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La Duquesa Que Volvió De La Muerte

La Duquesa Que Volvió De La Muerte

Status: Terminada
Genre:Época / Reencarnación / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Pau Orozco

*PRÓLOGO*
*Sonya Smith*

El “lo siento” de Noa sonó a disparo antes que el disparo.

Sonya no bajó el arma. No por él. Por Lucía, que estaba detrás, llorando como si no fuera ella quien había puesto el veneno en su café esa mañana. Amigas. Amantes. Traidores.

“Eran los mejores diez años de mi vida,” dijo Noa. Tenía el dedo en el gatillo. No le temblaba. A Sonya siempre le gustó eso de él.

“Fueron,” corrigió ella.

El estruendo reventó la habitación. Dolió menos de lo que pensó. El suelo estaba frío. El techo, blanco. Lucía se arrodilló y le sostuvo la mano mientras se iba. Qué detalle.

Sonya Smith, 30 años, la mujer que desarmó carteles y tumbó gobiernos, murió en el piso de su cocina por confiar en dos personas.

Lo último que pensó no fue en venganza. Fue en silencio.

Por fin, silencio.

Y luego, luz.

NovelToon tiene autorización de Pau Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

*CAPÍTULO 10* *Cartas en el Fuego*

La guerra tenía dos frentes: el corazón de la casa y la bolsa del ducado.

Elira Valemot iba a incendiar los dos antes del anochecer.

Empezó con el regalo.

Llegó al mediodía. No un carruaje. No un mensajero. Un cuervo.

No el de su ventana. Uno negro, más grande, con una pata de metal. Aterrizó en el alféizar y no se fue hasta que Mira abrió. Llevaba un tubo de cuero atado al lomo. Sin sello. Sin nombre. Solo una espina de rosa negra grabada en el cuero. _Thorne_.

Dentro había libros. Libros contables. Tres. Encuadernados en piel roja. Y una nota, con la misma letra afilada del libro de venenos.

_“Montclair compró a tu padre hace cuatro años. Aquí está cómo. Y por cuánto. Úsalo. -C.A.T.”_

Elira pasó una hora leyendo. Sonya Smith entendía de números. De lavado de dinero. De deudas que se vuelven cadenas.

Roderick Valemont debía hasta el apellido. Darian Montclair tenía pagarés firmados por él por cada maldita cosecha fallida, cada reparación del ala este, cada vestido nuevo de Samantha. Si Darian cobraba mañana, el ducado era suyo. Y Elira, si seguía viva, sería una mendiga con título.

_Hijo de puta_, pensó Sonya. _No quiere casarse conmigo. Quiere comprarme._

Cerró los libros de golpe. El sonido retumbó como un disparo.

“Mira,” dijo. Su voz era cuchillo recién afilado. “Busca a Andrew. Tráelo a mi estudio. Ahora. Dile que es por las cartas de Darian. Que si no viene, se las leo a padre en la cena.”

Mira no preguntó. No dudó. Solo asintió y desapareció. En tres días había aprendido que cuando Elira usaba esa voz, alguien sangraba.

*El estudio.*

Olía a polvo y a secretos. Roderick nunca entraba. Cristal menos. Era el único lugar de la casa que Elira sentía suyo.

Andrew entró diez minutos después. Rojo de furia. De miedo. De humillación por lo del agua.

“¿Qué demonios te crees, Elira?” escupió, cerrando la puerta. “¿Me mandas a tu... a tu _criada_ como si fuera tu perro? ¿Te volviste loca después de lamerle las botas al Emperador?”

Elira estaba de espaldas, mirando por la ventana. Las treinta y nueve muescas en el marco la observaban. No se giró.

“Te crees un lobo, Andrew,” dijo. Su voz era tranquila. Eso lo puso más nervioso que un grito. “Pero eres un cordero. Con correa. Y Darian tiene el otro extremo.”

Lanzó algo sobre el escritorio. Sin mirar.

Las cartas. Las de Darian a Samantha. Atadas con la cinta rosa.

_“Paciencia, mi dulce. Pronto tu hermana tendrá un accidente. Y tú serás la única Valemot que quede.”_

Andrew se quedó helado. Reconoció la letra. Reconoció la cinta. Se la había visto a Samantha.

“¿Dónde... dónde conseguiste eso?” Su voz se quebró.

“Debajo de la almohada de nuestra hermana,” dijo Elira. Se giró por fin. Sus ojos grises no tenían nada de su hermana menor. Eran viejos. Muertos. De Sonya. “Mientras ella dormía por el _dulcesueño_ que le puso Mira en la leche. ¿Recuerdas? Cuando se cayó en su plato. Qué torpe.”

Andrew dio un paso atrás. Chocó con la puerta. “Tú... tú la drogaste. Tú...”

“Yo la protegí,” lo cortó Elira. Dio un paso al frente. “De ella misma. De ti. De Darian. Porque mientras tú la animabas a odiarme, él le escribía promesas. ¿Sabes qué le prometió, Andrew? Que yo tendría un accidente. Y que luego seguirías tú.”

Lanzó los libros contables. Golpearon el pecho de Andrew y cayeron al suelo, abiertos. Las páginas llenas de números, de firmas de Roderick, de sellos de Montclair.

“Lee,” ordenó Elira. “Lee cuánto valemos. Lee por cuánto nos vendió padre. Lee por cuánto Darian te compró a ti, cuando te pagó las deudas de juego del año pasado. Las que ibas a pagar vendiéndome a ti.”

Andrew cayó de rodillas. No por respeto. Porque las piernas no le sostenían. Agarró un libro. Leyó. Sus manos temblaban.

“Esto... esto no... él dijo que era un préstamo. Que era para ayudar...”

