En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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La confesión
La figura encapuchada sostuvo el documento con manos temblorosas.
La confesión encontrada dentro del expediente de Ramiro Montenegro era auténtica.
La firma pertenecía a un antiguo miembro de la corte que había participado en la conspiración años atrás.
Aquellas páginas demostraban que las pruebas contra Ramiro habían sido falsificadas.
También demostraban que Alejandro jamás había conocido toda la verdad.
La persona guardó rápidamente los documentos.
Todavía no era momento de revelarlos.
A la mañana siguiente, el castillo despertó con gran actividad.
El baile organizado por la reina Beatriz estaba cada vez más cerca y nobles de todo el reino comenzaban a llegar.
Los sirvientes corrían por los corredores preparando habitaciones y decoraciones.
Isabella observaba el movimiento desde una ventana cuando Emilia se acercó.
—Parece que el castillo está más ocupado que nunca.
—Y yo siento que cada día aparecen más secretos.
Emilia sonrió.
—Quizá eso signifique que te acercas a las respuestas.
Horas después, Isabella decidió regresar a la biblioteca.
Quería investigar más sobre Federico Salazar y los hombres que participaron en el juicio de su padre.
Mientras revisaba documentos antiguos encontró varios registros financieros.
Todos tenían algo en común.
Grandes sumas de dinero habían cambiado de manos pocas semanas antes del juicio contra Ramiro Montenegro.
—Esto no puede ser una coincidencia —murmuró.
—¿Qué encontraste?
Era Esteban.
El príncipe tomó asiento frente a ella.
Isabella le mostró algunos documentos.
—Creo que alguien sobornó a varios funcionarios.
Esteban observó las hojas.
—Si esto es cierto, el juicio fue una farsa.
—Eso empiezo a creer.
Durante varios minutos revisaron juntos los registros.
Sin darse cuenta, terminaron riendo por algunos comentarios absurdos escritos por antiguos administradores reales.
Aquellos momentos sencillos hacían que ambos se sintieran cada vez más cómodos en compañía del otro.
Desde el otro extremo de la biblioteca, Camila observaba la escena.
La rabia crecía dentro de ella.
Esteban apenas le prestaba atención desde la llegada de Isabella.
Y eso era algo que no estaba dispuesta a tolerar.
Mientras tanto, Alejandro recibía a varios nobles en el salón de audiencias.
Entre ellos se encontraba el duque Mauricio de Verania, padre de Camila.
—El reino parece prosperar, majestad.
—Intentamos mantener la estabilidad.
Pero Alejandro apenas escuchaba.
Su mente seguía ocupada por los acontecimientos recientes.
La desaparición del expediente.
Las preguntas de Isabella.
Y los errores cometidos años atrás.
Al caer la tarde, Isabella salió a los jardines para despejarse.
Allí encontró a Samuel, el hijo menor del rey.
El niño alimentaba a unas aves cerca del estanque.
—¿Puedo sentarme aquí?
Samuel asintió.
—Claro.
Durante unos minutos hablaron de cosas simples.
Por primera vez en semanas, Isabella sintió algo de tranquilidad.
Sin embargo, aquella calma no duró mucho.
Un guardia apareció corriendo desde el castillo.
—¡Majestad! ¡Majestad!
Alejandro salió inmediatamente acompañado por Arturo Belmonte,estos veian caminado.
—¿Qué ocurre?
—Encontramos una habitación secreta detrás de los antiguos archivos reales.
Todos quedaron sorprendidos.
—¿Había algo dentro? —preguntó Arturo.
El guardia tragó saliva.
—Sí.
—¿Qué encontraron?
—Documentos relacionados con el juicio de Ramiro Montenegro.
El silencio se apoderó del lugar.
Isabella sintió que su corazón se aceleraba.
Quizá la verdad que llevaba años buscando estaba finalmente al alcance de sus manos.