víctor.

—Espera —dije.

Mi voz salió apenas.

Santiago se detuvo.

Víctor me miró.

—¿Qué pasa?

—Tú dijiste que ibas a buscarme un doctor —susurré—. ¿Podemos pedirle al doctor Santiago que me trate? Es nuestro vecino. Y acaba de salvarme.

La habitación se quedó quieta.

Miré a Santiago con toda la esperanza que me quedaba.

No le pedía cariño.

No le pedía justicia.

Solo una grieta.

Una línea delgada por donde pudiera seguir viva.

1
Adolis Cardona
más capítulos
Lolly Carazo
Está historia está buena pero deja a la protagonista ganar alguna de las tantas batallas que ha hecho para salvarse volver a caminar y salir del martirio y recuperar lo de ella y su familia
Becky Navarro
tofavia no entiendo a ese vecino que pitos toca esta igual de loco que el esposo
Becky Navarro
uff una ayudita no cae mal🥰🥰🥰🥰🥰
Becky Navarro
yo hasta me engarruño cada que el idiota ese aparece con ganas de agarrarlo de las bolas bien recio
Becky Navarro
gracias la ban a escuchar
Becky Navarro
una pendendeja bien echa x sue madres no le tomo fotos 😡😡😡
Becky Navarro
esto empezó muy bien
Isidra Marta Sánchez Ortiz
Sí, cómo? 😭😭😭😭😭😭😭
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Vamos a leer cómo supera Ximena esta terrible situación. Qué será de los papás de ella? 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Flor de lis
bonito
Monica Raquel Martin
ahora lo que falta es que XIMENA valla a la cárcel y se haga aliada de Yareli
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
es muy buena tiene mucho suspenso, como se va a escapar?
Alix Sarmiento
está muy buena alguien la debe ayudar
Zaira
No leo más demasiados capítulos de sufrimiento y maldad.
Zaira
Bueno y que clase amiga tiene que ni se preocupa
Zaira
ERES UNA ESTUPIDA ,ESCRITORA HASTA CUANDO LA VAS HACER SUFRIR, YA YO ESTOY QUE ARDO DE LA IMPOTENCIA ,NO SOPORTO EL ABUSO.
Becky Navarro: tampoco ofendan a la escritora x favor
total 2 replies
Rossy Bta
más capitulos 🙏 por favor
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