“Él dijo que yo me iba a caer por una escalera,” dijo Elira. Se arrodilló frente a él. No para consolarlo. Para que no pudiera evitar sus ojos. “Dijo que Samantha sería duquesa. Y tú... tú serías el hermano inútil del que se desharía después. Con un duelo. Con un veneno. Con una ventana, como la hermana de Mira.”

Mencionó a Mira a propósito. La puerta se abrió sin ruido. Mira estaba ahí. En la sombra. Con el cuchillo de fruta en la mano. No amenazando. Solo _estando_. Recordándole a Andrew que ya no estaba solo contra su hermana rota.

Andrew miró a Mira. Luego a Elira. Luego a las cartas. A los libros.

Y se quebró.

No lloró. Los hombres como Andrew no lloran. Vomitan. La verdad. La rabia. Veinte años de ser el segundón, el que Darian usaba y tiraba.

“Él... él me dijo que si te vigilaba, si te mantenía débil, me daría tu dote cuando murieras,” escupió. Las palabras salían podridas. “Dijo que padre es blando. Que tú eres inútil. Que Samantha es fácil. Dijo que el ducado sería suyo antes del invierno.”

“Y tú le creíste,” dijo Elira. No era pregunta.

Andrew asintió. Derrotado. Vacío.

Elira se levantó. Fue al hogar. El fuego estaba encendido. Siempre. Para quemar cosas.

Agarró las cartas de Darian a Samantha. Una por una. Las sostuvo sobre la llama.

“Entonces elige, hermano,” dijo. El papel prendió. La letra de Darian se ennegreció. “O ardes con él.”

Dejó caer la primera carta. El fuego la devoró.

“O me ayudas a quemarlo a él.”

Otra carta. Otra llama.

Andrew miraba el fuego. Miraba a Mira. Miraba las manos de Elira, llenas de costras, que no temblaban al quemar su futuro.

“¿Qué... qué quieres que haga?” preguntó. Su voz era la de un niño. Por primera vez, sin veneno.

Elira sonrió. La sonrisa de Sonya.

“Quiero que le escribas una carta a Darian,” dijo. Sacó papel y pluma del cajón. Lo tiró a sus pies. “Dile que Elira está frágil. Que el Emperador la asustó. Que está lista para caer. Que solo necesita un empujón. Y que tú se lo vas a dar.”

“¿Quieres que... que le mienta?”

“Quiero que seas el cebo,” dijo Elira. Se agachó y le levantó la barbilla. Sus ojos grises eran hielo. “Lo vas a citar aquí. En tres días. A solas. Para ‘hablar de cómo deshacerse de mí’. Y cuando venga, creyendo que ganó...”

Miró a Mira. Mira asintió. Entendió.

“...nosotras estaremos esperando.”

El fuego consumió la última carta. El humo olía a rosas y a traición.

Andrew tragó saliva. Miró los libros contables. La prueba de que era un peón. Miró a su hermana. La prueba de que se había equivocado de monstruo.

Tomó la pluma.

“¿Y si me mata a mí también?” preguntó.

Elira le puso una mano en el hombro. No fue consuelo. Fue pacto.

“Entonces la muesca cuarenta será para ti,” dijo. “Y te juro que Darian Montclair te seguirá a la tumba antes de que el sol se ponga.”

Andrew empezó a escribir.

Esa noche, Elira mandó dos cuervos.

Uno a Cassian. Sin palabras. Solo un libro contable, marcado en las páginas donde Darian violaba la ley imperial. _Pruebas recibidas. Empezando la caza._

El otro a Darian. Con la letra de Andrew. Temblorosa. Desesperada. Creíble.

_“Ven solo. Tengo a Elira. Es el momento. -A.”_

Mira afiló dos cuchillos nuevos.

Elira hizo la muesca cuarenta. En el marco de la puerta.

No para Andrew.

Para la trampa.

Afuera, dos cuervos graznaron al unísono.

Sonaba a guerra.

1
Pau Orozco
Gracias, a ti por leer mi novela espero la hayas disfrutado mucho🥰
Marisela Morales
gracias por una historia bella
Quica Romero
Y no es "caza".°~😏~° Es simple "selección natural".😈°~😌~°😈🧍🏼‍♀️👈 ¡Tú si!.🧍‍♀️👈¡Tú también!.🚶‍♀️‍➡️👈🧍🏼‍♀️🧍‍♀️👈¡Y por supuesto que ustede!.😈😈😈😈😈😈😈
Quica Romero
Todo depende...°\😌/°🤔
Quién se atraviese primero y por qué... Montclair o el trono.🤨😈😏😈🙎‍♀️
Quica Romero
¡Un "Peña Nieto"!.🤷‍♀️🥴😆😅😂🤣
Marisela Morales
bueno se comieron /Awkward//Scream//Scream//Scream//Awkward//Awkward//Awkward/
Marisela Morales
terminaaaaa
Marisela Morales
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Shy//Silent//Shy//Silent//Shy/
Marisela Morales
omg me estoy comiendo las uñas /Smug//Slight//Chuckle//Smug//Slight//Chuckle/
Marisela Morales
a la guerra
Marisela Morales
pelea ,guerra ,sangre
Marisela Morales
omg mujer empoderada
Marisela Morales
la madre sabe que su hija murió??? y el pdj la tocó /Skull/
Marisela Morales
omg/Skull//Skull//Skull//Skull//Skull//Skull/ tenebrosa interesante 🤭🤭🤭
Marisela Morales
omg/Skull//Left Bah!//Left Bah!//Left Bah!//Skull//Skull//Skull//Skull/
Marisela Morales
omg está interesante /Slight//Determined/
Pau Orozco: 🥰gracias soy nueva en esto espero lo disfrutes.
total 1 replies
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