Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capítulo 9
La pequeña oficina estaba impregnada de aromas.
Frente a ellas descansaban dos tazas humeantes y dos porciones de pastel de chocolate con avellanas que apenas habían tocado.
Porque desde que Muriel comenzó a hablar, Belinda prácticamente dejó de respirar.
—Espera, espera… —Belinda levantó ambas manos intentando procesarlo todo—. ¿Me estás diciendo que Omar Torrealba apareció de la nada en tu oficina después de nueve años… te besó… y luego dijo que volvió para casarse contigo?
—Básicamente.
Belinda abrió los ojos exageradamente.
—Ese hombre definitivamente perdió la cordura.
Muriel resopló cansada.
—Completamente.
Belinda sonrió lentamente.
—Y sigue igual de guapo.
Muriel levantó la mirada enseguida.
—¿Qué sabes tú de si es guapo? La última vez que lo viste tenías 13 y él 14.
Belinda soltó una carcajada.
—Por favor, siempre fue un papucho.
Muriel negó con fastidio.
Porque Omar se había vuelto absurdamente atractivo.
Mucho más de lo que debería permitirse una persona con semejante ego.
Belinda observó la expresión de su amiga y sonrió con malicia.
—Ay no… te afectó de verdad.
—No exageres.
—Muriel, te conozco desde niñas. —Se inclinó hacia ella señalándola con el tenedor—. Tienes cara de mujer emocionalmente comprometida.
Muriel rodó los ojos.
—Solo me tomó por sorpresa.
Belinda soltó una risa incrédula.
—Claro.
Muriel tomó otro sorbo de café intentando ignorar el caos que seguía sintiendo dentro.
Belinda permaneció observándola unos segundos antes de soltar tranquilamente:
—Deberías casarte con él.
Muriel casi se atragantó con el café.
—¿Estás loca, Bel?
—Escúchame primero.
—No hay nada que escuchar.
Belinda cruzó las piernas cómodamente en el sofá.
—Piénsalo. Quizá no sería una mala idea.
Muriel la miró como si acabara de perder completamente la razón.
—Desapareció durante años.
—Y aun así mira lo que te provocó con un solo beso.
Muriel abrió la boca para protestar, pero Belinda no la dejó.
—En todas las citas que te arreglé estos últimos años no pasó absolutamente nada.
Muriel desvió la mirada incómoda.
Porque era verdad.
Nunca sintió ni una mínima chispa con nadie más.
Belinda sonrió lentamente.
—Además…
Muriel entrecerró los ojos sospechando de ese tono.
—¿Además qué?
Belinda tomó tranquilamente un poco de pastel antes de responder:
—Eso enfurecería muchísimo a tu padre.
La frase golpeó directamente algo dentro de Muriel.
Y eso fue evidente.
Porque Belinda vio perfectamente el instante exacto en que aquella idea comenzó a moverse peligrosamente en su cabeza.
Muriel bajó lentamente la taza de café.
Casarse con Omar era absurdo.
Una locura.
Una pésima idea.
Y aun así…
La simple imagen de la expresión que pondría Lauro Galiano si ella aparecía tomada del brazo de Omar Torrealba le produjo una satisfacción imposible de ignorar.
Belinda sonrió apenas al notar el brillo pensativo en los ojos de su amiga.
—Mírate… ya lo estás considerando.
Muriel reaccionó enseguida.
—No lo estoy considerando.
—Claro que sí.
—No.
Belinda soltó una pequeña carcajada divertida.
—Muriel… esa cara tuya siempre aparece cuando una idea peligrosa empieza a gustarte.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Esa noche, la casa de los Torrealba permanecía en calma.
El sonido suave de la vajilla terminando de recogerse llegaba desde la cocina mientras Omar, Salomé y Federico terminaban la cena en el comedor.
Federico se levantó acomodándose el saco.
—Bueno, mañana tenemos un día largo… buenas noches.
Salomé le sonrió con cariño.
—Buenas noches, Fede.
Omar asintió apenas.
—Descansa.
Federico tomó las llaves del auto y antes de salir señaló a Omar con expresión divertida.
—Y trata de no secuestrar a Muriel mañana.
Omar soltó una pequeña risa mientras negaba con la cabeza.
—Lárgate ya.
