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Dócil

Dócil

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️

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Muñeco de trapo

La puerta del camerino privado del teatro se cerró con un chasquido sordo que pareció aislar las paredes del resto del universo. Gus Fletcher se apoyó contra la madera, con el pecho subiendo y bajando en espasmos violentos. Tenía los ojos verde café fijos en el suelo, pero no veía nada. Su mente era un torbellino de adrenalina pura. El sudor frío de la presentación y el pánico del accidente se mezclaban en su piel con un calor pastoso, una corriente eléctrica que nacía en su muñeca derecha y en su tobillo izquierdo, donde los dos hilos carmesí vibraban como cables de alta tensión.

—Maldita sea —jadeó Gus, llevándose una mano al cuello semiabierto de su camisa oscura.

Estaba temblando. Sus músculos, firmes y trabajados por las exigencias del baile, sufrían pequeños espasmos involuntarios. No era por el golpe; era la sumisión física que se abría paso por sus venas tras haber sido arrastrado por el aire por una fuerza sobrenatural. La sola idea de que Arlo Baxter controlaba sus movimientos a la distancia provocaba un hormigueo húmedo y pesado en su entrepierna que lo hacía jadear de vergüenza. Su supuesta heterosexualidad se sentía como un mal chiste en ese momento.

Un clic metálico en la cerradura lo hizo saltar hacia adelante. La puerta se abrió de par en par y la inmensa silueta de Arlo Baxter llenó el umbral.

El mafioso entró como un torbellino de peligro. Su traje negro impecable denotaba la rigidez de su postura, pero su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su rostro parecían esculpidos en piedra. Sus ojos negros brillaban con una furia fría que congeló el aire del camerino. Arlo cerró la puerta de un golpe, y el sonido seco resonó como un disparo.

Sin decir una sola palabra, Arlo acortó la distancia con pasos pesados y decididos. Gus intentó levantar los brazos para interponer una barrera, pero Arlo estiró los dedos de ambas manos y los cerró en dos puños firmes. Al instante, los dos hilos rojos se tensaron al máximo con un zumbido eléctrico invisible.

—¡Ah! —Gus soltó un gemido ronco, un espasmo violento que le arqueó la espalda hacia adelante.

Sus brazos cayeron a los costados del cuerpo y su pierna izquierda quedó clavada al suelo, completamente inmovilizada por el control del titiritero. El lazo carmesí emitió un brillo rosa carnal que encendió la penumbra del camerino. Gus quedó suspendido frente al líder criminal, con la boca entreabierta, soltando pequeñas bocanadas de aire caliente mientras sus ojos verde café se empañaban de sumisión involuntaria.

—Casi dejas que esa inmundicia te aplaste, Fletcher —dijo Arlo. Su voz áspera y profunda, raspó los oídos de Gus, erizándole la piel del cuello—. Te di una orden clara. Tu bienestar me pertenece. No te di permiso para dejarte destruir por la negligencia de unos imbéciles.

—Yo... no pude moverme —alcanzó a jadear Gus. El sonido de su propia saliva al tragar delataba lo seco que tenía el paladar por la adrenalina—. El reflector cayó demasiado rápido. Tú... me salvaste.

—Te salvé porque eres mi propiedad, Gus —sentenció Arlo, dando el último paso que eliminó cualquier rastro de aire entre ellos. El pecho masivo del mafioso impactó contra el torso húmedo del cantante, obligándolo a inclinar la cabeza hacia arriba de forma pronunciada—. Y toda salvación en mi mundo conlleva una deuda. Una deuda de sangre y de obediencia absoluta.

Arlo relajó sutilmente los hilos, devolviéndole el movimiento al cuerpo del artista, pero antes de que Gus pudiera retroceder, la mano izquierda del mafioso subió como una garra y capturó su mandíbula con una fuerza implacable. Sus dedos largos y callosos se clavaron en la piel de Gus, forzándolo a abrir la boca sutilmente. El pulgar de Arlo presionó el labio inferior del cantante, frotándolo con rudeza, rompiendo la fina capa de saliva que humedecía la comisura de sus labios.

Gus soltó un sollozo ahogado, un sonido trémulo que se mezcló con el roce húmedo de sus pieles. El aroma a tabaco, alcohol fuerte y el perfume amaderado de Arlo lo envolvieron por completo, anulando su capacidad de razonar. Sentir el cuerpo inmenso y robusto del empresario criminal, aplastándolo contra la pared del camerino, desató una corriente ardiente en su cuerpo. Sus pantalones de cuero negro comenzaron a sentirse insoportablemente ajustados debido a una erección líquida y dolorosa que Gus ya no podía ocultar.

—Mírate —susurró Arlo, acercando sus labios a milímetros de los de Gus. El calor de sus respiraciones chocó, creando una atmósfera sofocante—. Estás ardiendo. Tus músculos tienen espasmos y puedo escuchar el latido desbocado de tu corazón golpeando contra mi pecho. Estás rogando que te reclame, aunque tu maldito orgullo te obligue a guardar silencio. Paga tu deuda, Gus. Entrégame el control por completo.

Gus cerró los ojos, derrotado. El fluido caliente del deseo y la sumisión total se apoderó de sus sentidos. Involuntariamente, sus manos buscaron los hombros anchos de Arlo, aferrándose a la tela de su saco con desesperación, buscando un anclaje en medio del abismo de placer oscuro en el que se estaba hundiendo.

—Págame —demandó Arlo en un susurro grueso.

