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Bajo El Nombre Valemont

Bajo El Nombre Valemont

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Magia
Popularitas:857
Nilai: 5
nombre de autor: Araknealeg

En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.

NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 10. Las Cosas Que Observan en Silencio.

......................

El salón principal estaba demasiado silencioso para contener a tantos nobles.

Eso fue lo primero que pensó Seraphine al entrar.

Las enormes lámparas de hierro iluminaban la estancia con una luz dorada y apagada que apenas lograba suavizar la oscuridad natural de las paredes negras Valemont. Afuera, la lluvia seguía golpeando los vitrales altos mientras el viento hacía vibrar levemente las llamas de las velas.

Toda la familia estaba allí.

El duque permanecía de pie frente a la chimenea encendida, inmóvil como una estatua tallada en piedra oscura.

Evelyne estaba sentada cerca de una mesa lateral, elegante incluso en tensión.

Celestine observaba el fuego con expresión distante.

Cassian se colocó inmediatamente junto al duque.

Y Alaric…

Alaric caminó lentamente hacia una columna cercana, relajado de forma casi ofensiva considerando la situación.

Seraphine permaneció cerca del centro del salón.

Observando.

Siempre observando.

El ambiente se sentía pesado. Denso.

Como si algo invisible estuviera presionando lentamente las paredes del castillo.

El duque habló finalmente.

—Otro guardia apareció muerto.

Directo.

Sin rodeos.

Nadie respondió.

—Esta vez dentro de los corredores interiores.

Eso hizo que incluso Evelyne levantara la vista.

Interiores.

Entonces el asesino ya no solo entraba al castillo.

Se movía libremente dentro.

Seraphine sintió un escalofrío lento recorrerle la espalda.

El duque avanzó despacio alrededor de la mesa central.

—La puerta no fue forzada. Nadie vio entrar o salir a nadie.

—¿La marca también apareció? —preguntó Cassian.

El duque lo miró unos segundos antes de responder.

—Sí.

Silencio otra vez.

El símbolo estaba convirtiéndose en un mensaje.

Uno deliberadamente dirigido a los Valemont.

Alaric habló desde las sombras de la columna.

—Entonces claramente alguien quiere llamar nuestra atención.

—No necesito tus observaciones inútiles —dijo el duque sin siquiera mirarlo.

La mandíbula de Alaric se tensó apenas.

Pequeño detalle.

Pero Seraphine lo notó.

Siempre existía un instante exacto donde el desprecio del duque atravesaba la máscara de sus hijos.

Cassian lo ocultaba. Evelyne lo refinaba. Celestine se alejaba emocionalmente.

Alaric sonreía.

Y eso probablemente era lo más peligroso de todos.

—Los Arden llegarán en menos de seis horas —continuó el duque—. El castillo debe parecer estable.

Seraphine casi sintió ganas de reír.

Estable.

Había cadáveres apareciendo en los corredores y secretos enterrados bajo la capilla.

Pero claro. La apariencia seguía siendo prioridad.

Porque así funcionaba la nobleza.

Mientras el desastre permaneciera elegante, seguía siendo aceptable.

Evelyne apoyó lentamente la copa sobre la mesa.

—Ocultar un asesinato a nobles visitantes será complicado.

—Entonces no lo ocultes —respondió el duque—. Contrólalo.

Eso hizo que Seraphine lo observara con más atención.

No parecía preocupado.

Molesto sí. Furioso incluso.

Pero no asustado.

Como si todavía creyera tener control absoluto de la situación.

Eso podía volverlo ciego.

Cassian habló cuidadosamente.

—¿Qué haremos con los rumores?

—Nada.

El duque se detuvo junto al fuego.

—Los rumores son inevitables. El miedo, en cambio, puede dirigirse.

Alaric soltó una risa baja.

—Ahí está el verdadero padre.

El duque finalmente giró hacia él.

El ambiente cambió inmediatamente.

Frío. Peligroso.

—¿Tienes algo útil que decir?

Alaric sostuvo su mirada.

Sonriendo apenas.

—Solo admiro tu habilidad para convertir cadáveres en estrategia política.

Cassian cerró los ojos un segundo.

Cansancio puro.

Seraphine sintió tensión inmediata.

Aquello iba a empeorar.

El duque avanzó lentamente hacia Alaric.

—La diferencia entre tú y yo —dijo en voz baja— es que yo entiendo el poder.

—No. —La sonrisa de Alaric desapareció apenas—. La diferencia es que tú todavía crees que controlas todo.

Silencio absoluto.

Incluso los sirvientes cerca de las puertas parecían contener la respiración.