Federico terminó riéndose antes de desaparecer por el pasillo.
Cuando quedaron solos, el ambiente cambió ligeramente.
Salomé permaneció en silencio mirando distraídamente la taza de té entre sus manos.
Omar la observó unos segundos antes de hablar.
—¿Mamá… estás bien?
Ella levantó la mirada lentamente y le regaló una pequeña sonrisa cansada.
—Sí.
Pero Omar conocía demasiado bien a su madre.
Sabía que algo la estaba afectando.
Salomé suspiró suavemente.
—Solo que… volver a este pueblo está removiendo demasiados recuerdos.
Su voz salió cargada de nostalgia.
Dolor antiguo.
—Pero estaré bien.
Omar se levantó y caminó hasta sentarse junto a ella.
—No tienes que soportarlo sola.
Salomé tomó suavemente la mano de su hijo.
—Lo sé.
Guardó silencio unos segundos antes de preguntar:
—¿Pudiste averiguar algo de Elena?
Omar asintió.
—Sí. Tu amiga sigue viviendo aquí.
Eso iluminó ligeramente el rostro de Salomé.
—¿De verdad?
—Tiene una pastelería bastante famosa en el pueblo.
Una sonrisa nostálgica apareció en los labios de Salomé.
—Elena siempre hacía los mejores postres…
Sus ojos se humedecieron apenas.
Habían pasado demasiados años.
—Mañana iré a sorprenderla.
Omar sonrió apenas.
—Hablaré con el marido de Teresa para que te lleve.
Salomé frunció ligeramente el ceño.
—Omar…
—No quiero que andes sola por ahí todavía.
Ella terminó suspirando con resignación divertida.
—Me parece bien. La verdad… no me apetece manejar.
El silencio volvió a instalarse entre ambos unos segundos.
Hasta que Salomé levantó lentamente la mirada hacia él.
—Mañana enfrentarás a ese hombre.
La expresión de Omar cambió apenas.
Se endureció.
Fría.
Controlada.
Pero Salomé alcanzó a notar el dolor escondido detrás.
Omar tomó aire lentamente.
—Sí.
Ella apretó suavemente su mano.
—Solo prométeme que no dejarás que el odio te destruya.
Omar guardó silencio un instante.
Porque no estaba seguro de poder cumplir esa promesa.
Finalmente sonrió apenas intentando tranquilizarla.
—No quiero que te preocupes por nada…solo busco justicia.
Pero mientras lo decía, ambos sabían perfectamente que regresar a Valle Escondido ya estaba comenzando a cambiarlo todo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La casa permanecía completamente en silencio.
Omar llevaba más de una hora acostado mirando el techo de su habitación sin lograr conciliar el sueño.
Cada vez que cerraba los ojos aparecía ella.
Muriel.
Omar soltó lentamente el aire y se incorporó en la cama.
El reloj marcaba casi las dos de la madrugada.
Y aun así seguía completamente despierto.
Porque besarla había sido un error.
Ahora no podía sacarla de su cabeza.
Recordaba perfectamente el instante en que la sostuvo contra el escritorio.
La suavidad de sus labios.
Todo desapareció.
Solo quedaron ellos.
Omar apoyó los codos sobre las rodillas mientras soltaba una pequeña risa amarga.
Estaba perdido.
Completamente perdido por esa mujer desde que tenía diecisiete años.
Y lo peor era saber que nunca dejó de pertenecerle de alguna forma.
Cerró los ojos recordando algo que Muriel le dijo horas atrás:
"Me dejaste atrás hace años."
Aquellas palabras seguían clavadas en su cabeza.
Porque si ella supiera…
Si tan solo supiera lo que realmente ocurrió días antes de marcharse.
La mandíbula de Omar se tensó.
Había cosas que Muriel desconocía.
Se levantó finalmente de la cama y caminó hasta el enorme ventanal de la habitación.
Desde allí podía verse gran parte de Valle Escondido iluminado por las luces nocturnas.
El mismo pueblo que juró no volver a pisar jamás.
Y aun así ahí estaba.
Porque Muriel seguía siendo el centro de todo.
El motivo de su debilidad.
Y probablemente también de su destrucción.
Omar apoyó una mano contra el cristal mientras una sola idea se repetía obsesivamente en su mente:
No iba a volver a perderla.
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