Arlo unió sus labios con los de Gus en un beso que redefinió el dolor y el placer para el cantante. Fue una embestida salvaje, un contacto carnal y posesivo que le arrebató el aire de los pulmones en un segundo. La lengua de Arlo invadió la boca de Gus con una autoridad implacable, reclamando cada rincón húmedo, saboreando la sumisión del artista con una lujuria que llevaba días acumulándose.

Gus soltó un gemido largo y ahogado contra la boca del mafioso. El sonido del roce de sus labios, el chasquido húmedo de sus lenguas entrelazadas y los jadeos desesperados que se escapaban entre sus bocas llenaron el camerino. El hilo carmesí en su muñeca y en su tobillo explotó en un resplandor rosa abrasador, liberando oleadas de calor que hicieron que el cuerpo de Gus se sacudiera en un espasmo de puro éxtasis. La saliva compartida resbaló por la barbilla de Gus, humedeciendo el cuello de su camisa mientras se entregaba por completo al castigo protector de su captor.

Arlo deslizó su mano derecha hacia la cintura de Gus, apretando la carne con una fuerza descomunal que dejó marcas bajo la ropa. Con un movimiento fluido y dominante, levantó el cuerpo del cantante, despegando sus pies del suelo del camerino. Gus quedó suspendido, con las piernas flácidas y temblorosas, sostenido únicamente por el abrazo de hierro del mafioso. El contraste físico era absoluto: el cantante varonil y exitoso estaba completamente reducido a una posesión indefensa, gimiendo y temblando de emoción bajo el peso del líder de la mafia.

El beso continuó durante minutos que se sintieron como una eternidad de fuego líquido. Gus sentía que sus sentidos se apagaban y se encendían al ritmo de los empujes de la lengua de Arlo. Cada roce de sus anatomías conectadas provocaba un tirón caliente en su entrepierna, un espasmo de placer tan intenso que estuvo a punto de hacerlo eyacular en sus propios pantalones por el simple roce de los cuerpos.

Cuando Arlo finalmente rompió el beso, lo hizo con un tirón firme en el labio inferior de Gus, dejando al joven artista con la boca abierta, jadeando y soltando hilos de saliva plateada en la penumbra. Gus apoyó la cabeza desmadejada en el hombro robusto del mafioso, con el cuerpo completamente blando, temblando de pies a cabeza por la sobredosis de adrenalina y deseo.

—Eso es, dócil —murmuró Arlo cerca de su oído, y su voz causó un último escalofrío en la espina dorsal del cantante. El mafioso acarició el cabello castaño de Gus con lentitud, saboreando el triunfo absoluto de haber quebrado su resistencia por completo.

Sin embargo, el momento de sumisión carnal se vio interrumpido de golpe.

Arlo se tensó sobre el cuerpo de Gus. Sus músculos se volvieron rígidos como el acero y sus ojos negros se clavaron en la puerta del camerino. El hilo carmesí que unía sus manos dio un sutil tirón hacia el exterior, parpadeando con un color rojo sangre que no presagiaba nada bueno. El instinto criminal de Arlo se encendió de inmediato.

Con cuidado pero con una firmeza ineludible, Arlo depositó a Gus sobre el sofá de piel del camerino. El cantante se dejó caer como un muñeco de trapo, con los ojos verde café entreabiertos y la respiración aún entrecortada por el esfuerzo físico del beso.

—Quédate aquí —ordenó Arlo. Su tono ya no era el del amante posesivo, sino el del temible jefe de la mafia que coordinaba una guerra—. No te muevas de este sofá.

Arlo caminó hacia la puerta, metió la mano derecha por dentro de su saco negro y extrajo una pistola semiautomática de grueso calibre con silenciador integrado. El metal oscuro de la estructura del arma brilló bajo la luz del camerino. Gus, a pesar de estar sumergido en la niebla del placer, abrió los ojos con pánico al ver el arma real. La confirmación de la mafia estaba allí, tangible y peligrosa.

Arlo abrió la puerta un centímetro y miró hacia el pasillo trasero del teatro.

En el suelo del corredor, dos de sus guardaespaldas de confianza yacían inmóviles, con charcos de sangre espesa extendiéndose sobre las alfombras del teatro. Al fondo del pasillo, tres hombres encapuchados vestidos con ropa táctica oscura avanzaban con armas con silenciador en las manos, revisando las puertas del backstage. No era un accidente técnico del teatro; la caída del reflector había sido el inicio de un atentado planificado por un cartel rival para eliminar al líder de la familia Baxter en su punto más vulnerable.

Arlo no mostró un solo rastro de miedo. Al contrario, una sonrisa fría y letal apareció en su mandíbula. Miró de reojo a Gus, asegurándose de que el joven estuviera a salvo dentro del camerino, y luego tensó los dedos de su mano izquierda, asegurando las líneas de energía carmesí.

—La deuda de sangre se va a cobrar con creces, Fletcher —susurró Arlo con su voz gruesa y áspera antes de salir por completo al pasillo, cerrando la puerta detrás de él y dejando a Gus atrapado entre el eco de sus propios gemidos y el inminente sonido de la muerte que se desataba afuera.

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Dalia Lara
me encantan este tipo de historias, espero leer más cosas suyas🥰🥰
Skay P.: "Espinas y Sumisión" ya está en línea, con el primer capítulo 😈✨️
total 1 replies
Dalia Lara
me encanta 🥰🥰🥰
Skay P.: ¡Gracias mi Chikis! En unas horas, estará en línea una nueva obra, mucho más intenso que esto. ¡Prepárate!
En mi perfil, encontrarás otras historias interesantes ✨️🫰🫣🦋
total 1 replies
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