Seraphine observó al duque cuidadosamente.

Y por primera vez vio algo extraño en él.

No ira.

Algo peor.

Incomodidad.

Muy leve. Casi invisible.

Pero real.

Alaric había tocado algo sensible.

El duque se detuvo frente a él.

—Recuerda tu posición.

—Siempre la recuerdo.

—Entonces compórtate como un hijo Valemont.

Alaric soltó una sonrisa torcida.

—Ese es exactamente el problema.

Cassian intervino inmediatamente.

—Basta los dos.

El duque apartó finalmente la mirada de Alaric.

Pero la tensión permaneció flotando en el salón.

Seraphine entendió algo importante: la familia estaba empezando a fracturarse abiertamente.

Y los secretos solo aceleraban el proceso.

Celestine habló de pronto.

—¿Dónde encontraron el cuerpo?

Todos la miraron.

Ella rara vez intervenía directamente.

El duque respondió después de unos segundos.

—Cerca de la torre norte.

El corazón de Seraphine se tensó apenas.

Cerca de los antiguos corredores privados.

Cerca de zonas poco utilizadas del castillo.

Interesante.

—¿Solo guardias están siendo atacados? —preguntó Evelyne.

—Por ahora.

“Por ahora.”

La frase cayó pesada.

Seraphine notó cómo algunos sirvientes bajaban inmediatamente la mirada.

Todos estaban pensando lo mismo: si el asesino quería realmente herir a los Valemont, eventualmente dejaría de matar soldados.

El duque pareció percibir el miedo expandiéndose.

—Duplicaré la vigilancia interna —dijo—. Nadie se moverá solo dentro del castillo.

Alaric sonrió apenas.

—Eso incluye a ti mismo?

El duque ignoró el comentario.

Pero Seraphine observó otra vez esa pequeña tensión incómoda bajo su expresión.

Algo no encajaba.

Porque el duque sabía más.

Muchísimo más.

Y aun así parecía esperar algo.

Como si todavía estuviera intentando confirmar una sospecha específica.

Entonces Cassian habló.

—¿Qué decía la marca esta vez?

El salón quedó completamente quieto.

El duque respondió después de un silencio demasiado largo.

—“La deuda será cobrada.”

El aire pareció enfriarse.

Seraphine sintió un nudo lento en el estómago.

Deuda.

La palabra conectó inmediatamente con la biblioteca subterránea. Con las alianzas antiguas. Con las familias protegidas.

Alguien estaba reclamando algo.

O vengándose.

Alaric inclinó apenas la cabeza.

—Eso sí suena personal.

El duque volvió hacia el fuego.

—Todos pueden retirarse.

Pero nadie se movió de inmediato.

Porque todos entendían lo mismo: aquella conversación estaba incompleta.

Cassian fue el primero en romper el silencio.

—Padre.

El duque no giró.

—¿Qué?

Cassian dudó apenas.

Raro.

Muy raro en él.

—¿Qué deuda?

Silencio.

Seraphine sintió el corazón acelerarse lentamente.

El duque observó las llamas unos segundos más antes de responder.

—No hagas preguntas inútiles.

Cassian tensó la mandíbula.

—Con respeto, ya murieron dos hombres dentro del castillo.

—Y morirán más si esta familia comienza a actuar con miedo.

La respuesta salió fría. Calculada.

Pero Seraphine notó algo importante: no negó la existencia de una deuda.

Cassian también lo notó.

Y Alaric definitivamente.

Porque su sonrisa regresó lentamente.

Como un hombre viendo grietas aparecer en una pared vieja.

—Interesante —murmuró.

El duque finalmente giró.

—Fuera.

Esta vez sí obedecieron.

Porque cuando el duque usaba ese tono incluso la discusión se volvía peligrosa.

El corredor exterior estaba casi vacío.

La mayoría de sirvientes evitaban moverse innecesariamente por el castillo ahora. El miedo había comenzado a transformar cada sombra en amenaza.

Seraphine avanzaba en silencio junto a Cassian mientras Alaric caminaba algunos metros detrás.

Evelyne y Celestine se habían separado rápidamente.

Probablemente inteligente.

El ambiente entre los hermanos seguía demasiado tenso.

Cassian habló sin mirarla.

—No me gusta esto.

—Qué observación revolucionaria.

Él soltó un suspiro cansado.

—Hablo en serio.

—Yo también.

La lluvia golpeaba las ventanas altas del corredor con ritmo constante.

Seraphine observó de reojo a Cassian.

Parecía peor que antes. Más agotado.

Como si cada nueva revelación estuviera erosionando lentamente algo dentro de él.

