Hay personas que llegan a tu vida haciendo ruido, otras que lo cambian todo en el silencio.
Libra nunca imaginó que una conversación sobre Saturno pudiera convertirse en el comienzo de la historia más importante de su vida. Entre recreos, paseos después de clase, chocolates calientes, bancos de madera y amaneceres compartidos, conocerá a Acuario, un chico que tiene la extraña habilidad de encontrar belleza en los pequeños detalles y de hacer sentir especiales a quienes lo rodean.
Mientras el tiempo avanza y el final del curso se acerca, ambos descubrirán que crecer significa aprender a convivir con los cambios, con el miedo a perder lo que amas y con las palabras que, a veces, nunca llegan a decirse.
Porque algunas historias de amor no nacen con un beso.
Nacen con una conversación que parecía insignificante.
Con una fotografía tomada sin avisar.
Con una promesa hecha entre risas.
Con dos personas que, sin darse cuenta, empiezan a convertirse en el hogar del otro.
NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12 - La última semana antes de Navidad
Existe un momento, justo antes de las vacaciones, en el que nadie piensa en los exámenes.
Las mochilas pesan menos.
Los profesores sonríen un poco más.
Las clases se convierten en una excusa para hablar.
Y el instituto deja de parecer un lugar de obligaciones para convertirse, durante unos días, en un sitio donde apetece quedarse.
Quizá porque todos saben que, durante unas semanas, dejarán de verse.
Y nadie echa de menos una rutina hasta que deja de tenerla.
---
—Quedan tres días.
Leo levantó tres dedos mientras caminaba por el pasillo.
—Tres días para qué.
—¡Para las vacaciones!
—Se nota que no quieres estudiar —respondió Escorpio.
—¿Y quién quiere?
Capricornio negó con la cabeza.
—Luego vendrán las notas y llorarás.
—Eso será un problema del Leo del futuro.
—Qué considerado eres contigo mismo.
Las risas acompañaron al grupo hasta el aula.
Libra caminaba unos pasos más atrás.
Acuario apareció a su lado como hacía siempre.
Sin avisar.
Como si ya fuera costumbre.
—¿Tú también cuentas los días?
Ella sonrió.
—Un poco.
—¿Tienes ganas de vacaciones?
La pregunta la hizo pensar.
Miró el pasillo lleno de alumnos.
Las puertas abiertas.
El ruido.
Las voces.
Después lo miró a él.
—Sí...
Hizo una pequeña pausa.
—Pero también me da un poco de pena.
Él arqueó una ceja.
—¿Pena?
—Sí.
—¿Por qué?
Libra tardó unos segundos en responder.
—Porque durante dos semanas no veremos a la gente todos los días.
Acuario guardó silencio.
No esperaba aquella respuesta.
—Bueno...
Sonrió.
—Siempre nos quedará WhatsApp.
Ella soltó una risa.
—No es lo mismo.
Él asintió despacio.
—No.
No lo era.
---
El recreo fue especialmente ruidoso.
Habían llevado un altavoz pequeño y sonaba música mientras varios alumnos jugaban en la pista.
El ambiente era diferente.
Más ligero.
Más libre.
Como si todos estuvieran respirando el comienzo de las vacaciones antes de tiempo.
Leo convenció a medio grupo para jugar un partido de fútbol.
Capricornio aceptó a regañadientes.
Escorpio hizo de árbitro sin que nadie la hubiera elegido.
Y, para sorpresa de todos, Libra también terminó entrando al campo.
—¿Tú vas a jugar? —preguntó Acuario sonriendo.
—No te acostumbres.
—Voy a inmortalizar este momento.
—Ni se te ocurra.
—Demasiado tarde.
Sacó el móvil.
Ella intentó quitárselo.
Él levantó el brazo.
—No llegas.
—Bájalo.
—Convénceme.
Libra dio un pequeño salto intentando alcanzarlo.
Nada.
Volvió a intentarlo.
Seguía sin llegar.
Acuario reía sin parar.
—Eres insufrible.
—Pero muy alto.
—Eso no cuenta.
—Claro que cuenta.
