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Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Status: En proceso
Genre:Regreso a la infancia / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

En un reino donde las leyendas nunca mueren, una joven noble comienza a tener sueños con una vida que no recuerda y una tragedia que aún no ha ocurrido. Mientras la sombra de una antigua profecía vuelve a extenderse sobre el imperio, su destino se entrelaza con el del príncipe heredero, un hombre marcado para morir antes de reclamar el trono.

Cada recuerdo la acerca a una verdad capaz de cambiar el curso de la historia, pero también despierta a quienes han esperado siglos para impedir que el pasado se repita. En un mundo donde nadie es completamente inocente y cada decisión tiene un precio, proteger al príncipe podría significar condenarse a sí misma una vez más.

Porque algunas promesas sobreviven a la muerte... y hay destinos de los que ni siquiera una nueva vida puede escapar.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7 El secreto del invernadero (parte 1)

Mi padre terminó castigando a Cassian.

Bueno... Eso fue lo que todos creyeron.

Porque, después de escucharlo intentar justificar durante casi diez minutos por qué "un heredero del ducado necesitaba seis bollos para mantener una mente brillante", mi padre únicamente le ordenó pasar la mañana ayudando a Thomas en los jardines.

Según él, aquello le enseñaría disciplina. Según Cassian... Era el peor castigo imaginable.

—¡Padre! —protestó mientras dejaba caer los hombros con dramatismo—. Thomas me hará arrancar malas hierbas.

—Ese es el objetivo.

—Pero yo soy el futuro duque.

—Precisamente por eso deberías saber cuánto trabajo cuesta mantener estas tierras.

Cassian abrió la boca para responder, la cerró, volvió a abrirla, finalmente suspiró con resignación.

—Está bien...

Mi padre escondió una leve sonrisa detrás de la taza de té.

Yo observaba la escena en absoluto silencio, disfrutando cada segundo.

—¿Te estás riendo de mí, renacuaja? —preguntó Cassian al notar mi expresión.

Negué con la cabeza.

—No.

—Mientes fatal.

—Un poquito.

—Ven conmigo al jardín y verás.

Saqué la lengua.

—No quiero.

—Claro que quieres.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Mi padre dejó la taza sobre la mesa con un pequeño golpe.

—Los dos.

Nos quedamos callados inmediatamente.

Él nos miró uno por uno, después negó con la cabeza.

—Hay días en los que me pregunto si realmente son hijos míos.

—Yo también me lo pregunto —respondió Cassian con absoluta naturalidad.

No pude contener la risa, mi padre levantó una ceja.

—¿Algo que añadir?

—No, padre.

—Eso imaginaba.

El desayuno terminó entre conversaciones tranquilas. Margaret insistió en que terminara toda la leche, Beatrice apareció varias veces para dejar pan recién horneado sobre la mesa y Albert se movía con la precisión de un reloj, sirviendo el té antes de que cualquiera tuviera que pedirlo.

Me gustaban aquellas mañanas.

Hacían que la residencia pareciera inmensa y acogedora al mismo tiempo.

Cuando mi padre se marchó hacia su despacho, Cassian se levantó con la expresión de un condenado camino al cadalso.

—Si dentro de dos horas no he vuelto...

Lo miré con curiosidad.

—¿Qué hago?

—Dile a Thomas que me tuvo demasiado tiempo bajo el sol.

—Solo será toda la mañana.

—Exacto.

—No parece tanto.

Él apoyó una mano sobre mi cabeza y despeinó mi cabello con toda la intención del mundo.

—Lo dices porque no eres tú.

—¡Cassian!

Intenté apartarlo, pero ya iba caminando hacia la puerta mientras se reía.

—¡Nos vemos, renacuaja!

—¡No me llames así!

—¡Entonces deja de parecer una!

Tomé una servilleta y se la lancé, fallé por mucho.

La servilleta terminó cayendo sobre la cabeza de Albert, todo el comedor quedó en silencio.

Abrí mucho los ojos.

—Yo...

Albert retiró la servilleta con la misma calma de siempre, la dobló cuidadosamente, la dejó sobre la mesa y, con absoluta seriedad, dijo:

—Excelente lanzamiento, mi lady.

Cassian estalló en carcajadas antes de desaparecer por la puerta.

Yo escondí la cara entre las manos.

—Quiero desaparecer.

Margaret me dio unas palmaditas en la espalda.

—No se preocupe.

Albert sonrió apenas un poco.

—He recibido proyectiles mucho peores.

No quise preguntar a qué se refería.

Un rato después decidí salir al jardín.

El aire olía a tierra húmeda y a flores recién abiertas. El verano estaba comenzando y casi todos los rosales que Thomas cuidaba con tanto esmero estaban cubiertos de pequeñas flores blancas, rosadas y rojas.

Siempre me preguntaba cómo conseguía que ninguna pareciera marchitarse.

Mientras caminaba por los senderos de piedra, escuché el ruido metálico de una espada chocando contra otra.

Giré la cabeza.

A unos metros de distancia, Cassian entrenaba con uno de los caballeros del ducado bajo la atenta mirada de Thomas, que fingía supervisar el trabajo de los jardineros mientras, en realidad, vigilaba que mi hermano no escapara de su castigo.

Cassian me vio antes que nadie, sonrió y levantó una mano para saludarme.

En ese preciso instante, el caballero aprovechó la distracción y le dio un ligero golpe con la espada de entrenamiento sobre el hombro.

—¡Ay!

—Nunca bajes la guardia, joven Cassian —dijo el hombre con una sonrisa.

Yo me eché a reír.

—¡Bien hecho!

Cassian me señaló con un dedo.

—Esto es culpa tuya.

—¡Yo no hice nada!

—Apareciste.

—¿Y eso qué tiene de malo?

—Que me distraes.

Thomas soltó una carcajada mientras seguía podando uno de los rosales.

—No le eche la culpa a su hermana, joven señor. Si pierde la concentración tan fácilmente, todavía le falta mucho para vencerme.

Cassian resopló.

—Algún día lo haré.

—Ese día me jubilaré tranquilo.

Mientras ellos seguían hablando, una mariposa de un color azul intenso pasó revoloteando frente a mí, era la más bonita que había visto en mi vida.

Sus alas parecían brillar bajo la luz del sol.

Sin pensarlo dos veces, comencé a seguirla.

La mariposa cruzó el sendero principal, después atravesó un pequeño arco cubierto de enredaderas y siguió volando hacia una parte de los jardines donde nunca me habían dejado entrar.

Me detuve unos segundos.

Recordaba perfectamente que Margaret decía que esa zona estaba abandonada desde hacía muchos años, pero la mariposa volvió a revolotear unos metros más adelante, como si me estuviera esperando.

No sé por qué, tal vez fue curiosidad, tal vez fue simple terquedad. O tal vez... Fue la misma sensación que había sentido la noche anterior al mirar aquella página del libro.

Di un paso, luego otro, sin saber que, al cruzar aquel viejo sendero cubierto de hojas, estaba a punto de descubrir el primer secreto que la residencia Valmont había guardado durante generaciones.

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Afrodita Hada♥️
wow se ve interesante muchas gracias 😊😊🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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