—Sabes más de lo que dices —murmuró ella.

Cassian no respondió enseguida.

Eso ya era respuesta.

—No lo suficiente.

—Entonces deja de actuar como si tuvieras que cargar todo solo.

Él finalmente la miró.

Y Seraphine se sorprendió apenas al notar honestidad real en su expresión.

—Porque alguien tiene que hacerlo.

La frase le produjo irritación inmediata.

No por arrogancia.

Porque sonaba sincera.

Cassian realmente creía que era su responsabilidad sostener aquella familia podrida.

Eso lo volvía peligroso de otra forma: hombres así terminaban sacrificándolo todo por estructuras que debían destruirse.

—La familia no va a salvarse solo porque cargues sus secretos —dijo ella.

Cassian se detuvo.

La observó unos segundos.

Demasiados.

—Hablas como alguien que ya decidió abandonarla.

El comentario golpeó cerca.

Seraphine apartó la mirada inmediatamente.

Porque sí.

Parte de ella llevaba años planeando escapar emocionalmente de los Valemont.

El problema era que el castillo seguía atrapándola cada vez más profundo.

Con secretos. Con preguntas. Con respuestas que aún no entendía.

Alaric apareció detrás de ellos.

—Qué conversación tan deprimente.

Cassian volvió a caminar.

Claramente intentando evitar otra discusión.

No funcionó.

—¿Sabes qué creo? —continuó Alaric—. Creo que padre está asustado.

Eso hizo que ambos lo miraran.

Cassian frunció el ceño inmediatamente.

—No digas estupideces.

—¿Ah no?

Alaric caminó lentamente junto a ellos.

—Dos asesinatos. Mensajes directos. Símbolos antiguos. Y por primera vez en años el gran duque Valemont evita responder preguntas.

Silencio.

Seraphine odiaba admitirlo, pero Alaric tenía razón.

El duque ocultaba algo específico.

Y no era simple estrategia política.

Parecía… personal.

Cassian habló finalmente.

—Aunque fuera cierto, decirlo en voz alta solo empeora las cosas.

Alaric sonrió apenas.

—Claro. Porque fingir control siempre ha funcionado excelente para esta familia.

Seraphine observó al segundo hijo cuidadosamente.

Él también estaba cambiando.

Antes parecía simplemente ambicioso. Violento. Hambriento de poder.

Ahora empezaba a verse interesado en algo más peligroso: la verdad.

Y personas como Alaric jamás buscaban verdad por moralidad.

La buscaban porque la información daba poder.

Eso significaba que eventualmente intentaría descubrir todo sobre Morvane.

Sobre ella.

Mierda.

Llegaron finalmente a una intersección de corredores iluminada por antorchas bajas.

Cassian se detuvo otra vez.

—Escuchen bien. Hasta entender qué ocurre, nadie habla de la biblioteca con nadie.

—Sigues asumiendo que puedes dar órdenes —comentó Alaric.

—Sigo asumiendo que eres suficientemente inteligente para entender el riesgo.

La sonrisa de Alaric desapareció apenas.

—No confundas inteligencia con obediencia.

El silencio volvió a endurecerse.

Seraphine sintió agotamiento repentino.

Toda aquella familia parecía incapaz de hablar sin convertir cada frase en desafío.

Y quizá eso era inevitable.

Los habían criado exactamente para eso.

Competencia constante. Desconfianza constante.

El duque no había construido hijos.

Había construido armas apuntándose entre sí.

La idea le produjo un vacío desagradable.

Cassian finalmente habló más bajo.

—No quiero verte involucrada en esto, Seraphine.

Ella levantó la vista hacia él.

—Demasiado tarde.

Cassian abrió la boca apenas.

Como si quisiera responder algo más.

Entonces un guardia apareció corriendo por el corredor.

Pálido.

Agitado.

—Mi lord—

Se detuvo abruptamente al notar a los tres hermanos reunidos.

Cassian dio un paso adelante.

—Habla.

El guardia tragó saliva.

—Los exploradores encontraron huellas fuera de las murallas norte.

Alaric arqueó una ceja.

—¿Y?

El soldado dudó apenas.

Mala señal.

—Había… símbolos marcados en los árboles.

El aire pareció enfriarse otra vez.

Cassian tensó la mandíbula.

—¿Qué símbolos?

El guardia respondió casi en susurro.

—El ojo atravesado.

Silencio.

Seraphine sintió algo pesado asentarse lentamente dentro de ella.

Ya no era solo alguien infiltrado en el castillo.

Había más.

Muchos más quizá.

Y estaban acercándose.

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