Ella volvió a saltar.
Esta vez consiguió agarrarle la muñeca.
Solo durante un instante.
Los dos quedaron completamente quietos.
La risa desapareció.
Sus manos seguían sujetándose.
Muy cerca el uno del otro.
Los dos respiraban un poco más deprisa.
No por el esfuerzo.
Sino por la cercanía.
—Eh...
La voz de Leo rompió el momento.
—¿Jugamos hoy o mañana?
Los dos soltaron la mano al mismo tiempo.
—Ya voy —respondió Acuario.
Libra se apartó intentando que nadie notara el calor que le había subido a las mejillas.
Solo Capricornio observó la escena de reojo.
Y sonrió para sí.
---
El partido fue un absoluto desastre.
Leo protestaba cada dos minutos.
Escorpio pitaba faltas inventadas.
Capricornio decidió sentarse porque decía que nadie respetaba el reglamento.
Y Libra...
Marcó un gol completamente por accidente.
El balón rebotó en tres personas antes de entrar.
—¡He metido uno!
Levantó los brazos riéndose.
Acuario empezó a aplaudir exageradamente.
—¡Tenemos una futura Balón de Oro!
—No exageres.
—¿Exagerar?
Se llevó una mano al pecho.
—Acabamos de presenciar un acontecimiento histórico.
Ella negó con la cabeza.
—Eres imposible.
—Y tú acabas de marcar.
Los dos chocaron las manos.
Un gesto rápido.
Natural.
Pero Libra sintió aquella pequeña descarga que empezaba a reconocer demasiado bien.
---
Al terminar el recreo, el grupo volvió caminando hacia el edificio.
El resto entró primero.
Ellos dos se quedaron unos metros atrás.
Acuario caminaba con las manos en los bolsillos.
Parecía querer decir algo.
Pero no encontraba la forma.
—¿Qué pasa? —preguntó Libra.
Él respiró hondo.
—¿Te puedo preguntar una cosa?
—Claro.
—Si algún día... por lo que sea...
Hizo una pausa.
—...dejáramos de hablar.
Ella se quedó completamente quieta.
No esperaba esa pregunta.
—¿Por qué iba a pasar eso?
Él se encogió de hombros.
—No lo sé.
La vida cambia.
La gente cambia.
Los cursos cambian.
Simple curiosidad.
Libra lo observó durante unos segundos.
Aquella era la primera vez que veía una pequeña inseguridad en él.
Muy pequeña.
Pero estaba ahí.
No respondió enseguida.
Quería elegir bien las palabras.
—No creo que pase.
—¿Y si pasa?
Ella sonrió con tranquilidad.
—Entonces serás tú quien tenga que volver a hablarme.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Por qué yo?
—Porque normalmente eres tú quien empieza todas las conversaciones.
Acuario negó con la cabeza sonriendo.
—Eso es verdad.
—¿Ves?
—Entonces queda hecho.
Le tendió el meñique.
—¿Trato?
Libra lo miró divertida.
—¿En serio?
—En serio.
Ella entrelazó su meñique con el suyo.
—Trato.
Fue un gesto infantil.
De esos que los adultos olvidan con los años.
Pero ambos lo hicieron con una seriedad absoluta.
Como si aquella promesa tuviera un peso mucho mayor del que cualquiera podría imaginar.
—Ahora ya no puedes romperla —dijo él.
—Ni tú tampoco.
Se soltaron justo cuando sonó el timbre.
Entraron corriendo al edificio mientras el profesor ya los esperaba en la puerta del aula.
Ninguno volvió a mencionar aquella conversación.
Pero los dos se fueron a casa pensando exactamente en lo mismo.
Era extraño.
Llevaban apenas unos meses conociéndose.
Y, aun así, la simple idea de imaginar una vida en la que el otro dejara de estar empezaba a resultar demasiado incómoda.
Todavía no era miedo.
Era algo mucho más silencioso.
Era el comienzo del apego.
Ese sentimiento que nace sin hacer ruido y que, cuando te das cuenta de que existe, ya ha echado raíces demasiado profundas para arrancarlo con facilidad.